Compromiso Matrimonial:Desafíos a la Identidad
Autor: Aliza Edelson

Cuando comencé a pensar en este tema me pareció importante abarcar dos grandes tópicos: Por una lado el tema del compromiso (matrimonial en este caso); por el otro, el de la identidad. Esta dualidad que aparece en el título me hizo preguntarme si al hablar de ‘compromiso’ y de ‘identidad’ hablamos de ideas contrarias o complementarias. A continuación daré una definición de estos conceptos para después desarrollarlos y analizar la relación entre ellos.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua (DRAE) define ‘compromiso’ como: “obligación contraída”, “palabra dada”, “dificultad, embarazo o empeño”, entre otras definiciones. Para que exista este compromiso u obligación se necesitan dos personas que estén dispuestas a asumirlo y me parece que es ahí donde aparecen las dificultades de las que habla la tercera definición: por tratarse de dos personas hablamos de dos maneras distintas de percibir al mundo, ambas personales y subjetivas.

LA IDENTIDAD:

El sentimiento de identidad se puede definir sencillamente como “yo soy yo”. Esto se va  se va desarrollando desde la infancia más temprana; es un proceso que comienza con las introyecciones y proyecciones y después con las identificaciones con los objetos significativos. Por todo esto el sentimiento de identidad tiene una parte conciente y otra inconsciente (Grinberg, 1980).

La identificación es un mecanismo mediante el cual adoptamos características, rasgos y funciones de nuestros objetos significativos y los tomamos como propios. Es por eso que es un mecanismos fundamental en el desarrollo de nuestra identidad. Según Erik Erikson la identidad surge por la “asimilación mutua y exitosa de todas las identificaciones parciales de la niñez” y es durante la adolescencia que se resignifica y se consolida.

Por otra parte, es mediante la identificación que logramos elaborar los duelos y las pérdidas: “Si yo adopto una característica de alguien a quien temo perder, entonces es como si lo llevara adentro, como si no me separase de aquella persona cercana” (Velasco, 2005).

Al hablar de identidad es indispensable hablar de “Self”, término introducido por Hartmann y se  refiere al “sí mismo”. Jacobson amplió el término explicando que  abarca a la totalidad de la persona tanto en lo corporal como en lo psíquico. Esto incluye, por una parte, un sentimiento de continuidad y semejanza conmigo mismo, y el contraste y la diferencia con otros por el otro. (Grinberg, 1980)

Este autor también explica que el sentimiento de identidad abarca la integración de tres esferas: la temporal, la corporal y la grupal:

  1. Dimensión temporal: “Abarca las fases cambiantes de la niñez, adolescencia y adultez”. Esto significa que incluye un sentimiento de continuidad en el individuo a través del tiempo y de los cambios. Si el self está bien consolidado, el sujeto podrá recuperarse de las pérdidas que tendrá a lo largo de la vida; el yo podrá elaborar los duelos y reestablecerse.
  1. Dimensión corporal:  Se refiere a la capacidad del self de mantener su cohesión y lograr diferenciarse de los objetos; además incluye la relación del self con sus pertenencias. “Todo aquello que el individuo considera ‘suyo’ está incluido en los ‘límites fluctuantes del self’” (Grinberg, 1980).
  1. Dimensión grupal: Se refiere a toda la influencia que tiene nuestro medio cultural en nuestra identidad. Incluye el sentido de pertenencia y el cumplir con las expectativas del ambiente en el que nacemos.

Es importante analizar qué sucede con estas tres esferas de la identidad ante un compromiso matrimonial: El matrimonio representa un compromiso a largo plazo, idealmente “hasta que la muerte los separe” y esto tiene un impacto directo sobre la esfera temporal. Asumirlo representa adaptarnos a los cambios que el matrimonio trae, así como ‘prometer’ al otro una continuidad en nuestra forma de ser. Si la integración temporal se encuentra consolidada, el individuo será capaz de reconocerse a sí mismo a través del tiempo (y de cambios significativos como el matrimonio). De esta manera tendrá “la capacidad de recordarse en el pasado e imaginarse en el futuro” (Grinberg 1980).

Estar comprometido para casarse implica que no se trata ya sólo de dos individuos separados, sino de una pareja (“un matrimonio”). Es importante preguntarnos cómo afecta esto en la dimensión corporal: Por una parte hablamos de una pareja, por la otra se resaltó la importancia de lograr diferenciarnos de los demás. Además, como se mencionó, esta esfera incluye las pertenencias que el individuo reconoce como propias. Es importante destacar que no sólo se comparten los bienes, sino también el tiempo y el espacio. ¿Qué pasa con estas posesiones ante un matrimonio? ¿cómo afectan este sentimiento de identidad en la persona?. La reacción que cada individuo tenga ante este reto, dará mucha información sobre cómo está consolidada su identidad.

Para que exista un compromiso (matrimonial en este caso) se necesitan dos personas que estén dispuestas a asumirlo. De la misma manera, para que se desarrolle la identidad hacen falta dos; es imprescindible la presencia de un ‘otro’ para que yo pueda reconocerme como un ‘yo’. Esto lo explicó claramente Margaret Mahler en su teoría sobre el proceso de separación-individuación. A continuación se explicaré brevemente este proceso basándome en las ideas que expuso esta autora en el libro “El nacimiento psicológico del infante humano”: (Mahler 2002).

Cuando un niño acaba de nacer no tiene consciencia de que existe un mundo externo ni que él es un ente separado; este niño se encuentra en una fase de ‘Autismo Normal’ en la cual parece ser ajeno a los estímulos externos. Poco a poco (aproximadamente a partir del segundo mes de vida), el niño va percibiendo que hay una ‘fuente’ que satisface sus necesidades. Él es completamente dependiente a ésta y es así que entra en la siguiente etapa: la fase de simbiosis normal. Durante este momento el niño aún no ha diferenciado el “yo” de el “no yo”; proyecta lo desagradable e introyecta lo placentero (Freud habló de un “yo de placer puro”).

Poco a poco, el niño se va dando cuenta que la fuente de satisfacción viene de un “objeto-parte”, al cual comienza a libidinizar. Es ahora cuando va aprendiendo a diferenciar las percepciones externas (“impacto de la realidad”) de las internas; y este es un paso importante para la formación de un Yo corporal.

Como se mencionó anteriormente, el papel de la padre (el Otro) es fundamental en este proceso. Mahler explica que la madre actúa como un “organizador simbiótico” a través de la “conducta de sostenimiento” y “preocupación maternal primaria”. De esta forma ella catectiza el cuerpo de su hijo y permite que él “tome su cuerpo y el de la madre como objeto del narcisismo secundario” (Mahler 2002).

Este es un momento fundamental en el desarrollo ya que es ahora cuando el niño puede tomar este objeto externo como fuente de identificación. Posteriormente, la autora agrega: “Esta capacidad de investir a la madre es la tierra primordial a partir de la cual se forman todas las relaciones humanas siguientes”. En importante resaltar cómo  este cambio en las catexias es un paso importante tanto para las identificaciones como para las pautas de relación que tendrá ese niño en el futuro.

La etapa siguiente del proceso es la Subfase de Diferenciación (4º o 5º mes). Es aquí done, a través del tacto y de la vista va diferenciado su cuerpo del de su madre; además va expandiéndose más allá de la unidad simbiótica y comienza a explorar objetos. (Es ahora donde comienza el uso del Objeto Transicional).

Posteriormente viene la subfase de la Ejercitación Locomotriz durante la cual, gradualmente, el bebé busca separarse brevemente de la madre para encontrar la “distancia óptima”. Esta durante esta etapa que el niño aprende a caminar y este es un logro fundamental a nivel psíquico, es “el primer gran paso hacia la formación de la identidad” (Mahler 1977). En este momento los niños (12 a 18 meses aproximadamente) realizan una ‘investidura narcisista”, es decir, admiran sus habilidades y los logros que alcanzan con su cuerpo (catectización al servicio del yo).

Mahler cita a Sptiz al hablar de dos grandes organizadores que aparecen durante el segundo año de vida: La ‘locomoción vertical’ (caminar) y la ‘inteligencia representacional’ (juego simbólico y lenguaje). En este momento el niño se da cuenta que es una “entidad individual separada” y esta consciencia de estar separado hace que aparezca la llamada ‘ansiedad de separación’. En palabras de Mahler “(el niño) se da cuenta que sus objetos de amor son individuos separados con sus propios intereses”; en este momento el temor es a la pérdida del amor del objeto. Además ahora se da cuenta de la necesidad de comunicarse verbalmente con ellos para expresar sus necesidades.

La cuarta y última subfase del proceso de separación individuación es durante la cual se consolida la individualidad y comienza a haber la llamada constancia objetal: Internalizar una imagen de la madre, lograr una representación simbólica de este objeto de amor. También es ahora cuando comienzan a internalizarse las exigencias y valores de los padres, lo cual es un prerrequisito para la formación del superyo (y por lo tanto también un paso previo a la identidad de género).

