40_ace-bandage-1516314Por: Selene Beltrán
 
Éste es el cuerpo con el que nosotros trabajaremos en nuestra práctica;
un cuerpo que se agranda y se hincha; que se hincha y se agrieta,
que se estira como un hule, más allá de todo lo concebible,
que se fusiona y se fragmenta,
se mutila y se duplica, se rejuvenece y se llena de moho,
que echa rayos por los ojos y se traga al universo entero,
que penetra y es penetrado por los orificios,
que se disfraza de mármol o se transforma en animal,
un cuerpo no sólo en sueños posible,
ya que podemos vivenciarlo en ese particular estado de conciencia
que denominamos transferencia-contratransferencia.
(Chevalli Arroyo y Tubet. Oklander, 1992).
 

Cirugía Estética

La cirugía plástica es la rama de la cirugía que se dedica a devolver su forma y función al organismo humano. El término plástico (del griego, plastikos, que significa “que puede modelarse”) designa a la técnica quirúrgica de reparación (Mackay, Carlson, Wood, & Bostwick, 1999).
Ospina (2009) refiere que la cirugía plástica se dedica a intervenir el cuerpo con el objetivo de repararlo o mejorarlo. Al respecto Kohn (1998), menciona que la cirugia plástica es la rama de la cirugía que se encarga de la restauración de partes del cuerpo que estén lesionadas, desfiguradas o sean desagradables a la vista. Incluye la cirugía cosmética, es decir, las correcciones cosméticas no relacionadas necesariamente con la salud física. Las operaciones electivas de un individuo, como intento de mejorar el aspecto por razones de bienestar psicológico, se consideran como de cirugía estética o cosmética.
La cirugia plástica se divide en dos especialidades: la cirugía reconstructiva y la cirugía estética. La cirugía reconstructiva tiene como finalidad la reparación de alguna de las partes del cuerpo que hayan sido afectadas por accidentes, enfermedades congénitas o desarrolladas en algún momento de la vida, que generen dificultades en el funcionamiento del cuerpo o la vida del sujeto. Por otra parte, la cirugía estética (que es la que en este trabajo nos interesa) apunta a embellecer el cuerpo y su realización implica el deseo del paciente, puesto que es por su “propia voluntad” que se somete a ella (Ospina, 2009).
Entendemos entonces a la cirugia estetica como la rama de la medicina que se encarga de moldear el cuerpo de una persona de acuerdo al ideal que tiene sobre la forma y figura del cuerpo o algunas partes de él en especifico, sin necesitarlo fisicamente, más bien es meramente psicologico, pues esta persona no se siente a gusto con esta parte del cuerpo y por ello acude a la cirugia estetica.

Antecedentes Históricos

La historia de la cirugía plástica se inicia en la Edad Antigua. Los primeros esfuerzos por cerrar heridas de que se tiene registro, se encuentran ya en el papiro de Edwin Smith, el documento médico quirúrgico más antiguo que se conozca, que fue escrito en Egipto entre los años 3000 y 2500 a.C. (Mackay y cols, 1999). Kohn (1998) refiere que probablemente la cirugía plástica fue la primera forma de cirugía.
Uranga (1983) agrega que en Egipto los métodos plásticos hindúes fueron empleados frecuentemente, quedando constancia de ello en diversos escritos, como en el segundo papiro de Ebers, también se han encontrado momias egipcias con orejas y narices artificiales. Los viejos textos sagrados de la India legendaria señalan por primera vez esta modalidad en manos de hábiles obreros. Estos “técnicos” tomaban de la frente colgajos que hacían recaer entre las mejillas, “modelando” nuevas narices con este nuevo material.
Durante toda la Edad Media se produce un colapso en el interés por estas cuestiones, hecho explicable hasta cierto punto, aparte de la mística religiosa de la época, por la peculiar organización de una sociedad cuyos cuerpos individuales permanecían toda la vida cubiertos de ropajes de amplios pliegues y cuyos rostros quedaban encerrados en cotas, yelmos y armaduras (Uranga, 1983).
