Autora: Alexandra Euler Baum

¿Qué ocurre con un sueño no cumplido?
¿Acaso se seca como las uvas al sol?
Quizá se hunde como una pesada carga.
¿O acaso explota?

“Me dejó pensando la leída de tu ponencia: que está bien difícil: …………. de repente la dinámica familiar cambia y pues, se crea un vacío……….. pero al mismo tiempo es una oportunidad para los padres, se pueden redefinir, que chido, yo pensaba que eso no pasaba, que a la edad adulta uno ya estaba 100% definido! pero que bueno que no es tan estático!!………………….”

Estas son las palabras que me escribió uno de mis hijos como comentariosobre mi ponencia con el tema “La Pareja y el Nido Vacío”. Me interesa retomar este comentario en este artículo, ya que se pueden ver varios puntos que son importantes: que esa etapa, la del “Nido Vacío” significaque los padres podrían vivirla como un conflicto por un lado, y por el otro, es una etapa en la cual igualmente se podría vivir las nuevas circunstancias como un reto, “una oportunidad”, para que se podrían redefinir como padres y como pareja. Y al último lo que usualmente no tenemos tan consciente: la vida en sí no es estática, implica retos y cambios que tenemos que enfrentar y resolver; así que nosotros como seres humanos también tenemos que ser de una u otra forma flexibles, abiertos al cambio y sensibles a los retos. Dentro de una personalidad estable que nos da la sensación de continuidad, siempre existen espacios emocionales y mentales de enorme plasticidad, y esa característica nos lleva con el pasar del tiempo y de las experiencias a una personalidad integrada y madura. Con la expresión “nido vacío” se describe una fase dentro del ciclo vital de la familia, que coincide con la edad adulta intermedia, que comprende entre los 45 y los 65 años de edad. Es la etapa cuando los hijos ya crecieron, y dejaron la casa de los padres, para establecer la suya propia. La fase del “nido vacío” implica desde luego, un cambio estructural importante dentro del sistema familiar, cuando el nido se queda vacío, y la familia se reduce a una relación entre dos, que es la pareja. Se podría uno preguntar: ¿por qué se le llama nido “vacío”? ¿Qué queda vacío: el espacio físico; el espacio emocional, psíquico, social? ¿De quién: de los padres; de los hijos? ¿Vacío de qué? ¿Acaso percibimos esta etapa cómo vacía, porque la hacemos vacía, porque somos nosotros quienes estamos vacios? Veamos entonces, hacia donde nos llevan estas preguntas. La literatura respecto al “nido vacío” no nos da una definición exacta y uniforme sobre cuando empieza y cuando termina esta fase. Puede ser considerado un proceso largo, que se lleva a cabo durante aproximadamente 15 años, desde que se va el primero de los hijos de las casa, hasta el retiro de la vida laboral de los padres (Carter & Goldrick, 1980). Igualmente se puede encontrar referencias en la literaturaconsiderando esta fase con una duración de desde los 18 meses hasta máximo dos años, empezando contar el principio de la fase desde eldía en el cual se retira el último hijo de la casa parental (Papastenfanou, 1997). Depende de cada autor y su respectivo marco teórico como es visto esta fase. Sintetizando los diversos puntos de vista, se puede llegar a la conclusión de que se trata de una etapa que tiene aproximadamente 15 años de duración, y que puede ser dividida en seis diferentes subfases:

  • 1era Subfase: Empieza cuando sale el primer hijo del hogar, y termina cuando el último sale del hogar
  • 2da Subfase: cuando la pareja queda sola en el hogar, sin hijos
  • 3era Subfase: los hijos empiezan a relacionarse con sus futuras parejas y se casan
  • 4rta Subfase: llegada de los nietos
  • 5ta Subfase: jubilación (de uno o de los dos)
  • 6ta Subfase: muerte del primer integrante de la pareja

