chemical-flasks-2-1417112Por: María Montaño
Al empezar a escribir este trabajo, quería dedicar los primeros párrafos describiendo lo que es una pareja entre comillas “normal”, una pareja quizás como dice Donald Winnicott: “suficientemente buena”. La realidad es que son tantas las variables y motivaciones, tanto conscientes como inconscientes, algunas congruentes y otras no, en estos encuentros entre subjetividades, que este propósito se vuelve complicado. Sin embargo, a pesar de estas variables, considero que persisten al menos tres cualidades en las parejas: el deseo de estar con el otro, la capacidad de poder vivir al otro como un objeto transformacional con el cual se puede crecer y madurar y la capacidad de generar un proyecto en común o la función creativa de la pareja.
 
Sigmund Freud en 1912 señaló que “todo ser humano, por efecto conjugado de sus disposiciones innatas y de los influjos que recibe en su infancia, adquiere una especificidad determinada para el ejercicio de su vida amorosa, o sea, para las condiciones de amor que establecerá y las pulsiones que satisfará, así como para las metas que habrá de fijarse”. (Pp. 97) En 1916 describió la especificidad de las precondiciones individuales para el enamoramiento y el origen genérico del deseo, ubicándolo en el vínculo temprano con la madre como la primera relación íntima, el inicio de la vida sexual y un prototipo para las satisfacciones sexuales: “no puedo darles una idea de la importancia de este primer objeto para todo hallazgo posterior de objeto, ni de los profundos efectos que, en sus mudanzas y sustituciones, sigue ejerciendo sobre los más distantes de nuestra vida anímica”. (Pp. 287)
 
Christopher Bollas (1987) menciona que en la adultez, las parejas sexuales son elegidas con frecuencia no sólo por su semblanza con aquellos cuidadores primarios, sino también por su capacidad “transformacional” para re-obtener y transmutar estados emocionales primarios: “En la vida adulta, en consecuencia, buscar el objeto transformacional es memorar una experiencia objetal temprana, recordar no cognitiva sino existencialmente –en una experiencia afectiva intensa- un vínculo que se identificó con experiencias transformacionales acumulativas del self. La intensidad de esa relación de objeto no se debe a que se trate de un objeto de deseo, sino a que el objeto es identificado con aquellas potentes metamorfosis del existir”. (Pp. 33-34) Permitirse experimentar al otro en pareja como otro transformacional generativo. (Raphael-Leff, 2003)
 
El tercer aspecto de una pareja, estipulado por Morgan (2001, 2005), propone que la pareja creativa sirve como una tercera estructura vincular, un tercero edípico, que forma con ambos compañeros una especie de espacio psíquico triangular para la pareja (Britton, 1989). Este aspecto de la vida psíquica de la pareja, que existe dentro de la mente de cada miembro como la representación interna inconsciente de una pareja creativa, es esencialmente una idea, un esquema o representación teñida emocionalmente, a la que la pareja puede recurrir en busca de contención. Cuando todo va bien y el sentido de la creatividad de la pareja es seguro, hay menos necesidad de relacionarse de forma narcisista, menos proyecciones agresivas o violentas entre compañeros y menos de la consiguiente rigidización de percepciones y dinámicas interpersonales que se encuentran en las parejas fusionadas o narcisistas. Por otra parte, cuando las proyecciones de las partes no deseadas del self constituyen una amenaza para el equilibrio de la pareja, como ocurre durante los conflictos inevitables, la identificación con la pareja creativa puede proporcionar contención y restauración. El resultado es una sensación de dos personas unidas entre sí en una relación, en lugar de dos personas que no pueden resolver sus límites o se sienten encerrados dentro de ellos, y por lo tanto entran en dinámicas de dominio y sumisión, de fusión simbiótica, de rescate, de asfixia, de abandono, o de aislamiento esquizoide o narcisista, entre otras. (Kremen, 2012).
 
