Notas sobre el fenómeno llamado Reversión de la perspectivaNotas sobre el fenómeno llamado “Reversión de la perspectiva”
Autor: Jaime Cuitláhuac López
 
Fue en un rotatorio teórico la primera vez que escuche el término “Reversión de la perspectiva”, era en referencia a la pregunta de ¿por qué un violador o un pederasta acudiría a análisis? En ese momento no supe cuál era la definición de dicho término, puedo decir, que por intuición, pensé en un observador y una pintura, la reversión de la perspectiva, pensé, sería el cambio de posición, ahora la pintura sería la que miraría al observador.
En seminarios posteriores volví a escuchar el término, y francamente su definición me pareció un poco ingenua: “Es cuando el paciente hace un doble contrato, uno, el manifiesto en el que pide ayuda al analista, y otro, el que mantiene oculto para el analista, buscando hacer fracasar al análisis”, ¿qué no hacen eso todos los pacientes, llegar con un motivo manifiesto de consulta y tener uno inconsciente?, incluso más allá, ¿qué no Freud nos hizo ver que si bien existe una fuerza que tiende a la salud, por eso los pacientes vienen a consultarnos, por otro lado existe en ellos mismo una fuerza que intenta mantener la “enfermedad”?
El camino para resolver mis dudas al respecto de ese concepto fue con la lectura de la tesis doctoral de Alejandro Radchik (texto que debería leerse como parte de la formación), en él, a través de dos casos nos muestra la manera como puede actuar una “reversión de la perspectiva”, tal como es descrita por Etchegoyen en su libro Los fundamentos del psicoanálisis. Otro texto que me sirvió de brújula fue el de nuestra colega Gabriela Silva, que aborda el mismo tema y hace un resumen de los trabajos de Bion, Etchegoyen, Grinberg y Liberman sobre el tema.
Sin embargo, lo que resulta constante en estos trabajos es la concepción de doble contrato, situación que considero, si bien no errada, cuando menos mal entendida y no es lo principal que acontece en este fenómeno, pues para mí, sobre lo que se sostiene es el cambio de roles, inconsciente, en el que se internan tanto el analista como el analizando.
Este es un trabajo en construcción, como tal, sólo mostrare un esquema general y dejaré para intervenciones posteriores la expansión de aquello que se nos irá revelando conforme nos abramos camino en esta “vicisitud” del proceso psicoanalítico.
Sobre los orígenes
Etchegoyen toma dos puntales para sostener dentro de la historia del psicoanálisis este concepto: Abraham y Bion. En Abraham nos comenta “que sus enfermos narcisistas tienen una gran dificultad para reconocer el papel del analista y discuten continuamente sus interpretaciones”, en el texto de Abraham este fenómenos es considerado una resistencia muy particular, puesto que los pacientes que la manifiestan, contrariamente a una resistencia activa, la llevan de manera pasiva, pues en lo consciente, tienen una buena disposición para el análisis, hablan en las sesiones, aunque no asocian libremente, relatan sueños pero sólo producen explicaciones del contenido manifiesto, confiesa el propio Abraham que tardó en darse cuenta de este tipo peculiar de resistencia.
Posteriormente, Bion, en Elementos del psicoanálisis, nos hablará de cierto tipo de pacientes cuyo tratamiento parece avanzar de buena forma, se muestran dispuestos a colaborar con el tratamiento y parecen tener insights, pero no es así.
Para ejemplificar lo que sucede con estos pacientes, Bion nos ofrece un ejemplo muy bello, hablándonos de las figuras en blanco y negro, en las que podemos observar dos figuras, alternadamente, dependiendo de lo que tomemos como fondo, lo blanco o lo negro, podemos observar una copa o dos rostros, aplicando este fenómeno para ejemplificar lo que sucede con estos pacientes, Bion nos explica que ellos pueden ver (conscientemente) sólo de una forma la imagen y mantienen oculta para el analista la otra, si bien inconscientemente, en un acto de renegación que explicaré más adelante.
Este fenómeno de las imágenes en blanco y negro, la perspectiva reversible, lo encontramos en la capacidad que tiene el niño de asumir diferentes roles en sus juegos, como ya nos lo había explicado Freud, que en la realidad vivencias que el niño padeció pasivamente, en el juego las repetirá activamente, teniendo por un lado la descarga pulsional que el juego trae consigo, la capacidad para manejar la situación y encontrar otras soluciones al evento, disminuir su angustia y, agrega Etchegoyen, generar la capacidad de empatía, este último dato es respaldado por Radchik.
Vemos entonces que la perspectiva reversible forma parte de la constitución psíquica del infante, incluso forma parte del tratamiento psicoanalítico, y las dificultades que se puedan encontrar en su desarrollo propiciaran su estancamiento, retrocediendo a un instante previo, permaneciendo estáticas una sola imagen (splitting estático), dando por resultado la “reversión de la perspectiva”.
