Por: Lilia Maldonado

“En la memoria nos veneramos —y a veces nos maltratamos— a nosotros mismos. Con la memoria emparchamos el desgarrón perpetuo de nuestra identidad; nos ponemos a salvo del verdadero saber: el de que no somos uno sino muchos: una dispersa multitud de ausentes” (Braunstein,2008 p.15). Esta cita convoca a pensar sobre el enigma al que es arrojado el ser humano desde su origen, en donde siempre hay otro, otros. Con los otros, estando en comunidad, así comenzamos a humanizarnos a partir de ese primer encuentro con otro, si bien nos antecede la cultura y el registro de lo simbólico representando por el lenguaje como diría Lacan, ¿Qué nos humaniza? ¿Desde donde habitamos los lugares?

Estas preguntas, no solo apuntan a aquello que hace posible la constitución del aparato psíquico, importante y vital paso en el proceso de humanización del cachorro humano y nacimiento del yo, sino que además da sentido y va forjando al sujeto historiador de su propio origen.

Sabemos que la prehistoria e historia de un sujeto, de una nación y su cultura son invaluables en el entendimiento de su presente y de sus formas de relación, que impactan de forma directa en sus vínculos y la posición que toma frente a su vida. Lo que da sentido al presente escrito, desde donde se pretende abrir líneas de pensamiento y reflexión sobre la memoria de los orígenes matizada de mito, de ficción con implicaciones en la subjetividad y en el devenir del sujeto social. Estas reflexiones también intentan dar sentido a la posibilidad que el psicoanálisis mismo tiene como dispositivo y lugar de reflexión, de cuestionamiento, desde donde el sujeto puede reconocerse en un tiempo presente desde su verdad y así construirse, resignificarse, humanizarse.

Hablar de lo humano, nos lleva a evocar aquello que, en la interpretación de los sueños en 1900 Freud planteo en su primera tópica. En donde hace alusión al esquema de funcionamiento del aparato psíquico. El organismo vivo, por medio de la percepción de los sentidos, a partir del encuentro con otro (la función materna) va dejando registro de esas experiencias, lo que Freud nombró “huella mnémica”, cuya función es la memoria, misma que se enraíza en nuestros recuerdos, incluso aquellos más profundos que guardan contenidos inconscientes y que se asocian al deseo.

Como vemos la memoria es fundante del deseo, del origen del sujeto y podríamos decir que, del psicoanálisis. Ya que Freud (1893) en sus primeros trabajos y estudios sobre la histeria señaló, que el recuerdo, a partir de un evento traumático se mantiene ausente de la memoria, por lo que “el histérico padece por la mayor parte de reminiscencias” (Freud, 2000, p 33)

Si bien para Freud en sus inicios, la teoría de la seducción vinculado al trauma y memoria inconsciente, fue medular para pensar la histeria, en 1897 en la Carta 69 a Fliess añade: “Ya no creo más en mi neurótica” (Freud, 2000, p 301), dándole así lugar a la fantasía, crucial e importante paso en el psicoanálisis y por ende en los enigmas sobre la construcción de la historia que cada sujeto va tejiendo sobre sí.

Historia que se apuntala en la represión que esconde los testimonios anímicos más tempranos y que en la histeria particularmente el cuerpo es tomado como vía de expresión para hacerse escuchar en aquello que quedo enmudecido, “olvidado” en la historia del sujeto.

Entonces, podríamos enunciar, que la historia se va anudando en complicidad con el origen y este tiene un contenido mítico, el mito del griego mythos, significa cuento o relato, es parte de las creencias de una cultura, intenta dar sentido a ciertos fenómenos o hechos que se presentan. Para el psicoanálisis los mitos han sido de crucial importancia ya que han contribuido a argumentar, ampliar ciertas formaciones de lo inconsciente para ponerlas sobre la mesa para su análisis y discusión.

Del mismo modo el mito, permite abrir posibilidades para entender una cultura, reconstruir su historia, para pensar sus formas de relación, para reflexionar sobre las estructuras de poder y las formas de parentesco, para indagar las formas en que determinado grupo, sociedad o cultura asume una religión, es decir el mito juega un papel importante tanto en la colectividad como en la subjetividad.

Eliade en su texto lo sagrado y lo profano menciona que el mito “relata una historia sagrada, es decir, un acontecimiento primordial que tuvo lugar en el comienzo del tiempo” …. “Más relatar una historia sagrada equivale a revelar un misterio”, … “Una vez “dicho”, es decir, “revelado”, el mito pasa a ser verdad”. (1981 p. 51)

En ese sentido, los mitos fundamentan muchas de las formas de conducirse en determinadas culturas, sociedades y desde la singularidad de los sujetos, al asumir ciertas creencias, ideales, rituales que en muchas ocasiones no son cuestionadas por quienes las profesan, sino que derivan en verdades- dogmas, con motivos suficientes para creer, sostener y practicarlos desde esa lógica de pensamiento.