En términos de Bion, la función creativa en una pareja es fundamental para la función continente o función alfa, función por la cual la pareja es capaz de procesar y modificar los elementos beta, o las experiencias crudas y sin procesar (Bion, 1962). Claramente, esta capacidad es compatible con una gama más amplia de funciones que la procreación física, y de hecho es independiente de si la pareja consigue o no tener un hijo. La función creadora es una función psíquica, una cualidad emergente de las mentes y el espacio psíquico compartido de la pareja. El imago de dos personas haciendo un bebé, de dos objetos creando a un tercero diferente de ambos, y a la vez siendo una combinación de los dos, es el sustrato primitivo de la función creativa. En la vida cotidiana, esta función viene al llamado para equilibrar y modificar, combinar y contener, las necesidades, deseos, ansiedades, percepciones, experiencia emocional, y las proyecciones de cada miembro de la pareja. (Kremen, 2012).
La pareja creativa funciona como un objeto interno bueno para cada uno y para la pareja como un todo. De importancia fundamental es la calidad de la conexión de la pareja con este objeto interno. En la medida en la que las conexiones con objetos internos buenos garantizan una sensación de esperanza y vitalidad, la internalización de una buena pareja creativa proporciona una garantía de la capacidad de la pareja para preservarse y socorrerse a sí misma, inclusive frente a los ataques destructivos, la agresión y las pérdidas. La bondad de la pareja creativa interna, de este modo, en parte, dependerá de su propia capacidad de sobrevivir y salir adelante a pesar de la adversidad, es decir, de la capacidad de resiliencia de la pareja, sin abandonarse. (Kremen, 2012).
 
¿Qué ocurre, entonces en este vínculo de la pareja creativa cuando se ve imposibilitada de crear a este tercero, cuando se enfrenta al golpe narcisista de que su cuerpo está imposibilitado para la procreación?
 
El primer golpe surge cuando después de tomar la apabullante decisión de empezar a “intentar” embarazarse no ocurre lo esperado. La organización Mundial de la Salud define la infertilidad como: “[una]enfermedad del sistema reproductivo definida como la incapacidad de lograr un embarazo clínico después de 12 meses o más de relaciones sexuales no protegidas”. (OMS, 2010).
 
Esto quiere decir que para entonces, estas parejas han pasado por un año de suposiciones, creencias mágicas y desafortunados consejos siempre bien intencionados: “intenta comer súper bien, hazte juguitos de verduras, ¿has tomado suplementos? ¿Has intentado ponerte de cabeza después del sexo?, No te estreses, ya verás que cuando te relajes, pega” . Y a la par que el pensamiento mágico transcurre en el mundo externo, transita también por el mundo interno, en ocasiones en forma de culpa: “¿Será esto un castigo? ¿Tendrá que ver aquella pastilla del día siguiente que me tomé mas joven? ¿o quizás con esas copitas de más? ¿O con aquella vez que fumé marihuana? ¿Será que es que no estoy destinado a ser un buen padre/madre?
 
En palabras de Raphael-Leff (2003) conforme uno o los dos comienzan a preocuparse cada vez mas por la fecundación, comienzan a reactivarse dudas inconscientes, conflictos edípicos y ansiedades arcaicas. (pp.29)
 
A la par, comienzan a ocurrir los primeros esbozos del aislamiento que sufren estas parejas. En ocasiones la envidia que sienten estos pacientes frente a las personas fértiles es intolerable, una mujer por ejemplo, me relataba que cada vez que veía a una mujer caminando con su carreola en un parque, tenía intensos deseos de empujarla, y necesitaba evadirse. Arbós (2010) comenta también: “cuando ustedes dieron la gran noticia de que serían papás, me temblaron las piernas y tenía miedo de decir palabra porque no quería que me sorprendiera el llanto delante de todos. Me sentí muy vulnerable en medio del restaurante”. (Pp.68) El aislamiento con pares y familiares ocurre tanto desde la envidia y el duelo como también desde el exterior real. Un ejemplo tonto, el Facebook: empieza a llenarse de fotos de bodas, embarazos, bebés y bueno, también de maratones. Y en la realidad no-virtual pasa lo mismo: un desfile de baby-showers, bautizos, amigos que sólo pueden salir a comer si el lugar tiene juegos para sus hijos y si sus amigos no rompen en llanto cada vez que son invitados a uno de estos eventos. La misma autora lo ilustra en otra cita: “cada evento importante que pasa en la familia es como si me recordara que no he podido ser mamá y que los años pasan, y lo peor de todo es que lo siento tan agresivo y tan personal”. (Pp. 69)
 
