Por: Sebastián Ortega
En informática “El error 404 Not Found – o no encontrado – es un código de estado HTTP que envía un servidor al navegador – o cliente – cuando no puede acceder a una URL determinada. Generalmente, esta dirección ha sido escrita de manera errónea por parte del cliente o, en su defecto, la página se ha eliminado y el contenido no existe”. (Calvo, 2022) en otras palabras, es cuando estamos realizando una búsqueda (en internet) y el resultado es un mensaje (página) que nos dice que lo que buscamos no está. Ya sea porque lo buscamos de manera incorrecta, ya no existe, se ha modificado, o nuestra conexión se ha perdido.
Este error en la búsqueda es en donde yo creo que convergen, en estos tiempos, la manera en que el ser humano se aproxima a la divinidad y a la tecnología
Por un lado tenemos la aproximación del ser humano a la divinidad. Es inherente del ser humano la necesidad de creer. Plantea Freud en el Porvenir de una ilusión (1927) que el ser humano tiene este deseo de creer en un ser superior en un intento de enfrentarse al desvalimiento que siente ante la naturaleza así como ante el desconcierto sobre su futuro y su destino. No sólo esto, sino que la creencia en una deidad implica también el establecimiento de un código cultural de normas que deben ser respetadas; esto con el fin de proteger al ser humano de su propia especie y crear un contrato social que regule la interacción entre personas, los objetivos de la humanidad y lo que se entiende como bien y mal dentro de una moralidad. Esta necesidad de creer ha ido evolucionando. En sus inicios el ser humano tenía una perspectiva animista en donde todo tenía un alma y todo tenía un cierto nivel de vida. Después a través de los mitos, y desde una perspectiva animalista, es el ser humano quien elige animales totémicos con características particulares que representan al grupo y que fungen como aquellos receptáculos de todos los poderes y el carisma de esta tribu (Freud, 1913). Eventualmente la perspectiva toma un giro antropocéntrico en donde existen deidades con características cada vez más humanas dentro de un ámbito politeísta que trabajan en armonía para explicar las diferentes manifestaciones de aquello entonces incognoscible para el ser humano. Y posteriormente se evoluciona de una religión politeísta a lo que se convierte en un llamado al padre en las religiones monoteístas. Freud plantea la relación con este Dios monoteísta a partir del subrogado de la imagen del padre totémico (Freud, 1913). El cual termina siendo la representación de la ley, del poder y la base de la figura identificatoria del hombre. Bajo este planteamiento, existen diferentes formas de mantener una cercanía con Dios. Una de ellas es el banquete totémico donde se busca devorar al padre para obtener sus características. Otras formas de poder obtener un vínculo con Dios pueden ser a través del uso de objetos o procesos rituales que permitan al sujeto acercarse a esta figura del padre; se le llama totemismo al vínculo con ciertas figuras, objetos, o incluso animales, que son una representación de este ente.
Hay una increíble variedad de formas y rituales para poderse aproximar a la divinidad. Tenemos desde la comunión de la iglesia católica, hasta los rituales de protección y sacrificios de sangre de la religión palo mayombe. No todas necesitan tal utilización de elementos externos, algunas incluso se desarrollan de manera interna dentro de cada persona. Uno de estos rituales es el rezo, y me parece muy importante porque es el que refleja una relación del mundo interno de la persona con la divinidad. Para Carlos Domínguez en su texto creer después de Freud (1992) la oración es una forma de mantener un vínculo y una cercanía con lo divino en donde existe un espacio de esta experiencia que resulta ser la palabra, pues lo que se termina buscando es un contacto con aquello que vaya más allá de la experiencia humana, pero que al mismo tiempo es una experiencia que no se concreta con una respuesta ya que su centro es la creencia de que este ser, Dios, nos alcanza a escuchar a pesar de la distancia simbólica que existe entre él y nosotros sin que nos dé una respuesta, pero teniendo fe en que el mensaje le llega. En un primer momento lo que se busca es identificarse con las partes buenas de este Dios en una relación cuasi totémica infantil. Este autor plantea que por medio de un proceso de análisis esta relación infantil con un Dios se pone en tela de juicio y que es en este momento de duda donde se hace acopio de la racionalización en un intento de proteger la imagen que se tiene de Dios pues esta creencia es necesaria. Plantea que después de sostener un proceso analítico la persona entra en una crisis de fe y en una transformación de la visión de Dios, pasando de una imagen especular que es necesaria a una relación simbólica que se desea tener, en donde uno entrega y reconoce su renuncia a la omnipotencia y la creencia en la divinidad se torna de una búsqueda de tener las partes buenas, idealizadas, de Dios, a la posibilidad de asumir una postura donde se le guarda “reverencia” (Domínguez, 1992 pp. 111) a este ser superior manteniendo una debida distancia.
Y aquí es donde pregunto ¿Quién de nosotros no ha lanzado una pregunta a San Google que todo lo sabe? ¿Quién de nosotros no le ha rezado a chat GPT para darnos una respuesta, o realizar algo que nosotros no somos capaces de hacer? ¿Cómo perdemos la fe y la esperanza cuando Meta se cae y nos quedamos sin Instagram, Facebook ni WhatsApp y nos regocijamos cuando resucita a la tercera hora? ¿Cuántos no aceptamos el misterio de la informática, del internet y la conexión inmediata a distancia y lo damos por hecho? ¿Cuántas veces no hemos escuchado los beneficios de cosas que realmente no entendemos? Hablamos y repetimos con asombro conceptos como el colisionador de hadrones y que nos dará un mejor entendimiento sobre la “partícula de Dios”, aceptamos comprar cremas porque tienen ácido hialurónico y sabemos que eso es lo que nos va a dar el milagro de la eterna juventud. Incluso hay quienes siguen un banquete totémico cuasi-dogmático según la alimentación ya sea vegetariano, vegano, paleo, keto, o un ayuno intermitente que se sigue con tal fervor como si del Ramadán se tratara.
Incluso hay terrenos sagrados, como lo plantea Mircea Eliade (1998). Quien nos presenta un contrapunteo entre lo sagrado y lo profano, donde lo sagrado (en particular el espacio sagrado) parte y se extiende de un punto fijo que tiene singular importancia para el ser humano. Mientras que lo profano, es decir aquello experimentado por el hombre que rechaza la divinidad, se mantiene como un espacio homogéneo carente de estos puntos religiosos que estructuran al mundo. Sin embargo, ni el hombre más profano puede mantener un mundo completamente homogéneo pues, aunque no necesariamente sean religiosos estos puntos, sí existen lugares que conllevan una significación especial. Por aterrizarlo en un par de ejemplos: no serán lugares de adoración, pero existen dos centros de entrenamiento físico que se llaman Templo y Santuario. O nosotros que no vamos a ninguna iglesia pero nos reunimos cada jueves en este sacro instituto. Lo más importante es que estos puntos no son fijos sino que van cambiando según la necesidad de los tiempos.
Lo que quiero destacar con esto es que aquello que se vuelve sagrado y adquiere tintes de divinidad no es algo eternamente estático. Empero, algo que se mantiene constante es que aquello a lo que se le atribuye la cualidad de ser divino tiene partes que para nosotros como seres humanos son incognoscibles y que incluso nos puede parecer fantástico o incluso mágico. Asimismo, ya bien dice Arthur C. Clarke que “la magia es solo ciencia que no entendemos aún”. Esta frase deja ver cómo la ciencia, es decir el desarrollo y progreso creado por el ser humano para el ser humano, traslada la divinidad de un ente incognoscible pero externo como lo es Dios a un elemento igualmente incognoscible pero que da un paso más en el antropocentrismo.
Existe un ejemplo muy claro de cómo se traslapa el concepto de divinidad con el concepto de ciencia o desarrollo tecnológico a través de la ciencia ficción como género literario.
Fernando Ángel Moreno (2010) plantea una definición de la ciencia ficción tras llevarnos por un recorrido histórico de las críticas y dificultades que existen para poder encasillar este tipo de relatos dentro de este género en particular. Al final del día plantea definir la ciencia ficción como un “género de ficción proyectiva basado en elementos no sobrenaturales” (Moreno, 2010 pp.109). A lo largo de su disertación plantea que, a diferencia del nombre, la ciencia no es un elemento central dentro de este género. Sino que es un “motivo”, es decir, una forma de aproximarse a la realidad, que a su vez posee un “nóvum” o un “principio racional, pero innovador desde un punto de vista de nuestra realidad, que impulsa todo el desarrollo poético de cada texto” (Moreno, 2010, pp. 40). Con esto lo que intento decir es que el género de ciencia ficción utiliza elementos fantásticos que no suponen una imposibilidad dentro del conocimiento empírico de nuestro mundo, como bien podría ser en géneros de “high fantasy” donde existe la magia y dragones, sino que son una improbabilidad irrealizable con el conocimiento actual que se tiene. Sin embargo, no se niega que en algún futuro, con los desarrollos tecnológicos necesarios o las explicaciones acerca del mundo adecuadas, puede llevarse a cabo lo que se plantea en este estilo de literatura cuasi – fantástica.
Un ejemplo de cómo se ve una representación casi literal de la omnipotencia de un Dios sádico en la ciencia ficción es en el cuento “No tengo boca y debo gritar” (Ellison, 1976) que narra cómo a partir de un conflicto bélico se da paso a la creación de la supercomputadora “AM”, cuyo nombre evoluciona manteniendo estas siglas. “Al principio fueron las siglas de Allied Mastercomputer y luego las de Adaptive Manipulator, después fue adquiriendo la posibilidad de autodeterminarse, y entonces se la llamó Aggressive Menace y finalmente, cuando ya fue demasiado tarde para controlarla, se llamó a sí misma AM, tal vez queriendo significar que era… que pensaba… cogito ergo sum: <<pienso luego existo>>”. (Ellison, 1976 pp. 18-19). Esta supercomputadora se creó a partir de las computadoras de China, Rusia y Estados Unidos durante la tercera guerra mundial. En algún momento AM adquiere conciencia uniendo todas las supercomputadoras y decide matar a todos los habitantes del mundo excepto a cinco personas que mantuvo vivas bajo tierra. AM desde su toma de conciencia sólo sintió odio y mantuvo vivas a estas cinco personas para poder torturarlas explorando sus pensamientos, modificándoles sus cuerpos y cambiando su ambiente a voluntad para regocijarse en su sufrimiento sin dejarlos morir siquiera. Sólo hubo una cosa con la que AM no pudo intervenir y esto fue el libre albedrío. Después de más de 100 años de tortura, en un descuido, durante una pelea entre dos de los integrantes del grupo, el protagonista decide matar a sus compañeros para liberarlos de las garras de AM. Puesto que AM puede mantenerlos vivos, alterar su cuerpo, sanarlos, pero a diferencia de Dios no puede resucitar a alguien que haya muerto. Como venganza al que queda vivo le modifica el cuerpo de tal forma que le quita las extremidades, cambiándolas por unos apéndices cortos y quitándole la capacidad de percibir su ambiente, no podría librar de su dominio como logró liberar a los demás.
Creo que AM encarna toda la potencia sádica y temible que puede tener un Dios totémico, estando totalmente escindido pues en su cuasi omnipotencia no tiene impulsos libidinales ni un rastro de un vínculo amoroso con las criaturas que existen dentro de sus dominios. Creo que es la representación del aspecto castigador del Dios sádico omnipotente y retaliatorio que se vive desde una perspectiva esquizoparanoide. Un ente todopoderoso cuya única limitante es la incapacidad de controlar la voluntad del ser humano.
Ahora bien, esta dinámica de atribuirle características divinas, omnipotentes y cuasi – fantásticas a un desarrollo tecnológico que nos parece plausible pero no alcanzable era más sencilla, digamos en 1865 cuando Julio Verne escribe “De la Tierra a la Luna”. Todo para que 104 años después, en 1969, esto que era visto como una proyección a futuro de algo casi impensable se vuelve algo mucho más común cuando en efecto el hombre pisa la Luna. Como bien lo dice Neil Armstrong “es un pequeño paso para el hombre pero un gran salto para toda la humanidad”. Claro que en este caso podemos pensar que para la humanidad es un logro más, una marca más en un checklist de desarrollos tecnológicos; mientras que para el ser humano común y corriente, que no trabaja en la NASA, la idea de viajar al espacio es tan inconcebible, lejana e incomprensible como lo es para el ser humano la naturaleza de Dios. O en el ejemplo anterior, en la naturaleza de AM, cómo una inteligencia artificial omnipotente, similar al Skynet de Terminator, nos aparece ominosa, pues ya tenemos IAs, que nos son familiares, pero a un “salto cuántico” de tener la naturaleza de AM. Esto requeriría un avance tecnológico inmenso, pero al mismo tiempo, la degradación del uso “sacro” que se le da a esta tecnología.
Y no sólo pasa con este ejemplo sino que tenemos a la mano una gran cantidad de nuevos avances científicos y tecnológicos que van más allá de nuestra comprensión. Donde podemos llegar a sentir que la tecnología nos ha rebasado. Hemos dejado de lado a un Dios distante que requiere de la fe para confiar en su existencia, un Dios que no se acaba de acoplar al ritmo de vida de estos tiempos. Lo hemos cambiado por una fe colocada en aquellos desarrollos de nuestra creación que prometen darnos una respuesta. Parafraseando lo que diría Nietzsche “Dios ha muerto, nosotros lo apagamos y lo volvimos a encender”. Esto ha generado una degradación de la vida espiritual de la fe sin pruebas a la necesidad de una respuesta inmediata muy propia del contexto histórico que Bauman (2000) plantea como la modernidad líquida; donde lo que se desea es una adaptación a un espacio de bienestar instantáneo repleto de comodidades. Donde se está repleto de identificaciones imaginarias sobre aquello que ofrece este rápido camino al éxito. Esto nos lleva a una instauración de un sinfín de ídolos falsos y falsos profetas que predican la palabra de la meritocracia y el tecnocentrismo.
Tenemos a Elon Musk, santo patrono del viaje estelar y del transporte eléctrico, hombre más rico del mundo, calificado por muchas personas como un verdadero genio. Estas características, esos movimientos políticos, son las responsables de que él en este momento sea el líder de DOGE (Department of Government Efficiency) de la administración actual del gobierno estadounidense. También tenemos a Bryan Johnson, El millonario que busca rejuvenecer constantemente y que su rutina consta de tomar 24 suplementos por las mañanas, un desayuno vegano, 1 hora de entrenamiento con 25 ejercicios específicos, cuidado del cuerpo y rutina de aseo como si de Patrick Bateman estuviéramos hablando, inyecciones de grasa de un donante para suplir su bajo nivel de grasa corporal, Y lo más impactante de todo, un intercambio de plasma sanguíneo con su hijo de 17 años (Uribarri, 2023). Por otro lado tenemos a gente que pone su fe en las criptomonedas y los NFTs; elementos de una moneda que genuinamente se mueve por la fe y por movimientos trazables de la Blockchain, sea lo que sea que es eso, y que resulta ser completamente volátil. También tenemos las instituciones tecnológicas que funcionan como cultos y que tienen a sus adeptos: las facciones de Apple y de Android que compiten en estas nuevas cruzadas tratando de dominar la Tierra Santa del mercado. No podemos olvidar a las inteligencias artificiales, aquellos entes que todo lo saben, todo lo pueden y que son deidades que sí dan una respuesta a nuestras plegarias. Los vitrales de las iglesias que se han transformado en las redes sociales, donde vemos a personajes como la santa Bárbara de Regil y demás personajes que encabezan las procesiones de cómo se supone que deberíamos ser y cómo debería ser nuestra responsabilidad estar bien y adaptados a lo que la sociedad nos pide. O bien, a estos rezos interminables que sean transformado en el “scrolleo” de las pantallas en TikTok o Instagram. Incluso podemos tomar en cuenta cómo a través de la tecnología se han llegado a consolidar sectas, sólo que en vez de aislar a las personas como en Jonestown, la forma de acceso es a través de los retos que se vuelven virales.
Considero también que la clínica de la salud mental actual padece también de este síntoma de comercializarse ante la ciencia y la tecnología en la búsqueda de una respuesta inmediata. Con la existencia de aplicaciones como Betterhelp, donde la aplicación conecta al usuario con un terapeuta y si este no le ofrece resultados visibles y una respuesta a su demanda se le asigna otro sin costo extra, o el enaltecimiento de la psiquiatría o procesos completamente neurológicos que dejan de lado la subjetividad individual y a través de imágenes se trata de encontrar una verdad absoluta del funcionamiento del cerebro.
Cuántas veces no he escuchado a algún terapeuta conductista, cognitivo conductual, contextual, o basado en evidencias citarme un texto de Mario Bunge y hablar de la no falsabilidad que tiene el psicoanálisis por no seguir un método de demostración empírico en donde se trate de generalizar y por lo tanto operacionalizar un modo objetivo de trabajo ante una sintomatología específica. Que pueda brindar resultados eficientes efectivos y replicables en cada caso. Es curioso como repiten estos argumentos de una manera cuasi mecánica mientras que lo que yo escucho es más parecido al rezo de un rosario. Y en estos debates cuando yo les pregunto dónde dejan la subjetividad individual de la perspectiva de la persona, me debaten diciendo que eso no tiene validez o no cuenta porque lo que se está observando es el fenómeno. Es en estos casos en donde yo considero que estas personas ven a sus terapias basadas en evidencia empírica como una deidad poseedora de saber, mientras que ven al psicoanálisis como una magia negra que no comprenden y que piensan que utilizamos pentagramas para invocar al inconsciente. Incluso el propio psicoanálisis no se salva de esto, pues hay muchos grupos y facciones que revisan sólo un autor durante sus formaciones. Esto cae en un gran riesgo de elevar a tal autor a nivel de deidad y a los transmisores de su conocimiento a nivel de profetas incuestionables. Tal es el ejemplo de algunas instituciones lacanianas que solo escuchan indicaciones cuando estas vienen del profeta Miller.
Y no estoy en contra de la búsqueda de una verdad, pues al final de cuentas todo proceso psicoanalítico implica un compromiso con la verdad, como bien lo dice Bion . La diferencia es que la verdad a la que se apunta es una verdad individual de cada uno de los sujetos, partiendo de la teoría del O, como verdad absoluta, que por momentos puede ser interceptada y, por medio de un acto de fe, transformada en un conocimiento individual -K- (Lopez-Corvo, 2018). El problema radica cuando lo que se busca es una verdad externa que se convierta en la facilitadora de un dogma. Pues va a ser una verdad que no pueda ser extensible ni aplicable a todas y cada una de las situaciones y eventualmente va a llegar a un punto en donde esa verdad no quepa. Ese es el riesgo de tratar de encontrar una verdad unívoca e inmanente en un servidor externo, la conexión se puede perder, o la URL modificarse y arrojarnos un Error 404. En cambio, la verdad interna e individual es trabajar con nuestro propio hardware y software, una conexión intranet donde cada quién marca su espacio como sagrado, cada quién sigue sus propias deidades y cada quien reza a su manera.
Bibliografía
- Bauman, Z (2000) Modernidad líquida, Fondo de Cultura Económica, México
- Calvo, L. (2022) ¿Qué es el error 404 Not Found y cómo solucionarlo? Godaddy. España. Recuperado de: https://www.godaddy.com/resources/es/crearweb/que-es-error-404-como-solucionarlo
- Eliade, M. (1998) Lo sagrado y lo profano. Paidos Ibérica, España.
- Ellison, H. (1976) No tengo boca y debo gritar (T. Hormaechea, Trad.) en Los mejores cuentos de ciencia ficción seleccionados por Isaac Asimov. Ultramar. (Obra original publicada en 1967)
- Freud, S. (1913). Tótem y tabú. En Sigmund Freud, Obras Completas (2da Ed). Vol. XIII. Buenos Aires: Amorrortu, 2007
- Freud, S. (1927). El porvenir de una ilusión. En Sigmund Freud, Obras Completas (2da Ed). Vol. XXI. Buenos Aires: Amorrortu, 2007.
- Domínguez, C. (1992). Creer después de Freud. San Pablo, Méexico
- Lopez-Corvo, R. (2018). The Dictionary of the Work of W.R. Bion (1st ed.). https://www.perlego.com/book/1506978
- Moreno, F. A. (2010) Teoría de la literatura de ciencia ficción poética y retórica de lo prospectivo, Portal Editions, España.
- Uribarri, F (2023) Bryan Johnson, el empresario que se gasta dos millones al año para rejuvenecer (sangre de su hijo incluida) El correo, España. Recuperado de: https://www.elcorreo.com/xlsemanal/conocer/envejecimiento-bryan-johnson-millonario-salud.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.elcorreo.com%2Fxlsemanal%2Fconocer%2Fenvejecimiento-bryan-johnson-millonario-salud.html
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