Como se explicó anteriormente, la primera meta del desarrollo de la identidad fue la de diferenciarme de la madre y darme cuenta de que soy un individuo separado e independiente (8º mes). El segundo paso (desde los 18 meses hasta el tercer año de vida) implica que el niño (y la niña) se identifique como perteneciente a un grupo y se diferencie del otro (“yo soy niña y no niño” o viceversa).

Esto representa un reto tanto para las mujeres como para los hombres: la niña continuará identificándose con mamá, pero debe cambiar su objeto de amor hacia el padre; el niño mantiene a la madre como objeto, pero debe identificarse ahora con papá (y ya no con su primer objeto). “Para hacer valer su identidad masculina debe afianzarse en tres pilares: que no es mujer, que no es bebé y que no es homosexual” (Velasco 2005, citando a Mabel Burín).

En su libro “El machismo invisible”, Marina Castañeda explica cómo eso representa una dificultad para los hombres ya que el niño, para lograr su identidad, debe diferenciarse de la madre oponiéndose a ella. Además agrega que “el hecho de definirse no identificándose con su madre sino contraponiéndose a ella marcará todas las relaciónes interpersonales del futuro hombre” (Castañeda, 2002).

COMPROMISO E IDENTIDAD- ¿CONTRADICCION O COMPLEMENTO?

Hasta aquí he expuesto las principales teorías de cómo nos vamos convirtiendo en seres individuales, de cómo vamos formando nuestra identidad. Este es, sin duda un gran logro para cada todo ser humano; es un prerrequisito indispensable para relacionarnos con los demás y entablar relaciones significativas.

El matrimonio representa esta unión entre dos individuos, significa precisamente esta capacidad y este deseo de relacionarme afectivamente con otra persona. A continuación explicaré qué sucede con esta identidad ante un compromiso matrimonial y qué consecuencias  tiene para una persona en relación a la percepción de sí mismo y de su lugar dentro del grupo.

El pensar en relaciones de pareja me remitió al mito de los Andróginos. Este mito aparece en “El Banquete” de Platón y relata que, al principio de la humanidad, los humanos eran de una sola especie que contenía tanto la parte femenina como la masculina. Fue Zeus quien decidió separarlos y a partir de entonces debemos, tanto hombres como mujeres, buscar nuestra “media naranja”.

La idea de que estamos de cierta forma incompletos y debemos encontrar a nuestra “otra mitad” está fuertemente arraigada en nuestra sociedad, pero no sólo en la cultura popular o en la religión, sino también en la teoría psicoanalítica. Según la teoría freudiana, para considerar que el desarrollo fue completo, el individuo debe tener una meta y un objeto “normales”: En “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) Freud explica que  en la vida sexual normal “el placer sexual se ha puesto al servicio de la función de reproducción”. Para esto es necesario que el individuo alcance dos objetivos:

  1. La meta de la pulsión sexual: Debe “haber alcanzado su papel hegemónico”, es decir que se busque satisfacer el impulso sexual a través de la genitalidad.
  1. El objeto sexual: Elección de un objeto del sexo opuesto (desde la niñez), para después renunciar a los objetos infantiles (tiernos) para elegir objetos “sensuales”.

Por una parte la teoría psicoanalítica habla del gran logro que representa consolidar nuestra identidad y convertirnos en seres independientes, separados y autónomos; por la otra expresa que somos seres incompletos que necesitamos encontrar una pareja para lograr nuestra finalidad como seres humanos.  En su libro “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”, Bruno Bettelheim logra explicar esta aparente contradicción. En su análisis de los cuentos de hadas y sus significados, explica cómo en relatos como La Cenicienta, Blancanieves y La Bella Durmiente, los protagonistas deben vencer muchas dificultades a lo largo de su camino para poder alcanzar una identidad firme. Inclusive compara estos obstáculos con los ritos de iniciación. Explica que “una vez encontrado el verdadero sí mismo, el héroe o la heroína es digno de ser amado” (Bettelheim, 1986).

Sin embargo, después agrega que en estos cuentos queda claro que lograr la identidad no es suficiente para alcanzar la felicidad. En estas historias es evidente que hace falta una hazaña más para alcanzar la autorrealización y ésta implica “despojarnos de las actitudes infantiles y adoptar otras más maduras, si queremos establecer con otra persona una relación intima que prometa la felicidad eterna para ambas” (Bettelheim, 1986).

Fairbairn (citado por Hernández y López) propone una teoría sobre el desarrollo basado en las relaciones de objeto, la cual permite esclarecer esta cuestión. Este autor habló de un proceso que va desde la dependencia infantil hasta la dependencia madura: en la primera predomina la pasividad y la identificación primaria, mientras que en la segunda el yo es activo, busca dar y no sólo recibir y la identificación es más evolucionada. Hernández López (2005) define la dependencia madura como “una relación entre dos individuos independientes completamente diferenciados como sujetos”. Este no es un proceso fácil, incluye una fase transitoria en la cual predomina la ambivalencia entre la añoranza de “volver al hogar” (la madre) y el miedo de sentirse aprisionado.

LA COMUNICACION Y LA INTERACCION ENTRE HOMBRES Y MUJERES:

Anteriormente se explicó como, a partir del desarrollo del lenguaje, el niño puede expresar verbalmente sus necesidades y comunicárselas a los padres o cuidadores. Este es, sin duda, un gran logro del desarrollo, sin embargo, es también en este momento cuando ya no es suficiente la “empatía preverbal” y esta necesidad de usar el lenguaje pone una barrera entre este niño y sus objetos significativos (Mahler, 2002).

Jaques Lacan expuso claramente esta idea cuando habló del Sujeto Barrado. Explica que, una vez que el sujeto es atravesado por el lenguaje, éste siempre será una barrera entre él y la realidad; nunca será de comunicar realmente lo que quiere expresar ya que siempre utilizará significantes arbitrarios (Lacan, 2006). Esta teoría sirve para entender los problemas de comunicación que caracterizan las relaciones humanas, sin embargo existen otros factores que vuelven la comunicación y la interacción entre hombres y mujeres especialmente complicada.

La feminista Nancy Chardow (citada por Castañeda, 2002) expone cómo la meta del desarrollo según el psicoanálisis  (autonomía y separación de la madre) resaltan los rasgos masculinos (la autonomía) como los valores máximos y hace de menos a los valores típicamente femeninos (conexión afectiva, empatía, receptividad). Según esta autora, esto hace que los niños (varones) pierdan su capacidad de comunicarse afectivamente en el camino a formar su identidad masculina (mostrar rechazo hacia lo femenino).

Marina Castañeda (2002) también explica la teoría de Greogory Bateson, la cual puede ayudar a esclarecer esta cuestión. Él propone que todas las relaciones interpersonales giran alrededor de dos polos: la simétrica y la complementaria. La primera se basa en la semejanza y se caracteriza por la empatía y la identificación (por tratarse de dos iguales); la segunda se basa en la diferencia, en el establecimiento de roles, jerarquías y funciones distintas (a uno le falta algo, el otro se lo da).

El primer polo corresponde a valores típicamente femeninos como la empatía, (rasgos por lo tanto rechazados por el hombre en el camino a afianzar su identidad). Esto puede ayudarnos a entender los problemas de comunicación que pueden ocurrir entre una pareja. Imaginemos a una pareja comprometida para casarse y teniendo una conversación relacionada a la próxima boda o su futuro como pareja. Según esta teoría, la mujer expondrá sus dudas o temores desde una postura de igualdad y esperará de su novio una respuesta empática (como la que esperaría al hablar con sus amigas). Por su parte, el hombre recibirá esta información desde una posición de autoridad y tal vez intente darle consejos o persuadirla a actuar de una u otra manera. Ella habla desde la posición simétrica, él desde la complementaria.

IDEAL DEL YO, EXPECTATIVAS DE PAREJA:

Anteriormente se explicó cómo, una vez que el bebé percibe a sus objetos como seres independientes a él comienza el temor a la pérdida del amor del objeto, y es así como poco a poco va los valores y expectativas de los padres se van volviendo propias. Este miedo permite que el niño sea “educable” y es en parte responsable de la formación futura del superyo. “El peor trauma que puede experimentar un niño consiste en la frustración de su deseo de ser amado y de que su amor sea aceptado” (Hernández y López).

Es a partir de aquí que se formará también el ideal del yo tanto del niño como de la niña y me parece que esto se verá reflejado en una relación de pareja ante la decisión de contraer matrimonio y formar una familia. Me parece importante destacar que este ideal del yo no es igual en los niños y en las niñas.

Como se explicó anteriormente, el hombre simenta gran parte de su identidad por contraste con la mujer. Por lo tanto, el ideal del yo masculino se basa en la autonomía, la independencia, la conquista sexual, el poder económico, etc.

