Por: Sandra González

“Una ilusión no es lo mismo que un error; tampoco es necesariamente un error” (Freud,1927).

Este texto está inspirado en una serie de eventos que han acompañado mi formación como psicoanalista: experiencias personales relacionadas con la religión, conversaciones casuales, documentales, así como reflexiones surgidas en el ámbito profesional, especialmente en el espacio de supervisión.

En la actualidad, la idea de Dios y lo que ha sido impuesto socialmente por la religión han sido reevaluados, repensados e incluso rechazados. Sin embargo, en este trabajo, en lugar de hablar de un Dios, se abordará el concepto de un poder superior: una entidad mística inaccesible a los sentidos, la razón y la ciencia. El objetivo es reflexionar sobre cómo, a pesar de que, como diría Nietzsche, “Dios ha muerto”, la ilusión de un poder mágico capaz de aliviar el sufrimiento, el dolor y la pena sigue vigente en 2025. Además, se explorarán los diversos caminos y formas que ha tomado la fe hasta llegar al concepto bioniano de O.

Antes de adentrarnos en Bion, consideremos el planteamiento de Nietzsche. En la sección titulada El loco de su libro La gaya ciencia, el filósofo expone la idea de que la humanidad ha matado a Dios y, a través de la voz del loco, plantea preguntas fundamentales que serán importantes para este trabajo. Una de ellas es: “¿No tendríamos que convertirnos en dioses para resultar dignos de semejante acción?” (Nietzsche, 2010, p. 81). Esta pregunta remite al concepto de narcisismo planteado por Freud de una inversión de la libido en el yo, así como a una fase de omnipotencia en la que el sujeto se percibe como capaz de todo. Se ha dicho con frecuencia que la sociedad contemporánea es narcisista y, en efecto, cada ser humano atraviesa esta fase en su desarrollo. Hoy en día, la omnipotencia se refleja en una sociedad donde los bienes materiales, el poder y el conocimiento son de suma importancia; todos parecen querer tenerlo todo, saberlo todo y explicarlo todo a través de la razón. Pero ¿acaso la razón y la omnipotencia de la humanidad ya lo han explicado todo? ¿pueden realmente aliviar el dolor y la desesperanza humanos? ¿La ciencia, la tecnología y el poder han convertido a la humanidad en una especie de dioses? Al menos para El loco de Nietzsche, esto resulta imposible. Otra pregunta central en este texto es: ¿qué puede aliviar el dolor y la angustia en el mundo actual? Para algunos, la respuesta sigue siendo la fe en el Dios de la religión, mientras que, para otros, la fe se manifiesta de maneras diversas.

Retomando la pregunta de El loco y su afirmación de que la humanidad mató a Dios, también señala que “todo el que nazca después de nosotros pertenecerá, en virtud de esta acción, a una historia superior a todo lo que la historia ha sido hasta ahora” (Nietzsche, 2020, p. 81). Esto me recuerda a la creencia recurrente en la sociedad en la que se piensa que cada nueva generación será la que resuelva los problemas del mundo: descubrirán la cura para enfermedades mortales, detendrán el calentamiento global y salvarán a la humanidad. Pero, paradójicamente, para sostener esta creencia se requiere fe y esperanza. En este sentido, podemos hablar de otra forma de fe: la fe en los demás, en las generaciones futuras que parecen destinadas a lograrlo todo. Este es solo un ejemplo más del ciclo interminable de la fe y la variedad de sus manifestaciones.

Pero la creencia en un poder superior ha estado presente a lo largo de la historia, incluso antes de la existencia de la religión. En Tótem y tabú, Freud (1913) plantea que, aun en las hordas más primitivas, donde no había religión, existía la figura del tótem. Afirma que la pertenencia a éste es la base de todas las obligaciones sociales y prevalece sobre la condición de ser integrante de una misma tribu. Incluso, el lazo con el tótem era más fuerte que el vínculo de sangre o el lazo familiar en el sentido moderno (p.12).

Respecto al tabú, Freud (1913) explica que, por un lado, es sagrado y santificado, pero, por otro, es ominoso, peligroso, prohibido e impuro. Las prohibiciones del tabú carecen de una fundamentación racional y tienen un origen desconocido; aunque incomprensibles para nosotros, resultan naturales para quienes viven bajo su influencia. El tabú es más antiguo que los dioses y se remonta a épocas previas a cualquier forma de religión (p. 27). A pesar de su antigüedad, en 2025 continúan existiendo innumerables tabúes: el espiritismo, la lectura del tarot, las experiencias paranormales, la creencia en el karma o incluso la idea de que el movimiento de los astros puede predecir el futuro y definir la personalidad. Ejemplos de esto son las creencias sobre el fenómeno de Mercurio retrógrado y su influencia en la manera de pensar y actuar de las personas.

Estos fenómenos están presentes en la sociedad contemporánea, pero hace menos de un siglo, Freud (1927) ya anticipaba en El porvenir de una ilusión que, a pesar de los avances científicos, el alma humana no había experimentado evolución alguna desde las épocas más remotas. Señala que los deseos pulsionales nacen de nuevo con cada niño y que estos deseos son los del incesto, el canibalismo y el gusto por matar (p. 10). En su planteamiento, la cultura, y en especial la religión, ha desempeñado un papel central en la contención de estas pulsiones. Sin embargo, Freud también advierte que, incluso en el hombre más civilizado y culto, ciertos impulsos persisten, por ejemplo:

Aunque se detenga ante el asesinato o el incesto, no renuncia a la avaricia, la agresión o sus apetitos sexuales; tampoco se priva de dañar a otros mediante la mentira, el fraude o la calumnia, siempre que pueda hacerlo sin consecuencias. (Freud,1927, p. 12)

En este sentido, tanto las sociedades primitivas como las contemporáneas son esclavas de sus propias pulsiones. Freud (1927) se pregunta cómo sería una vida sin una instancia que las regule y plantea algunas posibilidades:

Será lícito escoger como objeto sexual a la mujer que a uno le guste, eliminar sin reparos a los rivales que la disputen o a quienquiera que se interponga en el camino; se podrá arrebatarle a otro un bien cualquiera sin pedirle permiso: ¡qué hermosa sucesión de satisfacciones sería entonces la vida! (p. 15).

Sin embargo, esto no significa que la religión sea la única respuesta para contener las pulsiones. Como creador del psicoanálisis, Freud parecía sugerir que la teoría y la técnica psicoanalítica podían ofrecer una alternativa para regularlas sin el yugo opresor de una religión dogmática. Más adelante, se verá cómo Bion retoma esta cuestión a través del concepto de O.

Siguiendo con Freud, también señala que hay otros aspectos de la vida humana imposibles de controlar. La naturaleza y sus fenómenos siguen siendo impredecibles, y los avances científicos no han logrado ejercer un dominio absoluto sobre ellos: terremotos, sequías, incendios devastadores, y, en última instancia, la muerte misma, siguen escapando al control humano. Estos fenómenos impredecibles e inmensurables necesitan una contra parte, la creencia en un poder superior, que ofrece una especie de alivio ante lo que no puede ser descifrado por la humanidad. Este pensamiento se manifiesta en expresiones cotidianas que emergen en situaciones de angustia e incertidumbre ante lo desconocido, por ejemplo: “ahora sí prenderé la veladora”, “hay que rezar”. Incluso hay frases que no mencionan explícitamente a un Dios religioso, pero siguen refiriéndose a una fuerza superior, por ejemplo: “juntemos la buena vibra para que no pase nada”, “seguro alguien te está haciendo brujería”, o frases como “el destino tiene sus maneras de acomodar las cosas”, “el universo se alineó para ayudarte”. Son otros ejemplos del ciclo interminable de la fe en algo invisible para los sentidos e inmensurable para la razón.

Pero ¿desde dónde viene este sentimiento de aliviar la angustia ante lo desconocido? Para Freud (1927), la angustia comienza cuando el bebé siente hambre y la madre, al satisfacerla, deviene el primer objeto de amor. También es su primera protección frente a los peligros indeterminados del mundo exterior; es decir, la madre es la primera defensa contra la angustia (p. 24). “La impresión terrorífica que provoca en el niño su desvalimiento despierta la necesidad de protección, una protección basada en el amor” (Freud, 1927, p. 30). Esta misma necesidad de calma y protección se buscará a lo largo de la vida y podría manifestarse en la creencia de que algo inmaterial y trascendente puede aliviar la angustia del día a día. Esta sensación de algo invisible e inmensurable adopta diversas formas, como los ejemplos que ya se han mencionado, y pueden ser más comunes de lo que a veces se imagina.

En Malestar en la Cultura, afirma que “sólo en el sentimiento de desvalimiento infantil puede rastrearse el origen de la actitud religiosa” (Freud, 1930, p. 73). A esto podría añadirse también el origen de la fe. Su amigo, el escritor francés Romain Rolland, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1915, señaló a Freud que la fuente genuina de la religiosidad radicaba en un sentimiento particular, confirmado por muchos otros y que se supone existente en millones de seres humanos: una sensación de eternidad; un sentimiento de algo sin límites, sin barreras, por así decirlo, oceánico (Freud, 1930, p. 66).

Para Freud (1930), este ser-uno con el todo, se nos presenta como un primer intento de consuelo religioso, como otro camino para desconocer el peligro del mundo exterior (p. 73). Esta sensación de alivio y bienestar ante un mundo exterior y amenazante se busca en muchas de las prácticas espirituales e incluso hobbies actuales, por ejemplo: la alineación de chacras, el mindfulness, el yoga, etcétera. Para estas, finalmente se necesita algo de sugestión, fe o la creencia de que su práctica aliviará el dolor y la angustia. Otras, se enfocan en descifrar la verdad o predecir lo que pasará, y la preocupación por el futuro no es otra cosa que angustia. Ejemplos de esto incluyen la lectura del tarot, que promete orientar sobre posibles caminos, y en la que la fe en su veracidad incluso puede influir en decisiones de vida.

El sentimiento de encontrar la verdad y aliviar el dolor también se ha observado en el consumo de alucinógenos y drogas psicodélicas para tratar la depresión y la ansiedad o en prácticas como el ritual del sapo bufo que algunos llaman “la molécula divina” de la iluminación y que también ha sido descrito como un “viaje en cohete al vacío”. (Peterson, 2023). Estas descripciones remiten a lo divino y místico, conceptos que en otras épocas se vinculaban con dioses naturales, luego con el Dios de la religión, y ahora con una molécula producida por un sapo del desierto de Sonora. Esta última descripción, “viaje en cohete al vacío”, podría interpretarse como la expresión de la pulsión de muerte: la tendencia humana hacia la destrucción, y, en última instancia, la muerte, ese lugar desconocido pero definitivo para acabar con el dolor.

Retomado la teoría de la pulsión de Freud, se recordará que Eros representa la pulsión de vida, lo que significa el impulso hacia la unidad, la existencia, la cohesión (Laplanche & Pontalis, 1996, p. 343). Por el contrario, Tánatos, que representa la pulsión de muerte, es el impulso hacia la destrucción, el volver a un estado inorgánico, el retorno a un estado anterior (Laplanche & Pontalis, 1996, p. 336). Para Freud (1930) la lucha entre estas dos fuerzas son las que generan conflicto y retoma esta misma idea en su texto Malestar en la cultura donde describe que el desarrollo cultural puede caracterizarse como la lucha de la vida de la especie humana (p.118).

En esta lucha, la humanidad se enfrenta a elementos inmensurables e inaccesibles para los sentidos, la razón y la tecnología. Se requiere fe, pero no en el sentido religioso tradicional, sino según la definición de Bion (1974): un acto de fe basado en algo inconsciente y desconocido porque aún no ha sucedido (p. 36). Con lo anterior, será importante definir la idea de O de Bion quien menciona que el signo O se utiliza para denotar la realidad última, la verdad absoluta, la divinidad, el infinito, la cosa en sí (Bion, 1974, p.29) estableciendo que el análisis total puede verse como una transformación en la cual ha ocurrido una intensa y catastrófica explosión emocional de O y menciona: “El analista debe centrar su atención en O, lo desconocido e incognoscible. El éxito del psicoanálisis depende del mantenimiento de un punto de vista psicoanalítico; éste es el vértice psicoanalítico, es decir O” (Bion, 1974, p.30).

Con esto Bion muestra una parte mística del psicoanálisis, pero antes de profundizar en O, será importante mencionar las ideas que retoma de la teoría de Freud respecto al principio de placer. Para este psicoanalista, cuando el bebé desvalido depende totalmente de la madre, se encuentra en una fase primitiva a la que Bion define como el prototipo de la memoria, para él la memoria y el deseo nacen de la dinámica primitiva entre el pecho y la boca. Lo que el bebé experimenta en esta fase es más bien una sensación inmediata de agrado o desagrado, ligada a la pulsión de vida y pulsión de muerte (Bion, 1974, p.31). Esto quiere decir que, si el bebé experimenta placer al ser contenido por la madre, puede querer aferrarse a esa sensación, aquí es donde surge el deseo, lo que significa repetir la experiencia placentera. Si el bebé experimenta angustia, puede recordar la falta y quedar atrapado en la sensación de pérdida y frustración, aquí surge la memoria, en este caso como una como fijación en el dolor. Si al bebé se le dificulta elaborar esta dinámica, puede quedarse atrapado en la búsqueda compulsiva del placer o en la evitación del dolor, lo que más adelante influye en su capacidad para pensar, tolerar la frustración y abrirse a la verdad (O). Bion (1974) menciona que los recuerdos y deseos tienen en común que son derivados de la experiencia que se logra mediante los sentidos; son evocaciones de sentimientos de placer o dolor. (p.33). “Si la mente está preocupada por elementos perceptibles a los sentidos será, en la misma medida, menos capaz de percibir elementos que no pueden sentirse” (Bion, 1974, p.43).

Esto nos lleva a reflexionar la razón por la que las prácticas mencionadas anteriormente (drogas, tarot, astrología, meditación, religión) pueden ser insuficientes para aliviar el dolor. La humanidad se queda en el circulo vicioso de aliviar la sensación de displacer, pero sin llegar a O, de ahí el éxito que tienen al principio los chamanes, tarotistas, astrólogos, masajistas, sacerdotes y toda instancia que prometa el alivio del dolor y la promesa de un estado de plenitud. Sin embargo, sin llegar a O parece que el dolor sigue y luego viene la desilusión, la desesperanza.

Siguiendo a Bion, el concepto de “sin memoria y sin deseo” es fundamental para llegar a O. “Sin memoria” se refiere a no quedar atrapado en lo que ya se sabe o en experiencias pasadas. Aferrarse a lo conocido impide recibir lo nuevo y estar abiertos a una verdad más profunda. “Sin deseo” implica no forzar un resultado ni buscar confirmar nuestras propias expectativas; si queremos que algo sea de cierta manera, podemos distorsionar la realidad para que encaje con nuestras creencias, en lugar de aceptar lo que realmente es. Todo esto obstaculiza llegar a O.

Anteriormente se describieron prácticas en las que se observa la fe como un camino hacia el alivio. Sin embargo, es importante preguntarse hasta qué punto dichas prácticas están basadas en la memoria y el deseo. Por ejemplo, si la fe es rígida y basada en dogmas (memoria y deseo), puede convertirse en una expresión de Tánatos, pues limita el crecimiento y la transformación. En cambio, si la fe es una apertura a la experiencia de O, se convierte en una manifestación de Eros, ya que permite la integración y la apertura a lo desconocido. La persona tolera la incertidumbre, lo cual es clave en el proceso de pensamiento. Esto ocurre cuando alguien percibe la fe como una exploración, sin la necesidad de una certeza que deba imponerse a toda la sociedad.

Llegar a O podría parecer algo desconocido o incluso imposible, pero Bion también plantea el concepto de K, que se refiere al conocimiento de la experiencia. K es el saber, la capacidad de poner en palabras, pensar y conceptualizar la experiencia, algo esencial en la clínica psicoanalítica. Sin embargo, K por sí solo no es suficiente para llegar a O. Para acceder a O, es necesario un acto de fe, entendido como la capacidad de confiar en lo que aún no se puede conocer completamente: la fe en que existen una realidad y una verdad últimas, y que finalmente se trata de la propia verdad del paciente. Bion afirma: el acto de fe depende de una negación disciplinada de la memoria y del deseo” (Bion, 1974, p. 43).

El psicoanálisis mismo requiere una actitud de fe, ya que el analista debe confiar en que, a través del proceso, emergerá una verdad que no puede conocerse de antemano. Lo mismo ocurre con el analizado: solo sin memoria y sin deseo podrá encontrar su verdad. Para Bion (1974): “la receptividad lograda por el despojamiento de la memoria y el deseo, esencial para la operación de actos de fe, es imprescindible para el psicoanálisis y otros procedimientos científicos” (p. 37).

Si retomamos a Freud con el principio del placer y a Bion con el concepto de O, también podemos cuestionarnos cuáles son los límites de la búsqueda de una verdad absoluta, un estado de satisfacción plena y libre de angustia. Un ejemplo que ilustra esto es el caso del DJ Avicii, cuya biografía reciente describe su historia de dolor y consumo de sustancias, lo que lo llevó a buscar sanación a través de la meditación trascendental. Esta técnica, centrada en la paz interior y la calma, se convirtió en un elemento central en sus días. Sin embargo, durante un retiro para meditar en Omán, decidió terminar con su vida.

Un día antes de morir, escribió la siguiente frase: El derramamiento del alma es el último paso antes del reinicio (Sunkel, 2022) y para terminar con su vida, se cortó las venas con un trozo de botella. Su última frase remite a la idea religiosa del Mesías que derramó su sangre antes de resucitar en otra vida. Este ejemplo invita a reflexionar sobre cómo, sin importar el nombre que se le dé a una práctica de creencias, parece que todas coinciden en la búsqueda de alivio del dolor, un ciclo entre la pulsión de vida y la pulsión de muerte. Esta búsqueda insaciable se expresa en la fe: fe en una religión, en un proceso, en una persona, en una meditación. Cada quien encuentra algo en lo que creer, pero ¿hasta dónde llega la fe? ¿hasta dónde llega esta búsqueda? Para Avicii, significó la muerte: Tánatos venció a Eros.

¿Cómo podemos explicar esto a partir de los conceptos de O y K de Bion? Recordemos que O es la verdad última, pero solo se alcanza si hay un proceso de integración emocional y mental. Si la experiencia no se transforma en pensamiento, la persona puede quedar atrapada en un estado sin elaboración, al que Bion llama alucinosis. Según Bion:

En el dominio de la alucinosis, el hecho mental se transforma en una impresión sensorial, y las impresiones sensoriales no tienen significado en este dominio; proporcionan placer o dolor, pero no producen significado en el sentido en que ese término se entiende en el pensamiento racional (Bion, 1974, p. 38).

Considerando lo anterior, parece que Avicii experimentaba sensaciones intensas sin una elaboración psíquica. Su fe en la meditación se mantuvo en un estado de alucinosis, sin reflexión ni cuestionamiento. En lugar de integrarla a su psiquismo, su experiencia mística pudo haber quedado como algo no metabolizado, lo que le impidió alcanzar K y, mucho menos, O. Parece que, en lugar de brindarle claridad, la meditación lo desconectó aún más de su realidad interna.

Con este ejemplo y los casos anteriores de prácticas de fe orientadas a aliviar el dolor, podríamos concluir que, si estos métodos se utilizan para escapar del dolor en lugar de comprenderlo, terminan funcionando como una defensa más que como una vía de transformación. La desesperanza por no encontrar ese estado de verdad absoluta puede llevar al dominio de la pulsión de muerte: la destrucción.

Para finalizar, me gustaría plantear que, en vista de lo anteriormente descrito, no queda duda que, en la sociedad actual, la búsqueda de un alivio a la angustia es predominante, sin importar el medio o creencia por el que se le busque, lo que hablaría de otro golpe al narcisismo. Freud ya nos advirtió que no somos el centro del universo, que descendemos del mono, que somos esclavos de nuestras pulsiones y, además, en Malestar en la cultura nos recuerda que:

“Las tres fuentes de las que proviene nuestro penar son: la hiperpotencia de la naturaleza, la fragilidad de nuestro cuerpo y la insuficiencia de las normas que regulan los vínculos recíprocos entre los hombres en la familia, el Estado y la sociedad” (Freud, 1930, p. 85).

Lo que nos habla de otra herida al narcisismo: al no ser omnipotentes y estar desvalidos ante un mundo incontrolable, estamos expuestos al dolor y siempre buscaremos creer en un poder superior que podrá aliviarlo.

Este trabajo está dedicado a mi supervisor, el Dr. Kiyotaka Osawa.

Bibliografía

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  • Freud, S. (1986). El malestar en la cultura. (J. L. Etcheverry, Trad.). En J. Strachey (Ed.), Sigmund Freud, obras completas: Vol. XXI: El porvenir de una ilusión El malestar en la cultura y otras obras – (1927-1931). (2a. ed., pp. 57-140). Amorrortu Editores. (Trabajo original publicado en 1930 [1929]).
  • Freud, S. (1986). El porvenir de una ilusión. (J. L. Etcheverry, Trad.). En J. Strachey (Ed.), Sigmund Freud, obras completas: Vol. XXI: El porvenir de una ilusión El malestar en la cultura y otras obras – (1927-1931). (2a. ed., pp. 01-56). Amorrortu Editores. (Trabajo original publicado en 1927).
  • Freud, S. (1986). Tótem y tabú (Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos). (J. L. Etcheverry, Trad.). En J. Strachey (Ed.), Sigmund Freud, obras completas: Vol. XVIII: Tótem y tabú y otras obras – (1913-1914). (2a. ed., pp. 01-164). Amorrortu Editores. (Trabajo original publicado en 1913 [1912-13]).
  • Laplanche, J., & Pontalis, J.-B. (1996). Diccionario de psicoanálisis . Buenos Aires : Paidós.
  • Nietzsche, F. (2010). La Gaya Ciencia . Ciudad de México : Fontamara .
  • Peterson, K. (13 de Julio de 2023). El ritual del sapo bufo está de moda, y los traficantes de animales lo saben. Obtenido de National Geographic : https://www.nationalgeographic.es/animales/2023/07/sapo-bufo-alucinogeno-peligro-moda-caza-furtiva
  • Sunkel, C. (04 de Enero de 2022). Avicii´s final journal entries illuminate depths of struggle to break the cycle: Avicii´s new biography includes his devastating last words, documented the day before his suicide. . Obtenido de edm: https://edm.com/news/aviciis-final-journal-entries-last-words.
  • Imagen: Pexels/Francisco Cornellana Castells