POPOLVUHPor: Catherine Aguilar
México es un país que a lo largo de la historia ha sin duda resaltado por múltiples factores, podríamos hablar desde su política, su educación, su idiosincrasia o psicología, su desarrollo a lo largo del tiempo, sus recursos naturales, su pobreza y desigualdad, pero también cabría hablar de aspectos que pocas veces se mencionan o reconocen dentro de todo ese revuelo social, como su riqueza cultural, geográfica y natural, su origen, tradiciones y misticismo conservado y reasignado a lo largo de la historia, y es que muchas de estas tradiciones se han vuelto características que identifican nuestro país; cabe mencionar que específicamente 8 han sido declaradas y galardonadas como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Siguiendo la misma línea cabría mencionar y destacar que actualmente es un país que cuenta con 34 lugares declarados Patrimonio de la Humanidad (27 culturales, 6 naturales y 1 mixto) colocándolo así en el séptimo país a nivel mundial con mayor cantidad de sitios inscritos en la UNESCO, y el primero en el continente Americano. Además cuenta con 111 pueblos mágicos reconocidos en este 2016 por la Secretaria de Turismo.
Y lo anterior es solo un poco de las muchas cosas con las cuales no solo cuenta sino también que ha ofrecido nuestro país a la historia, ya que se podría continuar mencionando más aspectos relevantes, como el que mencionan Rodríguez Estrada y Ramírez Buendía (2004): “En un célebre estudio de las Naciones Unidas se enumeró el repertorio de los recursos naturales esenciales para el desarrollo y riqueza de los países: 29 en total. Mientras Japón, Singapur y Taiwán cuentan, cada uno, con solo 3 de los 29 esenciales, México posee los 29 recursos”.
En el presente trabajo me gustaría destacar y abordar en específico uno de estos aspectos o tradiciones que se han vuelto característicos, y es la celebración del día de muertos, y todo aquello que a su alrededor se desarrolla, siendo esta precisamente una de las 8 tradiciones consideradas patrimonio inmaterial.
Para hablar de esta fecha y delimitándonos a considerarla en el marco de una tradición, sería importante retomar un poco de los principios acerca de su origen, el cual se encuentra entrelazado con los inicios de nuestra cultura, aquella no occidental sino más bien prehispánica y primitiva, la cual se observa en muchos de los festivales que se realizan a lo largo del país para conmemorar estas fechas como herencia de dicha historia; y esta es la cultura maya, y el manuscrito Popol Vuh.
La palabra Popol Vuh, viene de la lengua maya, que significa “libro de la comunidad o del consejo”, siendo un libro o manuscrito que tiene la recopilación de historias legendarias del pueblo maya, considera el origen del mundo y la civilización, se cree que data del siglo XVIII (alrededor del año 1550), traducida la primer versión al español alrededor de 1668 por Fray Francisco Ximénez, y siendo terminada su versión revisada en el año 1772, a partir de esta fue traducida en múltiples ocasiones en distintos idiomas y países. En la primera parte de este escrito que contiene la herencia maya, se describe como: “… al inicio de los tiempos no existía ningún ser vivo, siendo el creador (Dios) quien decide plagar el mundo y dar vida a todos los seres”. (Popol Vuh, 2002)
En la segunda parte de dicho manuscrito, se cuenta la historia de los dioses gemelos Hunahpú e Ixbalanqué, y el juego de pelota maya, quienes despiertan y molestan a los llamados Señores de Xibalba con el ruido de su juego, siendo por ello llamados y retados a jugar con estos dioses en Xibalba.
La palabra Xibalba proviene de la lengua maya, que en su traducción significaría “Lugar Oculto”, siendo así en la mitología maya el nombre designado al inframundo; este mundo subterráneo gobernado por 2 de las 12 divinidades de carácter maligno, Hun-Camé y Vucub-Camé, quienes representan la enfermedad y la muerte.
En la historia los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué son llamados a Xibalba para ser engañados por los Señores del lugar y poder así darles muerte, ya que el camino al inframundo en este manuscrito pasa por “varias pruebas, y lugares de tormento y castigo”, se describe como: “un descenso por escalaras muy inclinadas, pasando entre varios ríos y barrancas, donde los Señores de Xibalba pensaban que debían ser destruidos; llegando así a una encrucijada de 4 caminos”. (Popol Vuh, 2002)
Todos aseguraban la muerte según los Señores del Inframundo, aunque uno de los caminos los llevaba directamente a una trampa donde efectivamente se encontraban estas divinidades, así cuenta la historia que Hunahpú e Ixbalanqué pasaron varias pruebas que debían asegurar su muerte, sin embargo siempre salían victoriosos. Al final, los dioses gemelos logran engañar a los Señores del Inframundo, pues en una de las pruebas Hunahpú es decapitado, a lo cual Ixbalanqué vuelve a colocarle la cabeza y lo regresa a la vida,  situación que les parece divertida e interesante a las divinidades del Inframundo, ya que ellos al gobernar el mismo no conocían la muerte, así ordenan a los gemelos decapitarlos y devolverlos a la vida, a lo que los hermanos acceden pero sin regresarlos como habían acordado, dándoles así muerte a los Señores del Inframundo; al final de este pasaje los dioses gemelos suben al cielo convirtiéndose en el Sol y Luna. (Popol Vuh, 2002)
El retomar aquí parte de la historia del Popol Vuh, es más que un simple afán mío por incluir datos históricos, retomar parte de nuestra cultura o sin sentido complicar el entendimiento de este análisis haciéndolo árido; ya que a pesar de haber transcurrido alrededor de 460 años de la creación de esta obra o manuscrito, es una leyenda que aún tiene cabida el día de hoy en las diferentes celebraciones que se realizan a lo largo del país, pero en especial en aquellos estados, donde se cuenta con ciertas raíces y herencia de la historia Maya. Tal es el caso de los estados de Quintana Roo, Yucatán, Campeche o incluso Ciudad de México, en los cuales se hacen representaciones de aquel inicio de la vida y aquella historia del viaje por Xibalba donde mueren los Señores del Inframundo.
Evidentemente esta celebración o tradición que es algo que cada año festejamos, tiene raíces muchos más profundas, y si bien es cierto que no solo México lleva a cabo esta celebración, puesto que hay otros países en el mundo que festejan a la muerte, como lo son El Salvador, Guatemala, Haití, Perú o Filipinas, algunos de los cuales cabe mencionar comparten aquellas raíces de la cultura Maya, sin olvidar a los países extranjeros con sus propias ideologías u orígenes que hacen referencia a esta fecha como Halloween, y la cual a pesar de estar fundada en un origen o preceptos diferentes comparte cierta similitud con nuestras tradiciones más conservadoras o prehispánicas; es importante por lo anterior destacar las diferencias entre las mismas celebraciones y aquella peculiaridad que caracteriza también este festejo en México, como es aquel humor, en son incluso un tanto burlesco combinado con aquel sentimiento de respecto y temor por la figura de la muerte.
Y es que mientras en países sudamericanos como El Salvador, el festejo está caracterizado por disfrazarse en especial de la leyenda que ellos llamaran la siguanaba, la cual tiene su correspondencia con la catrina mexicana o leyendas como la ixtabai o la llorona, entre otras; como recordaremos en la historia fue “mujer muy guapa que consiguió ser reina después de casarse con el hijo de Tláloc. Lo engañó y tuvo un hijo fuera del matrimonio. Cuando Tláloc se enteró, maldijo a la Siguanaba y la condenó a lucir hermosa de lejos para que cuando se le acercaran sus amantes, cambiara a un aspecto horroroso. Ella se aparece por lo regular por las noches a borrachos que van de regreso a casa para perderlos y se le escucha llorar por su hijo” (Click, 2016).
Incluso en países con quienes se comparte un lazo cultural mucho más fuerte, como Guatemala, las celebraciones de este día suelen discrepar en gran medida, ya que si bien celebran a los difuntos, como su principal actividad vuelan barriletes gigantes al cielo, algunos incluso con “telegramas o mensajes”, ya que dicha actividad simboliza la conexión que tienen con los muertos.
Por otra parte países como Filipinas si bien tienen similitud con México al visitar las tumbas de sus muertos y festejar con mucho humor y diversión, discrepan completamente de las tradiciones o actitudes de “respeto” por sus muertos, ya que dentro de sus actividades realizan partidas de póker, llevan música, alcohol e incluso armas a los cementerios, donde van todos los familiares de los fallecidos, situaciones que se han vuelto un tanto problemáticas para el país.
Por su parte países como Haití tienen una mayor similitud a nuestras costumbres, ya que visitan los cementerios para celebrar los espíritus de la muerte, incluyendo en sus decoraciones flores en las tumbas, así como comida para los difuntos, pero por otra parte tienen rituales como sacrificios y posesiones espirituales.
Como es evidente en los ejemplos anteriores, los cuales son considerados para ilustrar las propias no solo diferencias sino características de cada región o país, México pareciera tener también una muy peculiar forma de celebrar dichas fechas, dentro de las cuales se encuentran en primer lugar la idea de que es en estas fechas cuando las almas de los seres fallecidos vienen a convivir nuevamente con la familia, por lo que para recibirlos se prepara una ofrenda o altar el cual lleva desde platillos y bebidas que disfrutaba el difunto, como artículos que según las tradiciones prehispánicas facilitan la transición entre este mundo y el otro, como son el agua, la sal, las velas, las flores de cempasúchil, siendo estos los más característicos; así también se realizan visitas a los cementerios, las cuales en muchas regiones del país permanecen en vela durante la noche, y se observan desde múltiples accesorios, decoraciones y disfraces de calaveras o cráneos, vestidos de catrinas, conmemorando así a dicha deidad o divinidad, la cual cabría considerar desde una visión más primitiva como una figura neutra, ya que para los prehispánicos la muerte forma parte del ciclo de la vida, y en algunas culturas lleva implícito un renacer. Sin embargo pareciera tener más bien depositada una doble catexia, puesto que mientras por un lado se le conmemora y ofrece una celebración con un sentido de respeto, por el otro se le burla, como en un mecanismo de formación reactiva, intentado quizás negar así aquel miedo o terror de esa “sentencia” predispuesta o preestablecida del tiempo que todos tenemos contado en este mundo, o reafirmando en un intento de tener el control de la situación, de “nuestro destino o propia vida”, aquel narcisismo y por ende omnipotencia en donde cada uno pudiese burlar su propia muerte o propio momento de partida.
Es que bien ya mencionaba Freud en su escrito “Lo Ominoso” (1919): “A muchos seres humanos les parece ominoso en grado supremo lo que se relaciona de manera íntima con la muerte, con cadáveres y con el retorno de los muertos, con espíritus y aparecidos”.
“(…) Difícilmente habrá otro ámbito en que nuestro pensar y sentir hayan variado tan poco desde las épocas primordiales, y en que lo antiguo se haya conservado tan bien bajo una delgada cubierta, como en el de nuestra relación con la muerte”. (Freud, 1919).
Ahora bien, ¿Cómo esta situación que aparentemente causa dicha sensación de terror o miedo, que remueve lazos o vínculos con etapas más primitivas, desconocidas en apariencia o bien pulsiones o deseos reprimidos, es una de las más grandes y características celebraciones anuales en el país? Sería fácil considerar un desasimiento, desvinculación y por ende una disminución en los individuos que participan de esta celebración, sin embargo a través de los años se continua observando que por el contrario es una tradición que no ha disminuido su festejo, y que aún se continua heredando en las familias mexicanas, generación tras generación, incluso teniendo como su competencia más actual en un mundo globalizado al llamado Halloween.
Quizás es esta herencia uno de los aspectos nodulares que respondería las preguntas o dudas planteadas, puesto que consideramos que toda tradición conlleva una ligazón de vínculo con la institución de la familia, y pensándolo incluso más allá en un país como México donde se le tiene especial consideración y estatus a la figura Matriarcal, esta misma tradición tendría una catexis mucho más fuerte, ya que se podría considerar que simboliza o representa parte de los contenidos “buenos” con los que la madre nutre al individuo, y por ende quizás el lazo afectivo que ancla dicha celebración al recuerdo o cercanía con la Madre.
Cabría también considerar, el influjo del peso que existe en tradiciones pasadas o aprendidas generacionalmente de un posible inconsciente colectivo como mencionara Jung, pues si bien es cierto que aquellas ligazones o representaciones que existen en estos contenidos relacionados con instituciones como la familia y la madre, representan para cada individuo algo diferente de acuerdo a su propio inconsciente personal, las mismas tradiciones llevan una carga ancestral, tanto familiar como social, se podría decir universal, la cual se ha ido acrecentando a lo largo de los años.
Jung habla sobre esta consideración del inconsciente colectivo en su libro “Arquetipos e Inconsciente Colectivo” (1970): “Un estrato en cierta medida superficial de lo inconsciente es, sin duda, personal. Lo llamamos inconsciente personal. Pero ese estrato descansa sobre otro más profundo que no se origina en la experiencia y adquisición personal, sino que es innato: lo llamado inconsciente colectivo (…) Este inconsciente no es de naturaleza individual sino universal, es decir, que en contraste con la psique individual tienen contenidos y modos de comportamiento que son los mismos en todas partes y en todos los individuos”.
“(…) los contenidos inconscientes colectivos son tipos arcaicos o primitivos, transformados en fórmulas conscientes, que son transmitidas por la tradición. Algunas expresiones muy conocidas de los arquetipos es el mito y la leyenda, siendo formas específicamente configuradas que se han transmitido a través de largos lapsos”. (Jung, 1970)
Finalmente Jung termina mencionando que “si bien el ello es la psique instintiva, el superyó designa la conciencia colectiva”, puesto que como sabemos esta instancia se termina formando de los pensamientos o normas sociales, culturales y éticos, la moralidad, así como aquellos ideales, y aquellas introyecciones de las primeras figuras.
Ahora bien retomando la línea de las celebraciones que se realizan en especial en aquellos estados donde se cuenta con ciertas raíces y herencia de la historia Maya, me gustaría destacar dos de las representaciones que se llevan a cabo año con año sobre aquella leyenda del Juego de Vida y Muerte inspirado en el Popol Vuh, pues encuentro interesante el constante retorno de los asistentes a dichas representaciones, estas son: “El Festival de Tradiciones de Vida y Muerte” del Parque Xcaret en Cancún, y el espectáculo “Noches Mágicas” que se realiza en Teotihuacán sobre el México Prehispánico. Y es que cabe mencionar que en ambos eventos se escenifica la leyenda de Hunahpú e Ixbalanqué con los llamados Señores de Xibalba.
Ambos eventos se podrían considerar de los más destacados y con mayor número de asistentes, pues únicamente habría que tomar en consideración que solo este año 2016 se tuvo un registro o asistencia de aproximadamente 51,000 personas al Festival de Xcaret, los cuales no solo contemplan quintanarroenses, sino público de todos los estados de la república y extranjeros que año con año se preparan desde meses antes (Mayo-Agosto) para viajar y darse cita puntual los días del Festival. El cual entre sus múltiples actividades y representaciones, destacan 3 que se han vuelto tradiciones imperdibles: La representación México Espectacular, que muestra el desarrollo de nuestro país desde la época prehispánica, hasta la actualidad, pasando por la conquista, la independencia y la revolución; el característico Juego de Pelota Maya: Juego de la Vida y la Muerte; y el recorrido guiado, Un viaje por Xibalba. Siendo estas las más esperadas o de mayor asistencia, dentro del gran grupo de actividades.
Aquí sería importante profundizar o indagar en por qué estas representaciones que se relacionan con aquel misticismo (ominoso), con el terreno de lo inconsciente (personal y colectivo), con aquellas pulsiones o deseos aparentemente de muerte o agresividad, son no solo las más esperadas sino visitadas, incluso por aquellos asistentes anuales al Festival, pues pareciera un constatar o revivenciar aquella historia universal.
Y es que no solo estas representaciones sino también el Festival mismo, pudieran dar la oportunidad a los asistentes de tomar nuevamente contacto con aquel Ello que no solo guarda esas pulsiones inconscientes, sino que como sabemos no se rige por una norma o regla, sino que es ilógico y atemporal, pudiendo crear un imaginario donde no solo es permitido descargar o depositar aquellas ideas, visiones (“apariciones”) o formaciones sean agresivas, libidinales, sin sentido, perversas, etc., sino que también dualmente permitirá el contacto y acercamiento con aquellas pulsiones e imagos, puestos que como se menciona en un lugar anterior en el presente trabajo, dicha celebración tiene una importante cantidad de energía ligada tanto a vivencias personales como universales. De esta forma este imaginario pudiese ser utilizado como espacio para reestructurar o repetir determinados conflictos, o incluso para adquirir una cosmovisión o aceptación de este proceso, pensando así en aquella idea coloquial que da posibilidad a reunirse con los seres fallecidos en estas fechas.
Con lo anterior habría que considerar estar “frente a frente a la pulsión de muerte” pero que en este caso y apoyándose también en la comprensión de la muerte de las culturas prehispánicas puede estar también en favor de la vida, ya que como mencionara Nasio en su libro “El dolor de Amar” (2007): “(…) En efecto, postulamos que la pulsión de muerte es esa fuerza interior que tiende a desembarazarnos de todos los obstáculos que se opongan al movimiento de la vida. La pulsión de muerte conserva la vida”.
Desde esta concepción y como lo mencionan los escritos y representaciones prehispánicas, la muerte, que se pudiese ver como ese viaje a Xibalba, y que en psicoanálisis pudiese representar aquella ida y conocimiento del inconsciente que se juega en el consultorio, no es más que un proceso para renacer, en favor de la vida.
 
Bibliografía.

 
Imagen: Popol Vuh, Xilbaba
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