Dado el marco del tema en el presente trabajo (“La pareja ante el Nido Vacío”), voy a considerar solamente la primera y segunda subfase, quese refiere cuando los hijos se van del hogar, y cuando la pareja se queda sola después de haber formado una familia y haber educado a los hijos. Me parece una etapa muy importante en cuanto a los reajustes que demanda hacer por parte de la persona y la pareja durante ese tramo de la vida en casi todos los ámbitos de su vida externa y interna: social, laboral, emocional, psíquico, mental, sexual, física. Es una de las etapas más demandantes para “el sistema familiar” (Estrada Inda, 1997),ya que, aparte de los reajustes requeridos para adaptarse a una cambiada realidad exterior, que implican pérdidas significativas, se vuelven a dar a nivel “individuo” reactivaciones de conflictos no resueltos de etapas anteriores. Tomando en cuenta que el ciclo vital de la familia se asemeja al ciclo vital del individuo (Carter & Goldrick, 1980), se puede afirmar que igual en el sistema “familia” se necesita haber superado los desafíos de una etapa para poder mover a la siguiente. En lo individual, los desafíos de las diferentes etapas del ciclo vital, y su respectivo cumplimiento, tiene como objetivo de poder progresar hacia el cada vez mayor fortalecimiento del yo, una cada vez mayor integración de la identidad y alcanzar una mayor salud emocional para la siguiente etapa de la vida (Erikson, 1993) que en el caso del “nido vacío”,será la de madurez ypreparación hacia temas sobre el sentido de su propia existencia, y de la muerte, incluyendo el enfrentamiento a nivel psicológico y espiritual de su propia partida de este mundo. El fenómeno del “nido vacío” es nuevo y es una “creación” del cambio de la estructura familiar del siglo 20. Fue McIver (McIver, 1937) quien en el año 1937 acuñó esta expresión. En el último siglo, la estructura familiar se cambió, ya que por un lado se redujo, en general, el número de hijosen cada familia, y por el otro, también la expectativa de vida se prolongó. Esto tiene como consecuencia que en la procreación y la crianza de los hijos se invierte un lapso detiempo de aproximadamente 25 años, hasta que el último hijo deja la casa paternal, y se da el fenómeno del “nido vacío” propiamente dicho. Y esto último pasa, cuando los padres tienen aproximadamente entre los 45 y los 60 años de edad, época la cual coincide con la crisis de la edad media, o la menopausia referente a las mujeres, y la andropausia referente a los hombres.Tomando en cuenta que la expectativa de vida es en promedio de 80 años, nos quedan todavía algunas décadas después que hemos “terminado con los hijos” a las cuales no le damos la importancia debida en cuanto a la conciencia, que son los desafíos, pero también los beneficios, de esta etapa y como los podremos superar para que podríamos vivir esta y la última etapa de nuestras vidas en plenitud y salud. La etapa del “nido vacío” es percibida por la mayoría de los padres como una etapa de pérdidas, de duelo y de sufrimiento emocional en forma de dolor (angustia) de separación. Puede llevar a la persona haciaestados de