Entonces el sujeto es creador del mito sobre su origen, es decir de su propia historia o como Freud lo señalaba novela su origen, por medio de la actividad fantaseadora infantil, recurso anímico desde el cual va tejiendo su propia ficción, en algunos casos montada en verdades de otros, o bien desde aquellos huecos que le habitan, en donde no alcanzan a formularse preguntas, desde donde no hay palabras y en donde parece que el recuerdo fue abatido, secuestrado o quizá sepultado, pero no olvidado. Entonces, el sujeto se verá en la necesidad de taponear esos enigmas, huecos, con creencias, verdades y palabras ajenas que en muchas ocasiones terminan siendo dogmas desde donde se construye una verdad o un saber inamovible sobre sí, que desde su entender le hace ser, aunque tienda para sí mismo una trampa, desde donde termina pagando un precio cimentado en su mal-estar, pero desde donde se hace escuchar.

Así podríamos decir que el sujeto deambula en un camino con fisuras, bordes, marcas, tomado de palabras de otros, de recuerdos encubridores que nublan la verdad, como señalaba Freud en 1901, los recuerdos encubridores “deben su conservación, no a su contenido propio, sino a un vínculo asociativo de su contenido con otro, reprimido” (2000 p, 48) ¿porque el sujeto se oculta? ¿Porque es persistente en desconocer su verdad?

En 1910, Freud habló sobre la verdad histórica, siendo esta una de las aspiraciones del psicoanálisis, ahí señala: “No es indiferente lo que un hombre crea recordar de su infancia; por lo común, tras los restos mnémicos no bien comprendidos por el mismo, se esconden inestimables testimonios de los rasgos más significativos de su desarrollo anímico” (Freud, 200 p. 79)

Pero es justo la verdad histórica, aquella a la que el sujeto no tiene acceso y entonces habita en un tiempo pasado que no deja pasar y que le arrebata su presente, haciendo que el porvenir, el futuro se le vaya de las manos. ¿Cómo vivir el presente acechado por el pasado? En donde la realidad se altera, se confunde, la desmemoria arrebata la posibilidad de pensar y entonces estamos hablando de eso a lo que Rene Kaes (1996) se refería como lo impensable, emociones que quedan ligadas al vacío, a lo concreto. Pensaríamos que esta condición deja al sujeto en algunas ocasiones pasmado, inmovilizado paradójicamente alerta pero ausente, sin poder establecer algún código que comparta con los otros, su comunidad. En donde el sujeto se toma de ficciones, ilusiones, mismas que están cimentadas en terrenos muy blandos y por ende poco sostenibles que apuntan a distorsionar la verdad y a evadir un presente y futuro posible.

Es evidente que no podemos hablar de historia sin incluir a la prehistoria del sujeto, Freud en su trabajo Tótem y tabú (1913), hizo referencia a la transmisión de contenidos a lo largo de la historia de la humanidad, refiriéndose a la prehistoria para hacer alusión a las huellas mnémicas en relación con las generaciones que antecedieron y sus objetos perdidos, es decir los significantes congelados, enigmáticos, que son transmitidos de generación en generación y que en muchas ocasiones no cesan de ser repetidos al encontrarse albergados en lo inconsciente. En ese sentido reitera la importancia de “conocer el grado de continuidad psíquica que se puede suponer en la serie de las generaciones y los medios y caminos de que se vale una generación para trasferir a la que sigue sus estados psíquicos” …ya que… “ninguna generación es capaz de ocultar a la que le sigue sus procesos anímicos de mayor sustantividad” (2001, p 159,160).

Como vemos, los significantes enigmáticos, atraviesan el tiempo, albergándose en los linajes, en las generaciones, sus miembros son portavoces paradójicamente de lo enmudecido, acallado a través del tiempo, de las desgracias de otros, rupturas, abandonos, traiciones, abusos, violencias, suicidios, desfalcos, desilusiones, duelos, ausencias, traumatismos que no fueron elaborados. Estos hechos que son ignorados, pueden estar cargados de culpa, vergüenza por quienes fueron vividos, por lo que son silenciados, pero sus fuertes montos de afecto les hace perdurar a lo largo del tiempo, ya que no cesan de pronunciarse para hacerse escuchar y lograr inscribirse.

Al respecto Braunstein señala:

A esta inevitable ignorancia corresponde un concepto freudiano: represión originaria. Es “olvido” nuclear de algo que nunca fue consciente, algo de lo que nunca se tuvo memoria, pues estuvo desde un principio alojado en el inconsciente del otro y por eso es secreto para el sujeto. Esta falta originaria e incolmable en el saber hace posible a la memoria, pues toda reminiscencia viene a alojarse en el espacio que quedó abierto por la represión primaria. (2008, p 28)

Así el precio a pagar en algunos casos, ante la ignorancia, es la condena a la repetición ritualizada, en donde como Freud lo señalo en recordar, repetir y reelaborar (1914), el recuerdo será sustituido por el actuar como una vía para acceder a rememorar y así elaborar.

Aquí cobra sentido el testimonio de las fallas que porta la condición humana, pero a la vez se constata la herencia de lo familiar en lo que se transmite, en donde la consanguineidad, prejuicio al que muchos se han condenado pasa a ser solo un mito más para no dar lugar a los efectos en el psiquismo de los significantes enigmáticos por los que estamos atravesados. En ese sentido Freud (1910) equiparó las vivencias y desfiguraciones que los pueblos construyen a los recuerdos o fantasía de infancia, agregando: “si los procesos psíquicos no se continuaran de una generación a la siguiente, si cada quien debiera adquirir de nuevo toda su postura frente a la vida, no existiría en ese ámbito ningún progreso y desarrollo alguno” (2000, p. 159).

Tisseron (1997) nos dice, que el individuo es un grupo interiorizado, cuya psique está sometida a la prueba de las generaciones, por lo que las generaciones son portadoras de sus propios fantasmas. Las aportaciones de Rene Kaes, también han hecho eco en la transmisión de contenidos al hacer referencia a los “pactos de negación”, los define como:

La formación intermediaria genérica que, en los vínculos ya sea de una pareja, un grupo, una familia o una institución, condena al destino de la represión, la negación, la renegación” … “que mantiene lo irrepresentado y lo imperceptible, hecho que vendría a poner en cuestión la formación y el mantenimiento de ese vínculo y de esas cargas de las que es objeto. (Kaes, R. 1989, p.51) entonces el pacto es la reduplicación del silencio, de lo inconsciente.

La transmisión generacional está implicada en los pueblos y en la subjetividad, ambos guardan nexos importantes a partir de su prehistoria, historia y origen mítico. Además, las posibilidades para hacerse de una historia comprometen una diversidad de circunstancias, insertas en la cultura y época a la que el sujeto pertenece, en ese sentido los acontecimientos de la dimensión social y por ende la memoria colectiva, inciden en la subjetividad, aspectos que no podemos omitir en la escucha analítica.

El concepto de memoria colectiva fue considerado en el siglo XX por la sociología, desde donde los actores sociales para dar lugar a la memoria requieren de ceremonias, monumentos, dispositivos públicos, instituciones y una diversidad de recursos.

De acuerdo a Makosky (2002), cuando la memoria se desplaza hacia la esfera pública, cuando su carácter implica lo social puede generar un trabajo de recodificación de lo acontecido en aras de apuntar a democratizar y hacer valer los derechos humanos.

En efecto, los actos públicos que rememoran fechas significativas, aniversarios, pueden ser la posibilidad para reactivar no solo experiencias pasadas, sino nuevas formas de significación, al respecto Jelin menciona:

Las fechas y los aniversarios son coyunturas de activación de la memoria. La esfera pública es ocupada por la conmemoración, con manifestaciones explícitas compartidas y con confrontaciones.

En términos personales y de la subjetividad, son momentos en que el trabajo de la memoria es arduo para todos, para los distintos bandos, para viejos y jóvenes, con experiencias vividas muy diversas. Los hechos se reordenan, se desordenan esquemas existentes, aparecen las voces de nuevas y viejas generaciones que preguntan, relatan, crean espacios intersubjetivos, comparten claves de lo vivido, lo escuchado o lo omitido…cuando las memorias de diferentes actores sociales se actualizan y se vuelven presente. (2002, p. 53)

Así podríamos decir que la humanidad a lo largo de la historia ha perseverado por dejar registro de lo acontecido, esto lo podemos ver en distintas formas de expresión, en el arte rupestre, los antiguos manuscritos, monumentos emblemáticos, museos y que decir de las acciones sociales, desde ellas se insiste en dar lugar a la memoria. En este país, son diversas las manifestaciones que apuntan a ese sentido, como el 2 de octubre, que decir de las acciones sociales año con año por los 43 de Ayotzinapa y todos los desaparecidos de este país, por los feminicidios, por los ausentes en las celebraciones de muertos, entre otras. Así las calles son tomadas para dar lugar a la memoria colectiva y así escuchamos como las calles gritan en este país, dejando el eco de los que estamos, los que se han ido e incidiendo en los que vendrán.

El trabajo de la memoria es arduo y complejo, implica esfuerzos anímicos importantes que puedan ir situando al sujeto en un lugar y espacio distinto, sin dejar de lado la influencia de los eventos que siguen en el curso de la vida tanto subjetiva, como colectiva; por lo tanto, implica pensar, cuestionarse. Sin embargo, los escenarios actuales con sus múltiples distractores convocan a los sujetos a desentenderse de sí y con ello evitar la fuerte confrontación que implica pensarse.

Como mejor ejemplo, tenemos el discurso del saber o dogma, del que se ha venido hablando en el presente escrito, y aquí cabria la pregunta ¿desde donde habla el sujeto ante su desconocimiento? Entonces es oportuno parafrasear a Lacan, el sujeto es hablado antes que hablante y esto lo podemos constatar también desde el nombre, ya que del mismo modo es nombrado. Entonces lo hace desde las verdades de otros; podríamos decir, que intenta ser en y desde un guion que repite con palabras ajenas, pero paradójicamente familiares.

Dogmas, certezas, que si bien atraviesan la singularidad hacen sentido en la colectividad y que los vemos por doquier, en algunos casos son adoptados por diversas disciplinas como ansiolíticos frente a las angustias de la incertidumbre. O bien para algunos la masa tecnológica puede seducirles hasta arrojarles a sustituir la vida terrenal por las ilusiones que ahí se ofrecen, todos estos paliativos para el sufrimiento, formas que orillan a los sujetos a perder la cordura, ya lo decía Lacan respecto al discurso de la certeza, es decir la locura, al psicótico le llega la respuesta antes que la pregunta.

Y si pareciera que las preguntas se extinguen en esta sociedad de consumo, que intenta dar certezas, de repetición de teorías de saberes, de ideales que apuestan más por la voracidad de tener, que por la intención de ver-se para construirse y así seguir siendo. Como podemos ver en lo subjetivo y lo colectivo el sujeto puede atraparse en la repetición mimetizada de los discursos de otros. Aquí vemos como se entrecruza la prehistoria, historia en la subjetividad y en la colectividad.

La ingenuidad de los sujetos les arrastra al terreno de las ilusiones, estas pueden ofrecer lugares aparentemente “seguros”, “cómodos” en donde lo ajeno no confronte la existencia. Puget señalaba al respecto:

En su soledad y en sus vínculos el sujeto sostiene ilusoriamente una exigencia de certeza, de verdad y de saber qué hace posible soportar las alternativas de la vida diaria. Dispone para ello de varios reaseguros tales como pensarse sobre bases instituidas, conocidas, para lo cual la memoria inconsciente y consciente provee ciertos instrumentos. (2002, p136)

El mismo Freud, hizo alusión a esto en el Porvenir de una Ilusión (1927):

Los seres humanos vivencian su presente como con ingenuidad, sin poder apreciar sus contenidos; primero deberían tomar distancia respecto de él, vale decir que el presente tiene que devenir pasado si es que han de obtenerse de él unos puntos de apoyo para formular juicios sobre las cosas venideras. (2001, p 5), mientras menos sepa uno sobre el pasado y el presente, tanto más incierto será el juicio que pronuncie sobre el porvenir.

¿Qué podemos hacer frente a estos escenarios, basta con estar advertidos de que existen?, quizá abonaríamos algo sino caemos en las trampas del saber, de las verdades instituidas, si seguimos atreviéndonos a dar lugar a la incertidumbre, a que la vida es imprevisible, a darle lugar a los otros, al dolor humano. Y si cualquier ser humano tiene derecho a no querer saber de sí mismo, pero si las cosas toman otro curso como menciona Salamonovitz “y si acaso emergemos del dolor con un terrible grito y si tenemos la suerte de encontrar a otro que soporte escucharnos y pueda reconocernos en su sufrimiento, entonces, quizás, solo quizás, podamos reconstruir los puentes de la palabra” (2017, p. 66)

Los puentes de la palabra y de lo acontecido, no solo de lo vivido, apuesta del psicoanálisis que siempre se torna subversivo, que da lugar a la singularidad a partir de su escucha, al cuestionamiento, para develar los orígenes míticos, para no embarcarse en el terreno de la ilusión, para no deslindarse de la responsabilidad, para dejar de estar cada día menos ciegos, menos sordos y menos mudos, para no dar la espalda a la verdad, para pensar otras formas de estar en el mundo.