Hace dos siglos se practicaron en Europa algunas formas de cirugía plástica. El interés actual y los grandes avances que se han logrado en esta especialidad, se iniciaron cuando Reverdin (1842-1928) usó injertos “por pellizcos”. Sin embargo, los trasplantes de piel tuvieron un éxito mediocre, hasta la Primera Guerra Mundial (Kohn, 1998).
Dado al desafío que planteaba la reconstrucción de las lesiones faciales consecutivas a heridas por arma de fuego, se crearon equipos integrados por cirujanos dentales, bucales y generales. Kazanjian, cirujano dental de Boston, estableció un centro reconstructivo durante la guerra en Francia y utilizó sus conocimientos para reconstruir defectos mandibulares mediante fijación.
Las víctimas de la Segunda Mundial ayudaron a sentar las bases de la reconstrucción de los tejidos blandos de las extremidades y de la mano. Se atribuye a Bunnell el desarrollo de muchas de las técnicas de uso actual en la cirugía de mano, lo mismo que el establecimiento de centros especializados para el tratamiento de lesiones de las manos y quemaduras después de la guerra (Mackayy cols).
De acuerdo con Ortiz (2000) los comienzos formales de la cirugía plástica se remontan al siglo XVI con la publicación del tratado De Gaspar Tagliacozzi, quien practicó varias cirugías de nariz para reconstruirlas, así como cirugías de orejas y de labios. Sin embargo, desde mucho antes se realizaban intervenciones para modificar partes del cuerpo. No obstante, Jacques Joseph es considerado el padre de la cirugía plástica, pues a finales del siglo XIX y comienzos del XX realizó cirugías reconstructivas y estéticas de la nariz, principalmente. Joseph fue el fundador de la cátedra de Cirugía Plástica en la Universidad de Berlín, la cual dio paso a la institución de la enseñanza de esta especialidad en el mundo.
Otro aspecto importante que ha influido en el clima de belleza y de serenidad que el mundo exige y a la obsesión de borrar recuerdos y posturas de dolor, se trata del cine americano, que en sus comienzos solo permite actores guapos y actrices de perfecta belleza. La influencia de ese elemento de “imposición de belleza física” entre los años 1919 a 1924 fue enorme; en ellos quedan establecidos las principales líneas de la estética quirúrgica, que en adelante no harán más que desarrollarse en cantidad. La evolución de este movimiento conduce a una nueva forma de romanticismo del concepto estético. El mundo acepta que la belleza o la fealdad del rostro es sólo un trasunto de la calidad del alma (Uranga, 1983).
Panorama Actual
Hoy en día, los avances de la medicina y los adelantos tecnológicos abren un mundo de posibilidades que propicia el aumento de formas de intervenir el cuerpo. Cada día se incrementa la creación de nuevas tecnologías, desechando otras, para facilitar así mismo el desarrollo de nuevos métodos y técnicas. Si en el Renacimiento apenas y se podía extirpar o agregar pedazos de piel o músculo a la zona que quería reconstruirse, en la actualidad pueden implantarse en el cuerpo elementos que provienen de afuera, es decir, sustancias hechas en los laboratorios, inorgánicas, construidas para fines específicos. Esas nuevas tecnologías transforman al cuerpo en un objeto tecnológico, un tecnocuerpo creado a voluntad del paciente, quien permite que sea abierto, que se le extraigan pedazos, que se le hagan injertos, se le pongan prótesis e incluso que se modifique el comportamiento de sus sistemas o de sus células, o se altere su código genético.
Bermúdez (2010) refiere que la especial inclinación por la imagen corporal se ha mantenido vigente; se puede observar como a medida que avanza la ciencia y la tecnología son múltiples las técnicas para lograr una figura esbelta y un cuerpo perfecto de acuerdo a los parámetros de belleza de la actualidad; las cirugías estéticas son un elemento que permite lograr que esto sea posible, por lo cual su práctica ha ido incrementando en los últimos tiempos, siendo las mujeres las que más visitan el quirófano. Desde esta perspectiva, esta tendencia se convierte en la ilustración fehaciente del narcisismo humano, asimismo, de la belleza como atributo cultural inherente a la condición humana.
Las estadísticas reflejan este panorama, por ejemplo la Sociedad Americana de Cirugía Plástica Estética (ASAPS) publicó su 18a anual de datos completa multi-especialidad estadística donde reporta que estadounidenses gastaron más de 12 millones de dolares en 2014 en procedimientos quirúrgicos y no quirúrgicos. Con más de 10 millones de procedimientos cosméticos realizados en 2014, las que presentaron el mayor crecimiento incluyó el aumento de glúteos (hasta 86 %), labioplastia (hasta 49 %), y la reducción de la grasa no quirúrgico (hasta 42 %).
Además, no es exclusivo de las mujeres pues cada vez más aumenta el número de hombres que se someten a procedimientos quirúrgicos, o cualquier ritual estético, conocido como el fenómeno metrosexual (Bermúdez, 2010). Durante los últimos 5 años (desde 2010), ha habido un aumento significativo en los siguientes procedimientos para los hombres (quirúrgico): Blefaroplastia (hasta 34 %), Reducción de Senos Masculino (hasta 33 %) y no quirúrgico: Toxina botulínica (hasta 84 %), Ácido Hialurónico (hasta 94 %), La piel no quirúrgico de apriete (hasta 37 %) y Luz Pulsada Intensa (hasta 44 %).
Así mismo la Sociedad Americana de Cirugía Plástica Estética (ASAPS) reveló una nueva jerarquía de países con mayoría de procedimientos cosméticos quirúrgicos y no quirúrgicos. Mientras que Estados Unidos continúa dominando en el sector, países no siempre asociados con la cirugía plástica han emergiendo como importantes centros. Los principales 10 países y regiones son: Estados Unidos, China, Brasil, India, México, Japón, Corea del Sur, Alemania, Turquía y España.
En Alemania, las cirugías plásticas aumentan 25% cada Navidad, pues son el regalo predilecto; mientras que en Ecuador, las jovencitas las piden como obsequio de graduación. En Brasil, se hacen más de 600,000 cirugías estéticas al año. Según el diario El País de Cali (2007, citado en Bermúdez, 2010) se estima que en Colombia se realizan 250.000 cirugías plásticas al año. Sin embargo, se desconoce qué porcentaje de estos pacientes son menores de edad.
Aunque en México no existen cifras claras de cuántas cirugías y tratamientos estéticos se realizan, debido a que abundan los lugares y médicos sin certificación, la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética, ubica al país en el quinto lugar mundial en la práctica de cirugías plásticas. Se estima que se hacen alrededor de 300 mil operaciones por año. Todo eso sin contar la infinidad de tratamientos como instalación de “Botox”, entre otros productos para mejorar la imagen.
Actualmente existen más tipos de cirugías estéticas que las que existían hace cuarenta años y la demanda se incrementa cada vez más, disminuyen los costos y aumenta la cantidad de cirujanos y clínicas que realizan estos procedimientos (Ospina, 2009).
El cuerpo en psicoanálisis
¿Qué es el cuerpo para la teoría psicoanalítica? ¿A que le llamamos cuerpo en psicoanálisis? ¿Es el mismo que conocemos de carne y hueso, o acaso es el que observamos a través del espejo, o es el que sentimos?
A lo largo de la historia de la civilización, diferentes discursos científicos, poéticos o religiosos intentaron explicar la cuestión del cuerpo, desde el misterio de su funcionamiento, hasta tomarlo como su objeto de estudio. Cada uno con sus propias conclusiones, creando controversias, provocando indagaciones, hablando en fin, de cuerpos diferentes. Desde el punto de vista conceptual, no hay un cuerpo único, común a todas las áreas del conocimiento o las artes, pero si diferentes discursos que intentan capturar esta problemática. La noción del cuerpo es siempre dependiente de la mirada del espectador, pronto nos daríamos cuenta de que sería imposible su aprehensión completa, siempre quedaría algo fuera de nuestra comprensión o conocimiento (Goldfarb, 1998).
El cuerpo se nos impone cotidianamente, ya que en él y por él sentimos, deseamos, obramos, gozamos y nos expresamos. Desde lo cotidiano se lo entiende como “sustancia” (parte material de un ser), como “volumen”, “colección” (cuerpo jurídico), como “organismo” (cuerpo médico), como “representación mental” o “esquema corporal” (desde la psicología). Pero se nos impone tan cotidianamente que no nos ponemos a reflexionar sobre él (Unzueta Nostas & Lora, 2002). Es como si no fuéramos conscientes de que lo poseemos, de que esta ahí presente en todas las formas posibles, e incluso vale decir que todo lo construido en nuestro mundo está hecho para o en fin del cuerpo.
El cuerpo del que se ocupa el psicoanálisis, ya Winnicott (1960 citado en Tubert-Oklander 2006), habla de un significado más próximo a nuestro campo de indagación, es el de la experiencia corporal del ser humano. Menciona que todos tenemos una experiencia vivencial de lo que significa ser-en-el-cuerpo; es decir, del latir del corazón, del ritmo de la respiración, de la tensión y el movimiento de nuestros músculos, de la apertura vital de la superficie de nuestro cuerpo, de los ingresos y egresos a través de sus múltiples orificios, de sus impulsos, apetitos, anhelos y dolores, en fin, de la totalidad de nuestra existencia carnal.
De acuerdo con Bover (2009), el psicoanálisis ha descubierto, que esta experiencia de nuestro ser viviente nos resulta en gran medida desconocida, e incluso inaceptable, es decir, que es inconsciente, cobrando nuevas formas con el vaivén de nuestra vida emocional y nuestras relaciones con los demás seres humanos y con la totalidad de nuestro entorno. La manera en que cada quien vive su cuerpo, y lo que sentimos dentro de él, instaura una verdad vital que colorea y da significado a todas nuestras vivencias, y emerge en el gesto, en el acto o en la palabra.
A lo largo del camino teórico realizado por Freud sobre las cuestiones concernientes al sujeto, puede observarse que sus elaboraciones se basan en la influencia del lenguaje y de la sexualidad tanto en el psiquismo como en el cuerpo. A partir de su experiencia clínica propone la existencia de tres particularidades del cuerpo: primero, que está condicionado por la pulsión; segundo, que la manera de afrontar la diferencia anatómica sexual es determinante para la estructuración psíquica; y tercero, que el cuerpo habla mediante el malestar. Estas condiciones no están desligadas, son inseparables y permiten denominarlo cuerpo erógeno-pulsional-deseante, cuerpo sexuado y cuerpo sintomático.
Cuerpo erógeno. Freud considera que el organismo recibe gran influencia de lo psíquico, por lo que el malestar físico puede estar determinado por causas psíquicas y no sólo se trata de un desorden de tipo biológico.
En principio, Freud propone que el ser humano no es equiparable a los demás animales porque no posee instinto, sino que a causa de su inmersión en la cultura y en el lenguaje se introduce un nuevo registro: la pulsión, que, tal como él mismo lo define en Pulsiones y destinos de pulsión (1915), “nos aparece como un concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático, como un representante psíquico de los estímulos que provienen del interior del cuerpo y alcanzan el alma”.
Casi todas las aristas del concepto de pulsión tienen su referente en el cuerpo. Ya sea por el costado de la fuente, es decir las zonas erógenas, cuando se habla del fin o meta de la pulsión o bien, cuando se refiere al objeto de la misma, del que podemos decir cuando de su parcialidad se trata, que es un objeto directamente vinculado al cuerpo, el pecho, el pene, etc.
