La migración en la frontera entre México y Estados Unidos
Autor: Ma. Fernanda Ferráez
“ La migración es un cambio, sí, pero de tal magnitud que no sólo pone en evidencia, sino también en riesgo la identidad. La pérdida de objetos es masiva, incluyendo los más significativos y valorados: personas cosas, lugares, idioma, cultura. Costumbres, clima, a veces profesión y medio social o económico, etcétera, a todos los cuales están ligados recuerdos e intensos afectos, como así también están expuestos a la pérdida partes del self y los vínculos correspondientes a esos objetos” (Grinberg y Grinberg, 1989.
La migración es un proceso inherente al desarrollo y evolución del ser humano. La necesidad de cambio, de buscar nuevos espacios en dónde establecerse, de mejorar la calidad de vida, de trazar nuevas oportunidades, ha hecho de la migración un fenómeno constante y dinámico; por lo mismo ésta afecta el desarrollo económico, social, emocional y psíquico de un individuo, a su vez teniendo impacto tanto en la sociedad que deja, como a la que llega; haciendo de la migración un fenómeno global cada vez más frecuente.
En un país como México, con tantos matices , con tantas posibilidades, al mismo tiempo tan polarizado y contrastado; la migración a los Estados Unidos, promesa de un mejor y próspero futuro, ha ido en aumento a partir de los años 70’s en los que se invitaba a los mexicanos a trabajar en el campo en el estado de California principalmente. Actualmente los mexicanos constituyen el 64.9% de la población hispana total, siendo el grupo más grande de origen hispano residente en los Estados Unidos.
Hablar de migración en la frontera entre México y Estados Unidos, es un campo fértil para la investigación psicoanalítica, la construcción de la identidad del migrante, los fenómenos psíquicos que se presentan al cambiar de residencia y estar tan cerca de alcanzar el “sueño Americano” , al mismo tiempo la culpa que genera el irse y dejar atrás todo y todas las referencias que te hacen mexicano, son algunos de los elementos que este trabajo tiene como objetivo analizar, en específico el proceso de adaptación, asimilación e integración del migrante mexicano a los Estados Unidos.
1. México y Estados Unidos
Geográficamente la frontera entre México y Estados Unidos tienen una extensión de 3,142 kilómetros, desde el Monumento 258 al noroeste de Tijuana en la costa del Océano Pacífico, hasta la desembocadura del Río Bravo en el Golfo de México. A lo largo de está línea divisoria se forma una franja compuesta por 38 municipios mexicanos de los estado de Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, los cuales colindan con 25 condados norteamericanos pertenecientes a los Estados de California, Arizona, Nuevo México y Texas (EMIF, 2011)
Las ciudades de cruce tradicional son Ciudad Juárez y Tijuana, sin embargo debido al crecimiento y aumento de vigilancia por parte del país vecino, el cruce de los migrantes en específico los indocumentados se hace por Sonora en la zona desértica que se comparte con Arizona. De ahí que en estos momentos Arizona (Arizona SB 1070) sea el estado norteamericano con la política más fuerte en contra de los migrantes indocumentados, la cual viola los derechos humanos. Los estado con mayor cantidad de migrantes mexicanos (legales o indocumentados) son: California, Florida, Illinois y Texas.
En contraste con la ley de Arizona, también existe el ya conocido “Dream Act” el cual permite que los hijos de indocumentados no sean deportados, permitiendo que puedan estudiar y reciban la residencia permanente con base en las siguientes características: buen comportamiento, inscripción a un programa educativo y haber vivido en los estados Unidos por lo menos 5 años.
En cuanto a estadísticas, los datos son lo siguientes (INEGI, 2010):
a. Los mexicanos constituyen el 64.9% de la población hispana total siendo el grupo más grande de origen hispano residente en lo Estados Unidos.
b. Menos de ¼ de los mexicanos que viven en Estados Unidos viven en pobreza.
c. Un promedio de 609 mexicanos dejaron el país por día durante los últimos 5 años
d. Más del 50% de los mexicanos que emigran hacía Estados Unidos provienen de Chiapas. Oaxaca y Guerrero
e. El 27% de los migrantes mexicanos lo hace en edad productiva de los 25 a 34 años.
f. En 2010 México ocupó el primer lugar en el número de emigrantes internacionales con 11.9 millones de personas, está cifra representa el 10% de la población mexicana
 
