41_MexicanoPor: Tania Díaz
 
“La sociedad no se ha visto aún en la necesidad
de buscar tratamiento para tales desórdenes porque
no ha adquirido suficiente ‘insight’ de sus dificultades”
W.R. Bion
 
México, como pueblo, ha tenido una metamorfosis desde sus inicios. Es curioso pensar que una de las especies endémicas más surreales y representativas del país es el ajolote, animal que llama la atención por su particular forma y características. De igual forma, representa una analogía del pueblo mexicano.
Para la mitología náhuatl, el ajolote es la advocación acuática del dios Xolotl, hermano mellizo de Quetzalcóatl, monstruoso a causa del nacimiento gemelar. Xolotl se encuentra asociado a la idea del movimiento y de la vida, de acuerdo con la leyenda del quinto sol.
Bernardino de Sahagún cuenta que Xolotl rehusaba la muerte, huyendo cuando vio llegar al verdugo y, ocultándose en las milpas, se convirtió en una planta de maíz de dos cañas o ajolote (xolotl); al ser descubierto echó a correr otra vez y se escondió en un magueyal, donde tomó la forma de una penca doble o mejolote (metl-maguey y xolotl).
Una vez más lo halló el verdugo y escapó de nuevo introduciéndose al agua, donde se transformó en un pez llamado axolotl. Ésta es su última metamorfosis. Finalmente, el verdugo lo atrapó y le dio muerte. Xolotl es un dios que le tiene miedo a la muerte, que no la acepta y quiere escapar de ella mediante sus poderes de transformación. (en Mitología náhuatl sobre el axolotl, 2010)
En la literatura referente al mexicano, nos encontramos con mitos, leyendas, ritos, fantasías que hacen referencia a lo que hemos vivido a través de la historia. Algunos autores contemporáneos como Samuel Ramos u Octavio Paz, se han dado a la tarea de estudiar al mexicano como ser social desde un punto de vista histórico, sembrando hipótesis con las cuales pretenden explicar las diferentes formaciones de grupos sociales, sus características y su forma de pertenencia al grupo de mexicanos.
 
El mexicano y sus características
Samuel Ramos sostiene que algunas expresiones del carácter del mexicano son compensatorias a un sentimiento inconsciente de inferioridad; esto puede observarse en rasgos comunes, como son: la desconfianza, la agresividad y la susceptibilidad. Según Ramos, este sentimiento tiene un origen histórico: la Conquista y la Colonia; sin embargo, es en la Independencia en donde el país tiene que buscar por sí mismo una fisonomía nacional propia queriendo por un lado apegarse a la cultura europea y entrando en un conflicto de lo que se quiere y lo que se puede.
El mexicano ha tendido a idealizar a los pueblos europeos, imitando como mecanismo de defensa, para crear una apariencia de cultura, la cual nos libera de ese sentimiento de tristeza e inferioridad.
En el desarrollo de la cultura de América debemos distinguir dos etapas: la transplantación, en donde dos elementos de la cultura Ibérica: el idioma y la religión, fueron impuestos al ya constituido pueblo mexica y por otro lado, la asimilación. Afirma Adler que el sentimiento de inferioridad aparece en el niño al darse cuenta de lo insignificante de su fuerza en comparación con la de sus padres. Se presentaba en la historia cuando ya imperaba una civilización madura, que sólo a medias puede comprender un espíritu infantil. De esta situación desventajosa nace el sentimiento de inferioridad que se agravó con la conquista, el mestizaje y hasta por la magnitud desproporcionada de la naturaleza (Ramos, 2013)
 
Ramos, clasifica a la sociedad en tres grandes rubros:
 
El pelado: es un individuo que lleva su alma al descubierto sin esconder nada de sus más intimas motivaciones. Ostenta cínicamente impulsos elementales que otros hombres podrían disimular. Pertenece a una categoría social ínfima y representa el desecho de la ciudad. Económicamente es menos que un proletario e intelectualmente un primitivo. La vida le ha sido hostil por lo que su actitud ante ella es de resentimiento. Suele ser de naturaleza explosiva, siendo las de forma verbal las más comunes; éstas tienen como tema la afirmación de sí mismo en un lenguaje grosero y agresivo. La terminología de éste abunda en alusiones sexuales que revelan una obsesión fálica, simbolizando la fuerza masculina con el órgano sexual y una feminidad ínfima usada en sus combates verbales
 