En un principio la satisfacción de la zona erógena aparece asociada con la del hambre. La actividad sexual se apoya primeramente en una de las funciones al servicio de la conservación de la vida, pero luego se hace independiente de ella. Dice Freud en La metamorfosis de la pubertad en Tres ensayos sobre la teoría sexual (1905) “De la primeras relaciones sexuales en la época de la lactancia queda gran parte como resto, después se separa la actividad sexual, de la alimentación. Este resto prepara la elección de objeto, ayuda a volver a constituir la felicidad perdida”.
Vemos que para Freud, el cuerpo se construye, deja de ser solo una masa material desde el momento en que la necesidad es cubierta por los cuidados de la madre o sustituto, sin embargo, al cubrir esta necesidad, siempre queda un algo que está sin saciar, éste algo, queda fuera del ámbito meramente biológico, ya no obedece a la mera necesidad y se instaura en lo psíquico. Lo que surge al abandonar la necesidad, es una demanda, pero el niño ya no demanda comida, sino que se trata de una demanda de amor (Vaccarezza, 2002).
De este modo surge una primera versión del cuerpo para el psicoanálisis. Es un soma que por una primera experiencia de satisfacción produce deseo. Al decir de Freud este cuerpo que se constituye, al mismo tiempo que se pierde como soma es efecto de la intervención de los cuidados maternos.
Por su parte Rabinovich (1988) nos dice que Freud distingue diferentes momentos en la constitución del cuerpo. En principio, como dijimos antes el cuerpo deseante, luego el cuerpo pulsional con sus dos tiempos, autoerotismo y narcisismo; y por último el cuerpo del amor con la elección de objeto como total, y el atravesamiento del Edipo. Luego del advenimiento del organismo como animado, la primer percepción que tiene el niño de su propio cuerpo es la sensación de deriva pulsional. La satisfacción en este tiempo es autoerótica, lo característico es la satisfacción parcial en el propio cuerpo, pero sin Yo constituido. El cuerpo pulsional se unifica en ese nuevo acto psíquico que Freud llama narcisismo, donde surge el Yo y es tomado como objeto.
Cuerpo sexuado. Por otra parte, el cuerpo sexuado surge cuando Freud plantea que el niño es un “perverso polimorfo”, lo que quiere decir que el niño tiene comportamientos autoeróticos que no han sido regulados, la pulsión le exige satisfacción, para lo cual el niño le da placer a su propio cuerpo, específicamente, a los lugares de borde, los orificios, pero sin recurrir a un objeto exterior.
Una de las maneras en que comienza el acercamiento a lo sexual en la infancia es preguntarse de dónde vienen los niños. Una de las teorías que tiene el niño acerca de este asunto surge a partir de su condición sexual humana: él cree que todos tienen genitales masculinos, aún no ha constatado la diferencia anatómica sexual; al darse cuenta de que las niñas no tienen pene, comienza a revelarse el temor a la castración, que más adelante, en el complejo de Edipo, se concretará como amenaza de castración generada por la prohibición, impuesta por el padre, de acceder a la madre. La constatación de la diferencia anatómica es la que marca la asunción del cuerpo sexuado, ya que permitirá el establecimiento de la identidad sexual y, por tanto, subjetiva.
El cuerpo sintomático. Aparece cuando Freud en sus estudios sobre la histeria descubre un cuerpo que se comporta como si la anatomía no existiese. Descubriendo así cierta separación y pérdida de las leyes que rigen lo somático, de ahí que surja en su pensamiento un cuerpo diferente, regido por otras leyes meramente psíquicas. A partir de sus observaciones de las parálisis histéricas apunta a que las alteraciones físicas de las pacientes correspondían a la función del órgano más no a un daño en éste, razón por la cual habría una asociación entre la parte del cuerpo afectada y un recuerdo traumático (Freud, 1893). Así, lo psíquico modificaría lo orgánico y, a su vez, las condiciones y tensiones orgánicas, al ser representadas, coadyuvarían en la organización del psiquismo humano.