depresión, de melancolía, de desesperación, de sentimientos de vacío, síntomas psicosomáticas y cuestionamientos profundos sobre el valor de la vida en general y sobre el valor de su propia existencia en particular, igualmente cuestionamientos profundos respecto la identidad adulta.Durante casi todo el tiempo que duró hasta ahora su matrimonio padre y madre han invertido tiempo y esfuerzo en el cuidado y en la educación de sus hijos. Aunque la salida de los hijos es un proceso más largo que la llegada de los mismos –me refiero en este punto a los embarazos que duran nueve meses—lo que podría suponer que los padres se podrían de cierta forma “acostumbrar” lentamente a la venidera nueva situación, siempre la salida de los hijos implica un impacto significativo por los cambios estructurales importantes que conlleva dentro de familia. El más importante es en relación con la pareja como tal: si antes la familia se constituía en un grupo de al menos más de dos integrantes (una familia del medio urbana en promedio tiene entre 4 y 5 integrantes), con la salida al menos del último hijo la familia se ve reducido a un grupo de dos personas. Se establece de nueva cuenta una diada, un sistema de dos partes. Es la pareja como tal que queda, dos personas que regresan de cierta forma a su punto de partido,que se dio 20, 25, 30 años atrás, cuando decidieron casarse y formar una familia. Tradicionalmente durante la formación de los hijos, el hombre-padre se dedica con toda su fuerza y dinamismo en construir una carrera profesional y crear el necesario sustento económico para proveer a la familiacon una base material sólida. La mujer-madre usualmente se dedica al hogar y a la educación de los hijos. Cada quien en su rol específico trata de cumplircon las expectativas que cada quien se asigna en lo individual y las que le son asignados por el contexto familiar, social y cultural. El hombre-padre se relaciona con el mundo del trabajo, con el mundo exterior, la mujer-madrepor el contrario al mundo del hogar y los hijos, con un ambiente contrario al mundo exterior del hombre, que podríamos llamarel mundo interior, el “mundo femenino”. En este caso, la identidad que nosotros tenemos de nosotros mismos y de nosotras mismas está íntimamente relacionada con nuestros roles que tenemos como madre y como proveedor-padre. Lamentablemente, en las actividades ajetreadas de la vida diaria, se nos puede, de manera fácil y sin darnos cuenta, perder la conexión con la pareja. Casi se podría decir, que se “olvida” que se tiene pareja, que hay una relación más, aparte de las relaciones que dan los compromisos laborales y los compromisos con los hijos. ¿Qué sucede entonces frente a este panorama que se trató de describir en el párrafo anterior, en el momento cuando el último hijo se va de la casa? Frecuentemente los esposos han sufrido durante estos años, mientras se llevó a cabo la crianza de los hijos, un mayor o menor distanciamiento emocional, intelectual y sexual. Cada quien dio su esfuerzo en su respectivo área, en su respectivo mundo y al área “pareja” no se le dio la suficiente atención.  
Desafíos como pareja

