KONICA MINOLTA DIGITAL CAMERAPor: Paula Gaviria
“Una de las características más genuinas de la ilusión es la de tener su punto de partida en deseos humanos de los cuales se deriva” (Freud, 1927).
En su libro El porvenir de una ilusión, Sigmund Freud (1927) explica cómo es que las representaciones e ideas religiosas que la civilización procura a los individuos surgen, al igual que las demás conquistas de la cultura, de la sensación de impotencia frente a las fuerzas de la Naturaleza y la necesidad de defendernos de las mismas. Comparando las doctrinas religiosas a la relación del hijo con el padre y su deseo de protección frente a la incertidumbre y los peligros del mundo externo.
 
…la colectividad humana pasa en su evolución secular por estados análogos a las neurosis y precisamente a consecuencia de idénticos motivos; esto es, porque en sus tiempos de ignorancia y debilidad mental hubo de llevar a cabo exclusivamente por medio de procesos afectivos las renuncias al instinto indispensables para la vida social…La religión sería la neurosis de la colectividad humana, y lo mismo que la del niño provendría del complejo de Edipo en la relación con el padre. (Freud, 1927, p.2985)
 
Justificando así que nuestros antepasados, tanto por necesidad como por ignorancia, tomaran estos principios religiosos como verdades. Doctrinas que para Freud no eran más que ilusiones indemostrables, independientes de los dictados de la razón y de la experiencia. Que al igual que la represión en la neurosis infantil cumplieron con su propósito en un momento de la evolución del hombre, disminuyendo la angustia frente al impulso a la satisfacción de un deseo. Por lo que creía que la única forma de poder progresar era abandonando la ilusión religiosa como el niño abandona el hogar paterno y se enfrenta a la vida, “retirando sus esperanzas del más allá y concentrando en la vida terrena todas las energías liberadas, conseguirá (el hombre), que la vida se haga más llevadera a todos y que la civilización no abrume ya a ninguno…” y que esto sería posible  en el futuro por medio de la labor científica (Freud, 1927).
 
Han pasado ya casi noventa años desde que Freud escribió este libro, noventa años en los que en efecto la religión ha ido perdiendo valor y la ciencia se encuentra en su máximo apogeo. Pero para desilusión de Freud, y se podría decir que también de la sociedad, la educación libertada de las doctrinas religiosas y los avances de la labor científica no han dado aún el resultado que él esperaba al llevar a cabo una revisión de la relación entre la civilización y la religión, el de un despertar espiritual (Freud, 1927). Seguimos como sociedad viviendo una feliz demencia alucinatoria, pues en lugar de la ilusión de la religión  ha surgido otra que ejerce gran influencia sobre los hombres y los mantiene en absoluta ignorancia, la ilusión de la libertad individual.
 
La ilusión de la libertad individual es producto del pensamiento neoliberal que actualmente rige las prácticas político-económicas a nivel global. David Harvey explica el neoliberalismo como:
 
…una teoría de prácticas político-económicas que afirma que la mejor manera de promover el bienestar del ser humano, consiste en no restringir el libre desarrollo de las capacidades y de las libertades empresariales del individuo, dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad privada, fuertes mercados libres y libertad de comercio (Harvey, 2007).
 
Por su parte Raúl Pacheco (2012) dice que “bajo el capitalismo neoliberal, la ideología que ayuda a mantener la estructura social está formada por el supuesto de que la libre competencia entre individuos autónomos, con ánimo de lucro y actuando por su único interés personal, puede producir beneficios colectivos”. Para lograr este giro, que se ha ido dando desde la década de los setentas, tanto los fundadores como los promotores del pensamiento neoliberal utilizaron los ideales que percibieron en falta en su momento y los promovieron como los valores centrales de la civilización: el ideal político de la dignidad y de la libertad individual, y al neoliberalismo como el único medio para garantizarlos. Ideales que resultan convincentes y sugestivos para cualquier persona que valore la capacidad de tomar decisiones por sí misma, de tal modo que, al igual que las doctrinas religiosas, pasaron a ser asumidos como algo dado y no cuestionable (Harvey, 2007).  A decir del filósofo coreano Byung-Chul Han (2014) “la ideología neoliberal de la optimización personal desarrolla caracteres religiosos, incluso fanáticos”. Lo que se puede complementar con la explicación sobre el valor que el neoliberalismo da al intercambio del mercado como “una ética en sí misma, capaz de actuar como un guía para toda la acción humana y sustituir todas las creencias éticas anteriormente mantenidas” (P. Treanor citado en Harvey, 2007).
 
Al igual que las ideas religiosas el ideal de la dignidad y la libertad individual, “son ilusiones, realizaciones de los deseos más antiguos, intensos y apremiantes de la Humanidad” (Freud, 1927).  Pues nacen de la misma fuente que las representaciones religiosas, como intentos de conquistar la cultura,
 
En la ciencia y en la organización capitalista de la sociedad, se depositan las esperanzas de superación completa de todos los males y de los acontecimientos que siempre angustiaron a los seres humanos. Esto nos aleja de la necesidad imperiosa de hacer frente a la ineludible realidad de las limitaciones de nuestra existencia, de la mortalidad y la finitud del cuerpo, y de las imperfecciones y contradicciones de nuestra sociedad (Pacheco, 2012).
 
El deseo humano de defenderse contra los peligros de la Naturaleza y de ser deseado por un otro sigue siendo el mismo y la protección contra el desamparo que la cultura y la sociedad ofrecen a sus miembros aun exigen a cambio cierta sumisión irracional e inconsciente (Pacheco, 2012). Lo que ha cambiado de una ideología a otra son los valores y normas sociales así como los medios a través de los cuales la civilización pretende compensar los daños y los defectos ocasionados, prevenir el sufrimiento y vigilar que se cumplan las normas culturales (Freud, 1927). De acuerdo a Han (2013) pasamos de la sociedad de la obediencia y el poder disciplinario, en el cual el sujeto estaba sometido a un código de normas, preceptos y prohibiciones a un sometimiento tan sutil del cual ni siquiera somos conscientes.
 
En el neoliberalismo todas las formas de solidaridad social son disueltas en favor del individualismo, pues estas complican la acumulación de capital. El éxito individual se vuelve el valor de la cultura neoliberal pues resulta una motivación excelente para la sana rivalidad y competición, optimizando de tal forma la producción, aceleración y el crecimiento del capital. Por lo que la competencia se considera una virtud esencial y el éxito o el fracaso personal son interpretados en términos de responsabilidad personal individual en lugar de ser atribuidos a fallas del mismo sistema (Harvey, 2007). En otras palabras “en el régimen neoliberal de la autoexploración uno dirige la agresión hacia sí mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo.” (Han, 2014).
 
Esto sucede porque, de acuerdo a Han (2014), pasamos del deber hacer a la libertad del poder hacer, por lo que ya no existe como antes un otro que nos someta y ocupe el lugar del amo, hoy “se extiende la ilusión de que cada uno, en cuanto proyecto libre de sí mismo, es capaz de una autoproducción ilimitada… cada uno es amo y esclavo”. Al no tener un otro al quien dirigirle la agresión, o al percibir a este otro como una amenaza mayor, hoy en día la neurosis de colectividad que padecería la sociedad sería más de carácter melancólico. Pues a diferencia de lo que propone Freud en El porvenir de una ilusión, ya no se trata de una neurosis obsesiva colectiva en la que se reconocía a un Dios, figura que representaba al padre y a la relación ambivalente que ante el mismo se tiene (1927). En el neoliberalismo, con la muerte de Dios y el surgimiento del súper hombre, el capital actual como el “nuevo Dios” (Nietzche en Han, 2013). Lo que, pensando en términos religiosos, al ser los hombre a su “misma imagen y semejanza”, al igual que el capital “el valor personal se mide por el poder, la riqueza, la posibilidad de consumo y la atención que los individuos son capaces de despertar diariamente en el espectáculo cotidiano” (Pacheco, 2012).
 
Estaríamos entonces viviendo en, lo que se podría definir en términos psicoanalíticos, una regresión a nivel social, pasando de una neurosis obsesiva a una etapa previa del desarrollo a la melancolía. Pues antes del surgimiento del neoliberalismo, momento en el cual predominaban las ideologías capitalistas, socialistas, comunistas y fascistas los sujetos reconocían una autoridad externa, un otro que fungía el papel del amo, que oprimía pero protegía al mismo tiempo. Épocas de poder normativo y disciplinario, en las el sujeto se sometía por deber a un código de normas, preceptos y prohibiciones. La explotación era ajena, la realizaban otros y los sujetos eran obedientes, pues no solo temían el castigo, sino que también reconocían los beneficios de seguir las normas (Han, 2014). Similar a lo que sucede en la neurosis obsesiva, existe una marcada actitud ambivalente hacia el objeto, al sentir temor de perderlo lo retiene. El sujeto reconoce la existencia de un otro, diferente. “El orden compulsivo es al mismo tiempo una expresión del deseo de dominación del enfermo, con el cual ejercita poder sobre las cosas y las fuerzas dentro de un sistema pedante y rígido” (Abraham, 1924).
 
La sociedad actual vive una forma de poder más sutil, que escapa a toda visibilidad del sujeto (Han, 2014). Ya que a modo de favorecer el incremento de la productividad y el crecimiento económico se requiere de la desregulación, la privatización, y el abandono por parte del Estado de muchas áreas de la provisión social. “La neoliberalización ha significado la financiarización de todo…intensificó el dominio de las finanzas sobre todas las restantes facetas de la economía, así́ como sobre el aparato estatal y…sobre la vida cotidiana” (Martin ct. en Harvey, 2007). Esto le ha restado poder al Estado, depositándolo en el mercado y en los individuos que forman parte del mismo, pues son los responsables de las fuerzas por las que se rige, su nivel producción consumo. La incapacidad personal se atribuye a fracasos personales, culpabilizando a las víctimas de su situación (Harvey, 2007). La hostilidad que antes se dirigía al poder Estatal por lo malestares sociales ahora se dirigen a uno mismo, en nombre de la libertad individual.
 
Al igual que en la melancolía, “el sujeto neoliberal como empresario de sí mismo no es capaz de establecer con los otros relaciones” (Han, 2014). Ya que para que este sistema pueda funcionar es necesario disolver todas las formas de solidaridad social en favor del individualismo, la propiedad privada, la responsabilidad personal y los valores familiares (Pacheco, 2012). No se le da valor a un otro pues “la extrañeza o la otredad representan obstáculos para una comunicación ilimitada” (Han, 2013). Sucede algo similar en la melancolía, en la que el suceso que precede a la enfermedad es la pérdida del objeto, abandonando las relaciones psicosexuales que antes se tenían.
 
Esta pérdida del objeto lleva al proceso de la introyección del mismo, pues de este modo el sujeto lo revive, erigiéndolo en su propio Yo, de tal forma que ya no puede perderlo (Abraham, 1924). Este proceso de
 
“introyección en el melancólico está basado en un disturbio radical de las relaciones libidinosas con el objeto, manifestándose en un severo conflicto de sentimientos ambivalentes de los que sólo puede escapar volviendo contra sí mismo la hostilidad que originalmente sentía hacia el objeto” (Freud ct. en Abraham, 1924).
 
Han (2014) lo explica utilizando la dialéctica del amo y esclavo de Hegel, el neoliberalismo al eliminar la explotación ajena notoria “convierte al trabajador en empresario…Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo…Cada uno es amo y esclavo”.  La agresión que antes se dirigía hacia los que se percibían como los explotadores, ahora se dirige a uno mismo, “los autorreproches de la melancolía son en realidad reproches dirigidos contra la persona amada” (Freud ct. en Abraham, 1924).
 
Al tratarse de una relación ambivalente pasa lo mismo con el amor que antes se depositaba en el objeto. Estas tendencias de auto-amor que se presentan como “delusiones de inferioridad” son en realidad ideas de auto apreciación, especialmente con respecto a la importancia y a los efectos que tienen sus propios pensamientos, sus sentimientos y su conducta (Abraham, 1924). Similar a lo que sucede con el sujeto del neoliberalismo que se explota de forma voluntaria y apasionada, convirtiendo su Yo en una obra de arte (Han, 2014). Pacheco (2012) por su parte reconoce este fenómeno en lo que él llama la “cultura del narcisismo”, no haciendo referencia al estado de la libido, si no como calificativo para describir como en la actualidad las personas nos vemos fascinados por nosotros mismos y afectivamente capturados por la búsqueda de la imagen que imite perfectamente los modelos idealizados, resultado de la estructura misma de las actuales relaciones sociales capitalistas.
 
Al abandonar la relación con el objeto no estamos desconociendo su existencia, como sucede en la etapa autoerótica, que se encuentra aún exenta de inhibiciones instintivas, de acuerdo con la ausencia de una real relación de objeto (Abraham, 1924). En la melancolía hubo una relación con el objeto que debido a un desengaño primario se abandonó, regresando a la fase narcisística en la que el individuo es su propio objeto de amor. Por eso es que el sujeto del neoliberalismo no es el “sujeto narcisista” carente de objeto, con ausencia de ideales y de un egocentrismo radical. El sujeto hoy en día aún necesita de un otro que lo reconozca aunque sea como “meros espectadores y testigos del valor y la belleza de su imagen…pues de ellos dependen las directrices y los ideales que impulsan nuestras acciones” (Pacheco, 2012). Por esto mismo es que las redes sociales y las tecnologías de la comunicación se han vuelto tan populares. Pues por medio de las «tecnologías del yo», como las llama Han (2013), a través de la interacción entre uno mismo y los demás “los hombres no solo se fijan reglas de conducta, sino que buscan transformarse a sí mismos, modificarse en su ser singular y hacer de su vida una obra que presenta ciertos valores estéticos y responde a ciertos criterios de estilo”.
Algo similar ha sucedido con la evolución de la cultura, que por desilusiones ha ido  abandonando sus relaciones con el objeto amado, en este caso específico el de la figura paterna. Primero abandonó las ilusiones de la religión y de un Dios todo poderoso al reconocer que las religiones no aclaran los enigmas del mundo, ni protegen al hombre frente a las fuerzas de la Naturaleza y tampoco solucionan los mismos problemas que genera la misma civilización (Freud, 1927). Más adelante fue la relación con otras figuras paternas que representaban el poder en forma del Estado, viéndose defraudados por las promesas falsas y la incapacidad de estos de solucionar los malestares que experimentaban la naciones, como la pobreza, la guerra y la desigualdad social. Perdiendo así los líderes políticos y el estado nación su fuerza para ejercer el dominio y control sobre los individuos. Estas desilusiones posibilitaron el surgimiento y establecimiento de la ideología neoliberal, que prometía devolver a los individuos aquello que en otra época habían perdido por culpa de ese otro omnipotente, la libertad individual y la dignidad. Esta idea de libertad individual resultó muy atractiva para todos aquellos que antes se habían sentido oprimidos por los llamados poderes normativos, por la frustración excesiva que en ellos generaba los límites, explicado por Han (2013) como la negatividad, “lo otro inmunológico, lo negativo que penetra en lo propio y trata de negarlo”.
 
Llevamos viviendo ya más de cuarenta años en este mundo sin fronteras que prometía el neoliberalismo, de libertad de comercio y de mercado. Con tecnologías de la información que permiten el flujo, aparentemente sin fronteras, de una gran cantidad de información, que nos da, aunque sea de manera virtual, la sensación de libertad ilimitada. Que placentera llega a ser la red digital y la realidad virtual, en varias ocasiones mucho más agradable que la realidad exterior. Pues a pesar de todos los avances científicos y tecnológicos la Naturaleza sigue representando una amenaza a la cultura. Las guerras, el hambre y la enfermedad no han desaparecido. Al contrario hemos visto en el último año un aumento en la violencia a nivel mundial, la aparición de nuevas enfermedades que atentan contra la salud y el poder en manos de unos que atentan contra toda idea de democracia y libertad. Las promesas de que la libertad individual en favor del mercado y la producción de capital iba a mejorar la situación social, al igual que las verdades contenidas en las doctrinas religiosas en su momento, “aparecen tan deformadas y tan sistemáticamente disfrazadas que la inmensa mayoría de los hombres no pueden reconocerlas” (Freud, 1927, pg.2985).
 
Esto me lleva a replantear una vez más que la libertad individual como tal no es más que una ilusión como en su momento lo fue la religión, pues al igual que esta es una creencia “que aparece engendra por el impulso a la satisfacción de un deseo, prescindiendo de su relación con la realidad, prescinde de toda garantía real” (Freud, 1927, pg.2977). Pero más alarmante, pues esta ilusión ya se parece más a la de un melancólico que a la de un neurótico obsesivo. Lo que no solo podría llegar a explicar la depresión como la enfermedad del siglo XXI, ocasionada por esta patología colectiva  de la sociedad positiva (Han, 2013) que promueve la autoexplotación de los sujetos, que llevan al agotamiento y al autorreproche.
 
Más bien me preocupa el futuro de la Humanidad, pues Freud (1927) en su momento veía la religión como una amenaza a la justicia social pero creía que esta ya se encontraba dentro de una fase de evolución en proceso de crecimiento, y que al igual que la mayoría de las neurosis infantiles con el crecimiento se lograría vencer en el curso del crecimiento. El mismo Freud no fue capaz de   reconocer la fuerza de los deseos humanos más antiguos, intensos y apremiantes de la Humanidad. Pues, a mi parecer, estamos viviendo como colectividad humana una regresión, lo que hace esta “curación” aún más difícil. Curación ante la cual la labor científica hasta ahora ha resultado insuficiente e ineficiente. ¿Qué nos depara el porvenir de nuestra sociedad? ¿Podremos en algún momento librarnos de las ilusiones y aprender a tolerar la vida real? o ¿Seguiremos en un retroceso  psíquico colectivo hacia una forma más pura del narcisismo? Por qué de ser así lo que pintaría es un futuro como el que se plantea en la película de Lo and Behold (2016), en el que los humanos ya no necesitan de las relaciones humanas para sobrevivir, únicamente necesitarían del internet y de sus creaciones. Viviendo entonces en un estado de anomia como el que Durkheim propone, resultado de la desintegración social, producto de la diferenciación de la sociedad moderna, o como diría Han (2013) en una sociedad autista.
 
 
Bibliografía
 

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  • Durkheim, E. La división del trabajo social. Diversas ediciones.
  • Freud, S. (2013). El Porvenir de una Ilusión. En López-Ballesteros y de Torres (Traduc.), Obras completas: Sigmund Freud (Vol. 22, pp. 2961-2992). Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. (Trabajo original publicado 1927)
  • Han, B. (2013). La sociedad de la transparencia. (R. Gabás, Trad.) Barcelona, España: Herder Editorial.
  • Han, B. (2014). Psicopolítica, neoliberalismo y nuevas técnicas de poder (1st ed.) (A. Bergér, Trans.). Barcelona: Herder Editorial.
  • Harvey, D. (2007). Breve historia del neoliberalismo (Vol. 49). Ediciones Akal. http://www.elsarbresdefahrenheit.net/documentos/obras/1690/ficheros/breve_historia_del_neoliberalismo_de_david_harvey1.pdf
  • Herzog, W. (Director). (2016). Lo and Behold: Reveries of the Connected World [Motion picture on ITunes]. Estados Unidos: Magnolia Pictures.
  • Pacheco, R. A. (2012). El capitalismo neoliberal y su sujeto. Teoría Y Crítica De La Psicología, 2, 113-125. doi:2116-3480

 
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