Freud concluye que “los síntomas neuróticos poseen (como los actos fallidos y los sueños) un sentido propio y una íntima relación con la vida de las personas en las que surgen” (Freud, 1917), y que tienen rasgos individuales y típicos en todos los pacientes. Los rasgos individuales permitirían ubicar en la historia del sujeto el momento en donde se produjo el trauma que da lugar al síntoma. El psicoanálisis inaugura una nueva perspectiva del cuerpo, ahora visto como sintomático. Ese cuerpo sintomático que trata el psicoanálisis es aquel aquejado por los conflictos psíquicos que generan un malestar ya sea físico o subjetivo. Bajo el postulado de que el cuerpo humano es un cuerpo que habla (Soler, 2006).
Cuerpo hablante significa de acuerdo con Nasio (2008), un conjunto de elementos significantes. El cuerpo hablante puede ser, por ejemplo, una cara, en la medida en que una cara está compuesta por líneas, por expresiones y por rasgos diferenciados y ligados entre sí. El adjetivo hablante no indica que el cuerpo nos hable sino que es significante, es decir, que comporta significantes que hablan entre sí.
De acuerdo con Ospina (2009) el cuerpo simbólico tiene la función de representar al sujeto, es aquel que habla y del que se habla, es símbolo y significante, es la manera como se nombra al cuerpo, produciendo efectos en lo real. En el cuerpo se inscriben los significantes que provienen incluso antes de nacer a este organismo se lo espera con un nombre, un sexo, esperanzas, sueños, ideales, es decir ya circula en un discurso.
El cuerpo significante siempre es parcial, siempre es fragmentario, a veces se encarna en algún tipo de invalidez, a menudo en un pequeño defecto físico o en otro rasgo sobresaliente, capaces de desviar el curso de una vida: una cicatriz en el rostro, un pie deforme, un tartamudeo, una migraña crónica, una estatura menor que la medida o una nariz prominente. Todas estas particularidades físicas pasan a ser significantes cuando son tan notablemente representativas del sujeto, a sus ojos y a los ojos de los demás, que le imponen su realidad afectiva, sexual y profesional (Nasio, 2008).
Por su parte, Lacan (1949) enuncia que el Estadio del Espejo se ordena esencialmente sobre una experiencia de identificación fundamental en cuyo transcurso el niño realiza la conquista de la imagen de su propio cuerpo. La identificación primordial del niño con esa imagen va a promover la estructuración del yo (Je) poniendo término a esa vivencia psíquica singular que Lacan denomina: fantasía del cuerpo fragmentado. En efecto, antes del estadio del espejo, el niño no experimenta inicialmente su cuerpo como una totalidad unificada, sino como algo disperso. Esta experiencia fantasmática del cuerpo fragmentado, cuyos vestigios aparecen tanto en la configuración de ciertos sueños como en los procesos de destrucción psicótica, se pone a prueba en la dialéctica del espejo, cuya función es neutralizar la dispersión angustiante del cuerpo en favor de la unidad del cuerpo propio (Dor, 1994).
En este periodo, la imagen especular le da al niño la ilusión triunfante de dominar su cuerpo. El júbilo del pequeño ante la vista de su imagen resplandeciente de vida traduce no sólo el placer de reconocerse en una forma humana, sino también el de jugar con la imagen que “obedece” dócilmente al menor de sus gestos. El bebé excitado y desbordante de alegría goza entonces de la ilusión omnipotente de dominar tanto su imagen como su cuerpo (Nasio, 2008).
Todos nos creamos una imagen exagerada de nuestro cuerpo (ya sea por exceso o por defecto) o una idea falsa de nuestras sensaciones internas. A veces lo sentimos o lo vemos demasiado grande o demasiado joven o demasiado vulnerable o, por el contrario, eternamente infatigable. Otras veces, lamentamos tener la cabeza demasiado grande o la nariz prominente o sufrimos por tener el pene o los senos ridículamente pequeños. A menudo, doloridos, nos inventamos una anatomía completamente imaginaria y localizamos erróneamente nuestro dolor en un órgano que, sin embargo, no está afectado.