2. Migración: un enfoque psicoanalítico
La migración de un país a otro es un proceso psicosocial complejo, el cual tiene efectos duraderos en la identidad de una persona. En primer momento se puede hablar de un “shock cultural” (Ticho, 1971; Handlin, 1973; Garza-Guerrero, 1974)al igual que de un duelo por las pérdidas inherentes a la migración, gradualmente dando lugar a un cambio psicoestructural y el surgimiento de una identidad híbrida. Es claro que como consecuencia del “shock cultural” y el duelo que sufre el migrante, la angustia y los niveles de ansiedad aumenten ocasionando inestabilidad en la organización psíquica. (Parte del “shock cultural” se relaciona con el lenguaje y la raza)
Se deben tomar en cuenta la dimensión de lo afectos e impulsos, espacio interpersonal y psíquico, temporalidad, afiliación social y hacer un énfasis especial en procesos de idealización y devaluación, cercanía y distancia, esperanza y nostalgia, el espacio transicional de la mente, modificaciones al superyó, mutualidad y transformación lingüística.
El migrante pierde desde su lugar de referencia, comida, música, tradiciones, e incluso el lenguaje. El nuevo continente ofrece cosas nuevas la cuales pueden parecer atemorizantes como héroes desconocidos, historia sin conocer, tradiciones diferentes, paisaje nuevos y pocas ideas a las cuales pueda hacer referencia. Sin embargo a la par de las incontables pérdidas, existe la posibilidad de crecimiento y cambio psíquico (en el mejor de los casos), Existen nuevos modelos de identificación, ideales distintos, y mandatos superyoicos diferentes.
Se presenta una estado psíquico similar al que ocurre en la segunda individuación de la adolescencia (Blos, 1967), de acuerdo con Akhatar (1995) las similitudes con los dos procesos de separación y la transformación de la identidad del migrante lo llevan a una “tercera individuación”, la cual por supuesto es menos compleja que la de la infancia y la de la adolescencia; se refiere a una reorganización de la identidad. El proceso de migración tiene una similitud con el proceso de separación individuación , específicamente con las tareas de la subfase de “raprochment/reaproximación” y la del inicio de constancia objetal y diferenciación del self (Mahler et al., 1975) las cuales afectarán de manera directa las siguientes dimensiones psíquicas: afectos, espacio, tiempo y afiliación social. Akhtal explica el proceso de migración basándose en lo propuesto por Mahler, de la siguiente manera:
a) De amor y odio hacia la ambivalencia
b) De cerca y lejos a una distancia óptima
c) De ayer y mañana a hoy
d) De mío y tuyo a nuestro
 
a. De amor y odio hacia la ambivalencia
La escisión es el mecanismo de defensa predominante en este periodo. El país de origen es idealizado y el país nuevo es devaluado o viceversa. Es común ver que los migrantes recurran a estado hipomaníacos (funcionamiento y defensas) la cual es precedida por los estados de angustia; este funcionamiento hipomaníaco no desaparece del todo, puede ser que se mantenga cada vez que sea necesario adquirir una costumbre nueva.
Falk(1974) ha notado que ambos países simbolizan las figuras parentales generalmente el país de origen simboliza a la madre mientras que el país nuevo simboliza al padre, lo cual hace que fantasías edípicas reaparezcan. En muchas ocasiones la representación del self también se ve afectada en el mejor de los casos es libidinizada y como resultado el migrante se siente muy orgulloso de su país de origen. Mientras que el pertenecer al país nuevo o ser parte de éste llega a ser vívido de manera vergonzosa y como una traición a la madre.
La desidealización de ambos países y la aceptación de los elementos buenos que ambos tienen, permite al migrante ir procesando la ambivalencia que en un futuro será elaborada como parte del cambio.
 
