my-kittens-1-1188690Por: Antonio Galván
“Sé que hay algo obscuro dentro de mí y lo oculto. Desde luego no hablo de ello pero está ahí, este pasajero obscuro. Y cuando está conduciendo, me siento vivo, un poco mareado por la estimulación de hacer lo incorrecto. Y no lo combato, no quiero, él es todo lo que tengo. Nadie más podría amarme, ni siquiera… especialmente yo mismo.” (Dexter Morgan, Dexter)
La cita anterior fue utilizada por un paciente, que asegura tener un pasajero obscuro dentro de sí mismo y considera que esta es la mejor forma de explicarlo. Dicho personaje que el analizando relata, fue descrito como una presencia indeseada al inicio del tratamiento, pero pasado un tiempo, se refiere a éste como un compañero o un defensor que le salva de las situaciones dolorosas que la vida le presenta: “somos dos caras de una sola moneda, es una parte de mí”. Y me pregunto, ¿puede este pasajero obscuro fungir como una función defensiva “real”? Es importante recordar, en todo momento que lo expuesto en este trabajo fue producto de la observación en un solo paciente, y no me es posible por el momento de generalizar este fenómeno.
Para responder la duda postulada anteriormente, es necesario iniciar por comprender la naturaleza de este personaje dentro de la psique del paciente, esto se puede lograr mediante el entendimiento de ciertos factores del mismo. Entre los factores importantes a considerar son: ¿cuándo se manifiesta y de qué manera lo hace? Además de la relación del paciente con dicho pasajero obscuro. Dentro del pensamiento analítico se puede encontrar entre otras obras, la descripción hecha por Freud del fenómeno al cual llama el doble (Doppelgänger).
Freud, en su obra Lo siniestro de 1919, describe al doble como una ramificación de lo siniestro que tiene por característica ser algo que fue familiar a la vida psíquica y que sólo se tornó extraño por el proceso de represión, y que en un cierto punto lo oculto se manifiesta. De esta forma el doble, puede participar en lo que la persona sabe, piensa y experimenta, se pierde el domino del propio yo y el doble toma su lugar para poder realizar actividades que el yo de la persona no realizaría de forma común. Es así como el doble, obtiene por contenido “todas las aspiraciones del yo que no pudieron cumplirse a causa de adversas circunstancias exteriores” (Freud 1919). Considerando lo anterior, es de entender que el doble puede realizar aquellos deseos a los cuales el yo no ha renunciado y con ello, no entrar en conflicto al momento de cumplirlos. Sin embargo, el doble es considerado como algo siniestro, ya que a decir de Freud, éste sentimiento se produce cuando complejos infantiles reprimidos son reanimados, siendo esto causado por una impresión externa, o bien, cuando convicciones primitivas superadas parecen hallar una nueva convicción. Generando entonces que, lo que debió quedar oculto por el proceso de represión, se manifieste y genera la sensación de lo siniestro.
Con lo anterior, no es de extrañarnos que el doble sea vivido como un algo siniestro al ser la expresión de deseos y fantasías reprimidas por el yo.
Definido de esta forma el doble, la pregunta que continúa es, si es posible pensar al doble como una defensa. Debemos iniciar definiendo que es una defensa. Con el fin de entender si podemos incluir este rubro a lo que constituye al doble. Ana Freud es citada por Gabbard, y a su vez éste describe a las defensas como “todo aquello que da protección al yo ante las demandas del ello” (Gabbard, 2000). Con esto, si queremos considerar al doble como una defensa, debemos pensar que éste proporciona protección al yo ante demandas del ello que no pueden ser satisfechas de forma directa. Si nos atenemos a pensar que el doble le permite al yo expresar y realizar ciertos deseos evitando el conflicto interno, entonces es posible considerar al doble como una defensa ante las demandas del ello que buscan articular y actuar determinados impulsos, mismos que generan en el yo un conflicto. La consideración del doble como una defensa fue presentada por Otto Rank, en su obra titulada El doble. Rank es citado por Freud, y éste describe al doble como una “defensa primitiva en contra de la desestructuración del yo” (Rank, 1914). Con esto podemos afirmar que el doble sí funge una función defensiva para con el yo, el paciente menciona que “es como una armadura que me permite ser invulnerable”.
Hasta el momento se ha considerado que el doble está constituido por impulsos que fueron reprimidos y se manifestaron, a pesar de los esfuerzos del yo de mantenerlos ocultos, causando esto un sentimiento de lo siniestro. Junto con esto, el doble le proporciona la posibilidad al yo de expresar y actuar los impulsos puestos en el mismo, evitando el conflicto que puede derivar por la realización de éstos. De tal manera que se proporciona la posibilidad de pensar al doble como una defensa contra estos impulsos, la pregunta que continuaría en esta línea de pensamientos es ¿contra qué impulsos defiende el doble al yo?
Está claro que el doble no intenta reprimir las pulsiones, si no que intenta actuarlas, es por ello que su funcionamiento defensivo es en busca de no generar un malestar al yo por la actuación de las pulsiones. La culpa, puede ser uno de los contenidos de los cuales el doble defiende al yo, e intentando abogar ante el Superyó. Asimismo el doble le proporciona al yo un argumento al Superyó el cual podría enunciarse de forma común de la siguiente manera “no fui yo, fue el otro yo”, en otras palabras, el Superyó no puede juzgar al yo por las acciones tomadas por el doble ya que fue este quien lo actuó y no el yo perse. Además de lo anterior, la relación entre el doble y el Superyó se ve más estrecha cuando consideramos lo expuesto por Karen Horney, quien menciona que la falta de expresión del instinto de destrucción (el cual es un derivado del instinto de muerte), genera un malestar en la personas. Más aún, la energía que el Superyó utiliza para cumplir sus funciones viene de las agresiones que no se desahogan hacia el afuera, y que al expresarlas genera un descanso para los pacientes quienes reprimen dichas agresiones (Horney, 1939). Por lo anterior, es lógico considerar que el doble le muestra un camino de expresión a dichas agresiones, protegiendo al yo de la culpa y a su vez, diluyendo la energía que el Superyó utiliza para recriminar al yo por sus acciones. El expresar dichas agresiones permite a su vez que el yo no sea desestructurado por el monto de las mismas, ni por la culpa generada por el Superyó, así como Rank lo mencionaba.
A pesar de esta explicación, es necesario recordar que existen otras razones por las cuales el yo precisa del doble para defenderse, entre ellas los afectos asociados a diferentes impulsos, en este caso los agresivos. El paciente mencionado, hablaba de su “pasajero obscuro” como aquel que lidia con sus sentimientos negativos dirigidos al exterior, el doble se hacía presente cuando el mundo externo, le proporcionaba frustraciones y desilusiones, generando en él, los sentimientos de “dolor y odio”. Con esto podemos pensar que el doble, es la defensa contra estos sentimientos, actuando la agresión dirigida al mundo externo y permitiéndole a la persona no sentirse culpable de dichas actuaciones, y de paso responder la pregunta inicial que intenta entender cuándo emerge dicho “pasajero obscuro”. Es en esta forma, que el doble da una salida a estos sentimientos de dolor y odio, y lleva al acto la agresión que el sujeto se encuentra deseoso de expresar, el paciente lo enuncia de la siguiente manera “cuando el pasajero obscuro toma el control, me es más fácil odiar y alejarme del mundo”.
Ana Freud, se dedicó entre otras cosas a explicar las funciones defensivas del yo, entre las diferentes características que describe en dichos elementos se encuentra la siguiente cita (El yo) “… despliega una defensa no menos enérgica y activa contra los afectos asociados a aquellos instintos” (Freud, 1936), entre los afectos expuestos por la autora, se encuentran el odio y el dolor asociados a los impulsos agresivos, los cuales, como ya mencioné son los impulsos que el doble intenta expresar. Con esto tengo base para pensar que el doble es una defensa en contra de la culpa generada por dichos impulsos y al mismo tiempo un canal para que estos se lleven al acto, o bien, se expresen.
Para finalizar el doble puede cumplir otra función defensiva para con el sujeto, considerando su estrecha relación con los afectos asociados a dichos impulsos, el doble se manifiesta como una defensa en contra de la interacción de los afectos tanto en el mundo externo y el mundo interno. Fairbarn describe que entre los factores esquizoides de la personalidad podemos encontrar la Técnica de representación de roles, si bien no es el objetivo de este trabajo explicar los diferentes factores esquizoides presentes en la personalidad, sí es de interés mencionar que el autor describe esta técnica como una defensa en contra del contacto emocional con terceros y contra un dar emocional verdadero, dicho de otra forma, el asumir roles es una defensa en contra de un dar y un contacto emocional con el mundo externo y con lo expuesto anteriormente, también con el mundo interno. Todo esto con el fin de lograr lo que Rank sugería como defensa contra la “desestructuración del yo” y que Fairbarn describe como el “buscar preservar su propia personalidad intacta e inmune a todo compromiso” (Fairbarn, 1971).
 
Asimismo, el doble no sólo defiende contra los afectos producidos por la frustración que el mundo externo proporciona al yo y la culpa que estos generan, sino que a su vez busca defender a la persona de un verdadero contacto emocional, tanto interno como externo, para evitar que los afectos de odio y dolor vuelvan surgir. El paciente lo describe de la siguiente forma “él me defiende, me menciona que el mundo es cruel y malo, que si no tengo ilusiones ni expectativas, es más fácil soportarlo, si no te tiran de tu nube no hay dolor por ello es mejor estar bien plantado en el suelo”.
 
En conclusión podemos considerar que el doble puede fungir la función de una defensa en contra de los de los impulsos agresivos asociados por los afectos de odio y dolor que el mundo externo genera en el yo por medio de la frustración, permitiéndole al sujeto, expresarlos sin miedo a la represalia de la culpa, al ser actuados dichos impulsos. Al mismo tiempo, defiende al yo de un contacto y un dar emocional tanto interno como externo y así evitando, de nuevo, la frustración que esta acción puede generar y preservando la personalidad intacta e inmune.
 
Bibliografía:

  • Freud, S. (1919) Lo siniestro, Obras completas, V 3 Tr. Luís López Ballestero y Torres. Editorial Siglo XXI. México (pp. 2484-2505)
  • Gabbard, G. (2000) Las bases teóricas de la psiquiatría dinámica, Psiquiatría dinámica en la práctica clínica. Editorial: Panamericana Inglaterra (página 32)
  • Freud, A. (1936) El yo y los mecanismos de defensa, Las actividades defensivas del yo como objeto del análisis, Editorial: Paidós México (pp. 37-50)
  • Fairbairn, W. (1951) Factores esquizoides de la personalidad, Estudio psicoanalítico de la personalidad Buenos Aires: Hormé, Argentina (página 30)
  • Horney, K. (1939) El instinto de muerte, El nuevo psicoanálisis, Editorial: Fondo de cultura económica. México-Buenos Aires, (pp. 89-98)

 
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *