Por: Daniela Silva
Al hacer este trabajo, me sumo a la lista de analistas que hablan sobre el amor. Por eso, quiero empezar cuestionando: Sabemos que el matrimonio surgió con la intención de asegurar alianzas entre familias y comunidades, garantizar la herencia de bienes y linaje, y con ello proteger el patrimonio y la estabilidad social. Entonces ¿qué lugar ocupa hoy esta institución?
Podría decirse que el matrimonio sigue teniendo fines institutivos, pero acceder a él se ha convertido en un privilegio. Costear una boda o una vivienda no es una posibilidad para todos, lo que marca una diferencia importante entre quienes pueden y quienes no. A su vez, muchas personas han dejado de considerar el matrimonio como una opción, no solo por las limitaciones económicas, sino también por las restricciones y expectativas que la propia sociedad impone sobre esta institución.
Entonces, si hoy existen múltiples maneras de formar una familia, ¿por qué la sociedad sigue considerando el matrimonio como el modelo ideal? ¿Qué lo hace seguir siendo el punto de referencia cuando, en la práctica, las relaciones humanas han tomado caminos mucho más diversos?
Me considero una persona novata e ingenua en este tema, probablemente esa fue la razón que me llevó a hacer este trabajo. Es posible que termine exponiendo algunas cuestiones personales, sin embargo, si lo vemos desde una postura Kleiniana, todo finalmente se reduce a proyección e identificación, así que espero que juntos podamos construir una nueva perspectiva sobre el matrimonio, la pareja, y cuestionarnos acerca de las experiencias, fantasías o angustias que surgen en torno a este tema, ya sea desde lo personal o desde nuestra labor en el consultorio.
El matrimonio ha sido una institución central en la organización de las sociedades, regulada por normativas religiosas, culturales y legales. Si consultamos su significado en la Real Academia Española, encontramos diversas definiciones:
- Unión de hombre y mujer, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses.
- En determinadas legislaciones, unión de dos personas del mismo sexo, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses.
- Pareja unida en matrimonio
En algunas religiones, el significado del matrimonio también varía dependiendo de sus creencias y principios. En su mayoría, se imponen normativas que conciben esta unión como una institución indisoluble, centrada en la procreación. Es aquí donde surge parte del conflicto, ya que la sociedad contemporánea enfrenta nuevas configuraciones familiares y formas de convivencia que rompen con muchos paradigmas tradicionales. Estas nuevas formas de unión han transformado el significado del matrimonio a lo largo del tiempo, generando contradicciones y promoviendo nuevas maneras de comprender esta institución en la actualidad.
Desde el psicoanálisis, la elección de pareja, los vínculos conyugales y la idealización del amor han sido objeto de estudio, permitiendo analizar cómo los deseos inconscientes configuran la dinámica matrimonial. Por ello, me basaré en las aportaciones de algunos autores para desarrollar este trabajo.
Freud plantea que la elección de pareja no es un acto consciente, sino que está determinada por deseos inconscientes y la repetición de patrones infantiles. En su teoría sobre la compulsión a la repetición, sostiene que las personas tienden a reproducir, de manera inconsciente, las dinámicas y vínculos afectivos vividos en la infancia, lo que influye significativamente en la configuración de las relaciones conyugales. Asimismo, describe que los individuos tienden a buscar en sus parejas características de sus figuras parentales, repitiendo conflictos no resueltos de la infancia. Este proceso puede generar relaciones en las que se reviven situaciones traumáticas con la esperanza inconsciente de resolverlas. Además, el amor en el matrimonio suele estar mediado por el ideal del yo, es decir, la proyección de los propios deseos y fantasías en el otro.
Recuerdo que, antes de casarme, e incluso antes de comprometerme, escuchaba hablar del matrimonio desde la perspectiva de algunas personas que estaban en el inicio de esta etapa. Percibía la manera en la que se expresaban como algo caótico, como si fuera un huracán, con frases como: ‘Prepárate, lo que te espera…’. Eso me llevó a cuestionarme qué tan idealizada está la idea del matrimonio y las expectativas irracionales que genera el famoso ‘felices para siempre’.
