Regina Peón

Manifestaciones en el salón de clases. Mis observaciones.

Durante el ciclo escolar pasado, trabajé como maestra de Co-enseñanza con niños de Preescolar. Mis alumnos tenían entre 4 y 5 años de edad y pude observar su comportamiento dentro del salón de clases y la forma en la que lidiaban con la etapa que estaban enfrentando. Así mismo, me di cuenta de la falta de información que hay respecto a la sexualidad infantil y la importancia de orientar a los padres y las madres, maestros y cuerpo directivo, con el fin de que respondan en forma concisa, veraz y precisa las explicaciones que el niño requiere. En este trabajo voy a exponer algunas observaciones acerca de las conductas de mis pequeños alumnos, vinculándolas con la teoría psicoanalítica. Los nombres de los alumnos mencionados, no son los reales.

Cada etapa del desarrollo tiene sus propios retos y la calidad con que se resuelven, determina la posibilidad de resolver los retos de las siguientes etapas. Según Dolto (1971), en la etapa oral, que va de de los cero meses hasta el año y medio, lo más erogenizado es la boca, la piel y los músculos. En la siguiente etapa, la anal, que va del primer año de vida a los 3 años, la erogenización prepondera en otra zona que tiene que ver con los esfínteres: retención y expulsión. El niño conquista, las heces, son un tesoro, la caca es un regalo; es algo que él produce. No solo produce algo bello, si no que también es la primera experiencia subjetiva de  pérdida, la cual, da comienzo a la castración. Durante las etapas mencionadas, las formas de satisfacción pulsional fueron directas, sin censura, todo era  posible y sin límites. 

En la siguiente etapa, la fálica, el niño ya tiene hábitos, carácter; es decir,  ya posee un yo. Sin embargo, todavía no se edifica lo que Freud llamó los poderes anímicos (el asco, el sentimiento de vergüenza, los reclamos ideales en lo estético y en lo moral) (Freud, 1905), el sentido moral personal está en desarrollo.   

Es en este momento del desarrollo, en la etapa fálica, donde ocurre el reto más importante y difícil de la infancia. Los niños con los que trabajé, se encontraban en esta etapa del desarrollo. “El Complejo de Edipo revela cada vez más su significación como fenómeno central del período sexual de la primera infancia. Después cae sepultado, sucumbe a la represión, y es seguido por el período de latencia ” (Freud, 1924). 

Mis alumnos sentían la necesidad de socializar con sus compañeros y sus maestras,  por lo que su comportamiento comenzaba a regirse por las reglas morales.  Por ejemplo, Pepe no quería que se fuera su mamá después de que vino a leer un cuento al salón, ella le decía que tenía una junta importante en el trabajo, a lo que José contestaba: “no importa, llévame, yo quiero ir contigo”,  estaba a punto de llorar. Se da cuenta, quiere ir con mamá, pero le contesta “la voz del deber ser”, no puedes;  ya no todo es posible. Emi, su mejor amigo le dice: “Pepe, acuérdate que hoy vamos a jugar fútbol en el recreo”. Pepe lo voltea a ver, se aguanta las lágrimas, voltea a ver a mamá, luego a mi  y se despide de mamá. Antes todo se había satisfecho directamente pero es en este momento del desarrollo, en donde el “yo” entra en conflicto, se encuentra atrapado entre satisfacer su deseo o cumplir con las exigencias morales; ahora ya hay un límite. 

El niño y la niña atraviesan el desafío edípico de distinta manera. A modo de resumen, Doltó menciona que, el niño se lanza a perseguir lo que desea, rivaliza con el padre para quedarse con la madre. Forma su súper yo a través de la identificación con el padre, con el fin de que mamá le diga: “ya eres todo un hombrecito”, mientras más se parece a papá y más complace a mamá, más claras son sus fantasías edípicas. Siente miedo de perder lo más preciado, “su pene” por lo que se identifica con papá, lo imita para algún día llegar a ser como él. No obstante, el Edipo toma años en resolverse y es aquí donde inicia está complicada transición. 

Por ejemplo: Rodrigo, 4 años 8 meses, es un niño alegre y chistoso. Generalmente llegaba al salón directo a contarme un chiste o alguna anécdota. Decía groserías e incluso en una ocasión le dijo a una maestra que tenía unas nalgas enormes. La actitud grosera de Rodrigo se intensificó, en una ocasión le dijo a una de sus compañeras que era una “zorra”, se echaba pedos y le pedía a sus compañeros que los olieran. No me sorprendería que Rodrigo esté imitando el comportamiento de papá. Un día lo noté muy cansado y le pregunté: ¿Qué pasa? a lo que contestó: dormí muy mal, súper mal, tuve pesadillas y me tuve que ir a dormir con mi mamá. ¿En serio?, ¿Qué soñaste, cuéntame? Es que Regis, estuvo horrible, no te imaginas. “Soñé que mi papá se iba de mi casa para siempre y que nunca regresaba entonces, me dio tanto miedo, que me tuve que pasar al cuarto de mi mamá y dormirme con ella, yo creo que fue una pesadilla. En este ejemplo, se puede ver el deseo de Rodrigo de que papá se vaya y él se quede con mamá y poder dormir con ella. Así mismo, se ve el miedo de que su fantasía se vuelva realidad y papá se enoje y haya una consecuencia; la castración. 

Por otro lado, la niña, tiene que lidiar con los celos y la envidia de no haber poseído un pene. Siguiendo a Doltó, descubre que hay personas que tienen una cosa que ella no, la castración es un hecho, se da cuenta de que nunca lo tendrá y que mamá ama a esas criaturas que tienen lo que ella no, por lo que busca la aprobación de los hombres. Lucha contra la madre y busca que papá la prefiera a ella. Se empieza a preocupar por como se ve, se pone todo lo que encuentra y se reconcilia con el sexo masculino. Fantasea con tener un hijo de papá y luego renuncia a esta idea. 

Por ejemplo, Natalia era una niña muy coqueta, siempre llegaba con el pelo planchado y me decía; “ayer mi mamá me secó el pelo y después me lo planchó”. Siempre traía pulseras y constantemente buscaba algún hilo para ponérselo en la muñeca. Conforme fue pasando el tiempo, Natalia comenzó a aprender a leer y escribir y su pasatiempo favorito era escribirle cartas de amor a Jerónimo. Cuando le ponía actividades para escribir, quería que yo estuviera con ella ayudándola y me decía: “no sé escribir Regis, te lo prometo”. A lo que yo contestaba: ¿en serio no sabes?, se me quedaba viendo y me devolvía una sonrisa coqueta. 

Un día llegó diciendo que estaba embarazada y en el recreo se ponía una pelota debajo de su blusa y les decía a sus compañeras que iba a tener un bebé. Las maestras pensaron que seguramente la mamá de Natalia estaba embarazada, investigaron y nos dijeron que no. A las demás niñas les encantó el juego por lo que los días que habían pelotas en el recreo, las niñas jugaban a “estar embarazadas”. Un día, me dijo que “odiaba a Montse” porque desde que se habían cambiado los lugares de trabajo en el salón, Jerónimo pasaba más tiempo con Montse que con ella. Pasaba al lado de la mesa de Montse y “sin querer” le tiraba los colores. Este es un claro ejemplo en donde Natalia está desplazando la rivalidad con mamá a Montse. 

En otra ocasión, Natalia llegó al salón llorando, me abrazó y no me quería decir lo que pasaba. Después de un rato de estarme desmayando por el olor, me confesó que se había hecho popó en sus calzones pero que por favor nunca le fuera a decir a nadie, que eso era algo entre nosotras y que la ayudara a limpiarse y a lavar sus calzones. Mientras nos lavábamos me decía fuchi, que asco huele súper feo, cuando terminamos, me dijo: “tenemos que buscar a una nanita para que lo seque, no podemos dejarlos aquí y que todos vean mis calzones”. Podemos observar como Natalia va formando su concepción de lo que Freud denominó asco y vergüenza. De igual forma, Natalia está en la edad de hacerse responsable de aprender sobre la higiene de su propio cuerpo.

Por otro lado, Andrea, 4 años 10 meses, es una niña muy creativa, le encanta dibujar y escribir “con letra de niña grande”. Es un poco tímida y en ocasiones lloraba porque extrañaba a sus papás. Se chupaba el dedo y se hacía pipí en las noches. A la hora de la salida, cuando nos formábamos para irnos a los camiones, los niños hacían una fila conforme iban terminando sus trabajos del día. Andrea se esforzaba por ser siempre la primera en terminar y así ser la primera de la fila. Corría a la puerta del salón, dejaba su mochila y se regresaba a terminar de limpiar. Cuando le ganaban su lugar se ponía a llorar desconsoladamente, se enojaba con sus compañeros, gritaba, se chupaba el dedo y me suplicaba que por favor la dejara ir junto a mi, hasta adelante, agarrándome la mano. Hago la hipótesis de que a Andrea, le está costando trabajo el desafío edípico ya que podría ser que, el no tolerar, no ser la primera de la fila, el hacerse pipí y el chuparse el dedo, es como si no tuviera la suficiente fuerza para rivalizar con mamá. 

Doltó menciona que la enuresis se ve en pleno complejo de Edipo normal no solucionado. Es una preocupación preedípica y la pulsión no encuentra salida suficiente, ya que no se permite la masturbación. En ocasiones, ocurre en niños o niñas que sienten presión por ser excelentes académicamente y con padres muy exigentes. Solamente cuando haya regresado a una situación edípica normal se podrá gustar a papá y mostrarse grande a los ojos de mamá que no lo cree. Considero que esta es la situación de Andrea, sus padres le exigían ser la mejor en la escuela. En una ocasión el padre de Andrea me confesó su preocupación por la estatura de Andrea, ya que él era un hombre muy alto y Andrea estaba “chaparra”, me preguntó si yo sabía sí Andrea iba a crecer o no, a lo que contesté que consideraba que Andrea tenía una estatura promedio y eso no era un tema por el cual preocuparnos. 

Un día llegó muy emocionada a contarme que ya iba a ir al dentista para que le pusieran un paladar y dejara de chuparse el dedo. Cuando llegó con el paladar, los primeros días estaba feliz y muy orgullosa porque su papá le había comprado una muñeca y le iba a comprar más juguetes si dejaba de chuparse su dedito. Un día me dijo: “Regis me pidió mi papá que te pregunte que como voy, ¿verdad que si me estoy dejando de chupar el dedo?”. Andrea no se siente grande a los ojos de papá y mamá por lo que necesitaba sentir que yo sí veía su letra tan linda; que yo estaba ahí para acompañarla. Probablemente la salida le ocasiona angustia ya que regresaba a casa, a las exigencias de mamá y papá y prefería quedarse en el salón con una maestra que la escuchara y le dijera lo bien que había trabajado. 

Según Erickson, la edad del juego, es también la etapa en la que los niños están desarrollando la conciencia y empiezan a catalogar su conducta con cualitativos como bueno o malo. El salón estaba lleno de pequeñas maestras. Ellas eran las que me ayudaban a recordar lo que “sí se valía” y lo que “no se valía”. Entre ellos se “corregían” y constantemente buscaban mi aprobación. “Regis, verdad que está mal pegar”, “Regis, verdad que está mal correr en el salón”, “verdad que nos tenemos que lavar las manos antes de comer”, “que asco Jero escupió”, “¿verdad que sí se vale ayudar a mis compañeros? Esta conciencia se convierte en la piedra angular de la moralidad. 

Siguiendo a Erikson, el complejo de edipo, es un drama interpretado en la imaginación del niño e incluye también la comprensión de la reproducción, el crecimiento, el futuro y la muerte. Me hacían preguntas relacionadas con  la reproducción, generalmente, los niños presentan curiosidad en cuanto a la reproducción, primero se cuestionan dónde estaban antes de nacer y posteriormente cómo salieron del cuerpo de mamá. Maite, estaba a meses de tener una hermanita y me decía que su mamá estaba panzona. “Regis, no entiendo, ¿Qué fue lo que pasó que ahora mi mamá tiene a Renata en su panza?”, ¿Dónde estaba yo antes de nacer, también en la panza de mamá? O también, preguntas relacionadas a la muerte, Mi abuelita se murió hace mucho y ya no la puedo ver, mi mamá dice que está en el cielo, ¿es verdad?. Me preguntaban también sobre el futuro como por ejemplo: si cuando ellos pasaran a primaria iban a poder ir siempre a la biblioteca o sí ya no iban a tener nanitas en los camiones. A la par que la vida sexual del niño alcanza su primer florecimiento, entre los tres y los cinco años, se inicia en él también aquella actividad que se adscribe a la pulsión de saber o de investigar (Freud, 1905). Todo querían saber, me costaba trabajo esconder algo en el salón ya que siempre me cachaban, les encanta investigar sobre cómo nacen los animales, preguntan sobre el coronavirus y me platican lo que ya investigaron.

Ahora juegan con un objetivo, ganar, sus genitales tienen una orientación y el objeto de sus deseos sexuales es la madre o el padre. Persiguen sus objetivos con determinación y esta etapa les permite no solo imaginarse la fantasía edípica, sino también lo que significa ser mayor, omnipotente o un animal feroz.  Durante el recreo, los juegos son siempre relacionados a “la casita” o “la familia”. No solo los de las niñas, los niños tenían la increíble habilidad de adaptar los videojuegos como por ejemplo “fornite”, el videojuego “más de moda” que se trata de matar, lo convertían en un juego de la familia. Yo les preguntaba ¿A qué juegan?, a lo que ellos contestaban: “a fornite”, mira Regis, él es el papá, Xime es la mamá y nosotros dos somos los hijos. Cuando regresamos al salón, ellos sabían que formábamos un círculo y les tocaba a dos compañeros contarnos a lo que habían jugado en el recreo. Les costaba trabajo contenerse ya que todos querían participar y les parecía eterno tener que esperar “hasta mañana”. La primera vez que nos contaron del juego de fornite, yo les dije que no tenía idea de que era fornite que por favor me explicaran de qué se trataba el juego. Empezó Mateo: es un videojuego, tienes que matar para poder ganar. Continuó Jorge, hacemos una familia y escogemos quienes son los malos y después tenemos que matar a los malos. Hoy yo mate al papa, ¿verdad Emi?. Por otro lado, en una ocasión, Rodrigo me dijo que había jugado en el recreo a ser un león feroz que corría y se comía a todos. 

Sebastián y Andrés subían todos los días juntos al salón. Un día tardaron mucho en subir pero yo había visto por el balcón que su camión ya había llegado. Los esperé afuera del salón y les pregunté que porque se habían tardado tanto en subir. Venían riéndose y no podían ocultar en la cara que algo “malo” habían hecho. Primero habló Sebastián: “Regis, Regis, te juro que no hicimos nada malo”. Continuó Santiago, “sí en serio, no fue idea de nosotros”. A los que yo conteste: algo pasa que siempre tardan en subir, cuéntenme ¿que hay abajo? Bueno es que nos encanta entrar al baño de las niñas, todos los días entramos y hoy estaban haciendo pipí y nos metimos al baño y vimos a una niña haciendo pipi. De verdad no queríamos verla pero la vimos y sabes que: “Regis, nos dimos cuenta de que las niñas tienen algo diferente a nosotros”, se reían y se volteaban a ver como si estuvieran nerviosos y temieran que yo los fuera a castigar. El correspondiente de esta inclinación considerada perversa, la curiosidad por ver los genitales de otras personas, probablemente se hace manifiesto sólo algo más avanzada la niñez, cuando el escollo del sentimiento de vergüenza ya se ha desarrollado en alguna medida”. (Freud, 1905). En nuestra cultura, el aprendizaje sobre el cuerpo suele excluir a los genitales, se niega esta parte del cuerpo. Es posible que les resulte difícil a las maestras incluir preguntas sobre los genitales en la planeación, sin embargo, es relevante que los niños puedan nombrar los genitales, que sepan que los niños tienen un pene y las niñas tienen vulva, que sean lugares del cuerpo que se puedan nombrar; que tengan un nombre.  Según Freud, el rechazo, el evitar hablar o la negación de los genitales en los niños tiene como consecuencia que el niño o la niña crezca con una imagen incompleta pues no se puede cuidar, amar y respetar algo que no se conoce o que se niega.  

Es importante señalar que, dentro del ámbito escolar, la intervención de las educadores, brinde información clara y precisa referente a las dudas de los niños, respecto a la reproducción, la moral, la diferencia de sexos, la muerte,  la rivalidad triádica, etc. Ya que la “identificación” juega un papel importante. Los niños aprenderán y desearán “ser como” sus figuras de identificación. Como mencioné anteriormente, es en este momento del desarrollo donde está formando la moral, el asco, la vergüenza, por lo que considero que la manera en la que la escuela y la familia intervengan en el desarrollo, marcará la moral del niño. Las educadoras son como seres “mágicos”, “omnipotentes”. Suelen ser personas significativas y en este sentido, los niños adoptan papeles que corresponden al modelo de identificación con el padre, la madre, educadoras, y los adultos que los rodean. Su mundo gira alrededor de sentir el amor y la aprobación de sus seres más queridos, los adultos tenemos poder sobre ellos y es nuestra responsabilidad enseñarles, desde las primeras etapas del desarrollo, las maneras de vinculación saludables, equitativas y respetuosas. 

Los niños atraviesan batallas que tienen que conquistar y en la medida en la que los adultos, no solo sus padres si no educadores, podamos explicarles lo que están sintiendo y hablarles con la verdad respecto a sus inquietudes, que puedan nombrar sus genitales, expresar sus sentimientos, si les permitimos que saquen los impulsos agresivos a través del juego, si les expresamos que pueden conocer su cuerpo y tocarlo para sentirlo agradable, pero que este es un acto privado e íntimo que hacemos solos y en un lugar seguro, va a ser más fácil conquistar el territorio para no tener que regresar en el futuro. Freud menciona que todos los detalles de esta segunda activación sexual infantil dejan tras sí las más profundas (inconscientes) huellas en la memoria de la persona, determinan el desarrollo de su carácter sí permanece sana, y la sintomatología de su neurosis, y si enferma después de la pubertad. En este último caso, hallamos que este período sexual se ha olvidado, y se han desplazado los recuerdos conscientes que lo atestiguan (Freud, 1905). 

Bibliografía: 

Dolto, F. (1971). Psicoanálisis y Pediatría. Siglo XXI Editores México.  

Fenichel, O. (1982). Teoría Psicoanalítica de las Neurosis. Edit. Paidós   México.

Freud, S. (1901-1905). Obras Completas. Tres ensayos de la teoría sexual. Vol. VII. Amorrortu editores. Argentina. 

Freud, S. (1923-1925). Obras Completas. El yo y el ello y otras obras. Vol. XIX. Amorrortu editores. Argentina. 

Feist, J. (2013). Teorías de la Personalidad. Erickson: la teoría postfreudiana. Octava edición. Mc Graw Hill. México.