Hoy en día el cuerpo sintomático es tratado de otra manera porque se exige la eliminación del malestar a través de métodos eficaces que arrojen resultados rápidamente. A la gente le interesa obtener resultados, sin mucho esfuerzo o dolor. Por esto, la cura por la palabra llega a ser despreciada e incluso desvirtuada, ya que para muchos ir al psicoanalista requiere mucho tiempo y los resultados “no se ven” a corto plazo. Actualmente el mercado ofrece un abanico de posibilidades para darle una “solución definitiva” al malestar subjetivo, cualquiera que sea. Por ejemplo, si se trata de manejar los conflictos psíquicos o afectivos basta con asistir al psiquiatra para recibir un cóctel de medicamentos que alivien; si se trata de un malestar del sujeto con su cuerpo, basta con asistir al médico general para recibir una pastilla que alivie el dolor; y si se trata de un malestar del sujeto con la apariencia de su cuerpo, basta con asistir al cirujano plástico o estético para lograr recomponer la figura y sentirse mejor, dejando de lado la posibilidad de subjetivar ese malestar para, por lo menos, hacerlo consciente.
Aunque los métodos actuales apuntan a la cura del malestar, al no traer a la conciencia los conflictos inconscientes, estos insistirán, volverán de igual o de distinta manera hasta que la palabra del sujeto les otorgue un lugar y los descargue lo suficiente de la energía que poseen.
La medicina ha logrado un milagro: el Yo puede operarse. El discurso de la medicina estética, se apropia de las construcciones teóricas del psicoanálisis sobre el cuerpo y las fiscaliza. Borra las diferencias entre cuerpo físico e imagen del cuerpo.
Pareciera que estamos pasando a una nueva economía psíquica que está organizada por la exhibición del goce, a diferencia de las épocas anteriores organizadas por la represión, donde el consecuente mandato de gozar a toda costa invade el cuerpo del sujeto, exhortándolo a usarlo como le plazca. El deseo de determinarse a sí mismo, que implica tanto su subjetividad como su cuerpo, lo insta a reconstruirse permanentemente así sea que la reconstrucción deseada implique su propia destrucción.
La cirugía estética es vendida como la solución a los conflictos personales y como una manera de mejorar la vida, la “autoestima” y dejar atrás los complejos para ser una “mejor persona” o “sentirse mejor consigo mismo”; lo que deja ver que esa modificación del cuerpo tiene una estrecha relación con la subjetividad, puesto que el sujeto es quien decide someterse a dicha intervención a partir de algún elemento de carácter psíquico, quizás está concernido su deseo inconsciente o un conflicto importante con su cuerpo.
Esto conlleva, además, una nueva concepción de la muerte, pues se rechaza y se niega, ya el límite puede transgredirse: es posible mantener un cuerpo con vida, es posible matar al otro, y es posible cometer el suicidio. Por lo que la imagen corporal puede modificarse según el ideal y de manera casi que inmediata, y como objeto del mercado está destinada a pretender taponar la falta constitutiva del sujeto y satisfacer su deseo en la realidad.
Por último, la cirugía estética se convierte así en la técnica perfecta para hacer algo con el cuerpo, ya que le permite al sujeto intervenirlo según su propio deseo con la ilusión de encontrar en ello su bienestar personal. Las teorías y la investigación psicoanalítica muestran ciertos fundamentos relevantes a nivel internacional, sin embargo existen muy pocos estudios en nuestro contexto acerca de esta temática, por lo que resulta relevante e importante indagar los enunciados teóricos y la investigación.
En conclusión
El ser viviente, organismo, cuerpo biológico no es idéntico al cuerpo, que en psicoanálisis es el cuerpo del significante, que nos hace decir: tengo un cuerpo, distinto de decir: soy un cuerpo.
El cuerpo al que se refiere el psicoanálisis desde Freud es una representación inconsciente del cuerpo.