Como mencioné, soy novata en el tema, pero si alguien que me está escuchando está pensando en comprometerse o casarse próximamente, desde mi corta experiencia, comparto este proceso, más bien como un momento de transformación, el cual nos lleva a procesar y aceptar algunas pérdidas inevitables de esa idealización, sin embargo, al dejar ir también damos espacio para recibir y crear un vínculo más auténtico y real.
Muchos autores hablan del enamoramiento y estas etapas amorosas, como un aspecto químico. M. Abou lo expresa como un “flechazo”, son alrededor de sesenta sustancias que ejercen la función de Cupido. Las más conocidas son oxitocina, dopamina, serotonina, gaba y acetilcolina. Entre todas se alían en complicidad para crear el vínculo, elevar el deseo sexual, propiciar el acercamiento íntimo, la excitación, el orgasmo y la respuesta emocional del romance.” (M. Abou, 2022, p. 10).
Asimismo, otros autores lo presentan desde la teoría pulsional, un ejemplo es el Doctor Alejandro Radchick (2022) “La libido es una fuerza que nos motiva: es un instinto de vida, de autoconservación. En realidad, el amor está íntimamente ligado a un mandato de la Naturaleza: el de “la preservación de la especie” (A. Radchick 2022, pp. 183) Comparto con el autor que como seres sociales, estamos naturalmente determinados a vivir en comunidad. Nuestra evolución y crecimiento dependen de la interacción con los demás, ya que es a través de las aportaciones de otros que enriquecemos nuestro conocimiento, habilidades y bienestar. La convivencia nos permite desarrollar un crecimiento más integral y pleno, favoreciendo no solo nuestro desarrollo individual, sino también el de la sociedad en su conjunto.
Por otra parte, el matrimonio es una vivencia que puede entenderse como una función adaptativa con un potencial positivo, pues implica constantes negociaciones y aprendizajes de nuevos caminos. Me voy a contradecir un poco, porque no quiero dejar de exponer que, aunque esta etapa representa crecimiento, compromiso y una posible expresión de éxito en las relaciones objetales, también existe una idealización que no contempla ciertas pérdidas o expectativas basadas en fantasías individuales. Esto ocurre porque, en ambas partes, se da una pérdida de identidad al dejar de ser individuos autónomos en la sociedad para formar una unión conyugal. Esta experiencia puede involucrar, además, la adaptación a roles de género impuestos socialmente o el enfrentamiento de conflictos económicos, donde uno de los integrantes puede verse obligado a ceder profesionalmente en favor del crecimiento familiar.
En este sentido, encuentro muy pertinente el planteamiento de D. Winnicott en la traducción de sus obras completas “el duelo implica madurez emocional y salud” (Winnicott,(sf) p.345 ) Siendo este, un proceso fundamental en la construcción de un verdadero self. Freud en su escrito “Duelo y melancolía”, también refiere a esta experiencia al señalar “ha sufrido una pérdida en el objeto; pero de sus declaraciones surge una pérdida en su yo” (Freud, XIV, 1914, p. 245). Ambas citas me llevan a pensar que, si bien existe una pérdida, también se genera una nueva construcción de identidad en la búsqueda de alcanzar ese yo ideal o esa díada ideal.
Desde esta perspectiva, creo que este proceso de pérdida y construcción no es exclusivo del matrimonio, sino que se presenta en diversas etapas de la vida: al casarse, al salir de casa de los padres, al vivir la maternidad o paternidad, o al concluir un logro académico. En estos momentos, muchas veces se intenta ‘rociar’ el proceso de positivismo, evitando las emociones negativas, ya que socialmente se espera que el logro se aplauda sin dar espacio al duelo.
Esto me llevó a reflexionar sobre la mención de Freud: “Así como el duelo mueve al yo a renunciar al objeto declarándoselo muerto y ofreciéndole como premio el permanecer con vida, de igual modo cada batalla parcial de ambivalencia afloja la fijación de la libido al objeto, desvalorizando este, rebajándolo; por así decir, también victimándolo” (Freud, XIV, 1914, p. 254). Tal vez, por esta razón, no siempre reconocemos el duelo en el inicio o cierre de una etapa, con la idea de no obstaculizar algo nuevo.
