Por Rosa María Curiel
Expresar un sentimiento sobre algo ajeno a nosotros, ya sea sobre un individuo, institución, ley, comportamiento, idea presupone un malestar desde la perspectiva freudiana; es decir implica una renuncia a la realización inmediata de los deseos. Una de las formas en que el psicoanálisis nos ha enseñado que podemos sortear el impedimento de la ley, es la conformación de la masa. Freud (1927)
La unión y organización de los individuos obedece a una esencia común, la cual surge a partir de la voluntad impulsada por su entorno.
Para explicar mejor esto me apoyaré de una cita de Le Bon (1912, citado en Freud, 1921) que a su vez retoma Freud en el apartado sobre Psicología de las masas:
“He aquí el rasgo más notable de una masa psicológica: cualesquiera que sean los individuos que la componen y por diversos o semejantes que puedan ser su modo de vida, sus ocupaciones, su carácter o su inteligencia, el mero hecho de hallarse trasformados en una masa los dota de una especie de alma colectiva en virtud de la cual sienten, piensan y actúan de manera enteramente distinta de cómosentiría, pensaría y actuaría cada uno de ellos en forma aislada. Hay ideas y sentimientos que solo emergen o se convierten en actos en los individuos ligados en masas. La masa psicológica es un ente provisional que consta de elementos heterogéneos; estos se han unido entre sí durante un cierto lapso, tal como las células del organismo forman, mediante su unión, un nuevo ser que muestra propiedades muy diferentes que sus células aisladas”.
Reforzando esto, Freud propone que los individuos en masa deben estar ligados por algo, y ese algo es la característica que comparten en la masa, ese algo engendra un carácter promedio que solamente se activa dentro de la masa.
Freud afirma que el individuo, al entrar en la masa, queda sometido a condiciones que le permiten echar por tierra las represiones de sus mociones pulsionales inconscientes. Las propiedades en apariencia nuevas que entonces se muestran en la masa son las exteriorizaciones de eso inconsciente que sin duda contiene como disposición (constitucional) toda la maldad del alma humana; en estas circunstancias la desaparición de la conciencia moral o del sentimiento de responsabilidad no ofrece dificultad alguna para nuestra concepción.
Esta concepción freudiana presupone que lo que está fuera de la ley significa caos, significa dar rienda suelta a las pulsiones siempre relacionadas con lo demoniaco. ¿Y si esto no fuera así?
Quiero resaltar una idea también de Freud (1915), que en momentos de crisis la comunidad funciona a partir de la angustia social de una manera infantil. Recordemos que la angustia social es la categoría que describe la represión que el padre y la madre ejercen sobre el niño antes de que se instalen las normas superyoicas. La sociedad, en momentos de crisis, abandona la represión como mecanismo interno y requiere de la actuación de un padre gobernante que lo guíe con base en la angustia social. Eso me parece que es lo que ha pasado en la Rusia contemporánea.
A partir de aquí, doy rumbo a mi trabajo: el 21 de febrero de 2012 tres brillantes jóvenes cuyos rostros cubrían con pasamontañas y vestían coloridos vestidos, irrumpieron en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú de la iglesia ortodoxa rusa quienes mediante la interpretación de una canción, clamaban a la virgen María salvara a Rusia de las garras de Vladimir Putin como presidente. Este pequeño grupo llamado PussyRiot se convierte a la vez en masa que señala a otra masa: la sociedad rusa.
Para contextualizar, la iglesia ortodoxa rusa es la mayor de las iglesias cristianas de este orden en el mundo; en 2007, alrededor de 75 por ciento de la población rusa se asumía cristiano ortodoxo. Esta instituciónla encabeza el máximo patriarca Cirilo I y es autocéfala, es decir que el obispo o patriarca no depende de un obispo superior.
Así como la iglesia católica es un remanente del poder romano estructurado a partir del César y del emperador, la iglesia ortodoxa es una derivación del imperio bizantino, donde el emperador y el patriarca conformaban las dos caras del poder. Así como en la iglesia católica no existe un lugar de lo femenino salvo como figura de amparo, en la iglesia ortodoxa esto es igual o quizá aún más evidente.
Heredera de una concepción del poder desde la perspectiva de lo masculino, no puedo evitar reflexionar como lo han hecho muchos autores, que sin duda la nuestra es una civilización logofalocéntrica, es decir, centrada en la primacía de la razón estructurada a partir de valores masculinos: la potencia, la velocidad, la fuerza, la contundencia, la intolerancia, la falta de diálogo, en resumen, valores fálicos.
Por la finalidad de este trabajo, resumiré que el poder de Rusia a lo largo de los siglos XIX y XX se ha mantenido alrededor de dos figuras: la iglesia a nivel espiritual y la del zar.
Cuando caen los zares, la iglesia es sustituida por el partido comunista y el zar es sustituido por el presidente. A la caída  de la Unión soviética, el país estuvo en una debacle profunda 15 años hasta que llega Putin restaurando la idea del poder como era antes: un presidente que se comporta como un zar apoyado por la iglesia otorgando a la sociedad orden, disciplina y certezas. El padre totémico usando la angustia social para gobernar a sus hijos.
De esta manera, apresurada y quizá accidentadamente quiero proponer que dentro de la población rusa como masa, siguiendo las enseñanzas de Freud, se conformó la necesidad del regreso de un padre que pusiera orden.
Los rusos no hablan de la patria sino de la madre Rusia, y pareciera que se creaba el reclamo dentro de las pulsiones más elementales del pueblo ruso de un padre totémico que de un manotazo  pusiera a los indisciplinados a trabajar y dejar de fastidiar a la madre Rusia.
Esto ha llevado a Rusia a lo que muchos analistas consideran una dictadura que utiliza las elecciones como una simulación democrática. Basta recordar que Putin lleva tres periodos, no consecutivos, en el poder.
Aparentemente este es el objetivo de la lucha de la PussyRiot gritada en las letras de su música punk escandalosa, que busca incomodar, más no agradar, simplemente denunciar la antidemocracia que prevalece en el pueblo ruso, además de la evidente indiferencia hacia el lugar de lo femenino en aspectos fundamentales de la política social. Entonces esta revuelta de las vaginas cobró dimensiones cuya eficacia simbólica fue inesperada, pues justo evidenció la reedición de la alianza del poder espiritual y del poder terrenal en Rusia unificados en la imagen fálica de Putin como un padre todo poderoso.
Derribar la cruz del templo como lo hicieron, fue negar que el padre tiene el derecho arbitrario, es decir “mandatado por el funcionamiento de sus propias pulsiones” de decidir sobre el destino de una masa-niños-país. Es a esa arbitrariedad pulsional a la que apuntan las PussyRiot.
La eficacia simbólica de este acto cimbró al estado y lo obligó a usar todo el aparato de propaganda para atacar al colectivo punk, y así amenazar a la oposición rusa.
El rostro de las artistas cubierto con el pasamontañas, diluyó lo individual y expuso lo común: la vagina, las tetas, las piernas, las caderas, lo femenino arrojándose al combate simbólico como si fuera un sueño que pudiera estar condenado al fracaso.
Apelaron a la vertiente femenina para oponerse a los atributos fálicos de la figura de Putin, y conmueve cómo ante la rudeza del poder en Rusia, donde predominan los atributos militares, la agresión, las balas, un pequeño grupo de jóvenes se atreviera a enfrentarlo con un gesto lleno de ingenuidad.
Me parece esta una expresión artística vanguardista que critica la forma en que el poder se ha masificado en Rusia, el poder fálico, donde lo femenino no existe, proponiendo, con su música y actuaciones, el sueño de articular un nuevo tipo de masa a partir de lo femenino.
Del mismo modo, esta expresión tuvo un impacto mundial importante, ya que hubo múltiples muestras de solidaridad y apoyo de organismos internacionales sobre la emoción esperanzadora de hacer posible exhibir el malestar y poner al descubierto el autoritarismo patriarcal que se vive en muchos países.
En esta vuelta de tuerca de la posmodernidad, el cuerpo incide en la vida; ha ido cobrando un nuevo protagonismo en las relaciones humanas, germinando como un valor añadido en el balance de nuestra identidad. Pareciera que de nuevo como en la época primitiva la oposición entre el falo y la vagina cobrara dimensiones llenas de sentido; el sueño de las PussyRiot suponía que proponer una oposición simbólica tan elemental falo-vagina, podría generar en el imaginario social una nueva forma de reunirse, de crear una masa que no venerara el poder autoritario.
Este tema me parece que puede ser una nueva mirada creciente hacia las expresiones sociales de corte feminista desde una escala psicoanalítica.
 
Bibliografía:

  • Freud S. (1915). De guerra y muerte, temas de actualidad, en Obras Completas de Sigmund Freud. Volumen XIV. Buenos Aires, Amorrortu Editores.
  • Freud, S. (1921)Psicología de la masas y análisis del yo, en Obras Completas de Sigmund Freud. Volumen XVIII.Buenos Aires:Amorrortu Editores.
  • Freud, S. (1927) El porvenir de una ilusión,enObras Completas de Sigmund Freud. Volumen XXI. Buenos Aires:Amorrortu Editores.

 
Imagen: wikipedia
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