b. De cerca y lejos a una distancia óptima
El irse tiene diferentes resultados, en ocasiones puede reproducir su vida anterior con personas del lugar nuevo, estableciendo así nuevas amistades y relaciones significativas. Sin embargo los lugares pueden ser tan diferentes que el realizar o intentar reproducir situaciones ya conocidas se vuelva imposible, por lo tanto el contacto con nuevas personas, y la intimidad psicológica se vuelven una cuestión que debe ser negociada. En este caso como el infante, el migrante se encuentra en una situación en la que está lejos del país de origen por algún tiempo puede llegar a disfrutar la distancia, sin embargo llegará el momento en el que las ansiedades de haber dejado la órbita simbiótica con la madre por demasiado tiempo reaparezcan. Es en este momento en el que el yo migrante pierde el soporte que le daba el entorno conocido, el clima, el paisaje, todo aquello que era inconscientemente percibido como extensiones de la madre (Krystal y Petty, 1963), el deseo de regresar a la etapa de simbiosis con la madre resurge, con la fantasía de regresar a “casa”. Es aquí cuando se trazan planes de regresar y es común que el migrante empiece a buscar elementos que le recuerden al país de origen permitiendo el establecimiento de un espacio transicional en el cual pueda ir y venir sin tanta ansiedad.
En lo que refiere a la representación del self, el migrante fluctúa entre la representación que el self tiene de su país y la nueva que va a emerger a raíz de la nueva residencia en un país distinto, lo óptimo sería que de ambas surgiera una nueva identidad en la que se integrarán; las fallas en este proceso pueden ocasionar una asimilación contrafóbica en la que se niega de la identidad todo aquello que corresponde al país de origen y se incorpora, a través de una identificación mágica, todo aquello del país en el que ahora reside; por otro lado puede llevarse a cabo un “retiro etnocéntrico” en el cual el migrante sólo se relaciona con lo que es propio de su país de origen, adoptando una actitud nacionalista que previamente no existía, negando y devaluando los elementos que la nueva cultura le pudiera proporcionar.
c. De ayer y mañana a hoy.
De acuerdo con Freud (1926) en “Duelo y Melancolía” la idealización del pasado del migrante, se centra más en recuerdos de lugares y de sensaciones que de personas. En la fantasía del “paraíso perdido” los objetos primarios no son elaborados a través del proceso del duelo y tampoco asimilados al yo por medio de la identificación; ocasionando una fractura momentánea del yo la cual se expresa en deseos de regresar a la madre patria, fantasías de vivir el retiro en el país de origen o de ser enterrado en el lugar de nacimiento, fantasías en las que predomina el “algún día” recuperar y/o regresar al estado de simbiosis con la madre.
Como parte del proceso que debe experimentar el migrante, un proceso de desidealización de los objetos perdidos, es posible que pueda investir nuevos objetos y generar un espacio para nuevas experiencias que sean significativas.
 
d. De mío y tuyo a nuestro.
Por un periodo de tiempo considerable a partir de la llegada al nuevo país de residencia el migrante recurre a escindir la realidad entre mío para referirse al país de origen y tuyo para lo que corresponde al nuevo lugar. Para que pueda acceder al “nuestro” el migrante debe adquirir el lenguaje, comprender el “slang”, es común que en este proceso, los sueños, bromas incluso hablar dormido se haga en el idioma nuevo; lo cual sienta las bases para que el migrante pueda hablar e incorporar el espacio así como el lenguaje como parte de los elementos que configuran su identidad.
Al atravesar por los ya mencionados procesos, una identidad nueva reflejará la consolidación del yo, habiendo integrado las identificaciones realizadas con la nueva cultura manteniendo las que ya se tenían.
El migrante debe renunciar (convenientemente de manera temporal) a partes de su individualidad para poder integrarse a su nuevo entorno y ambiente, para de esa manera poder generar un espacio transicional el cual le permita enfrentar de mejor manera la realidad subjetiva vs. la realidad objetiva. La edad y condiciones en que se realiza la migración son factores que deben tomarse en cuenta para la forma en la que el “shock cultural” y el duelo serán vividos. El impacto que pueda tener en los niños, dependerá en gran medida del impacto que esto tendrá en la realidad psíquica de la madre.
Desde un unto de vista psicoanalítico, se debe analizar las razones por las que el migrante decide emigrar, ya sea por una reacción de angustia y agresión frente a los objetos primarios, o como manifestación de un yo sano con capacidad aloplástica de adaptación
De no poder realizarse una integración adecuada el migrante vivirá con la sensación de que existe un lugar mejor, sentirá un vacío crónico y una sombra que lo llevará a comparar todo el tiempo el pasado con el presente, habiendo muy poca posibilidad de un futuro. Viviendo una sensación de extrañamiento permanente, el mundo se escinde en objetos buenos y malos; sin posibilidad de un espacio transicional. Williams (1977) se refiere a este estado como melancolía racial, no es un estado patológico, sin embargo la sensación de vacío acompaña al migrante todo el tiempo.
 
3. El migrante mexicano
“La historia de México es la del hombre que busca su filiación su origen. Sucesivamente afrancesado, hispanista, indigenista, “pocho”, cruza la historia como una corneta de jade que de vez en cuando relampaguea.” (Paz, 1950)
Es común que los objetos del migrante mexicano sean escindidos en buenos (“gringos”) y malos (mexicanos), en este caso la escisión es una cuestión racial. Se idealiza la cultura norteamericana y se devalúa la mexicana; sin embargo debido a las características físicas no permiten que los mexicanos se vuelva migrante invisibles o sea que se confundan con los norteamericanos. Una vez más (históricamente) el mexicano debe someterse a una cultura diferente para poder sobrevivir, dando frente a lo público una imagen de integración de lo norteamericano, a manera de identificación con el padre que en este caso es representado por todo aquello que pertenece al país vecino; mientras que en el espacio privado mantiene sus tradiciones y así no traicionar a la madre.
Lo esperado sería que se pudiera cumplir con un proceso como el propuesto con Akhtar y se generará un espacio transicional, en donde ambas culturas se integrarán pudiera suponer que la cultura “chicana” es un intento de reparación e integración. Por otro lado la cultura mexicana siendo una cultura culpígena, no permite al migrante sentirse completamente cómodo ya que la sensación de deberle a la madre patria es común.
Como bien lo expuso hace tiempo Santiago Ramírez (1950): “el problema se hace más complejo cuando nos damos cuenta que el ser criollo no es simplemente un problema genético. Efectivamente, cuando un mestizo se transcultura y adquiere formas de expresión diversas a las pautas de las cuales procede podríamos decir que se acriolla, valga el término, adquiriendo los ideales y normas culturales de la clase y cultura de que procede es diferente, ya que la trata de ocultar y negar; todo aquello que le recuerda su punto de partida le resulta siniestro… el pasado le avergüenza y en su necesidad compulsiva de refinarse y mostrarse distinto hay temor y ansiedad latentes de ser descubierto: tal vez por su aversión a todo lo pasado, por eso su hostilidad a sus antiguos compañeros de cultura, y por eso su crueldad hacia todo lo que le hace verse proyectado y reflejado en ese pasado” . un ejemplo muy claro de esto es como muchos de los policías trabajando en la “Border Patrol” norteamericana, son hijos de padres inmigrantes, sin embargo la crueldad con la que tratan al mexicano y el repudio que le profesan nos habla de la necesidad de negar su pasado.
Cuando el migrante mexicano penetra Estados Unidos, adopta el pasado de su pueblo mientras que hace suyo el territorio nuevo al que acaba de llegar para así protegerse, al mismo tiempo que protegen su historia la cual ha desembocado en una huida ocasionada por la falta de oportunidades y búsqueda de un ideal. Al llegar buscara ser invisible, la visibilidad se la dará ser parte de una de las minorías mayoritarias en aquel país, será empleado pero la generalidad es que seguirá siendo indocumentado, en ocasiones seguirá siendo discriminado y tratado como un criminal.
“La posibilidad de desarrollar un sentimiento de pertenencia parece ser un requisito indispensable para integrarse exitosamente en un país nuevo, así como para mantener el sentimiento de la propia identidad.! (Grinberg y Grinberg, 1971)
 
Bibliogrfía

  • Akhtar, S. (1995). A Third Individuation: Immigration, Identity, And The Psychoanalytic Process. Journal of the American Psychoanalytic Association 43: 1051-1084
  • Boulanger, G. (2004). Lot’s Wife, Cary Grant, and the American Dream: Psychoanalysis with Immigrants. Contemporary Psychoanalysis 40: 353-372
  • Eng, D. L. and Han, S. (2006). Desegregating Love: Transnational Adoption, Racial Reparation, and Racial Transitional Objects. Studies in Gender and Sexuality 7: 141-172
  • Grinberg, L., Grinberg, R. (1971) Identidad y cambio. Madrid: Editorial Paidós.
  • Grinberg, L., Grinberg, R. (1982). Psicoanálisis de la migración y del exilio. Madrid: Alianza Editorial.
  • Ramírez, S. (1983). El Mexicano, psicología de sus motivaciones. México: De Bolsillo.
  • Yamamoto, J. and Acosta, F. X. (1982). Treatment of Asian Americans and Hispanic Americans: Similarities and Differences. Journal of the American Academy of Psychoanalysis 10: 585-607.  http://cuentame.inegi.org.mx/poblacion/migracion.aspx?tema=P.
  • Utilizado el 29 de marzo de 2014. http://www.colef.net/emif/: Utilizado el 29 de marzo de 2014.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *