El Duelo en la Infancia
Autor: Carolina Pérez

Definición de duelo según Freud

En Duelo y Melancolía (1915), Freud habla sobre:       Melancolía: pérdida de objeto sustraída de la conciencia. Duelo: No hay nada inconciente en lo que atañe a la pérdida.

  • En el trabajo de duelo:

1. Existe inhibición y falta de interés; absorbe al yo.

2. Existe una pérdida real del objeto de amor.

  • En el duelo normal:

-El yo “se pregunta” si quiere compartir el mismo destino que el objeto ausente pero
– Se deja llevar por la suma de satisfacciones narcisistas que le da el estar con vida
– Desata su ligazón con el objeto perdido.

Después de un lento proceso, se disipa el gasto requerido para lograr finalmente vencer la pérdida del objeto.

El Duelo y la Psicopatología

  • Bowlby (1956) afirma que la pérdida de la figura materna, por sí misma o unida a otras variables aún no identificadas claramente, puede producir reacciones y procesos que van más relacionadas a la psicopatología.
  • Dichas reacciones y procesos son los mismos que presentan personas adultas que están todavía perturbadas por separaciones sufridas en una etapa temprana de sus vidas.
  • Aberastury (1978) “Cuando no existe la oportunidad en su momento de elaborar el duelo por la causa que sea, se tiende a repetir el destino del objeto, esto quiere decir que en el yo se plasma un introyecto de muerte asociado a todas las fantasías y temores que ocurrieron en el momento del conflicto y al mundo interno vigente en la época que se produjo la pérdida.”
  1. Tendencia a plantear excesivas demandas a los demás, sintiendo ansiedad y rabia cuando éstas no son satisfechas, como les ocurre a las personalidades dependientes o histéricas.
  2. Bloqueo de la capacidad para entablar relaciones profundas, como se observa en las personalidades incapaces de afecto y psicopáticas.

La diferencia del duelo en el adulto y en el niño

  • Según Velasco, C. (1989) se ha tomado como parámetro el duelo del adulto cayendo en la adultomorfización del niño.
  • Menciona que esto es un error ya que en el adulto sus estructuras mentales ya están consolidadas (mal o bien) mientras que en el niño se están dando apenas los matices que formarán no sólo sus estructuras mentales si no:
  • Furman (1964) postula que la capacidad para hacer el duelo exige:
  • Se haya alcanzado un nivel fálico en las relaciones objetales.
  • La fusión instintiva se haya llevado a cabo
  • Para que pueda experimentar el dolor causado por el retiro de catexis de objeto, el yo tiene que haber logrado el poder identificar y verbalizar afectos (ya posible en un niño de 3 o 4 años de edad)
  • Menciona también como aspecto importante que el niño necesita de un objeto que reemplace al objeto perdido y que sea constante para que así pueda ser investido con la energía que era destinada para el objeto perdido.
  • Si esto no ocurre así, el niño puede identificarse con el objeto perdido, o hipercatectizar la representación del self, lo cual impediría su futuro desarrollo.
  • Lo que podría parecer una incapacidad de hacer el trabajo de duelo en el niño se debe tal vez a su incapacidad de manejar la agresión. También cuando sus sentimientos son negados o suprimidos por el mundo externo y sus preguntas se dejan sin respuesta.
  • La diferenciación entre él mismo y los objetos
  • La neutralización y fusión instintivas
  • Y demás vicisitudes que formarán la personalidad adulta, normal o patológica.

Adulto         

  •  Puede vivir sin la presencia más o menos continua de una figura de apego
  • Se puede hallar presente en el momento en que ocurre la muerte o bien recibe noticias prontas y detalladas sobre ella
  • Esta en condiciones de hacer preguntas y que se las contesten de inmediato.
  • Puede buscar comprensión y consuelo y encuentra en otros la comprensión de su pena y dolor.

Niño

  •  Los niños no tienen esa experiencia.
  • La mayoría de las veces un niño depende enteramente, en cuanto a información, de lo que decida su padre sobreviviente
  • Un niño no siempre está en condiciones de preguntar y que le contesten.
  • El niño raramente se encuentra en situación de hacerlo
  • Se encuentra en desventaja  respecto al adulto por que la gente a su alrededor no muestra simpatía por su anhelo, pena o ansiedad.
  • Menos conocimientos y comprensión de las cuestiones de vida-muerte por lo tanto tiende más a hacer falsas inferencias de la información que recibe y a tiende a malinterpretar.
  • Sus estados de ánimo son más mudables y más fácilmente mal interpretados.

¿Pueden los niños pequeños vivir un duelo?

