alquimie-1420965Por: Antonio Galván
Dentro de la historia de la ciencia, la alquimia solía ser una práctica protocientífica y disciplina filosófica que combinaba elementos de la química, la metalurgia, la física, la medicina, la astrología, la semiótica, el misticismo, el espiritualismo y el arte. Dicha disciplina fue aplicada en Mesopotamia, Egipto, Persia, India, China, Roma y Grecia hasta el siglo XVIII. Los principios alquímicos son reconocidos como los precursores de diferentes ciencias ya antes mencionadas, pero principalmente de la química y la física. Esta disciplina, es mayormente conocida en la cultura popular, gracias a diferentes novelas y series televisivas, más específicamente por la firme creencia de la existencia de un material que puede transformar o transmutar cualquier metal (o cualquier mineral, dependiendo del historiador) en oro, dicho material es conocido por el nombre de la piedra filosofal.
Los alquimistas tenían por objetivo, entender los fundamentos básicos de la creación de la materia y los movimientos energéticos dentro de la constitución de todo lo existente, y con ello lograr transformar cualquier elemento en lo que se desease. Para esto, se regían por dos principios básicos: la materia y la energía se transforman en diferentes derivados entendiendo la fórmula, o la “receta” que crea dicho elemento, por ejemplo: el trigo puede ser transformado en pan pero no en esmeraldas. Aunado a esto, consideraban como la columna vertebral de la creación misma, la conservación de la materia y energía, a esto le llamaron el principio de equivalencia de intercambio, el cual consiste en que: uno no puede obtener una ganancia, sin sacrificar un elemento del mismo valor. Para crear, algo de mismo valor debe ser sacrificado.
Teniendo en cuenta lo anterior. Es llamativo la cantidad de similitudes que, a mi pensar, el psicoanálisis presenta con la alquimia. Iniciando por el hecho de que existen los puntos de vista económico y dinámico dentro de la explicación psicodinámica, puntos que se encargan de evaluar el movimiento, gasto y ahorro de la energía mental, de la misma manera que se encargaban los alquimistas para dar explicaciones dentro de su propia disciplina y objetivos. Éste es tan sólo uno de los múltiples puntos que comparten, el psicoanálisis y la alquimia. El presente trabajo tiene como intención exponer algunas, de dichas similitudes, además de las expresiones de los fenómenos antes citados. Para ello tomaré textos de Freud, Greenberg, Jung y Raker, entre otros.
Para dar pié en la búsqueda de una correlación entre ambas disciplinas, es necesario describir lo que en alquimia se maneja como El proceso de transmutación, mismo que es descrito por Jung en su obra Alquimia y psicología. Dicho proceso consiste, en los diferentes pasos al que el material es sometido para poder ser transformado en otro elemento, y se ve dividido en 4 fases diferentes: la “Melanosis (ennegrecimiento), la Leucosis (emblanquecimiento), la Xintosis (amarillamiento) y la Iosis (enrojecimiento)” (Jung, 1944). Sin emabrgo, años después el proceso de enrojecimiento se vio suprimido ya que se consideraba al oro como el metal más puro dentro de la gama de metales conocidos. Es por ello que el proceso de transmutación era considerado, más como un proceso de depuración que de transformación y al llegar al estado de la Xintosis, el material o elemento no podía tener una siguiente fase de depuración.
El proceso descrito por Jung, inicia por el ennegrecimiento, el cual es el estado inicial, “ya sea como la cualidad de la prima materia, existente antes del caos o de la massa confusa, o bien causado por la división… Si, como se suponía en ocasiones, se postula el estado de división, se llega a la unión de los contrarios expresadas en el símil de la unión de lo masculino y lo femenino” (Jung, 1944). El segundo momento del proceso alquímico de transformación, es el de emblanquecimiento, momento en el cual “Lo huido del cuerpo muerto, vuelve a unirse a éste para vivificarlo, o bien los muchos colores conducen a un único color, el blanco, que los contiene a todos” (Jung, 1944). Por último, está un tercer momento denominado amarillamiento. Sin embargo, Jung menciona que, en la alquimia, solía suprimirse el paso del blanqueamiento al amarillamiento, ya que podría verse como la meta capital, el lavamiento de lo negro y muerto a lo blanco y vivo. Mas esta meta es primaria y superficial. “Pero todavía falta elevar ese estado argénteo o lunar a estado solar” (Jung, 1944). Esto es, transformar el producto en lo Aurum o dorado y valioso.
Ahora, ya explicados los tres momentos del proceso de transmutación, quisiera detenerme punto por punto para mostrar las similitudes con el psicoanálisis. Para la alquimia, lo femenino y masculino (representado en la luna y el sol en diferentes esquemas) es una división que el psicoanálisis utiliza para connotar dos de las expresiones de los impulsos, las cuales son: activo y pasivo. La dialéctica de estas dos posturas de los impulsos se ve descrita por Freud (1915) en su obra Impulsos y sus destinos, en la cual va describiendo los diferentes procesos y el acomodo que los impulsos logran dentro de la vida anímica. Entre los diferentes postulados dados en el trabajo, Freud describe la transformación de lo contrario. “La transformación en lo contrario se descompone, al someterla a un detenido examen en dos procesos, el cambio de un instinto desde la activad a la pasividad y la inversión de contenido” (Freud, 1915). Con este inciso vemos que la dialéctica de ambas partes, pasiva activa (o femenino y masculino), quedan entremezclados en la psicodinámica, de una forma similar manera en que se mezclaba dentro de la teoría alquímica. Sin embargo esto es dentro del proceso del ennegrecimiento o de la muerte. A su vez, Freud nos vuelve a indicar que originariamente, el sadismo y el masoquismo se encuentran fusionados en una amalgama originaria, conformada por los instintos de vida y de muerte “sólo podemos suponer que ambos instintos se mezclan formando una amalgama de proporciones variables. No esperamos, pues, encontrar instintos de muerte o instintos de vida puros, sino distintas combinaciones de los mismos.” (Freud, 1924).
Como se menciona anteriormente, la amalgama original en la alquimia, entremezcla la parte activa y pasiva en un caos originario. A mi juicio, este primer momento del la materia prima, es similar al momento en el cual el paciente trae consigo, la conflictiva de sus diferentes pulsiones, entre mezcladas y fusionadas en un caos: activo y pasivo, sadismo-masoquismo, vida y muerte, son conjunciones que se encuentran dentro de los conflictos energéticos iniciales de cada paciente, previos al inicio de un proceso analítico.
Durante el segundo punto, el emblanquecimiento, se intenta cambiar lo negro a blanco, a lo muerto darle vida de nuevo. En esta parte del proceso recurro a Raker, quien menciona que, para que el paciente pueda pasar a la posición depresiva, debe para ello movilizar su energía, lo cual se logra a través de Eros (o pulsión de vida). “Y es esto lo que en última instancia importa. Tanto si se piensa en la finalidad del análisis que es la nueva movilización de la libido rechazada…sólo puede lograrse por medio del incremento de Eros” (Racker, 1960). De esta forma el analista utiliza su propio Eros para intentar movilizar la libido del paciente, y lograr así el cambio dentro del aparato mental, o bien podríamos decir volver vivo lo muerto, movilizar lo estancado y estático, así como en el proceso del emblanquecimiento. Es necesario mencionar en este punto que el hecho de convertir lo “negro” en “blanco” dentro de la Alquimia no quiere decir la separación de la dialéctica y amalgama originaria, sino de “revivirlo”, ya que en el blanco se encuentran todos los colores fusionados en un compendio útil y vivo. Así como se intenta en el proceso analítico mediante los señalamientos: separar por sus componentes a los impulsos y las defensas en su interacción para producir un movimiento energético.
La última parte del proceso, el amarillamiento, consiste en volver lo ya vivo y blanqueado en algo aurum, un elemento perfecto y funcional que tenga mejor conductividad y sea considerado como lo más valioso. Para el último punto del proceso, haré uso de un fragmento de la teoría de Bion (citado en Grinberg, 1991) quien propone la teoría la transformación (por cierto, considero que es una bella coincidencia que la teoría sea llamada de este modo) dentro del espacio analítico, donde el contenido original “O”, es cambiado a través de la transformación alfa dejando en su lugar un producto final beta, pero que conserva partes del contenido original “O”, las cuales se llaman invarianzas. Para esto, el analista presta su aparato mental para recibir los contenidos beta del paciente y los transforma en contenidos alfa, manteniendo las invarianzas originales de “O” y después de esto, se le comunican al paciente a través de las interpretaciones. Podríamos considerar a la interpretación como nuestra “piedra filosofal” dentro de la técnica psicoanalítica, transformando con ella el material “blanqueado” por los señalamientos, en un contenido aurum que le es más valioso y útil al paciente. A mi consideración, el hecho de que el oro sea valorado por su maleabilidad y extraordinaria conductividad (aún en la física y química moderna) es una muestra que los contenidos que son transformados en aurum del paciente permiten una mejor maleabilidad y conductividad de los procesos internos del mismo. Permitiéndole así adaptarse a los embates de la realidad de una mejor manera y robusteciendo al yo del paciente, quien, después de todo el proceso, tiene más y mejores materiales con los cuales trabajar. Así el contenido alfa puede ser un símil al oro logrado en la Alquimia, después de las transformaciones necesarias.
Antes de finalizar, quisiera retomar una situación mencionada al inicio de éste trabajo. La Alquimia como precursora de la Física y la Química, utiliza el principio de conservación de la materia y la transformación de energía. Es en estos principios que podemos encontrar otras similitudes con el psicoanálisis, donde la energía mental suele tener diferentes transformaciones o conversiones. Para esto, vuelvo a tomar el texto de Freud, el cual señala que existen cuatro diferentes destinos para los impulsos “De estos destinos nos ha dado a conocer los observación los siguientes: la transformación en lo contrario, la orientación a la propia persona, la represión y la sublimación” (Freud, 1915). Con esto, Freud nos señala, que la energía mental no se crea ni se destruye sólo va teniendo distintos destinos y transformaciones. Un ejemplo muy claro de lo anterior, son los síntomas, que suelen ser transformaciones de la expresión energética original, después de haber sufrido un proceso de represión.
Pienso que esta consideración de las similitudes entre la Alquimia y el psicoanálisis es de suma importancia, ya que podríamos pensar que las expresiones físicas de los procesos mentales, son muestras de lo estudiado por nuestra disciplina pero a su vez son referencias de una energía que se ha transformado y dentro de dichas transformaciones la energía se vuelve visible, me explico. En múltiples momentos, se ha mencionado y debatido que el psicoanálisis carece de un método científico ya que no pueden ser observables ni medibles los fenómenos mentales por sí mismos. Sin embargo, si consideramos la transformación de la energía en términos físicos y químicos, y pensamos en que la energía mental se expresa no sólo en el discurso sino también en el cuerpo, con mediciones energéticas definidas y delimitadas, entonces podríamos pensar que existe un puente entre las denominadas ciencias duras y el psicoanálisis. Para mostrar esto, cito el trabajo realizado por Cecilia Castilla La intimidad y el cuerpo en Psicoanálisis. En dicho trabajo, Castilla menciona que “… retomando los efectos contratransferenciales, se suelen dejar de lado las afecciones físicas que se llegan a experimentar durante el análisis con cada paciente, por considerar que su causa se debe a alguna respuesta fisiológica externa, dejando en claro la nula relación con el material clínico del analizado” (Castilla, 2016). En esto se refleja que la energía mental del paciente puede ser transferida en el analista. Dicha energía es transformada y puesta en la figura del analista y es susceptible de ser sentida por el mismo. Ahora, teniendo en cuenta que los términos físicos incluyen fenómenos tales como la temperatura corporal, que se mide por la termodinámica o el movimiento del mismo pensado en energía cinética y potencial, entonces se puede considerar que las mediciones de la energía mental, no van a ser dentro del material crudo de la energía sino dentro de las expresiones secundarias de las mismas, dando pie a la posibilidad de un trabajo en conjunto con diferentes ciencias.
 
Con lo anterior, concluyo que el psicoanálisis presenta diferentes similitudes con la Alquimia, los procesos de explicación y transmutación pueden verse con diferentes similitudes con el proceso de interpretación y observación de los fenómenos mentales dentro del espacio analítico. Dichas similitudes pueden ser expresadas de forma distinta pero siempre teniendo en cuenta dichos puntos, los cuales suelen perderse en un mar de hipótesis y consideraciones a cada paso del avance del psicoanálisis. Sin embargo, a pesar de ser una disciplina extinta, la alquimia es precursora de ciencias actuales como la química, la física o la medicina. Ciencias con las cuales el psicoanálisis suele tener conflictivas y desacuerdos que no permiten un diálogo. Pero si podemos encontrar similitudes en la Alquimia, la cual es considerada el punto de partida de dichas disciplinas, el puente entre esas ciencias y la labor analítica puede existir, buscando un trabajo en conjunto que nos permita entender de mejor manera y más completa las implicaciones que la vida anímica y la energía mental tienen para cada persona por individual.
 
Bibliografía

  • Castilla, C. (2016) La intimidad y el cuerpo en Psicoanálisis. Trabajo presentado en el seminario teórico, 16 de Mayo de 2016.
  • Freud, S. (1915). Los instinto y sus destinos, Obras completas, Vol. 2. México: Editorial Siglo XXI. (pp. 2039-2052)
  • Freud, S. (1924). El problema económico del masoquismo, Obras completas, Vol. 3. México: Editorial Siglo XXI. (pp. 2752-2759)
  • Grinberg, L. Sor, Darío y Tabak, E. (1991). Nueva introducción a las ideas de Bion. Madrid España: Tecnipublicaciones. (pp. 73-88)
  • Jung, C. G. (1944). Psicología y alquimia. México: Grupo Editorial Tomo, SA de CV. (pp. 267-284)
  • Racker, H. (1960). Estudio sobre técnica psicoanalítica. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós. (pp. 33-43)

 
Imagen: freeimages / Leonardo Borlot Valentim
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