Raphael-Leff (2003) señala que inevitablemente, la experiencia prolongada de desilusiones, tras los fallos en la concepción mes tras mes, alteran la imagen corporal y del self, atravesando la vida del individuo en todos los niveles, afectando la relación de pareja, la sexualidad, la espiritualidad e incluso el trabajo. (Pp. 30) Y cito algunos testimonios: “Antes, respiraba cuando me venía la regla, ahora cuando viene me quita el aliento; siento como si tuviera un cuerpo estancado, de niña, que simplemente nunca va a madurar; La sexualidad con mi esposo ya no tiene mucho sentido, es sólo el medio para un fin, y como finalmente no logra embarazarme, a veces prefiero que si no es para intentar, mejor que ni me toque; A veces me siento muy enojada con la naturaleza y otras veces creo que Dios sabe cómo hace las cosas y que pronto terminará este calvario”. En uno de lo casos que examiné, la paciente, quien era pediatra, en ocasiones se veía obligada a cancelar algunas tardes enteras de citas, porque después de atender a los niños y a sus madres durante las mañanas, necesitaba encerrarse en su consultorio a llorar por la tarde.
Es estimado que al menos una de cada 8 parejas tiene dificultades para concebir. Eso quiere decir que de nuestro grupo cercano de amigos, alguno está pasando por este difícil proceso. De nuestro salón de clases probablemente entre dos o tres, y de esta conferencia quizás unos cuantos más. Podría incluso preguntarles cuántos de ustedes han pasado por este proceso, pero en nuestra cultura este tema suele llevarse mejor en silencio y no es una buena carta de presentación. Y sin embargo, los tratamientos de fertilización in vitro son tan populares como el botox. Hoy en día 1% de los embarazos en el mundo occidental son resultado de la fertilización in vitro (Neuman, 2015).
 
Como bien dice mi suegro: “no es lo mismo verla venir que platicar con ella”. El diagnóstico confirmado de infertilidad, como menciona Raphael-Leff (2003), constituye un golpe severo a la autoestima, particularmente en una cultura de contracepción que cultiva la ilusión del control reproductivo. Además, seguido del diagnóstico, siguen toda la serie de investigaciones, análisis y pruebas médicas. Las partes privadas dejan de ser privadas, el deseo de la pareja ahora se vuelve un trabajo en equipo con especialistas. El triángulo edípico de la pareja creativa es ahora un hexágono o un círculo. La identidad generativa no puede seguirse dando por sentado, el linaje se ve detenido, a modo que la persona se ve a sí misma como el final en vez del paso intermedio de una cadena genética. La intensidad en que cada pareja o individuo reacciona al diagnóstico es determinada por la inversión histórica en su propia identidad generativa. (Pp. 30) Además, es un golpe a la identidad de género: ¿qué tan hombre se puede ser si el esperma está defectuoso? ¿Qué tan completa se puede sentir una mujer si no puede ser madre en nuestra cultura mexicana? ¿Cómo se relaciona uno con su cuerpo, con el cuerpo del otro?
 
“Me dijeron: tu esperma es perezoso, ¡me ofendí! ¿Qué significa eso?, ¡es patético!”; “me dijeron: tus óvulos son de mala calidad: tenía tanto coraje, fue un golpe muy fuerte el saber que mis óvulos ya no servían y no podría transmitirle a mis hijos ni mis rasgos físicos ni los genéticos, sentía que sería una simple incubadora”. (Arbós, 2010)
 
El golpe es tan duro, que un estudio hecho por Domar et. Al., (1993) menciona que las mujeres con infertilidad crónica tienen perfiles psicológicos similares a los de mujeres con cáncer, enfermedades cardiacas, hipertensión, dolor crónico y VIH. Para algunas parejas, el diagnóstico constituye un golpe a sus más apreciadas esperanzas, amenazando el centro epistemológico de su existencia. (Raphael-Leff, 2003)
 