  • Para Bowlby (1983) “el duelo es una serie bastante amplia de procesos psicológicos que se ponen en marcha debido a la pérdida de una persona amada, cualquiera que sea su resultado”.
  • Existe una gran controversia en cuanto a la pérdida de un progenitor durante el primero o segundo año de vida. Y tiene que ver con el hecho de determinar en qué momento del desarrollo, el bebé o infante se hace capaz de conservar una imagen de su madre ausente.
  • Describe al desapego de niño pequeño hacia el objeto perdido como “un proceso defensivo, el cual es un elemento constitutivo habitual del duelo en todas las edades, en donde lo que caracteriza a la patología no es la presencia de las defensas en sí, si no las formas que adoptan y la medida en que resultan reversibles”.
  • En los bebés y niños pequeños, los procesos defensivos tienden a estabilizarse y persistir una vez que se han puesto en marcha.

Constancia objetal libidinal en el infante

  • A lo largo del psicoanálisis se ha ido empleando este término de distintas maneras, sin embargo, como resultado de eso, se dice que la edad en que se considera que un niño alcanza la constancia objetal libidinal varía desde los seis meses hasta la última parte del tercer año de vida.
  • El infante más adelante, irá desarrollando la capacidad de concebir a su madre como una persona que existe independientemente de él mismo.
  • Parece ser que en realidad sí existe una capacidad germinal, comenta Bowlby, de duelo a los niños pequeños, por lo menos a partir del año y medio.
  • Capacidad para forjar una imagen de su madre ausente, extrañar a esa figura y concebir apego a la nueva figura sólo gradualmente.
  • No duelo, aflicción cuando está ausente su objeto libidinal. Después, búsqueda de este.
  • Alto grado de importancia el hecho de que existan figuras sustitutivas que brinde cuidados cuando su madre esté ausente, ya sea manera temporal o permanente.

Lo que se le dice al niño y cuándo se le dice

  • Por lo general en sociedades occidentales, el niño casi nunca está presente en el momento de la muerte y además de que el niño termina enterándose mucho tiempo después del deceso y a veces de una manera equívoca. Por ello, no debería de sorprender las respuestas de los niños cuando a veces no están  en consonancia con lo ocurrido.
  • Cuando muere uno de los padres del niño, casi siempre le toca al progenitor sobreviviente informarle la mala noticia. Y a veces, entre más pequeño es el niño, más tarda el progenitor en darle la noticia. O suele decírsele que el padre muerto se fue de viaje o que fue trasladado  a otro hospital.
  • En nuestra cultura, el padre sobreviviente es muy propenso a decirle al hijo que su padre o madre se ha ido al cielo. Con esta explicación el niño puede pensar que el cielo es como cualquier otro lugar y que el regreso del padre desaparecido es solo cuestión de tiempo.

Información que debe saber el niño

Según Bowlby es importante que el niño tarde o temprano sepa que:

  • El padre muerto no regresará
  • Que su cuerpo está sepultado en la tierra o reducido en cenizas después de la cremación.
  • Es una situación difícil para el padre explicar porque desea proteger a su hijo de la impresión de la muerte y del dolor del duelo, pero sobre todo por que para el mismo padre es volver a enfrentarse a tener que hablar sobre la realidad de los hechos que le generan a él mismo aflicción y tristeza.
  • Si la expresión de sentimientos se intenta disfrazar o esconder esto, lejos de ayudar a los hijos, los perjudicará, por que entonces entenderán que de los sentimientos respecto al padre muerto no se expresan ni se hablan. Obviamente los niños están ávidos por saber qué ocurrió realmente pero se les contesta con evasión o con silencio

Qué debe hacer el padre sobreviviente para que pueda ayudar a sus hijos

  • Apoyo al padre sobreviviente y ayudarle a que exprese esos sentimientos para que el duelo se dé de manera sana.
  • Esto permitirá que al padre incluir a sus hijos en el proceso de duelo, compartiendo con ellos los hechos y contestando preguntas con la mayor veracidad posible.
  • Así juntos podrán compartir aquellos sentimientos de anhelo, cólera, aflicción, dolor.
  • Esto permitirá que el niño responda a la pérdida con cierto grado de realismo. Esto va depender obviamente de la edad del niño.