El mexicano de ciudad: “es lo menos <<idealista>> posible. Niega todo sin razón alguna porque él es la negación personificada. Es susceptible y nervioso; casi siempre está de mal humor y es a menudo iracundo y violento”
 
El burgués mexicano: “posee mas dotes y recursos intelectuales que el proletario para consumar de un modo perfecto la obra de simulación que debe ocultarle su sentimiento de inferioridad. Esto equivale a decir que el yo ficticio construido por cada individuo es una obra tan acabada y con tal apariencia de realidad, que es casi imposible distinguirla del yo verdadero”
Análogo a lo que plantea Ramos sobre el pelado, Paz plantea que el lenguaje popular refleja una defensa al exterior: “el ideal de hombría consiste en no “rajarse” nunca. Los que se “abren” son cobardes…varias épocas se enfrentan, se ignoran o se entredevoran sobre una misma tierra o separadas apenas por algunos kilómetros.” La actitud del mexicano va a consistir predominantemente sobre la premisa de quién aguanta más y quién representa física o simbólicamente el poder ante los otros. En palabras de Octavio Paz:
La existencia de un sentimiento de real o supuesta inferioridad frente al mundo podría explicar, parcialmente al menos, la reserva con que el mexicano se presenta ante los demás y la violencia inesperada con que las fuerzas reprimidas rompen esa máscara impasible. Pero mas basta y profunda que el sentimiento de inferioridad, yace la soledad. Es imposible identificar ambas actitudes: sentirse solo no es sentirse inferior, sino distinto. El sentimiento de soledad, por otra parte, no es una ilusión -como a veces lo es el de inferioridad- sino la expresión de un hecho real: somos, de verdad, distintos. Y, de verdad estamos solos. (Paz, 2004)
Es curioso que ambos manifiesten un perfil del mexicano en el que, por decirlo así, hay un complejo de inferioridad y una resignación ante eventos actuales. Esto está íntimamente ligado con el trauma que representó la Conquista y la Colonia para el ya establecido pueblo mexicano, que contaba con una cultura, religión, sistema político y social establecido. Éste se vio mermado a la llegada de los españoles quienes fueron vistos como dioses o sus representantes en la tierra. Se vieron, por así decirlo, sometidos a una nueva forma de vida, religión y sistema político en el que incluso, quienes representaban a la realeza indígena, fueron relegados a ser esclavos. Con ello, me remito nuevamente a Paz:
“Nuestra historia está llena de frases y episodios que revelan la indiferencia de nuestros héroes ante el dolor o el peligro. Desde niños, nos enseñan a sufrir con dignidad las derrotas, concepción que no carece de grandeza”
 
Concepciones sobre la muerte
Por otro lado, llama la atención el culto del pueblo mexicano hacia la muerte. Ya desde sus inicios, los pueblos indígenas tenían una visión fantástica y llena de simbolismo hacia la muerte. Muestra de esto son los sacrificios que se hacían para los dioses o incluso el canivalismo que era una práctica común, aunque exclusiva para ciertos estratos sociales. Referente a esto, Paz escribe:
 
Cuando el mexicano mata -por vergüenza, placer o capricho- mata a una persona, a un semejante. Los criminales y estadísticas modernos no matan: suprimen. Experimentan con seres que han perdido ya su calidad humana. En los campos de concentración primero se degrada al hombre; una vez convertido en un objeto, se le extermina en masa. El criminal típico de la gran ciudad -más allá de los móviles concretos que lo impulsan- realiza en pequeña escala lo que el caudillo moderno hace en grande. También a su modo experimenta: envenena, disgrega cadáveres con ácido, incinera despoja, convierte en objeto a su víctima. La antigua relación entre víctima y victimario, que es lo único que humaniza el crimen, lo único que lo hace imaginable, ha desaparecido. Como en las novelas de Sade, no hay ya sino verdugos y objetos, instrumentos de placer y destrucción. Y la inexistencia de la víctima hace mas intolerable y total la infinita soledad del victimario. Para nosotros el crimen es todavía una relación- y en ese sentido posee el mismo significado liberador que la Fiesta o la confesión-. De ahí su dramatismo, su poesía y -¿por qué no decirlo?- su grandeza. Gracias al crimen accedemos a una efímera trascendencia. (Paz, 2004)
 
 
Criminalidad
Para Franz Aexander y William Healy, en el imaginario político de América, más que en el de Europa, el criminal es un héroe idolatrado. La criminalidad en el mundo nuevo supone una desesperada rebelión patológica del individuo contra la civilización; en otros términos, el mundo maquinal es percibido por el ego como un ataque sobre su soberanía masculina y la criminalidad es una de las tentativas del ego por recuperar su libertad perdida (Alexander y Healy, 1946 en Mollo 2010)
Siguiendo a Freud en el apartado de Los que delinquen por conciencia de culpa, éste sostiene que la herencia del complejo de Edipo es el superyó y por lo tanto, de la moral, la cual está al servicio de la pulsión de muerte, ésta dará como resultado la culpabilidad al sujeto. Para él existen diferentes tipos de delincuentes:
Delincuentes por consciencia de culpa: Los define como aquellos que sufren un sentimiento de culpa de origen desconocido previó a cometer una falta y una vez realizada, siente mitigada la presión o culpabilidad.
 
Los delincuentes sin sentimiento de culpa:
-Los que no han desarrollado inhibiciones morales
Los que creen justificados sus actos por su lucha contra la sociedad
 
Hoy en día, los criminales tienden a realizar actos violentos bajo el emblema de un grupo, una institución o una creencia. Generalmente basan estos actos violentos en un código paralelo a la moral convencional para así usarlo como un trofeo o un triunfo que puede exhibir ante los demás, dotándolo de un mayor poder. Por ello, aquel que comete un asesinato bajo el emblema del grupo al que pertenece, cumple con un código paralelo al legal, el código grupal. Con esto, tiene una mayor probabilidad de escalar en el nivel social del grupo bajo las insignias de poder, miedo y una valentía forjada por el concepto heroico propio de dicho grupo.
Fritz Redl sostenía que los delincuentes juveniles se identificaban masivamente con una cultura de sus pares -con códigos no escritos-, por oposición a las imposiciones de los “adultos” y el medio social. Desde esta perspectiva, que retoma la hipótesis de Freud en Psicología de las masas y análisis del yo, la delincuencia juvenil constituye un conjunto de defensas psicológicas grupales que parten del “código” de la banda. Así, el individuo delincuente puede acceder a una satisfacción pulsional mientras que la banda impide el surgimiento de sentimientos de culpabilidad, angustia y la emergencia de conflictos. (Mollo , 2010)
Si bien es cierto que la violencia y los hechos delictivos han estado presentes desde tiempos inmemorables; el hombre, como especie, se ha encargado de dar un juicio moral a los actos realizados por éste.
Es curioso leer acerca de la historia de la locura, en ella podemos encontrar cómo la sociedad ha evolucionado y ha ido cambiando sus normas sociales y culturales y es a partir de éstas que se realiza un juicio entre quién es el sano o el enfermo; qué es lo correcto o lo incorrecto, todo visto desde su propio punto de vista. Los actos del ser humano y las leyes impuestas a éste son evaluadas por la misma sociedad, es así como quienes han dedicado sus estudios al campo de la medicina, han categorizado enfermedades o patologías.
Una de las patologías que están altamente correlacionadas con el crimen es la psicopatía. El primer libro sobre las psicopatías fue publicado en 1885 por el ruso Bechterev y las dividía en: congénitas y adquiridas. Posteriormente, Koch, en 1888, realizó la primera descripción sintética de las psicopatías. En 1891 publicó un libro en el que impulsa la expresión “psicopatía” con el significado que le es atribuido hoy en día. Por otro lado, Cleckley se esforzó por marcar una diferencia entre psicópata, criminal y delincuente:
Finalmente culmina con la enumeración de dieciséis puntos característicos que han sido retomados por numerosos autores: encanto superficial y buena “inteligencia”; inexistencia de alucinaciones y otras muestras de pensamiento irracional; ausencia del “nerviosismo” o de manifestaciones psiconeuróticas; indignidad de confianza; mentiras y falta de sinceridad; carencia de sentimiento de culpa y vergüenza; comportamiento antisocial sin remordimiento; dificultad en el juicio y para aprender por la experiencia; egocentrismo patológico e incapacidad para el amor; gran pobreza en relaciones afectivas básicas; pérdida específica de la intuición; irresponsabilidad en las relaciones interpersonales; comportamiento fantástico y poco regulable con el uso de alcohol; suicidio rara vez perpetuado; vida sexual impersonal, trivial y mal integrada; carencia de un proyecto de vida (Cleckley, 1988 en Mollo 2010)
Es importante mencionar que muchos de los criminales son psicópatas, mas no todo criminal padece esta condición. Quienes la padecen suelen actuar visceral, impulsiva y agresivamente. En su conjunto, las formas de criminalidad del psicópata proceden de su fijación y regresión a la etapa protofálica, la cual es preedípica y, por lo tanto, anterior a la constitución del superyó como heredero del conflicto edípico (Wittels, 1938 en Mollo 2010)
Reconocidos analistas han formulado teorías acerca de la psicopatía y las carcteropatías. Betty Joseph hizo referencia a las características que son fundamentales en los psicópatas no criminales dentro de las que se incluyen: incapacidad para tolerar tensiones, una particular relación con los objetos y un conjunto de defensas que lo equilibran de modo precario. Por otra parte, Horacio Echegoyen, en un texto de 1960, destaca la importancia de las experiencias de abandono temprano, el vacío de su vida interior, incapacidad para la abstracción conceptual, superficialidad de afectos, impermeabilidad para captar el punto de vista de los demás, egoísmo, falta de responsabilidad junto con la incapacidad de pensar y expresarse.
León Grinberg, en 1963 refiere a los psicópatas como personas que recurren a la acción ante la dificultad para manejar la culpa en el plano mental. De esta forma “la actuación psicopática” implica una tentativa del psicópata de negar la propia culpa que no puede soportar, haciéndola recaer sobre los demás. En otros términos, se trata de una debilidad del yo para tolerar la culpa y del recurso a la negación y la identificación proyectiva para trasladarla al otro (Grinberg, 1971 en Mollo 2010)
Para Wilhelm Reich, el carácter es lo que le otorga la identidad al individuo, es un síntoma incorporado al yo como una patología asintomática que afecta la conducta de éste; por ello, un rasgo de carácter neurótico es incorporado a la personalidad y se hace crónico. Es en las neurosis de carácter en donde se presentan las defensas de carácter frente a la angustia, los rasgos orales, anales o fálicos de la personalidad; la conducta ante el superyó; la relación con los objetos externos; fijaciones, entre otros.
Por otro lado, encontramos que las neurosis, estudiadas y definidas en un inicio por Freud, han evolucionado y han sido clasificadas en nuevas categorías y sub-categorías. Después de que Freud fundara el psicoanálisis surgieron diversos puntos de vista y diferentes escuelas. Por ello, visualizan una misma situación desde diferentes enfoques, lo que permite enriquecer una misma problemática siendo evaluada desde distintas perspectivas.
 
Delincuencia
Muchos de los post-freudianos manifestaron desacuerdo en que la delincuencia es necesariamente parte de un perfil sociopático. Por ello surgieron diferentes visiones enfocadas a cada una de las escuelas. Podemos agrupar estos puntos de vista en tres bloques:
 

  • Los que siguieron fielmente a Freud, quienes proponen que la delincuencia es producto de cierto déficit al atravesar el complejo de Edipo, lo que culmina en un fracaso de las identificaciones que llevan a la formación del superyó, las cuales son esenciales para entender la normativa social. Entre éstos encontramos a August Aichhorn, quien plantea una “desregularización” del ideal del yo por un fracaso en el objeto de identificación primaria (el padre)
  • Otros proponen que los actos delictivos son producto del inconsciente y hacen una diferenciación entre el síntoma dilecta y el síntoma neurótico. Se explica a través de la manifestación de rasgos de carácter aloplásticos como un intento de resolver el síntoma en contraposición al síntoma autoplástico que ya implicaría una solución por sus características. Peter Blos, describe que a través de la actuación, el medio ambiente es utilizado como una proyección del trauma infantil. En la actuación delictiva se hace un gran esfuerzo por mantener la integridad yoica y se busca desmentir las limitaciones de la realidad.
  • Por último, se plantea que el comportamiento asocial es consecuencia del vínculo primario, es decir, pre-edípico. Teóricos como Bowlby con la “relación rota de madre-hijo” y Winnicott con la “deprivación”; proponen que un desorden en la relación afectiva primaria conduce a una tendencia antisocial, lo cual no necesariamente concluye en un comportamiento delictivo en la adultez pero implica cierta predisposición a éste.

 
El sistema grupal
A diferencia de épocas pasadas, en la actualidad, nos encontramos en mayor medida con grupos criminales, los cuales actúan como una célula o banda. Cada uno de los integrantes del grupo adopta la filosofía, reglas, lenguaje y la forma de actuar del grupo al que desea pertenecer.
Es así como cierto individuo que quiere formar parte de un grupo tiene que concordar con los principios y fines que éste plantea. Una vez que acepta, por lo general, debe pasar ciertas pruebas que le permitan demostrar su fidelidad al grupo. En algunos grupos criminales, se les pide como requerimiento para pertenecer al mismo asesinar a una mujer de su familia. Otros se identifican por ciertos tatuajes o marcas en el cuerpo, lo cual les da una sensación de pertenencia. Es, como sustenta Didier Anzieu en su libro El grupo y el inconsciente:
La ilusión grupal que representa ciertos momentos de euforia fusional en la que todos los miembros del grupo se sienten bien juntos y se alegran de formar un buen grupo. Desde el punto de vista dinámico, la ilusión grupal aporta un intento de solución al conflicto entren deseo de seguridad y de unidad, por una parte, y, por otra, la angustia de tener el cuerpo fraccionado y de sentirse amenazado por la pérdida de la identidad personal dentro de la situación del grupo. Desde el punto de vista económico, la ilusión grupal representa un caso particular de la escisión de la transferencia; esto es, la transferencia positiva se concreta sobre el grupo como objeto libidinal. Desde el punto de vista tópico, se muestra la existencia de un Yo ideal grupal. Desde el fantasmático, se requiere la introyección del pecho bueno como objeto parcial y la identificación narcisista con él, con la finalidad de reparar los daños causados por una fantasía destructora específicamente movilizada por la situación del pequeño grupo, la de los niños que se desgarran entre ellos dentro del seno de la madre mala. Desde el punto de vista genético, la ilusión es, como sabemos a partir de Winnicott (1953), una etapa necesaria en la constitución, por el niño, del mundo exterior, etapa en la que éste está representando como extensión de la omnipotencia materna; la ilusión grupal permite la constitución del ser del grupo como objeto transicional. (Bion, 2013)
Para Bion, en todo grupo el individuo va a tener un rol en la organización para hacer que, como una célula, cumpla toda una función; por ejemplo, en el organismo humano, cada órgano cubre sus necesidades y logre alimentar y mantener con bienestar el cerebro, que coordinará a los demás órganos. Él propone tres supuestos básicos en el grupo:
 
-Dependencia: Pide la protección de un líder del cual depende de su alimentación. Sólo subsiste si éste está dispuesto a aceptar el papel que se le atribuye con todo lo que ello implica.
-Ataque-fuga: muestra una incapacidad para la comprensión y el amor. Todos sus miembros se oponen al desarrollo que en sí depende de la comprensión. El líder se presta a servir al requerimiento del grupo, quienes generalmente reclaman que tengan capacidades para luchar o huir.
-Emparejamiento: es cuando se da la formación de subgrupos o de parejas, en éste se da una esperanza mesiánica por parte del grupo aunque se corre el peligro de que se forme un sub-grupo independiente.
El grupo se reúne a fin de lograr el sostén de un líder de quien depende para nutrirse material y espiritualmente y para obtener protección. (Bion 1987: 2005). Con ello observamos que toda agrupación obtiene una ganancia secundaria, la cual hace que permanezca como parte del grupo. Los supuestos básicos no se manifiestan en un mismo momento sino que se dan por ciclos. Por ello, es importante prestar atención ante cualquier modificación que se dé entorno a éstos.
 
Conclusion
El mexicano rehúye a la muerte, como en la leyenda de Xolotl, busca transformarse y crecer en un aspecto social e intelectual; sin embargo, se queda en un intento de cambiar, de preservar su vida a costa de todo. Como el ajolote, tiene características únicas y peculiares, sin embargo, pareciera que se queda en un intento de convertirse en un animal evolucionado pero permanece en su forma más primitiva.
Si tomamos las hipótesis de Ramos y Paz, nos encontramos con que el mexicano se siente inferior al resto del mundo, que aún padece el trauma de la Conquista y la Colonia. Esto lo ha orillado a sentirse inferior, a ser desconfiado y susceptible, por lo que termina siendo muy precavido de sus actos y con ello aislado del resto del mundo, sintiéndose solo.
Busca a través de la muerte, sentirse vivo, con ello realiza rituales para conocer qué es la vida pero no es sino al ver contrastada la vida con la muerte que puede identificarla, dramatizarla y festejarla, crear un mundo paralelo en el que después de la vida sigue la muerte y para el mexicano la muerte es una fiesta.
Desde mi punto de vista, el mexicano actual está en busca de sentirse ganador, de esforzarse, como diría Paz, en ser “El chingón” y no “El chingado”; sin embargo, pareciera que la creencia popular para ser un chingón es que se necesita poder, lo cual implica tener un estatus tanto económico como social que en ocasiones sólo puede ser alcanzado al ser violento y temido por los demás.
De unos años para acá se ha visto un incremento del crimen y la violencia en el país, un ejemplo de ello es el narcotráfico, el cual brinda todas estas ganancias secundarias al jugarse la vida en el negocio “morir o matar”, es el lema de muchos de estos grupos, quienes como plantea Freud, se creen justificados en sus actos por haber sufrido carencias en la infancia, ya sean económicas o de amor, lo cual ha llevado a muchos de ellos a buscar ese amor, comprensión, cariño y contención que no tuvieron en grupos delictivos, hoy en día los mas comunes son los que están ligados al crimen organizado.
Si bien se necesita de grandes escrúpulos y cierto grado de patología para pertenecer y realizar las acciones necesarias por mantener a flote el cartel, la banda o la pandilla, vemos en paralelo que son fieles a sus propios códigos y creencias, que están buscando una forma de pertenencia ya que no se sienten cómodos en ningún lado, lo que deviene en sentimientos de frustración y soledad.
Nuestra muerte ilumina nuestra vida. Si nuestra muerte carece de sentido, tampoco lo tuvo nuestra vida. Por eso cuando alguien muere de muerte violenta, solemos decir: “se la buscó”. Y es cierto, cada quien tiene la muerte que se busca, la muerte que se hace. Muerte de cristiano o muerte de perro son maneras de morir que reflejan maneras de vivir. Si la muerte nos traiciona y nos morimos de mala manera, todos se lamentan: hay que morir como se vive. La muerte es intransferible, como la vida. Si no morimos como vivimos es porque realmente no fue nuestra la vida que vivimos: no nos pertenecía como nos pertenece la mala suerte que nos mata. Dime cómo mueres y te diré quién eres. (Paz, 2004)
En palabras de Octavio Paz todos cosechamos lo que sembramos, nuestras acciones tienen consecuencia directa en nuestro porvenir, somos juzgados por querer ser, pero realmente no hemos llegado a ser lo que quisiéramos ser.
 
Biblilografía

  • Anzieu, D. (2004). El grupo y el Inconsciente: Lo imaginario grupal. Madrid: Biblioteca Nueva.
  • Bion, W. (2013). Experiencias en grupos. Barcelona: Paidós
  • Beebe, C. (n.d.). The Italian Red Brigades and the structure and dynamics of terrorist groups. The International Journal of Psychoanalysis, 91(3), 541-560.
  • Freud, S. (2012) Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo analítico en Obras Completas: (Vol. XIV, pp. 313- 340). Buenos Aires: Argentina: Amorrortu.
  • Mollo, J. (2010). Psicoanálisis y criminología: Estudios sobre la delincuencia. Buenos Aires: Paidós
  • Paz, O. (2004). El laberinto de la soledad. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica
  • Ramos, S. (2013). El perfil del hombre y la cultura en México. México, D.F.: Editorial Planeta Mexicana.
  • Mitología náhuatl sobre el axolotl. (2010, June 24). Retvisado Junio 22, 2015.

 
 
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