Considero que, como analistas, debemos acompañar a nuestros pacientes en la integración de estas experiencias, ayudándolos a comprender que ambas partes ya sea la pérdida y/o la ganancia, ambas pueden integrarse para el proceso de esta etapa. Quiero exponer que, en el trabajo con los pacientes, atravesar una nueva etapa, puede generar una gran angustia y, en algunos casos, despertar envidia o miedos por la pérdida, que como analistas en formación puede ser más difícil enfrentar. Quiero compartir el caso de una paciente a quien llamaré Mindy. Gran parte de su discurso se basaba en el anhelo de alcanzar ciertos logros sociales, comparándose con sus amigas y/o personas cercanas en redes y expresando una gran necesidad de competencia. Esto la llevaba a experimentar enojo y frustración, preguntándose por qué ellas sí podían lograrlos y ella no.
Recuerdo que, debido a esto, durante mis primeros meses de compromiso, solía esconder mi mano en la entrepierna o girar el anillo para que no lo viera. Probablemente, en ese momento, no estaba lista para trabajar con mi contratransferencia ni para confrontar la posibilidad de que Mindy pudiera envidiar algo positivo que me estaba ocurriendo. En una sesión, hablamos sobre lo importante que era para ella casarse antes de que su padre falleciera. En supervisión, exploramos por qué era relevante enfocarnos en estas emociones: ¿eran más bien proyecciones de Mindy o, en el fondo, era una manera mía de procesar emociones propias que en ese momento no sabía comprender? Podría asumir que dichas angustias me llevaron a caer en una contraidentificación proyectiva.
Hoy en día Mindy ya no está en proceso, ya que mencionó que se sintió muy abandonada en las “vacaciones de diciembre”, las cuales fueron el mismo tiempo que mi boda y mi luna de miel, estoy segura que al no saber enfrentar la transferencia y las fantasías, fue lo que la dejó a llevar el tratamiento de una manera devaluatoria para irse a algo más cognitivo conductual. Mi supervisor apuesta a que regresará en algún momento, probablemente mi ojo clínico todavía no se siente tan seguro de eso todavía.
Retomando el porque el matrimonio puede movilizar tanto, quiero exponer un comentario de B. Lanzagorta (2025) que expresó que el matrimonio puede implicar una regresión a las fases más primitivas de nuestra infancia, al reactivar fantasías arcaicas que emergen al recordar la unión marital entre nuestros imagos parentales, asociando dichas experiencias con el éxito o el fracaso. Asimismo, retoma los conceptos de Melanie Klein al considerar esta unión como una fuente omnipotente, en la que la pareja o el matrimonio son idealizados como una fuente inagotable de satisfacción. Cuando estas fantasías no son trabajadas, pueden generar frustración y posteriormente una devaluación de la relación, producto de creencias irracionales alimentadas por identificaciones sociales y culturales que se desarrollan a lo largo de nuestra vida.
Desde mi experiencia personal, coincido con esta postura, no solo por las fantasías propias adquiridas en mi infancia como niña católica, sino también por la imposición cultural transmitida a través de películas y relatos de fantasía, donde el desenlace siempre prometía un ‘vivieron felices para siempre’. Sin embargo, esta idea es solo una nueva línea de partida, ya que la sociedad continúa proyectando fantasías en torno al matrimonio como un deber ser para la construcción de una nueva familia. En este contexto, las expectativas y deseos no realizados pueden desplazarse hacia los hijos, cargándolos con la responsabilidad inconsciente de cumplir aquello que los padres idealizaron como el éxito familiar absoluto.