Teorías del niño sobre la muerte

  • Algunos autores indican que un niño debe tener por lo menos 6 años o hasta ser adolescente para concebir la muerte como un fenómeno irreversible.
  • Los niños pequeños se enfrentan con ejemplos de muerte como un animalito muerto. Ve al animalito inmóvil y que no reacciona a nada que se le haga. Esto le despierta curiosidad pero también perplejidad.
  • El niño pregunta qué ocurre, recibe explicaciones de un adulto o de otros niños y con base en eso desarrolla sus propias teorías o ideas sobre la muerte
  • Según la familia y el marco cultural, variarán enormemente las explicaciones que se le den al niño.
  • Habla Bowlby de la serie de creencias sobre la vida y la muerte que sustentan los adultos en las sociedades occidentales, las cuales comprenden por lo general muchas incertidumbres, ambigüedades e incoherencias. Por ello, no debería de sorprendernos que las creencias de los niños varíen tanto.
  • Si se le dice a un niño de no más de dos años que el animalito muerto nunca volverá a vivir y que esto le ocurre en algún momento a todas las criaturas vivas, podrá ser incrédulo en un principio pero es probable que después acepte lo que se le dice; Además de que es natural sentir tristeza y desear que regrese a la vida, el niño difícilmente se sorprenderá, por que lo que se le dice va de acuerdo con su experiencia y se puede sentir comprendido.
  • Furman (1964) señala que cuando los padres adoptan dicha actitud preparan en cierta forma el camino para ayudar a un hijo a pasar por el proceso de duelo por la pérdida de un progenitor.
  • Si el padre sobreviviente es muy religioso es importante ser honesto con el niño y no confundirlo con la complejidad  de estas ideas y la dificultad de distinguir entre muerte corporal y muerte espiritual, ya que eso lo puede dejar desconcertado y confundido, pudiendo dejar un gran abismo de incomprensión e incertidumbre

Cuando las condiciones son favorables…

En el caso de un niño las condiciones más significativas son:

  1. Que haya mantenido una relación razonablemente segura y afectuosa con sus padres antes de sufrir la pérdida
  2. Que se le dé pronto información precisa sobre lo ocurrido en donde se le deje hacer toda clase de preguntas, que se le contesten de la manera más honesta posible y que participe en la aflicción de la familia e incluso en el velorio, en caso de celebrarlo.
  3. Que cuente con la presencia consoladora de su padre sobreviviente o si no se puede, de un sustituto de confianza y que tenga la seguridad de que esa relación habrá de continuar.

Otros datos de estudios…

  • En estudios hechos por Kliman (1965), citado por Bowlby, indica respecto a la respuesta inicial de algunos niños, que algunos lloran mucho y otros no lloran. Respecto a esto comenta que parecería que la tendencia a derramar lágrimas inicialmente, aumenta con la edad.
  • Furman informa sobre repetidos y prolongados sollozos y suspiros en algunos niños que continuaban siendo inconsolables, mientras que otros, las lágrimas aportaban consuelo.
  • Menciona Bowlby que no sólo es necesario el registro de un número determinado de niños en cada nivel de edad, si no que se necesitan también detalles exactos tanto de las relaciones familiares con los niños, como las circunstancias de la muerte, así como la información que se le dio al niño y la manera en que reaccionó el padre sobreviviente.

Variedades patológicas y algunas condiciones que contribuyen a producirlas

  • Ansiedad persistente (temor a sufrir otra pérdida, morir o ser abandonado)
  • Esperanzas de reunión y deseos de morir
  • Persistencias en culpar o culparse
  • Hiperactividad: conducta agresiva y destructiva
  • Compulsión a prodigar cuidados y a confiar en sí mismo.
  • Euforia y despersonalización
  • Síntomas identificatorios: los accidentes.

Algunas conclusiones…

  • Parece entonces que cuando existen condiciones favorables, el duelo de los niños, no menos que el de los adultos, se caracteriza comúnmente por recuerdos e imágenes persistentes de la persona muerta y por repetidos accesos de anhelo y tristeza, especialmente en reuniones de familia y aniversarios o cuando una nueva relación parece marchar mal. Esto es importante saberlo especialmente cuando se espera que un niño afligido establezca una nueva relación.
  • En consecuencia, es necesario que los adultos que están a cargo de un niño afligido por una pérdida le de aún más oportunidades que un adulto para hablar de lo ocurrido y de sus muchas implicaciones.
  • La gran influencia que tiene en todas las edades la estructura de la vida familiar del ser humano sobre la manera en que éste responde a una pérdida

Bibliografía

  • Bowlby, J. (1983): “La Pérdida”, Ed. Paidós, Buenos Aires.
  • Bowlby, J. (1956): “El Apego”, Ed. Paidós, Buenos Aires.
  • Freud, S. (1915): “Duelo y Melancolía”, Vol. XIV, Amorrortu Editores, Buenos Aires.
  • Velasco, C. (1989): “Algunas consideraciones metapsicológicas acerca del duelo en el adulto y en el niño”, Volumen III, No. 2, Ed. Gradiva.
  • Furman, R. (1964): “Death and the Young Child”, Psychoanalitical Study of the Child.    Psychoanal. Study Child, 19.

Fin

La belleza del amor no me encontró
Sus manos no me estrecharon fuertemente
Pues las tinieblas del odio me rodean.
Veo el día, no como día, sino como noche.
Anhelo que el querido amor me encuentre
Con mi corazón y mi alma y mis potencias
Pues las tinieblas se han cerrado sobre mí.
Veo el día, no como día sino como noche.
Los chicos están jugando y riendo
Pero yo no puedo encontrar amor en el deleite
Una cerca de hierro me rodea.
Veo el día, no como día, sino como noche.

                             Poema de una niña de 11 años durante duelo

 

 

 

 

 

 

 

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