city-maze-1460899Por: Gloria Fernández
Mi motivación para realizar este trabajo surgió a causa de mi experiencia al haber hecho un cambio de residencia de una ciudad pequeña a una más urbanizada. El observar y experimentar algunas modificaciones que se producen de manera frecuente en la conducta, me ha llevado a cuestionarme cuales son las impresiones provocadas en la psique a partir de un fenómeno que va en aumento, la urbanización. Por ello, me propongo ahondar en este tema de forma más aterrizada adentrándome en las inferencias que surgieron a partir de la simple observación para encontrar fundamentos válidos que me permitan responder a varios de estos cuestionamientos.
 
No es aventurado decir que habitamos en un mundo que ha sido creado a la medida del hombre. Para poder describir la situación actual en la que vivimos, es necesario empezar por hablar del ser humano como un ser social que busca desarrollarse a través del contacto con los demás. Un bebé, desde su llegada al mundo necesita de los cuidados del otro para su supervivencia. Fenichel, en Teoría Psicoanalítica de las Neurosis señala << La criatura humana, al nacer, es más desvalida que los demás mamíferos. No puede vivir si no se cuida de él>>. Por ello, desde el momento en el que nacemos, hasta el momento de nuestra muerte estamos en constante búsqueda de establecer vínculos con el otro y a medida que vamos madurando estos se vuelven cada vez más significativos. Pues bien, existe una estrecha relación entre nuestra necesidad social y el deseo de construir un mundo al que podamos pertenecer como tales. A través del tiempo se ha ido desarrollando un crecimiento tan acelerado que en los principios de la concepción humana era inimaginable.
 
Winnicot (1963) <<Hablamos de la madurez del ser humano no sólo en relación con el crecimiento personal, sino también respecto de la socialización. Digamos que en la salud, que es casi sinónimo de la madurez, el adulto puede identificarse con la sociedad sin un sacrificio demasiado grande de la espontaneidad personal, o bien, a la inversa, que el adulto puede atender a sus propias necesidades personales sin ser antisocial y, por cierto, sin dejar de asumir alguna responsabilidad por el mantenimiento o la modificación de la sociedad tal como se la encuentra. Heredamos ciertas condiciones sociales; se trata de un legado que tenemos que aceptar y, de ser necesario, modificar; esto es lo que finalmente entregamos a quienes vienen después de nosotros. La independencia no es nunca absoluta. El individuo sano no queda aislado, sino que se relaciona con el ambiente de un modo tal que puede decirse que él y su medio son interdependientes>>.
 
Primordialmente hemos de entender que el concepto de urbanización viene derivado de la palabra urbe, que significa ciudad y se ve expresado en el supuesto de poner en marcha grandes infraestructuras y servicios de acuerdo a la necesidad de un elevado número poblacional. El fin de una comunidad urbana sería el de ofrecer a su población mayor facilidad para la satisfacción de sus necesidades, así como mayores ventajas y oportunidades de las que se encuentran en una sociedad rural. Freud en psicología de las masas nos dice <<La psicología colectiva considera al individuo como miembro de una tribu, de un pueblo, de una casa, de una clase social o de una institución, o como elemento de una multitud humana, que en un momento dado y con un determinado fin, se organiza en una masa o colectividad>>.
 
El origen de la actual predilección del hombre hacia la urbanización podría tratarse de la búsqueda del beneficio de un alma colectiva así como su huida ante los perjuicios. Se trata de una sociedad que piensa y actúa de manera en que pueda alterar sus circunstancias a unas más favorecedoras. Freud, S. (1930) <<Un camino para evitar el sufrimiento es pasar al ataque contra la Naturaleza y someterla a la voluntad del hombre, que como miembro de la comunidad humana trabaja con todos por el bienestar de todos>>. He ahí el porqué de la actuación del hombre dirigida hacia la creación de un entorno fabricado, que esté dotado de cualidades y provisto de todas las exigencias que parecemos requerir.
 