Bion pone en juego otros conceptos para sostener sus ideas, como el ataque al vínculo, en este caso será a uno muy específico, el del deseo de conocer (K), retomando la idea de la imagen total, con dos imágenes parciales, el paciente dará cuenta del conocimiento de una parte de la imagen, se hace evidente la renegación de una parte de la imagen, puesto que para poder ver alguna de ellas, se debe reconocer la otra, aunque no sea como forma, sino como fondo, lo que impide verla como forma es el ataque al vínculo K, que es sustituido por el deseo de no conocer (-K).
Aquello que no se desea conocer, pero que sin embargo se conoce ha quedado renegado, ya que el reconocerlo sería doloroso y se trata de evitar. Será por esto que la reversión de la perspectiva es una dificultad para que el paciente pueda llegar al insight, puesto que todo insight es doloroso. En este caso, el paciente hará todo lo posible por evitar la posición depresiva, impidiendo el avance del proceso analítico a través del splitting mental.
¿Qué es entonces la reversión de la perspectiva?
Como ya dije, me parece absurda la idea de que sea definido como un doble contrato. En lo expuesto por Abraham y Bion sobre las características que encontramos en estos pacientes, la idea del contrato guarda similitud exacta con el resto de los pacientes, pues llegan con una solicitud manifiesta, consciente, tanto para el analista como para el analizando, así como una latente, inconsciente. Hay en el analizando un impulso para solucionar sus problemas, por eso nos buscó; pero al mismo tiempo una fuerza contraria lo lleva a sostener sus síntomas.
Para mí, la reversión de la perspectiva se sostiene en el cambio de los papeles que el analizando lleva acabo causado por el splitting estático, para poder llevar a cabo esta explicación utilizaré algunos conceptos de orientación lacaniana, así como unas letras, asumiendo el riesgo que tendrá llevarlos a otro campo conceptual, la confusión que esto pudiera causar, así como las acusaciones por el empleo inadecuado que los seguidores de Lacan pudieran hacerme.
En el texto de Freud sobre el fetichismo, nos plantea que ante la castración de la madre, el niño, a sabiendas de este conocimiento, lo va a renegar, su yo sé escindirá, dando paso por un lado a la aceptación del conocimiento, pero por otro negando lo sabido, es decir, renegando, aplicando la formula: “Sí, ya lo sé, pero aún así”. Este podría ser el origen de lo que Bion denomina splitting estático, y cabría hacer aquí una observación que requerirá de un trabajo especial, la diferencia entre escisión, clivaje (splitting estático) y disociación, contentémonos con plantear la escisión como la división del sujeto y de los objetos en muchas partes, clivaje cuando la división sea sólo una marca, no una separación, principalmente en el yo, y disociación cuando el yo y los objetos sean divididos en dos.
Sí nos aproximamos a las eventualidades que darán origen al sujeto, encontramos un momento en el que acontece lo que dicen tanto Freud como Bion, cuando el infante se da cuenta que no es aquello que la madre desea, aquello que la colma, por un lado da la posibilidad de significarse en el campo simbólico como un no falo (-φ), escapando a la captura en el lugar del deseo de la madre, por otro lado da cuenta, dolorosamente, de la ausencia de falo en la madre, es decir, su falta o incompletud. Sí ella no lo tiene, y él no lo es, es porque alguien más lo posee, en este caso, el padre. El desenlace lógico haría que el infante deviniera hacia la neurosis obsesiva o la histérica, sin embargo, puede acontecer una tercera salida, un retroceso o estancamiento, un quedarse a medio camino, siendo incapaz de aceptar la falta en la madre y haciendo de la vista gorda para sustituir el falo materno, con la renegación freudiana, “sí, ya lo sé, pero aún así…”, o el splitting estático de Bion. Vemos en este caso, que lo que atraviesa a las tres concepciones es el hecho de no querer saber algo que resulta doloroso, sin embargo, haberse enterado previamente, y simplemente hacer de cuenta que no se sabe.
En ese sentido, mi propuesta para definición de la reversión de la perspectiva sería que ante lo doloroso que puede resultar el insight en el paciente (hacer consciente lo inconsciente, pasar a la posición depresiva), el analizando prefiere no saber (-K), aunque en él, inconscientemente este el conocimiento de eso (renegación: “Sí, ya lo sé, pero aún así”). Para ello, realiza un movimiento en el plano de las posiciones entre el analista y él. En un estado normal de demanda de análisis, el analizando “no sabe” que es lo que tiene, sin embargo, “desea saber” (K); en el caso de pacientes que aplican la reversión de la perspectiva, ellos “saben”, y aunque su demanda sea saber, en realidad lo que buscan es no saber (-K), pues prefieren evitar el dolor que los llevaría la aceptación de ese saber.
 