En el momento en el cual los hijos se separan físicamente del hogar paterno, el desafío mayor de la pareja como tal es el reencuentro (Estrada Inda, 1997). Con más tiempo libre a su disposición, los integrantes de la pareja no pueden menos que volver la mirada hacia si mismo y hacia el otro. Es necesario replantear la relación, rehacer el contrato matrimonial (que se elaboró, en el caso ideal, al principio de contraer matrimonio y que debería contener la explicitación y regulación de las nuevas expectativas y las nuevas formas de actuar que se van a establecer), y encontrar nuevos espacios que se pueden compartir juntos. En lo individualhay que establecer nuevos prioridades en cuanto a sus intereses, sus amistades, la relación con sus propios padres yes necesario reformular la relación con sus propios hijos, quienes, en el caso ideal, deberían haber alcanzado su propia individualidad como personas, y que están por formar a sus propias familias. Para qué se puede dar un reencuentro positivo y constructivo, depende de cómo la pareja pudo resolver las necesidades que se dan en un matrimonio: por un lado está la unidad “pareja” que para que pueda funcionar, se requiere una sensación de intimidad y mutualidad. Es la seguridad de que uno puede confiar en el otro, de que es entendido y comprendido, y que existe la capacidad mutua de mantener un interés genuino, humano y profundo. Es la seguridad de poder compartir intereses y amistades, gustos y disgustos, convergencias y divergencias, alegrías y tristezas, triunfos y derrotas. Es la seguridad de poder contar con el apoyo y la empatía necesarios parano tener que encarar las limitaciones futuras y posibles pérdidas venideras a nivel de salud y capacidades intelectuales solo, sino en compañía de un/a compañero/a amoroso/a.Es la seguridad de ser “alimentado/a” adecuadamente y la seguridad de sentir la capacidad de “alimentar” adecuadamente, la seguridad de dar y recibir. También se incluye en este sentido de mutualidad e intimidad la vida sexual que tiene un significado profundo e integrador entre una pareja. Por el otro lado y aparte de los desafíos de intimidad y mutualidad, está el reto de mantener la autonomía y diferenciación como individuo. Hay que tomar encuenta que ser esposo/a constituye seguramente unaparte importante de nuestra identidad, pero no hay que olvidar que es eso, una parte nada más de lo que pensamos que somos. Somos, cada uno, seres con personalidades diferentes, con capacidades y habilidades únicas, los cuales tenemos que desarrollar continuamente, durante toda nuestra vida. Esto nos lleva a percibirnos como personas realizadas, firmes y seguras, con una autoestima alta y sobre todo, nos sentimos valiosos para nosotros mismos ypara los otros. Implica de ser capaz de vivir los resultados del proceso de individuación, y que la identidad está consolidada, y que es esto que lleva a la madurez. Este estado de autonomía no hay que confundircon el egoísmo, o con un narcicismo, que indudablemente lleva al no entendimiento entre la pareja, sino que a partir de la sensación de autonomía, que implica la diferenciación respecto al otro, precisamente es allí, donde uno puede embarcarse en la aventura de conocer al otro “Buberiano” en absolutamente todas sus facetas. La naturaleza exige que se haya logrado una individuación definida o “de otro modo se tendrá que pagar un precio ” que será cerrar las posibilidades de renovar su propia vida y con eso abrir la puerta al vacío y a la depresión (Estrada Inda, 1997).   En esta fase del nido vacío, los vínculos entre la pareja pueden estar más sólidos, más estables y más satisfactorios, o pueden estar más tensos, más distantes y con más conflictos. Depende cómo la pareja pudo resolver las necesidades anteriormente mencionadas entre intimidad/mutualidad y autonomía en el trascurso de su matrimonio antes de llegar a la fase del nido vacío. Así que, la pareja puede vivir esta etapa como una oportunidad tomando en cuenta que están libres de responsabilidades inmediatas hacia los hijos y que disponen de más tiempo libre que anteriormente se dedicaba a los hijos: de volver a encontrarse y explorarse como pareja y personas, de volver a desarrollar actividades juntos, de enriquecerse mutuamente con el intercambio de experiencias hechas dentro de sus respectivas áreas de interés o profesión, de encontrar nuevas metas y prioridades. Desde el punto de vista ideal, a la pareja le ligan la historia de vida en común, sus éxitos y fracasos, sus momentos positivos y los de tristeza y de pérdida, y eso puedeimplicarla continuidad y la estabilidad de su relación para seguir juntos en esta y las siguientes etapas. Es necesario para ello, tener la capacidad de encontrar nuevos modelos de convivencia los cuales posibilitan el desarrollo de apoyo mutuo y de encontrar y/o mantenerformas de confrontaciones constructivas entre la pareja. De esta forma, en la medida como vive la pareja las nuevas experiencias en esta etapa de su vida, se cambian los constructos personales de cada parte de la pareja. Esto puede llevara una crisis: Siempre y cuando una de las partes de la pareja no está satisfecha con el nuevo equilibrio establecido entre individualización y mutualidad. Si los intereses personales de uno de la pareja es en extremo hacia la autorrealización más que hacia la mutualidad entre la pareja. Cuando las nuevas perspectivas personales no encuentran cabida dentro del constructo diádico de la pareja.   