Uno de los aspectos que he podido ver en estas parejas, es la forma en la que vuelcan la energía en los aspectos médicos y corporales que en la fantasía les pueden ayudar a restaurar, curar o recuperar aquello dañado. Me pasó, por ejemplo, que busqué algunos testimonios de foros de internet para poder ilustrar cómo vivían la relación las parejas en este proceso. No he encontrado ningún testimonio que hable de la parte emocional, y sin embargo, me encontré varios foros con preguntas sobre niveles hormonales, medicamentos, dudas sobre implantaciones, síndromes, consejos para retener al embrión en el útero, etc.
La intimidad sexual de la pareja se torna mediada por el equipo médico, mediante reportes, conteos, termómetros. Un varón por ejemplo, mencionaba cómo se sentía sometido y harto de que las relaciones sexuales con su esposa estaban ahora mediadas por las condiciones médicas: “estaba yo en una junta importante en el trabajo, y me habla mi mujer para sacarme de esta junta para tener relaciones, ya que en ése momento tenía la temperatura ideal, y ni modo, hay que apechugar y a ver cómo funciona la cosa”.
 
Algunos varones incluso, señala Raphael-Leff (2012), pueden experimentar trastornos de la erección o eyaculación durante los siguientes 3 meses del diagnóstico de infertilidad. A través del tratamiento, pueden surgir conflictos emocionales o fantasías con respecto al equipo médico, incluyendo una idealización omnipotente de los médicos, quienes así como los padres de la infancia, pueden producir bebés, al mismo tiempo que puede presentarse un resentimiento ante su propia infantilización y dependencia en el control e interferencia de estos poderosos extraños autoritarios. Otro de los fenómenos que puede ocurrir es el de la devaluación del equipo médico ante el fracaso en la concepción.
En su libro publicado en el 2010, Arbós relata un ejemplo de esto:
 
“Este tratamiento cuesta mucho dinero y en ese entonces no lo teníamos, por lo que empezamos a ahorrar y de la mano a investigar costos y quiénes serían los mejores médicos. Nos sentíamos tan decepcionados con los médicos de aquí, creíamos que estaban lucrando con nuestro dolor y nuestra desesperación de ser padres. Mucha gente nos habló de un doctor muy bueno fuera de México, que en casos realmente imposibles habían logrado que muchas parejas tuvieran a su bebé, que la experiencia y la tecnología que tenían eran muy avanzadas y nada tenían que ver con los de México”. (Pp.22)
 
Algo similar puede llegar a suceder con el donador de gametos o madre subrogada cuando el tratamiento amerita que participe este tercero normalmente anónimo y desconocido. Pueden existir sentimientos de intensa envidia ante su capacidad reproductiva que despierten ansiedades paranoides, idealización y finalmente gratitud.
 
Cuando sólo uno de los miembros es afectado por la infertilidad, él o ella puede experimentar una intensa culpa hacia la pareja fértil, quizá auto-sacrificándose para permitir que el otro encuentre a una nueva pareja con quién tener hijos, o inclusive contemplando el suicidio. Otra reacción posible es la de proyectar estas partes dañadas o defectuosas en el otro:
Una mujer que vi hace algunos años, estaba realmente enojada tras el diagnóstico de “falla ovárica idiopática” (es decir, sin explicación) . No podía entender cómo es que uno de sus planes se había salido de sus manos, cuando ella había siempre tenido toda su vida bajo control y se había esforzado tanto en siempre ser excelente en todo. Proyectaba esta rabia en aquellos a quienes más quería. Me comentó por ejemplo, que había fantaseado con que el embrión que le implantarían iba a estar vacío, o podría ser destruido o disolverse por sentir de alguna manera la mala relación que ella tenía con su esposo, o de que su útero era capaz de arrojarlo. También me comentaba, fúrica: ¡mi marido es un imbécil! -¿a qué se dedica tu marido? – Es director del departamento de -vamos a llamarle aquí- neurocirugía de un hospital estatal, -ah ok. Inclusive en algunas ocasiones en contratransferencia llegué a preocuparme por la posibilidad de que al explorar estas fantasías de agresividad podría comprometer la integridad de su psique o romper la fragilidad en la que en ese punto se sostenía la pareja. Parecía que si el marido no podría “servirle” para tener un hijo (proyectando en él así también las partes dañadas de si misma), entonces no podría “servirle” para nada más y dejarían de tener sentido como pareja.
 