 
En el campo de la clínica
Cada paciente acude a psicoanálisis con la idea de que el analista puede ayudarlo, en ese momento el analista asume un lugar que será bellamente nombrado por Lacan como sujeto supuesto saber, lo cierto, es que el analista nada sabe del paciente, pero quisiera saber, así que es, como diría Miller, un sujeto supuesto no-saber, pero que desea saber.
El paciente, si bien descrito al inicio como residente de mociones en conflicto, por un lado la demanda consciente, por otro la inconsciente; la búsqueda de curación y el mantener la enfermedad, hay un posicionamiento en la dimensión analítica que lo lleva a querer saber algo sobre lo que le pasa.
Esta dinámica se centra en el descubrimiento de lo inconsciente en el analizando, aquí podemos encontrar lo que denominó Bion como perspectiva reversible.
Por otro lado, en el caso de la reversión de la perspectiva, encontramos que el paciente sabe algo, pero eso es doloroso y lo reniega, para hacer de cuenta que no sabe, su deseo está puesto en no conocer, aunque sabe. Cuando entra en el espacio analítico parte del hecho de que sabe algo que el analista no sabe, es entonces que el analista es colocado en el lugar del no saber, mientras el sería el sujeto que sabe y que no desea conocer.
Vemos en este sentido, como se articula la dinámica con los pacientes que manifiestan una reversión de la perspectiva, de esta forma, se puede tener una visión diferente para abordar el fenómeno, más allá de sólo limitarlo a la idea de “un doble contrato”.
 
Bibliografía

  • Bion, W.R (1963) Elementos de psicoanálisis. Paidós, Argentina: p. 73-89.
  • Grinberg, León (1972) Introducción a las ideas de Bion. Ediciones Nueva Visión, Argentina: p. 49-51.
  • Etchegoyen, Horacio (1986) Los fundamentos de la técnica psicoanalítica. Amorrortu, Argentina: p. 833-850.
  • Silva, Gabriela (2013) Reversión de la perspectiva. En «spm.mx/home/reversión-de-la-perspectiva/» obtenido el 3 de junio de 2014.

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