Por su parte, el ideal del yo femenino no está basado en la sexualidad sino en la maternidad. La psicoanalista Diana Esther Medina Niembro explica que la maternidad es una parte central del yo femenino (independientemente de si esta mujer sea o vaya a ser mamá). “En el ideal del yo de la mujer se construye la posibilidad de crecer para ser similar a la madre” (Medina Niembro, 2005). Esto se relaciona con lo que se explicó anteriormente sobre las identificaciones, sin embargo, para la mujer esto es conflictivo ya que su yo también está formado por valores “masculinos” como su desarrollo académico y profesional.

Lacan explicó más esta cuestión al hablar de las identificaciones masculinas y femeninas y su relación con la sexualidad. El hombre de identifica desde una posición fálica, por ejemplo, a través del número de orgasmos o conquistas sexuales; la mujer logra su identificación como sujeto a través del amor de un hombre y no a través del placer sexual. Según esta teoría, el amor de un hombre identifica; “el amor de un hombre le da valor fálico” (Karothy, 2005). Inclusive, este goce puede ‘sobrepasarla’ durante la llamada “petit mort” o “pequeña muerte del orgasmo”. Esta autora explica que es por eso que las mujeres soportan mejor la frigidez que los hombres la impotencia, ya que no basan su identidad de género en la sexualidad.

Creo que estas diferencias entre hombres y mujeres en relación a la sexualidad y la identidad son un tema importante en lo que se refiere a relaciones de pareja y por lo tanto ante un compromiso matrimonial. Por una parte está este factor ‘identificante’ del amor de un hombre y se vería reflejado cuando las mujeres, a partir de su matrimonio se convierten en “la señora de…” o “la esposa de…”. Por el otro está el tema de la vida sexual de pareja, el deseo de tener o no hijos (y si sí, cuántos). Todos estos temas reflejan directamente las expectativas y características de esta pareja (como pareja y como individuos).

LA BODA COMO CRISIS O LA CRISIS DE LA BODA:

A lo largo de este trabajo se explicó como se a consolidando la identidad, la sensación de ser uno mismo, la identidad de género, entre otros conceptos. Además se analizaron ciertos aspectos sobre las relaciones de pareja, el ideal del yo masculino y femenino, y algunas características de la comunicación entre hombres y mujeres. Es importante cuestionarnos cómo se cristalizan todas estas cuestiones ante un compromiso matrimonial.

Comprometerse en matrimonio implica un duelo. Me permito hacer una similitud entre lo que sucede frente al matrimonio y lo que ocurre durante la adolescencia; me parece que podemos hablar de un “duelo por la identidad” como el expuesto por Arminda Aberastury (2002). Ante un compromiso matrimonial, el sujeto debe desprenderse de su identidad de niño, de “hijo/hija de” y asumir el rol de “adulto responsable”. Para lograr esto, deberá usar sus todos los recursos que ha adquirido a lo largo del desarrollo. Como se mencionó anteriormente, las identificaciones que esta persona hizo a lo largo de su vida serán una herramienta importantísima para resolver este duelo y asumir su nueva identidad.

Por todo esto, es posible interpretar el compromiso matrimonial como una crisis del desarrollo, similar a las mencionadas en la teoría de Erik Erikson: como un momento crucial en el cual el individuo debe tomar una dirección y de la cual puede obtener un gran aprendizaje y crecimiento.

Bibliografía

  • Freud, Sigmund: Tres ensayos sobre una teoría sexual.
  • Aberastuty, A. Knobel, M: La adolescencia normal: Un enfoque psicoanalítico. 2002. Paidós.
  • Grinberg y Grinberg: Identidad y cambio. Paidos. 1980.
  • Bettelheim, Bruno: Psicoanálisis de los cuetos de hadas.
  • Mc Williams: Psychoanalytic Diagnosis.
  • Erikson: ¿?
  • Castañeda, Marina: El machismo invisible. 2002.
  • Velasco, Cristina: Identidad y género. En Códigos del Amor, 2005.
  • Platón: El banquete.
  • Medina Niembro, Diana Esther: Mujeres Insumisas. En Códigos del Amor, 2005.
  • Hernández y López, Ana Rosa: El apego, base de la pareja humana. En Códigos del Amor, 2005.
  • Lacan, Jaques: Seminario 10- La angustia. 2006 Paidos. Argentina.
  • Karothy, Rolando: Prólogo de libro “Escritura y Psicoanálisis” de  Pazos de Winograd, María Isabel. Escritura y Psicoanálisis. 2005 Editorial Cantil, Argentina.
  • Mahler, Margaret: El nacimiento psicológico del infante humano.

 

 

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