Por supuesto, el proyecto para crear un bebé a través dela reproducción asistida es una forma en la que muchas parejas e individuos tratan de restaurar aquello perdido o dañado, estos esfuerzos incluyen a su vez, intentos inconscientes de restaurar el vínculo con la pareja creativa interna. Desde el momento en que una pareja recibe el diagnóstico de infertilidad, se vuelven vulnerables a tremendas presiones, tanto internas como externas, para restaurar omnipotentemente su procreación y negar maniacamente su pérdida (Cudmore, 1997). De cierta forma, existe una fantasía de que el hacer un bebé por medio de reproducción asistida restablecerá o arreglará el continente dañado, que es la función creadora de la pareja. De hecho, muchas parejas que se enfrentan a la infertilidad recurren a la esperanza que les ofrece la tecnología, para proporcionar un continente, y esto puede explicar en cierta medida la persistencia con que estas parejas persiguen este curso. (Kremen, 2012) Esta persistencia puede deberse a su vez a un mecanismo obsesivo-compulsivo para defenderse de los duelos que implican tanto la pérdida de la fertilidad como las perdidas que continúan en este proceso.
 
Las parejas en estos procedimientos sufren varias pérdidas tanto a nivel interno, como externo y como pareja. Pérdida de capacidades corporales, pérdida de la sexualidad espontánea, aislamiento social y familiar, pérdida de la relación de pareja como era conocida, así cómo las difíciles pérdidas de la fantasía, de aquello que soñaron y nunca pudo ser: el hijo fantaseado e idealizado, pérdida del embarazo, la procreación, generatividad y creatividad natural y espontánea. Un factor esencial para recuperación de estos sentidos es la apropiada elaboración de duelos, los cuales se presentan de diversas maneras en diferentes fases a lo largo de los años en los que se transcurren los tratamientos de fertilidad e incluso varios años después.
Incluso el lograr el embarazo puede generar una profunda desconfianza e incertidumbre. Una mujer que entrevisté me contaba: “cuando por fin logré el embarazo, me daba mucho miedo que me diera hasta el aire, que el bebé se pudiera ir como todas las veces anteriores, no quería que hubiera nada que le afectara a mi bebé, ni bueno ni malo, no le puse música, ni le hablé a mi panza, a veces en mi semana 32, con una panzota inmensa me volteaba con mi esposo y le decía: gordo, ¿si estaré embarazada, no será otra cosa? Hasta que no tuve a mi hija en mis brazos no pude respirar”.
 
Uno de los fuertes desafíos que enfrenta la pareja es el de integrar los afectos de ambos miembros. Cuando en la pareja, uno de los miembros no sufre infertilidad, le toca la difícil tarea de tolerar y contener las reacciones, duelos y ansiedades de su pareja, al mismo tiempo que debe reconocer y elaborar sus propias reacciones, duelos y ansiedades.
 
Otro de los temas que pueden surgir son los de poder y deseo: ¿Quién desea el hijo? ¿Quién se ve forzado a hacer qué y por quién? Lo cual puede ser a ratos proyectado en alguno de los miembros de la pareja o en otros momentos puede haber una coalición de la pareja en contra de alguien del exterior, como por ejemplo el equipo médico. Esto implica un trabajo sobre cómo pueden permanecer unidos y a pesar de tener deseos diferentes, de no necesitar fusionarse o entrar en una dinámica de sumisión-control sádico para estar contenidos en una pareja.
 
En el análisis se busca acompañar a la pareja en la elaboración de los duelos, a desintoxicarse de todas aquellas fantasías destructivas e investigar con la pareja nuevas formas de recuperar el sentido de procreatividad, de resignificar su capacidad generativa. Por ejemplo, en una pareja mencionada por Kramen (2012) tras un intenso duelo por no poder dar a luz a sus hijos por medio de un parto, ayudó mucho cómo el esposo le refirió a su esposa que ella había dado a luz a sus hijos mucho tiempo antes, cuando le habían extraído los óvulos. Con respecto a esta resignificación, Arbós (2010) menciona: “ la maternidad tiene una carga afectiva, por lo que también se puede gestar un hijo en el corazón”.
 
La pareja creativa como función psicológica, reguladora de afectos es sin duda más que estas resignificaciones y arreglos, es engendrada por y en las miles de interacciones, negociaciones, fantasías, imaginaciones empáticas compartidas, y representaciones de objetos internalizados que se producen entre dos personas. Sin embargo, también requiere, de representaciones y simbolizaciones inmediatas y quizás concretas en la realidad. Es decir, el duelo de todas las diversas pérdidas ocasionadas por la infertilidad es necesaria, pero no suficiente, para la recuperación del funcionamiento emocional y psicológico de una familia después de la reproducción asistida. (Kramen, 2012)
 
 
 
Bibliografía:
 

  • Arbós, M. (2010). Vientre y Corazón. Todo es posible…Soy Mamá!. México, Reimpresión 2014.

 

  • Bion, W. R. (1962). Aprendiendo de la Experiencia. México: Paidós, 2010.

 

  • Bollas, C. (1987). El objeto transformacional. En: Bollas, C. (1987) La sombra del objeto. Psicoanálisis de lo sabido no pensado. (J.L. Etcheverry Trad.) 2ª. Edición. (pp. 29-48) Buenos Aires: Amorrortu, 2009.

 

  • Britton, R. (1989). The missing link: parental sexuality in the Oedipus complex. In: R. Britton, M. Feldman, & E. O’Shaughnessy (Eds.), The Oedipus Complex Today: Clinical Implications (pp. 83-101). London: Karnac.

 

  • Cudmore, L. (1997). The loss of the fantasy baby. Journal of Fertility Counselling, 4: 16-18.

 

  • Domar, A. D., Broome, A., Zuttermeister, P. C., Seibel, M. & Benson, H. (1993). Psychological improvement in infertile women after behavioral treatment: a replication. Psychosomatic Obstet. Gynaecol., 14: 445-52.

 

  • Freud, S. (1912). Sobre la Dinámica de la transferencia. En: Etcheverry, J.L. (Trad.). (1976). Sigmund Freud: Obras Completas: Sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente, Schreber: Trabajos de técnica psicoanalítica, y otras obras: 1911-1913. Tomo XII. (pp. 93-105). 2ªEdición, 12ª Reimp., Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2008.

 

  • Freud, S. (1916-17). 20ª Conferencia. La vida sexual de los seres Humanos. En: Etcheverry, J.L. (Trad.). (1976). Sigmund Freud: Obras Completas: Conferencias de Introducción al Psicoanálisis Parte III. Tomo XVI. (pp. 277-291). 2ªEdición, 12ª Reimp., Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2009.

 

  • Kremen, A. (2012). Beyond Conception: Recovering the Creative Couple after Infertility. Fam. Psychoanal., 2:80-92.

 

  • Morgan, M. (2001). First contacts: the therapist’s ‘couple state of mind’ as a factor in the containment of couples seen for consultations. In: F. Grier (Ed.). Brief Encounters with Couples: Some Analytical Perspectives (pp. 17-32). London: Karnac.

 

  • Morgan, M. (2005). On being able to be a couple: the importance of a ‘creative couple’ in psychic life. In: F. Grier (Ed.), Oedipus and the Couple (pp. 9-30). London: Karnac.

 

  • Neuman, A. [TEDxTalks]. (2015, Mayo 8). IVF, Fertility Treatments & Men: A Puzzeling Proposition | Alon Neuman | TEDxJerusalem. [Archivo de video] Obtenido de: https://www.youtube.com/watch?v=RTr6kb9Ygeg (Septiembre, 2016)

 

 

  • Raphael-Leff, J. (2003). Eros and ART. En: Haynes, J. & Miller, J. (Ed.) (2003). Inconceivable Conceptions: Psychological Aspects of Infertility and Reproductive Technology. New York: Brunner-Routledge, Kindle Edition.

 
 
Imagen: freeimages / Joanne Kim
 
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