Así, la pérdida real o subjetiva de la relación de intimidad o unión y compenetración emocional con la pareja pueden causar dudas profundas sobre su valor como persona, y pueden llevar a una crisis profunda dentro del matrimonio teniendo que decidir entre los intereses personales o la pareja.   También se puede llegar a vivir una crisis en la relación en esta etapa, cuando los procesos de cambio dentro de la pareja marcan cierta asincronizidad. Puede suceder que uno de los dos puede acoplarsemás rápidamente a las circunstancias nuevas de esta etapa y madurar en este proceso, mientras que el otro no encuentra la forma emocional y psicológica para seguir el mismo proceso de encontrar la autonomía y los espacios de interés personales. En un proceso constructivo es necesario que la pareja pueda igualmente hacer la transición hacia la autonomía y individualizaciónen conjunto para que la relación se mantiene funcional. Especialmente se ha visto en mujeres que ellas frecuentemente se forman un mundoaparte, que resulta difícil para la pareja de “entrar y participar”, y del cual se sienten excluidos (Cierpka, 2008).
Desafíos como padres
También como padres, la pareja se ve enfrentada con desafíos no fáciles de superar en esta fase de la vida. Igualmente se necesita reformular las relaciones entre padres e hijos. Esta relación se tiene que orientar hacia una relación de entre adultos. Los jóvenes tienen que aprender de liberarse definitivamente de las relaciones de dependencia infantil hacia sus padres que mantuvieron hasta ahora, mientras que sus propias experiencias sexuales y emocionales se intensifican en relación con sus pares. Esto le va a habilitar al joven adulto de desarrollar su propio estilo de vida, y con eso, se va a poder consolidar su identidad personal. Por el otro lado, para poder respetar a sus hijos en ser diferentes, los padres a su veztienen que aprender a aceptar la autonomía y la cada vez mayor independencia del joven adulto. Solamente a través del cumplimiento de los puntos anteriormente mencionados, va a ser posible que la relación de los jóvenes hacia sus padres logra ser de tal forma que puede ser vista como un apoyo valioso al cual pueden recurrir los jóvenes adultos al tiempo que lo necesiten. (por ejemplo en tiempos de crisis).   Este proceso de desprendimiento puede ser dificultado por conflictos no resueltos dentro de la familia, que evitan que el joven pueda realizar sus propias metas. Esto se da cuando el joven fracasa en su preparación profesional, cuando no logra establecer con sus pares relaciones interpersonales estables o cuando prolonga la insertación a la vida profesional y regresa al hogar paterno. Estos síntomas indican que el joven adulto pudo establecer su autonomía solamente sobre circunstancias externas, mientras que la dependencia emocional hacia los padres sigue existiendo.   Uno de los problemas que se ven confrontados los padres es la reactivación de sus propios conflictos edipales no resueltos en anteriores etapas. Los padres tienen que mostrar la capacidad de transformar las funciones parentales (protectora, guía, aglutinadora, poder, control) en funciones liberadores: ligar el amor que tienen hacia sus hijos y la aceptación hacia sus necesidades de su autonomía, con el duelo de la pérdida de las funciones de poder y control (narcisismo parental). Y tienen que entender en este sentido que los hijos cómo adultos que puedan, como tales, ejercer su propia autoridad, su poder, su sexualidad y su derecho a la autodeterminación. En otras palabras, es necesario que los padres cedan en su omnipotencia y puedan aceptar que la autoridad y el significado importante de áreas centrales como la sexualidad, el poder y la rebelión se está trasfiriendo a la nueva generación.   Para que los padres pueden aceptarse a sí mismos en sus limitaciones, tiene que ser superado la envidia pre-edipal así como la rivalidad edípica (Klein, 1990). Los padres tienen que aprender a aceptar que los hijos pueden ser personas con capacidades mayores que ellos mismos, y con más energía y más persistencia. Se puede dar el caso que un conflicto generacional puede ser profundizado a nivel intrapsíquico, si los padres se concientizan que los hijos pueden cumplir con los mismos funciones cómo ellos nada más con más energía y persistencia.En el otro lado, la presencia en una familia en esta etapa de mantener el control y el poder sobre sus hijos, indican problemas patológicos a nivel narcisista y indican conflictos edipales no resueltos.   Para que se de la independización de los padres hacia los hijos es necesario mantener la frontera de la nueva “diada parental” lo menos permeable posible para así lograr la diferenciación respecto a los hijos.