El cuerpo para un sujeto podrá ser sede de experiencias placientes y dolorosas, depositario del retorno de los significantes que hicieron eco en él al modo de síntomas. Presentársele más o menos ajeno, pero manteniendo cierta unificación en la percepción. Otros vivirán un cuerpo como extraño, un cuerpo otro retornará en la fragmentación de las pulsiones, como voces, sensaciones venidas de afuera. Aun así será un cuerpo, pero también podrá aparecer en aquellos donde pareciera que la pulsión no se ha inscripto.
Será tarea de nosotros como psicoanalistas estar atentos a lo que el cuerpo de nuestros analizados nos dice o se calla, a lo que nos demanda. Para ello es preciso ser prestadores de nuestro propio cuerpo inconsciente.
 
Bibliografia

  • Bermudéz, E. A. (2010). Estructuración psiquica en mujeres con múltiples cirugías estéticas. Revista de Psicoanalisis, Psicoterapia y Salud Mental.
  • Bover, J. (2009). El cuerpo: Una travesía. Relaciones.
  • Dor, J. (1994). Introducción a la teoría de Lacan. El inconciente estruturado como un lenguaje. España: Gedisa.
  • Freud, S. (1893). Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas. En En Obras completas (Vol. 1). Buenos Aires: Amorrortu.
  • Freud, S. (1905). Tres ensayos sobre la teoría sexual. En Obras completas. (Vol. 7). Buenos Aires: Amorrortu.
  • Freud, S. (1915). Pulsiones y destinos de pulsión. En Obras completas. (Vol. 14). Buenos Aires: Amorrortu.
  • Freud, S. (1917). El sentido de los síntomas. En Obras Completas (Vol. 2). Buenos Aires: Amorrortu.
  • Goldfarb, D. C. (1998). Cuerpo, tiempo y envejecimiento. Brasil: Editora Casa do Psicólogo.
  • Kohn, B. y. (1998). Tecnicas de Quirofano.México D.F.: Mc Graw- Hill.
  • Lacan, J. (1984). El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica. En Escritos I. México: Siglo XXI.
  • Mackay, G. J., Carlson, G. W., Wood, R. J., & Bostwick, J. (1999). Cirugia Plastica y Maxilofacial. En D. C. Jr, Tratado de Patologia Quirurgica (págs. 1388 -1420). Mexico: Mc Graw Hill Interamericana.
  • Nasio, J. D. (2008). Mi cuerpo y sus imágenes. Buenos Aires: Paidós.
  • Ortiz, F. (2000). Dolor y belleza. Gaspare Tagliacozzi, cirujano del Renacimiento. México: Landucci.
  • Ospina, D. M. (Junio de 2009). http://www.academia.edu. Recuperado el 25 de 06 de 2012, de: http://www.academia.edu/229356/UNA_IMAGEN_VALE_MAS_QUE_MIL_PALABASUna_aproximacion_psicoanalitica_al_recorrido_del_cuerpo_en_la_cirugia_estetica
  • Rabinovich, D. S. (1988). El concepto de objeto en la teoría psicoanalítica: sus incidencias en la dirección de la cura. (Vol. 1). Manantial.
  • Soler, C. (2006). Los ensamblajes del cuerpo. Medellín: Asociación Foros del Campo.
  • Tubert-Oklander, J. (2006). El lugar del cuerpo en la teoría psicoanalítica. En T. Lartigue, El cuerpo y psicoánalisis (págs. 54- 61). México: Editores Textos Mexicanos ETM.
  • Unzueta Nostas, C., & Lora, M. E. (2002). El estatuto del cuerpo en psicoanalisis.
  • Uranga, D. E. (1983). Los fundamentso de la Cirugia Estetica. Buenos Aires, Argentina: Americalee.
  • Vaccarezza, .. L. (2002). El trabajo analítico. Conceptos indispensables. España: Síntesis.
  • http://www.altonivel.com.mx/10835-el-costo-de-la-belleza-cuanto-gasta-mexico-en-cirugias-plasticas.html

 
El contenido de los artículos publicados en este sitio son responsabilidad de sus autores y no representan necesariamente la postura de la Sociedad Psicoanalítica de México.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *