Colaboración de Monserrat López Lugo en el portal De10.com.mx
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Se dice muchas veces que la persona que te hizo llorar es la que justamente deseas que te consuele, es decir, que la persona que más te puede lastimar es aquella que más quieres. De ahí la creencia de que aquel a quien más amas puede igualmente ser a quién más odies. En realidad, a este sentimiento se le llama ambivalencia.
La ambivalencia es sentir amor y odio al mismo tiempo por la misma persona, aunque, realmente, está en discusión si necesariamente los dos sentimientos son simultáneos, porque muchas veces se turnan, dependiendo del momento. Es decir, un día puedes amar a alguien y al otro, a causa de una discusión por ejemplo, llegar a odiarlo, y continuar sintiendo cariño por esa persona la semana siguiente.
La mayor dificultad se presenta  cuando ambos sentimientos suceden al mismo tiempo. Esto es muy común en las parejas y la familia. A pesar de que puede haber un desacuerdo hasta el punto de querer romper las relaciones, en el fondo, continuamos queriendo igual a la persona. El mejor ejemplo es el sentimiento de los padres hacia los hijos, cuando, por ejemplo, toman el auto sin pedir permiso y lo hacen pedazos en un accidente. Aunque el enojo puede estar presente por haber desobedecido y destruido el coche, al mismo tiempo hay un sentimiento de alivio y felicidad cuando se dan cuenta que su hijo no ha salido lastimado. Es por eso que algunos padres lo primero que hacen es abrazarlos cuando comprueban que están bien, mientras que otros pierden el control y se ponen furiosos.
En realidad, ambos sentimientos esconden en el fondo amor y enojo. Probablemente el padre está enojado porque se sintió susceptible ante el miedo de perder a alguien que tanto ama.
Lo mismo sucede en las parejas pero de manera  mucho más compleja, porque uno no es el responsable directo del bienestar y las decisiones de su pareja, como sucede en el ejemplo anterior con los hijos jóvenes. Las discusiones, se deben,  muchas veces, al enojo que producen las decisiones que toma la otra persona, quien tiene completa libertad y derecho de hacerlo, aun sin estar uno de acuerdo con ellas.
Otro motivo común de ambivalencia en parejas sucede cuando se rompe una promesa o se pierde la confianza en el otro. La infidelidad es uno de los mejores ejemplos. Aunque se continúe amando a la persona y deseando perdonarla, el dolor que produce su deshonestidad suele ser más profundo que cuando se trata de una persona no tan cercana.
Al mismo tiempo que deseas continuar la relación con esa persona, algo en ti está tan enojado que deseas que se aleje de ti, al mismo tiempo que quieres que se mantenga cerca. Esto no sucede solamente en casos de infidelidad. Muchas veces las peleas llevan consigo mucho rencor, experiencias difíciles de olvidar que generan una competencia en la pareja. En este sentido, es importante señalar que este tipo de situaciones suelen ser bilaterales, es decir, por parte de ambos.
Asimismo, no necesariamente tiene que ser una pareja disfuncional para presentar ambivalencia. Una simple discusión donde alguno diga al otro algo que lo lastime, ya es motivo suficiente para sentirse molesto con la persona que quiere. La diferencia está en la seriedad del conflicto o que suceda todo el tiempo de manera crónica.
La gravedad está  en parejas que padecen violencia tanto física como psicológica. Este tipo de discusiones no son saludables para ninguno de los dos. Es falso el dicho popular: “me pega porque me quiere”. En realidad, este tipo de situaciones reflejan  falta de seguridad por parte de ambos y una dinámica poco saludable que puede agravarse con consecuencias muy serias.
Lo crónico lo vemos en aquellas parejas que discuten la mayoría del tiempo. Esto es muy común; es frecuente que una pareja atraviese una crisis que puede llegar a durar, incluso, meses. Sin embargo, en periodos prolongados cuando las discusiones van en aumento y son más los momentos de odio que los de amor, es hora de buscar ayuda profesional, antes de que sea inevitable una ruptura, aunque, en ocasiones, puede ser que sea la mejor solución.
Muchas parejas parecen disfrutar de ese sentimiento amor-odio porque ven  atractivo el sentimiento de perder a la pareja y recuperarla. Suena contradictorio pero tengamos en cuenta que muchas películas románticas tienen la típica historia de amor donde comienzan odiándose y terminan amándose. Incluso el break-up sex (sexo después de terminar una relación) es muy frecuente en parejas que, al final, no se separan. Hay que recordar que la vida real no es como Hollywood y, aunque puede llegar a suceder, es bastante más complejo de lo que parece.
Lo más saludable consiste en asumir que la ambivalencia es inevitable en muchos momentos de la relación, y la mejor solución es una buena comunicación y empatía para la resolución de los conflictos. El problema surge cuando la pareja no tiene instantes de ambivalencia, sino que es completamente ambivalente. En estos casos una terapia es la mejor solución para prevenir o detectar este tipo de problemas.

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