Alabardas.

José Saramago. (2014 [2010])

Editorial Alfaguara. ISBN: 9788420416007

Saramago

Por Abigail Cobar

Se trata del libro inconcluso de Saramago quien, aún a sabiendas del muy cercano triunfo de la leucemia sobre su cuerpo, decidió iniciar esta novela para que la muerte lo encontrara haciendo lo que le había dado sentido a su vida; escribir, movilizar espíritus y conciencias. Su publicación se debe a Pilar del Río, su viuda, quien no quiso que las últimas líneas escritas por José Saramago, poco antes de morir en 2010, se quedasen guardadas en un cajón.

En septiembre de 2014 vio la luz esta especie de legado que está acompañada por elementos que fueron como un marco que le dieran realce. Para empezar, la presentación de este pequeño volumen es magnífica; pasta dura y la impresión en papel de excelente calidad. Cuenta con ilustraciones hechas por el  multifacético Günter Grass, – poeta, escultor e ilustrador-, Nobel de literatura 1999, autor de la novela “El tambor de hojalata”, fallecido en abril del 2015. Por su parte, Fernando Gómez Aguilera, supongo alguien cercano a la familia, informa que desde 2009, inmediatamente después de la publicación de Caín,  Saramago abrió un archivo en donde fue ordenando las notas para esta obra; tenía prisa, sabía que la enfermedad avanzaba velozmente por lo que le disgustaba el tener que dejar de escribir cuando el malestar no se lo permitía. Más adelante, Roberto Saviano, el italiano reconocido como ensayista, periodista, reportero y escritor de primer orden, hace una glosa de las tres capítulos de Saramago, en la deja patente su deseo de tomar la estafeta de escribir en pro de la paz, ventilando abiertamente las pasiones humanas que conducen al exterminio. En total son 150 páginas que vale la pena obtener y conservar.

La alabarda era un arma que usaban antiguamente los sargentos de infantería, que consistía en una pica con una cuchilla de media luna. La espingarda era un cañón de infantería. Ambas son piezas de artillería en desuso. Desaparecieron para ser sustituidas por otras mucho más eficaces en el exterminio del “otro” y es de estas últimas de las que se encuentra prendado Arturo Paz Samedo, el personaje central de esta novela de quien dijo nuestro autor: …[Contemplar esas relucientes piezas de artillería de varios calibres, esos cañones antiaéreos, esas ametralladoras pesadas, esos morteros con la garganta abierta al cielo, esos torpedos, esas cargas de profundidad , esas lanzaderas de misiles conocidas como órgano de satalin, era el mayor placer que la vida podía ofrecerle.]

Las primeras 20 páginas están redactadas sin un punto y aparte, conformando un solo párrafo. No hay mayúsculas más que al principio de un punto y seguido, y para muestra les comparto las primeras líneas hasta el primer punto y seguido: …[El hombre se llama arturo paz semedo y trabaja desde hace veinte años en el servicio de facturación de armamento ligero y municiones de una histórica fábrica de armas conocida por la razón social de producciones belona s. a., que era el nombre, conviene aclararlo ya, pues son poquísimas las personas que se interesan por estos saberes inútiles, de la diosa romana de la guerra.]

Saramago alcanzó a redactar 81 páginas, tres capítulos, suficientes para que el lector quede atrapado por la atípica pasión del personaje. Arturo Paz Samedo fue rechazado del ejército y nunca había tocado un arma por lo que se llenaba de júbilo cuando se estrenaba una película de guerra y cuando no había nada en cartelera, acudía a su colección de videos de la misma temática. Cuando las veía en “vivo”, era en las visitas al campo de prueba, entonces, su emoción llegaba al punto de hacerle casi perder el sentido. Dentro de esa emoción no figuraba la idea del exterminio de seres humanos, únicamente se trataba de “objetivos”  que se eliminaban con alta eficacia. Contradictoriamente su esposa era una activa pacifista que  lo abandonó por ser incompatibles sus respectivas ideas.

Arturo, en una lectura auto-obligada, -obvio sobre el mismo tema- encontró una alusión al hecho real de que, trabajadores de una fábrica de armas, habían saboteado obuses para evitar pérdida de vidas; tal hecho lo tomó como una ofensa personal, por lo que inicia una acuciosa investigación lo que hará que su vida tome un giro inesperado…que corresponderá crear a cada uno de los lectores.

La contraportada informa lo siguiente: [Meses antes de su muerte, José Saramago sintió una vez más el impulso vital de reflexionar desde la ficción sobre una de sus mayores preocupaciones: la violencia ejercida sobre las personas y las sociedades, que las convierte en víctimas y les impide ser dueñas absolutas de sus vidas.]

Se podría concluir que el personaje central de estos tres capítulos es la pasión existente en el ser humano, de todos los tiempos, por someter, derrotar, esclavizar o por último, aniquilar al otro. Esto ha dado pie a la creación de la honda hasta el más moderno sistema de exterminio. De alguna manera, todos llevamos un “algo” de  Arturo, quien lleva el contradictorio apellido, Paz.

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