Más allá de las necesidades básicas, existen algunas que no llegan a ser más que simples comodidades que poco a poco llevan al ser humano a ser más insaciable. Labos, E. (2011) <<Empuje insaciable de objetos ilusorios que prometen una entera satisfacción. Paradójicamente, la búsqueda implacable de lo imposible de colmar lleva al sujeto a producir cada vez más goce>>. El hombre como individuo parece estar comúnmente insatisfecho, si pensamos en él como miembro de una comunidad sería posible sospechar que la masa psicológica es igualmente insaciable, y a consecuencia de ello tenderá al crecimiento y a la creación de más recursos que la doten de placer. Riechmann, J (2009). <<La ideología de crecimiento económico y “progreso” que hoy prevalece promueve una creencia demencial: que podemos crecer indefinidamente dentro de la biosfera finita.>>
 
Ahora bien, junto con el fácil acceso de recursos que ofrece una ciudad, viene aunada una gran concentración de personas que busca asegurar su acceso a los mismos. No sería más que lógico pensar que el estilo de vida dentro de una gran ciudad está acompañado de un fuerte ajetreo. La demografía tiene un gran impacto en cómo las personas se conducen en la cotidianidad; viven a prisa, asediados de ruido, tráfico y grandes masas, tratando de sacarle el mayor provecho a las horas que les ofrece cada día. Páramo, R. (2006) <<La percepción aguda del irremediable transcurrir del tiempo puede llevar a un querer aprovechado, redoblando actividades para que el tiempo ajuste. Hay quien todo lo requiere ya no para hoy, sino incluso para ayer>>.
 
Todos estos aspectos parecen ser contraproducentes para la salud física, emocional y mental; pues la imposición de estas autoexigencias, derivan en una gran carga de estrés, frustración y la sensación de que la vida corre.  La creación de este sistema que presupone una mejoría en la calidad de vida, termina siendo contraproducente en algunos aspectos. Freud, S. (1930) <<Nos topamos con una afirmación tan sorprendente que retiene nuestra atención. Según ella, nuestra llamada cultura llevaría gran parte de la culpa por la miseria que sufrimos, y podríamos ser mucho más felices si la abandonásemos para retornar a condiciones de vida más primitivas>>.
 
Las ciudades están construidas a partir de un sistema regido por normas para preservar el orden social. Schor-Landman (2004) <<La utilización de un medio de transporte público y su contrato de adhesión; el respeto debido a las normas municipales cuando circulamos en un auto; la adecuación de nuestras ropas al uso ordenado por la moral y las buenas costumbres; la normativa establecida por el Derecho laboral; la compraventa cotidiana de objetos múltiples a lo largo de la jornada, todos nuestros actos han sido regidos por normas>>.
 
El individuo social necesita de estas normas para coexistir con sus pares, el superyó social tiene su origen desde la infancia. Páramo, R (2006) <<Vivimos en sociedad en cierto modo a expensas de que los demás nos otorguen o retiren su afecto. Esto es paradigmático en la relación madre-hijo. El infante tiene que someterse a las normas que le impone la madre, de lo contrario queda amenazada su propia sobrevivencia. La madre a su vez, es portadora de normas sociales que ahora transmite. El superyó del nuevo ser socializado es el resultado de la introyección de esas normas inicialmente ajenas. El superyó advierte al sujeto de cualquier infracción de las normas socialmente establecidas, mientras que el ideal del yo empuja al individuo a estar a la altura de normas aún no alcanzadas>>.
 
Existe otro efecto importante a causa de este fenómeno. La construcción de viviendas lleva al hacinamiento y la creación de barrios pobres en la ciudad, surgen condiciones de pobreza, suciedad y desempleo que desencadenan altos índices de criminalidad y robo. Debido a la competitividad por los recursos limitados, el hombre puede verse atraído a tomar del mundo externo aquello que no le ha sido provisto, ya sea por necesidad o por el simple hecho de poseer algo deseado.
 
Winnicott (1949). <<El ladrón, que es un enfermo, se siente casi siempre desesperanzado con respecto al mundo y a la relación de éste con él. Cada tanto, sin embargo, siente una oleada de esperanza, que asume la forma de un intento por superar el proceso de desilusión; el yo del bebé, con sus recuerdos del consuelo hallado en la ilusión y en una subjetividad inexpugnable, surge entonces “y durante un breve período habita en la persona del niño. Desde nuestro punto de vista, el resultado consiste en que esa persona, niño, adolescente o adulto, actúa como un poseso, como alguien poseído por un aspecto de su yo infantil, compelido a robar para establecer contacto con la sociedad>>.
 
También se observan consecuencias ecológicas, ya que en muchos individuos existe una inconciencia ambiental derivada en la despreocupación por el derroche de los recursos naturales que en una percepción distorsionada pueden verse inacabables. Mientras el hombre se sienta dueño de estos recursos, va a tender a explotarlos en función de su conveniencia.  Riechmann, J (2009). <<Da la impresión de que en nuestras sociedades aumentan desmedidamente los tres rasgos degenerativos siguientes: la renuncia a saber (a menudo bajo la forma de eso que los psicoanalistas llaman negación); la negativa a asumir las consecuencias de los propios actos; y las ilusiones de omnipotencia.>>
 
¿Qué impacto tiene todo esto sobre la psicopatología de los individuos que viven en un medio urbano?
 
El costo de vida urbano es más elevado por lo que hay una exigencia de ser cada vez más productivos sin importar las consecuencias. Por necesidad, el individuo llega a obsesionarse con la competitividad, a trabajar día y noche sin ningún descanso; bajo estas pretensiones se pueden desarrollar rasgos de carácter obsesivo, pues son personas que suelen ser trabajadoras, ordenadas y meticulosas. Fenichel, O. (2005) << Freud descubrió que ciertos rasgos de carácter predominan en personas cuya vida instintiva tiene una orientación anal. Estos rasgos son, en parte, formaciones reactivas contra actividades eróticoanales y en parte sublimaciones de las mismas. Los principales rasgos de esta índole son el sentido del orden, la frugalidad y la obstinación>>.
 
Además, las alteraciones provocadas por el ruido del tráfico, la interferencia en la comunicación de las personas, las perturbaciones en el sueño y el descanso impiden la concentración. Fenichel, O. (2005) << El sueño presupone un estado de relajación. Un organismo inundado de excitación es incapaz de relajación. Es comprensible que, a causa de las cantidades de excitación no controlada, uno de los síntomas capitales en los neuróticos traumáticos sea el insomnio>>. A partir de este fenómeno existen consecuencias que van desde lo social hasta lo económico, aumentan los riesgos en lo concerniente a la enfermedad mental y se observan dificultades en la adaptación social. Todo esto puede derivar en múltiples variantes de los trastornos de ansiedad o estados depresivos y maníacos.
 
Aveggio, R. (2013) <<Hay depresiones reactivas al estrés psicosocial, es decir que se deprimen porque perdieron el trabajo, porque lo estafaron con la casa, porque están pobres, porque al niño le va mal en el colegio, porque quedó embarazada la hija, etc. Es decir, todo lo que es del orden de los factores psicosociales que denominan de riesgo>>
 
Por otro lado, la sociedad urbana es una sociedad de consumo que viviendo en la postmodernidad se le ha facilitado medios que en otros tiempos eran difíciles de conseguir o realizar. Campuzano, M (2016) <<Se promueve en la sociedad la conformación de caracteres preedípicos, caracteres distintos a aquellos de la época freudiana que tuvieron su prototipo de consulta en las neurosis histéricas y las neurosis obsesivas. Ahora la patología no radica en las inhibiciones del Superyo, sino en la dependencia, impulsividad y falta de control propias de una falta de desarrollo del Yo y el Superyo, y en la grandiosidad y hedonismo sin límites del Self narcisista. La inhibición y el placer no suelen ser problemas, sino la falta de realismo y de eficiencia operativa, así como la dificultad de profundización en la visión de sí y de los otros y en la asunción de compromiso en los vínculos afectivos. Si los antiguos imperativos sociales eran: sé responsable y trabaja, ahora son: consume y diviértete>>. Con esta línea de pensamiento se asocia la posible formación de caracteres fronterizos y narcisistas.
 
¿Acaso el estilo de vida provoca cambios en la identidad de la persona? Si hablamos de identidad cultural como un conjunto de creencias, tradiciones y modos de comportamiento parece aconsejable plantearse esta pregunta. La identidad funge como estructura central de la personalidad, en la teoría psicoanalítica se habla de que la identidad se va conformando desde las etapas más tempranas de la infancia hasta llegar a un punto en que se consolida de forma más o menos permanente. Al respecto, Vives (1999) nos dice: <<Debemos concebir este concepto (identidad) como algo condenado a una paulatina e interminable conformación: lejos de ser una estructura inamovible, es una configuración altamente dinámica, fluente“. Si el mundo que nos rodea es cambiante, la construcción de nuestra identidad también tiene cierto grado de movilización y continúa siempre actualizándose conforme a lo que vamos experimentando.
 
Ya que la historia moderna consiste en la urbanización del campo, sabemos que en este tiempo y bajo estas circunstancias se ha creado una sociedad consumista, que busca aprender nuevos patrones de relación social, manejar nuevas tecnologías,  y aprender a moverse en un entorno que puede ser gratificante y frustrante a la vez.
 
Queda evidenciado el papel tan importante de la urbanización como originario de ciertos movimientos en la psique, referentes a circunstancias que empujan al individuo a conducirse, sentirse y pensarse como parte de un sistema social perteneciente a una localización. La ciudad es el escenario de los patrones de relación social, así que su estructura es la que delimita la vida de sus habitantes, su modo de relacionarse, la constitución de su identidad, así como el móvil que los motiva o detiene a actuar.
 
Sarason, I y Sarason, B. (2006). <<Muchas personas que padecen trastornos pasan la vida sin tener ningún contacto con un profesional de salud mental. Sin embargo, sus estilos de respuesta rígidos los llevan a afrontar el entorno de forma ineficaz. Si el estrés que genera el entorno llega a niveles demasiado elevados, sus estilos de respuesta pueden volverse claramente ineficaces>>
 
Este escenario podrá ser origen de diversas afecciones mentales. Será nuestro trabajo proveer medios para facilitar la ayuda en el campo de la salud mental, ya que todos estos fenómenos parecen ir en ascenso.
 
Bibliografía
 

  • Sarason, Irwin. Sarason, Barbara. Psicopatología. Psicología anormal: el problema de la conducta inadaptada. México: Pearson.
  • Jorge Riechmann (2009). La habitación de Pascal. Madrid: Catarata.
  • D (1949). El impulso a robar. Versión electrónica
  • Clara Schor-Landman (2004). Temas de interconsulta: Diálogos entre el Psicoanálisis, el Derecho y la Mediación. Buenos Aires: Galerna.
  • Donald Winnicott (1963). De la dependencia a la independencia en el desarrollo del individuo. Conferencia pronunciada en la Atlanta Psychiatric Clinic.
  • Elsa Labos. (2011). Las imágenes técnicas y sus efectos de mortificación. Psicoanalítica, 14, 35.
  • Juan Vives (1999). Cuadernos de psicoanálisis. Volumen XXXII- La identidad psicoanalítica. Algunas consideraciones institucionales. México: Asociación Psicoanalítica Mexicana. A.C.
  • Mario Campuzano (2016). Cultura y psicoanálisis en la postmodernidad. México: La Jornada.
  • Otto Fenichel. (2005). Teoría Psicoanalítica de las neurosis. España: Paidós.
  • Raúl Páramo (2006). El psicoanálisis y lo social: Ensayos transversales. México: Universidad de Guadalajara.
  • Sigmund Freud. (1920-1922). Obras completas de Sigmund Freud. Volumen XVIII – Más allá del principio de placer, Psicología de la masas y análisis del yo, y otras obras. Buenos Aires & Madrid: Amorrortu editores
  • Sigmund Freud. (1927-1931). Obras completas de Sigmund Freud. Volumen XXI – El porvenir de una ilusión, El malestar en la cultura, y otras obras. Buenos Aires & Madrid: Amorrortu editores.
  • Ricardo Aveggio (2013). Psicoanálisis, Salúd Pública y Salud Mental en Chile. Chile: RIL.

 
 
 
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