Desafíos en lo individual


Mujer

Tradicionalmente, la identidad de la mujer está íntimamente relacionada con ser esposa, madre y ama de casa. Las características ideales que debería tener en este papel son ser bonita, simpática, atractiva, joven, adorable, y, para todos los integrantes de la familia, siempre accesible y siempre dispuesta a ayudar, a comprender y ser sumamente maternal (Serra, Dato, & Leal, 1988). Además, según algunas teorías psicoanalíticas (Cierpka, 2008), la autoestima de muchas mujeres se basa sobre su capacidad de dar y mostrar afecto y simpatía, y de recibirlos, cuando cuidan a los otros. Según este punto de vista, la pérdida de cualquier relación importante significa para la mujer la desaprobación de su persona.Por eso, para las mujeres que desempeñan los roles tradicionales, son más propensas en vivir la etapadel nido vacío como una pérdida de sus funciones sociales, como una pérdida de su identidad, de su autoestima, como pérdida de sus cualidades existenciales y pueden llegar a sentirse deficientes,“fuera de lugar” o vacías. Esto puede llevar a estados depresivos severos, a enfermedades físicas y síntomas psicosomáticas.   Se ha visto que mujeres quienesno se sobre-identifican con el rol de mujer, y quienespueden encontrar un equilibrio entre los demandas de su rol de madre e esposa y las necesidades propias como individuo, no necesariamente viven esta etapa del nido vacío con una sintomatología depresiva o psicosomática grave. “El problema no es el nido vacío, sino el problema es la mujer vacía” (Raup & Myers, 1989). Las mujeres quienes durante toda su vida se involucraron en una actividad afuera del hogar, o sea, quienes mantienen una profesión o un trabajo significativo basan su autoestima no nada más sobre el ser madre y esposa, sino quepueden encontrar gratificación personal a través de su desarrollo laboral y profesional, o en términos generales,a través de actividades significativas “extra-familiares”. Estas mujeres pudieron encontrar roles alternativas, que implican identidades diversas, que abren las posibilidades de edificar su autoestima y su sentido existencial sobre papeles más allá de ser madre, esposa y ama de casa.
Hombre
El hombre por el otro lado, está tradicionalmente identificado con el rol de proveedor; eso es su ideal del Yo. Esto implica que el hombre se dedica casi toda su vida adulta en forjar una carrera y una existencia material.Su actividad es mayoritariamente afuera de la casa, regresa tarde en las noches, y tiene en general poco tiempo libre para poder dedicarse a los hijos y la familia. En la fase del nido vacío, el hombre se puede ver enfrentado con que se da cuenta que ha descuidado el desarrollo físico, emocional y psíquico de los hijos, y que su participación en la educación y formación fue de cierta manera disminuida. Puede él desarrollar la sensación de haber fallado, y de no haber dado lo suficiente como padre. Además, los hombres pueden tener en la edad cronológica que coincide con la fase del nido vacío, la necesidad de más apoyo emocional y de más cercanía afectiva. El hecho de que en este momento los hijos se separan del hogar paternal, puede causar, en el hombre, sentimientos de haber sido abandono (Papastenfanou, 1997). Estos sentimientos de abandono pueden ser compensados posteriormente, cuando los hombres se convierten en abuelos, y pueden con los nietos reparar las faltas que en su tiempo cometieron con los hijos.   Otro desafío para el hombre en especial en esta etapa del nido vacío es la capacidad de asistir emocional y afectivamente a su esposa en la transición de ser principalmente madre a volver a ser esposa. Esto presuponeque el esposo haya superado sus conflictos edípicos adecuadamente (haber podido hecho la transición del narcicismo fálico a una consolidada identidad masculina) de tal modo que puede permitira su esposa de re-acercarse nuevamente a él, y restablecer la intimidad deseada (Avery, 1981).  
Aspectos Psicoanalíticos

Las causas intrapsíquicas de los conflictos a resolver en esta etapa podrían ser adscritas en cualquiera de las etapas del desarrollo psicodinámico, que son: la fase oral, la anal y la fálica. Se pueden observar angustias de aniquilamiento, de engolfamiento, de separación, angustia de la pérdida del amor de objeto, angustia de castración, problemas de narcicismo, de omnipotencia, problemas de envidia, de rivalidades, conflictos edípico no resuelto, miedo a la retaliación, y problemas que se derivan de una identidad no consolidada.
Resumen
El nido vacío se refiere a una etapa del ciclo vital de la familia, en la cual los hijos abandonan el hogar, y a la etapa cuando ya lo abandonaron. Implica una profunda reestructuración de la pareja como padres, como matrimonio y como individuos. En esta etapa, como en todas las anteriores, se activan áreas de conflicto que no se lograron actualizar en etapas anteriores. No necesariamente implica una etapa de depresión y separación matrimonial, sino esta etapa se puede transformar en una etapa de renovación (tener más tiempo para sus actividades significativas). Esta etapa sí se convierte en estancamiento (que se podría llamar “pequeña muerte”) y separación matrimonial, si los conflictos hasta esta etapa no resueltos no pueden ser concientizados, confrontados y expresados de forma adecuada.   Para terminar quiero mencionar que todo conocimiento referente al funcionamiento psíquico-emocional del ser humano queda en la esterilidad, si no estamos dispuestos a transformar este conocimiento en accionesaplicables al bienestar intra- y interpersonal, y si no somos capaces de influenciar positivamente con eso nuestro contorno familiar, laboral y comunitario. Nunca es demasiado tarde para buscar este bienestar. Pero antes que nada es necesario encontrar el bienestar en nuestro mundo interior. No podemos dar lo que no tenemos dentro de nosotros. En este sentido, “la felicidad no llega de forma automática, no es una gracia que un destino venturoso puede concedernos y un revés arrebatarnos; depende exclusivamente de nosotros. No se consigue ser feliz de la noche a la mañana, sino a costa de un trabajo paciente, realizado día tras día. La felicidad se construye, lo que exige esfuerzo y tiempo. Para ser feliz hay que saber cambiarse a uno mismo “ (Cavalli-Sforza, 1998)

 
Bibliografía
 

  • Avery, N. (1981). Phallic Narcissistic Vulnerability and Empty Nest Syndrome. Journal of the American Academy of Psychoanalysis , 9:(4) 525-537.
  • Carter, E., & Goldrick, M. (1980). The Family Life Circle: A Framework for Family Therapy. New York: Gardner Press.
  • Cavalli-Sforza, L. y. ( 1998). La ciencia de la felicidad. Barcelona: Grijalbo.
  • Cierpka, M. (2008). Handbuch der Familiendiagnostik. Heidelberg: Springer Verlag.
  • Erikson, E. H. (1993). Infancia y Sociedad. Buenos Aires: Ediciones Hormé S.A.F.
  • Estrada Inda, L. (1997). El Ciclo Vital de la Familia. México: Editorial Grijalbo.
  • Klein, M. (1990). Amor, Culpa y Reparación. Barcelona: Ediciones Paidós.
  • McIver, R. (1937). Society: A Textbook of Sociology. New York: Farrar and Reinhart.
  • Papastenfanou, C. (1997). Auszug aus dem Elternhaus. Aufbruch und Ablösung im Erleben von Eltern und Kindern. München: Juventa Verlag.
  • Raup, J. L., & Myers, J. E. (1989). The Empty Nest Syndrom: Myth or Reality? Journal of Counseling and Development , Vol. 68; 180-183.
  • Serra, E., Dato, C., & Leal, C. (1988). Jubilación y Nido Vacío ¿Principio o Fin? Valencia: Nau Llibres.

 

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