“El análisis no puede tener otra meta que el advenimiento de una palabra verdadera y la realización por el sujeto de su historia en su relación con un futuro” (Lacan 2002, p. 290).

Hablar del futuro se pensaría es un derecho humano, sin embargo, existen diversas circunstancias que lo trastocan, lo hacen inalcanzable para muchos, imposible inclusive de pensarse para otros, dirigirse al futuro y resignificarle implica acceder al deseo, y para ello es imprescindible adentrarse en el tiempo pasado para mirarse en el presente, que no es más que el reconocimiento de lo pasado para crear un posible futuro.

Así la resignificación es saber que el tiempo existe en el presente, que el tiempo fluye, el sujeto de la verdad es el sujeto del tiempo. Así el tiempo, la verdad, el reconocimiento de lo pasado en el presente, será un punto subjetivante que lleve a los cauces de un futuro posible, ahí donde el sujeto resignifique su existencia.

Podríamos decir que el psicoanálisis es un acercamiento al que soy, y en ese sentido complejiza constantemente al sujeto por los efectos de las historias que se reorganizan constantemente, ya que somos a partir de las circunstancias actuales, desde donde podemos seguirnos cuestionando en el mejor de los casos ¿Por qué estamos dónde estamos? Luego entonces podríamos establecer el siguiente planteamiento, para ser he de seguir siendo, porque estamos en contante construcción y no solos, siempre somos con los otros; o como menciona Carlos Fernández somos yo-otro. Me parece oportuno hacer mención de aquello planteado por Freud (1913) cuando cita a Goethe, “lo que has heredado de tus padres adquiérelo para poseerlo” (2000 p159) Entonces quizá con persistencia, empeño, dedicación y un arduo trabajo podamos no solo ser hablados y nombrados, sino apropiarnos de ello, ya lo decía el poeta: “caminante no hay camino se hace camino al andar”[1].

Bibliografía

  • Braunstein, (2008). La memoria, la inventora. Siglo XXI. Buenos Aires.
  • Eliade M. (1981) Lo sagrado y lo profano, México: Guadarrama
  • Fernández Gaos C y Salamonovitz A (2012) ¿Porque un psicoanálisis? México. Circulo Psicoanalítico. México.
  • Fernández Gaos Carlos. (2009) Resonancias del silencio, Circulo Psicoanalítico Mexicano.
  • Freud S. (1897). Carta 69. Obras Completas (Vol. I). Amorrortu Buenos Aires.
  • Freud S. (1900). La interpretación de los sueños. Obras Completas (Vol. V). Amorrortu Buenos Aires.
  • Freud S. (1901). Psicopatología de la vida cotidiana. Obras Completas (Vol. VI). Amorrortu Buenos Aires.
  • Freud S. (1909). La novela familiar del neurótico. Obras Completas (Vol. XXI). Amorrortu Buenos Aires.
  • Freud S. (1910) Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci. Obras Completas (Vol. XI). Amorrortu Buenos Aires.
  • Freud S. (1913). Tótem y tabú. Obras Completas (Vol. XIII). Amorrortu Buenos Aires.
  • Freud S. (1914). Recordar, repetir y reelaborar. Obras Completas (Vol. XII). Amorrortu Buenos Aires.
  • Freud S. (1927). El porvenir de una ilusión. Obras Completas (Vol. XXI). Amorrortu Buenos Aires.
  • Freud S. (1893) Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos: comunicación preliminar. Obras Completas (Vol. II) Amorrortu Buenos Aires.
  • Jelin E (2002) Los trabajos de la memoria. Siglo XXI 2002
  • Kaes, R. et al (1989) La institución y las instituciones Paidós.
  • Kaës,R; et al (1996) “Transmisión de la vida Psíquica entre generaciones”, Amorrortu Editores.
  • Lacan, J. (2002) Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. Escritos 1. Siglo XXI. Argentina
  • Makowsky S. (2002) Entre la bruma de la memoria, trauma, sujeto y narración. Revista Perfiles Latinoamericanos. pp. 143-157
  • Puget, J. Qué difícil es pensar la incertidumbre y perplejidad. Psicoanálisis revista editada por la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires. Vol. XXIV/2002-1/2 Dolor social, alteridad, dolor, identificación. p.p. 129-145.
  • Salamonovitz A. (2017) Después del silencio, la palabra. México. El Colegio de Morelos.
  • Tisseron, S. y Nachin (1997). El psiquismo ante la prueba de las generaciones. Amorrortu Editores.
  • Imagen: Pexels/ Toshihiko Tanaka

 

[1] Poema de Antonio Machado.