Es importante no dejar atrás que en las últimas décadas, la estructura familiar en México ha cambiado debido a factores económicos y sociales. Entre las principales transformaciones destacan la reducción del número de hijos, las dificultades para acceder a la vivienda y la diversificación de los modelos familiares. Uno de los cambios más significativos es la disminución de la tasa de natalidad. En 2023 se reflejó una caída del 3.7 % respecto al año anterior (INEGI, 2024). Asimismo, el acceso a la vivienda se ha vuelto más complicado, los precios en el primer trimestre de 2024 aumentaron un 9.7 % en comparación con 2023, este incremento ha llevado a que más familias opten por el alquiler, afectando su estabilidad a largo plazo.
Por otro lado, han surgido nuevos modelos de convivencia, como parejas del mismo sexo y hogares no monógamos. (Animal Político, 2024). Por lo anterior, los roles tradicionales coexisten con nuevas expectativas sociales, generando tensiones en distintos modelos familiares. Muchas personas, sin importar su orientación o estructura de pareja, enfrentan la presión de formar una familia o renunciar a ello, no por falta de compromiso, sino por exigencias sociales, económicas o experiencias previas. Esto puede confundirse con desinterés, cuando en realidad refleja un conflicto entre el ideal tradicional y la realidad actual, haciendo aún más difusa la construcción de una familia. Relaciono esto a una de las principales razones en donde los integrantes de dicha pareja ponen expectativas irracionales en el otro, ya que involucra una mezcla de pensamientos del inconsciente colectivo, expectativas propias, familiares, sociales, entre otras.
Para relacionar lo anterior, retomo el concepto de “espacio transicional” de Donald Winnicott, que se explica en su escrito “Realidad y juego”; “El objeto transicional deja lugar para el proceso de adquisición de la capacidad para aceptar diferencias y semejanzas.” (Winnicott, 1971, p. 23). Si llevamos el concepto a la pareja, es fundamental para la creación y transformación del vínculo, ya que considero que al hablar de la capacidad del individuo para mantener su propia individualidad, sin sentirse amenazado por la autonomía del otro.
Si bien el matrimonio se concibe como la unión de dos personas, no debería implicar una expectativa simbiótica que conduzca a una fusión total, sino más bien el crecimiento de una construcción compartida que permita, de manera saludable, la separación y el reencuentro. De manera opuesta, considerando como una dinámica caótica, en términos coloquiales, se ve reflejada como un ‘amor romántico’, una narrativa que a veces presenta actuaciones psicóticas al generar una sensación de pertenencia absoluta sobre el otro, impulsada por deseos narcisistas que buscan la completud a través de la pareja.
Como mencioné al inicio del texto, probablemente termine evidenciando cuestiones personales, pero quiero compartir que este trabajo no solo fue inspirado por mi situación actual, sino también por la manera en que mi inconsciente, ‘casualmente’ antes de casarme, me recordó la existencia de dos libros: “26 analistas hablando de amor” y “Relación de pareja: relatos y soluciones”. Este hallazgo me llevó a involucrarme aún más en el tema, en parte por la identificación que sentí al leer las experiencias relatadas por algunos miembros de la Sociedad Psicoanalítica de México, A.C. (SPM), y en parte por el impacto que tuvieron en mi proceso reflexivo sobre el matrimonio.
Uno de los textos que más resonó en mí fue “No existe el amor de tu vida” por Monserrat López-Lugo Tovar, donde la autora menciona casos clínicos de pacientes que hablan sobre amores pasados que dejaron una huella tan significativa, que aún estando en nuevas relaciones, les impide disfrutar o gozar plenamente. Esta idea me remitió a lo que mencioné previamente sobre el duelo, y a cómo, al normalizar ciertos ‘logros sociales’, como el matrimonio, perdemos de vista la importancia de los cierres y, en consecuencia, quedamos atrapados en una búsqueda interminable de plenitud a través del otro, en lugar de desarrollarla en nosotros mismos.
López-Lugo plantea que a lo largo de nuestra vida experimentamos diversos tipos de amor, no necesariamente dentro de una cronología estrictamente romántica, sino en distintas áreas de nuestra existencia: el amor a los hijos, a las amistades incondicionales, a ciertas personas significativas e incluso, hacia nosotros mismos. De esta manera, el amor no se reduce a un único vínculo, sino que puede diversificarse, integrándose en distintos espacios de nuestra vida.
La autora también reflexiona sobre las crisis matrimoniales y menciona que, según algunos estudios, existe un 40% de éxito en las parejas que se conocen a través de aplicaciones de citas. No obstante, cuestiona la duración de estas relaciones, aludiendo a la rapidez con la que actualmente se establecen vínculos, donde se elige rápidamente a una pareja, muchas veces sin mayor profundidad. Esta crítica me llevó a reflexionar sobre cómo estas plataformas están alineadas con el ritmo acelerado de la sociedad contemporánea, donde las conexiones pueden establecerse incluso en circunstancias tan complejas como una pandemia. Tal vez defienda esta postura porque me considero afortunada de formar parte de ese porcentaje exitoso. Tal vez defienda esta postura porque me considero afortunada de formar parte de ese porcentaje exitoso. Sin embargo, la actual presidenta de la SPM Dinah Cárdenas, en un artículo presentado en 2005, “Mensajes contradictorios en la elección de pareja”, plantea cómo los mensajes familiares influyen, muchas veces de manera inconsciente, en la elección de pareja.
A partir de esta postura, considero que hoy en día es importante evaluar las múltiples contradicciones que no solo están presentes en los discursos parentales, sino también en las expectativas sociales y culturales. Ya no se trata únicamente de que la mujer deba encontrar un buen esposo, sino también de tener una carrera exitosa, decidir si desea ser madre o no, viajar sin alejarse demasiado de la familia, entre muchas otras exigencias contradictorias. Estas paradojas generan dilemas internos que, como bien señala la autora, dificultan el desarrollo de relaciones satisfactorias.
Como analistas, en el espacio clínico debemos trabajar promoviendo un proceso de individuación que permita a la persona cuestionar y combatir el inconsciente colectivo que da origen a estos mensajes contradictorios. De esta manera, podrá tomar decisiones basadas en su propio deseo, en lugar de responder únicamente a las expectativas externas. En este sentido, López-Lugo enfatiza que el trabajo en pareja, o en cualquier tema relacionado con el amor, debe centrarse en la capacidad de adaptación y crecimiento conjunto. Como señala: “Los que trabajamos en el campo clínico con parejas o familias sabemos que logran un mayor éxito las relaciones que se reinventan juntas; aquellas que crecen separadas, pero a la vez unidas. No son los matrimonios que carecen de crisis o nunca pelean, sino los que aprenden de ellas y las superan” (López-Lugo, 2022, p. 119).
Comparto profundamente esta reflexión, ya que el conflicto no necesariamente implica fracaso, sino que puede convertirse en una oportunidad para el crecimiento mutuo. Por lo mismo, la autora refleja las cuestiones narcisistas que pueden fomentar dicha unión. “Necesitamos superar nuestro narcisismo y admitir que las cosas a veces carecen de solución o, más bien, que la respuesta está en aprender a soltar de la mejor forma posible” (López Lugo, 2022, p. 119). Esta afirmación me llevó a reflexionar que el proceso de soltar no debería limitarse solo a una separación o divorcio, sino que debería ser una práctica constante en el vínculo de pareja. Aprender a soltar expectativas idealizadas, deseos no satisfechos o roles impuestos puede abrir el espacio necesario para construir una relación auténtica y más libre.
Según Spivacow (2008), en la terapia psicoanalítica de pareja, se permite comprender las dinámicas inconscientes que operan entre los miembros de la relación, destacando los conceptos de lo intrasubjetivo y lo intersubjetivo en el funcionamiento psíquico. En este marco, el analista debe considerar diversos elementos clave, entre ellos, la transferencia intrapareja, que se produce cuando la pareja comparte no solo una relación consciente, sino que, de manera inconsciente, establece una transferencia mutua de deseos, ansiedades y expectativas que influyen en su dinámica relacional.
El autor describe cómo las parejas forman alianzas inconscientes que moldean la relación, ya sea a partir de dinámicas conflictivas preexistentes o de eventos cotidianos que, al desestabilizar el equilibrio previamente establecido, generan crisis y desequilibrios. Un ejemplo de ello es el nacimiento de un hijo, acontecimiento que puede reforzar dichas alianzas al modificar las dinámicas vinculares y activar mecanismos inconscientes relacionados con la parentalidad y las experiencias infantiles de cada integrante. Ya sea de manera individual o en la pareja, el objetivo del analista es propiciar un insight sobre las dinámicas inconscientes que sostienen la relación, permitiendo comprender el entramado psíquico de los vínculos y, de esta manera, transformar los patrones que perpetúan el conflicto y el malestar.
Por lo que quiero cerrar con lo siguiente; “A pesar de las dificultades que se presentan en la primera infancia, todos los seres humanos tenemos la ilusión de conseguir una relación de pareja estable, de amar y ser amados. Para algunos, lo normal quizás sea reproducirse, tener hijos y cumplir con expectativas de la familia, la sociedad y, por supuesto, las propias; para otros, la estabilidad emocional solo se encuentra en contar con una pareja, independientemente de la preferencia sexual, y vivir una vida plena a su estilo y manera. Con el objeto de lograrlo, se necesita tener un yo suficientemente bien estructurado y fuerte, capaz de ver al otro.” (Rossi, L. 2005). Finalmente, considero que, en una relación de pareja, caminar juntos implica mantener la distancia justa que permita admirar el crecimiento del otro, sin perder de vista el propio. Es en esa distancia adecuada donde surge el verdadero encuentro, aquel que respeta la individualidad, abraza el reencuentro y permite que la relación evolucione de manera genuina y enriquecedora.
Bibliografía
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- Abou, Comp.). (2022). 26 psicoanalistas hablando de amor (pp. 10). Sociedad Psicoanalítica de México.
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- Winnicott, W. (SF). Psikolibro, Obras completas, (pp.345)
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- Comunicación: B. Lanzagorta (2025), Espacio de supervisión, reunión 27 de enero 2025.
- Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2024). Estadísticas de natalidad en México 2023. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2024/ENR/ENR2pdf
- Animal Político. (2024). Diversidad familiar: ¿qué sabemos de los hogares en México?https://animalpolitico.com/analisis/organizaciones/blog-de-intersecta/ diversidad-familiar-que-sabemos-de-los-hogares-en-mexico
- Fundación (2024). El 33 % de los hogares en México están encabezados por mujeres. https://www.fundacionunam.org.mx/unam-al-dia/62105/
- Gobierno de México. (2024). Índice SHF de precios de la vivienda en México, primer trimestre de 2024. https://www.gob.mx/shf/articulos/indice-shf-de-precios-de-la-vivienda-en-mexico-primer-trimestre-de-2024-364383?idiom=es
- Winnicott, W. (1971). Realidad y juego. Buenos Aires: Gedisa. (pp.23)
- Lugo, (Comp.). (2022). 26 psicoanalistas hablando de amor (pp. 119). Sociedad Psicoanalítica de México. Rossi, (Comp.). (2005). Relación de pareja: retos y soluciones, “Mensajes contradictorios en la elección de pareja” Editores De Textos Mexicanos (Capítulo 4. pp.15-18)
- Spivacow, A. (2008). La psicoterapia psicoanalítica de pareja. Psicoanálisis, 30(2/3), (pp. 347-364.).
- Winnicott, D. W. (1958). La capacidad para estar solo. En Los procesos de maduración y el ambiente facilitador: estudios para una teoría del desarrollo emocional. Buenos Aires: Paidós.
- Klein, M. (1932). El psicoanálisis de niños. Buenos Aires: Paidós.
- Freud, S. (1914). Introducción al narcisismo. En J. Strachey (Ed. y Trad.), Obras completas (Tomo XIV, pp. 67-102). Amorrortu Editores. (Edición original publicada en 1914).
- Rossi, (Comp.). (2005). Relación de pareja: retos y soluciones, Editores De Textos Mexicanos (p. viii prefacio)
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