Compartimos la tercera parte de los trabajos leídos durante el  IV Congreso Nacional de la Sociedad Psicoanalítica de México el 18 de Octubre de 1980.  El texto pertenece al Dr. Ulpiano Harispuru, y apareció en la Revista Gradiva número 3, Vol. I del año 1980.
Estos son los enlaces para acceder a la primera y segunda parte.

Por una parte el hombre es semejante  a muchas especies de animales, en que pelea contra su propia especie; pero por otra parte, entre los millares de especies que pelean, es la única en que la lucha es destructiva. . . El hombre es la única especie que asesina en masa, el único que no se adapta a su propia sociedad.  N. Tinbergen.
Se observa que cuando dos lobos se enfrentan por el mando de la manada, el vencido al caer muestra su vientre y el vencedor de inmediato cesa su ataque. El humano no es así, su destrucción es máxima arrolladora, sin piedad, aniquiladora. Es fácil comprobar a través de la historia la capacidad destructora del humano. Ha sido justificada en nombre de la religión, de las leyes, de la humanidad, de la economía, etc., y siempre se ha visto la saña con que un individuo mata a otro, un verdugo decapita a un sentenciado o un tirano destruye a su pueblo.
El hombre, “en el mejor de los casos” ha utilizado la agresión para justificar comportamientos. Un padre, un maestro, agreden al hijo, al alumno, para que se comporte “como debe de ser” y “aprenda la lección”.
La agresividad se podría definir como una tendencia o conjunto de tendencias que se actualizan en conductas reales o fantásticas dirigida  dañar a otro, a destruirlo, a contrariarlo, a humillarlo, etc.
Existen diferentes reacciones de agresión. Una frustración puede provocar una conducta agresiva. La amenaza a la conservación de la vida puede motivar una reacción agresiva. La auto-expansión podría ser otro tipo de agresión. En los anteriores ejemplos la agresión se puede mostrar como una reacción normal del individuo. Pero en ocasiones puede mostrarse como un verdadero impulso destructivo, siendo su manifestación de una gran intensidad.
Las manifestaciones agresivas se abren paso a través del pensamiento y de la conducta motriz. Al tener un enojo, una contrariedad, un insulto, fácilmente podemos pensar y desear la muerte de la persona que nos provocó esa contrariedad. La agresión en forma de conducta motriz sería el golpear a un niño o a la esposa. Estas formas de agresión son conscientes y van dirigidas hacia el objeto y su máxima expresión sería el homicidio, pero también puede ser dirigida hacia el sujeto. El pensar matarse y el intentarlo son manifestaciones de este tipo.
Las agresiones de tipo inconsciente no son tan fáciles de demostrar, requieren en muchas de las ocasiones a un experto en la materia para que lleve a cabo la comprensión del acto. Los siguientes ejemplos clínicos nada tiene que ver con la realidad. Si hay alguna semejanza es pura coincidencia.
Que podría pensar uno, cuando le plaican que una persona no había podido dormir durante varias noches, su insomnio era marcado y era presa de terribles dolores de cabeza, incluso daba muestras de cierta desesperación. Una noche ya desesperado empezó a tomar cada 25 minutos una pastilla de nembutal para poder dormirse, lo logró después de tomar 15 pastillas quedando al borde de la muerte. Esta persona intentó quitarse la vida de una forma inconsciente.
¿En qué pensaríamos cuando algún ingeniero calcula mal la cimentación de una casa o de un edificio, o cuando algún mecánico dice haber arreglado los frenos del automóvil  y no arregló nada, o cuando se deja algún enorme agujero después de la construcción de alguna avenida? Se podría llamar una simple incompetencia o negligencia, quizá más profundamente  esa negligencia, estaría al servicio de impulsos destructivos. También se pueden encontrar conductas agresivas de las llamadas “pasivas” algún trabajador, alguna secretaria de los llamados “flojos” pero que con su flojera bloquea el trabajo, perjudicándolo. Algún marido que los sábados y los domingos se dedica a descansar viendo la televisión porque está cansado, mientras que a su alrededor está la familia aburriéndose. ¿No será esta conducta una forma de agresión hacia la familia una manera “sutil” de castigo?
En la actualidad y bajo la teoría u la técnica del psicoanálisis hemos podido avanzar en la comprensión de las múltiples manifestaciones agresivas, sea que estén dirigidas hacia el objeto, al sujeto o a la colectividad. Sirva de ilustración algunos ejemplos:
Voy a suponer que cerca de donde vivo hay una familia compuesta del padre, la madre, tres hijos y un perro. El padre tiene la voz fuerte, sonora, parece ser que no habla sino que grita y con frecuencia se dirige al perro más o menos con los siguientes términos: “Perro, cuántas veces te tengo que decir que tienes que comer fuera. Lárgate, entiendes. Tienes hambre, pues no te doy de comer. Yo trabajo todo el día y tú aquí sin hacer nada. Que este perro se vaya, lo oyen todos. . . Yo soy el que traigo la comida, reconócelo perro”. “Ustedes, se dirige a los hijos, “deben de reconocerlo también. . . El que trabajo soy yo y deben sacar buenas calificaciones”. Después de todo eso, se hace el silencio que se rompe con un grito: “La  toalla. Vieja, no hay toalla”. Después de otro silencio, otro grito: “Vieja no hay agua caliente”.
El otro día uno de los hijos le decía al perro: “Perro súbete, yo aquí soy el amo, me debes de obedecer, a un rincón, no haces nada, no tienes buenas costumbres, te vas a quedar sin comer”.
Este mecanismo descrito se le conoce en psicoanálisis, como Identificación con el agresor. Consiste en que el sujeto en este caso el hijo, enfrentando a un peligro exterior (representado típicamente por una crítica procedente de una autoridad), se identifica con su agresor, ya sea reasumiento por su cuenta la agresión en la misma forma, ya sea imitando física o moralmente a la persona del agresor, ya sea adoptando ciertos símbolos de poder que lo designan.
Ciertas personas pueden mostrarse muy agresivas. Veamos un ejemplo:
Relata una mujer de 23 años que no se explica qué es lo que le pasa, porque se ha vuelto muy enojona. Cuando mi madre me pregunta con quién vas a salir, de inmediato me enojo de inmediato me enojo y le digo que ya no soy una, que qué le importa. Cuando un compañero de su profesión le hace cualquier pregunta, ella evade el tema o le contesta que ya lo sabe, que no tiene importancia o bien le empieza a decir que él no es tan listo como parece, que incluso es tonto y soberbio.  Cuando su hermana llega a decirle que el vestido que usa no le queda bien, estalla de furor. Entre su pasado existe el siguiente hecho: cuando cursaba el primer año de primaria, tenía que hacer cada alumno un dibujo y cercano al diez de mayo iban a ir las mamás a ver cómo cada hijo había hecho su trabajo. A ella se le manchó el suyo, no obstante la pusieron en fila para que todos observaran los dibujos. Ese episodio lo recuerda con una gran humillación. Para ella cdasi cualquier alusión sobre su comportamiento, su físico, sus conocimientos los vive como humillantes y su contestación es de inmediato agresiva. De esa manera se defiende de antmenao de lo que considera una humillación.
Veamos ahora una ejemplo de los mecanismos agresivos en el sistema familiar:
La esposa María, se expresa de la siguiente manera: -Estoy aburrida y cansada del trato que recibo de mi marido, sobe todo el económico, nunca sé cuánto gana ni en qué usa el dinero. Todas estas cosas doctor me ponen muy triste. Ayer domingo fue un día espantoso, mire usted lo que me hizo. Me levanté bien temprano, a eso de las 6:30 porque mi marido iba a ir temprano al Club y se quería desayunar aquí, yo ya estaba bien cansada porque todo el quehacer del hogar me cansa mucho. Nada más se levantó y me dijo: ¿Ya está el desayuno?
-No todavía no.
-Apúrate maría, se me hace tarde.
-Maldito. Dije por dentro, l fin ya tienes tu criada. Es que no me considera para nada, no tien ni idea de todos los esfuerzos que hago para hacerle el desayuno, no me toma en cuenta. ¿Por qué no me lleva al Club? Y luego le dije:
-Carlos me voy a tardar un poco.
-¿Por qué María?
-Es que ayer no pasé al Super y no hay jamón, ni pan, ni salchichas.
-¿Qué hay María?
-Puros huevos Carlos.
-Pero si te he dicho mil veces que los huevos me caen mal y sobre todo a estas horas. De veras que no sirves para nada, ni para hacer el desayuno. ¿Y por qué no hay de lo otro?
-Es que no me dejaste dinero Carlos.
-Siempre tú y el dinero, de veras que no sirves para nada, eres una inútil. Yo ya me largo al Club, me voy a desayunar ahí. Ten, te dejo mil pesos para lo que necesites ahorita y luego en la tarde salimos al merado para que compres lo que hace falta.
-Usted cree, doctor, qué desgraciado. Cómo no me lo dio ayer. Siempre me trata igual, tiene que hacer su voluntad. Yo ya estaba furiosa y se levantaba Héctor, mi hijo mayor.
-Mamá, ¿por qué lloras y estas tan enojada?
-Es que tu padre, hijo,  no lo soporto.
-Otra vez de pleito mamá. Ustedes de veras están para tronara, nunca arreglan nada y siempre se gritan.
-Tu padre es malo hijo, nunca  nos deja lo suficiente, siempre le tengo que estar rogando para que deje el dinero, es malo tu padre, nunca está pendiente de ustedes y sus viajes son interminables, no sé qué hacer.
-Mira mamá, yo ya estoy hasta el gorro de esta casa, me dan ganas de largarme, por eso ando metido en la “grilla” solamente el comunismo nos puede salvar.
En eso doctor entra mi hija Flora.
-Te dije que anoche llegaras temprano, a qué hora llegaste?
-A las doce mami
Hija, sigues viendo  a ese muchacho, no te conviene.
-Mami, ¿Dónde está mi papi lindo? ¿ya se fue?
-Hija, contéstame. Ese muchacho no te conviene.
-Ay mamá. . . Mi papi lindo me dijo que me iba a comprar unos zapatos además quiero que me mande otra vez a Europa.
Héctor interviene y le dice:
-Todo para la niña de la casa, me caes gorda, sangrona, papi y papi a todas partes.
-Sí y qué, papi nada más me quiere a mí, nada más a mí me quiere.
-Hija no seas tonta, no ves que todo eso te hace daño, por esto estás tan desobediente.
Gritando le dije:
-Ya me tienes que hacer caso, no te conviene ese muchacho.
-Mira mamá, dice Héctor, déjala en paz mientras tenga el apoyo de mi papá va a seguir así, ni modo, allá ella.
-Hijo ¿qué vamos a hacer?
-Yo en cuanto pueda me largo, mamá.
-¿Y yo qué voy a hacer, hijo, aquí sola?
-Ay mamá, dice mi hija, no le hagas a la víctima como si mi papá fuera tan malo.
Como a las doce llega mi marido:
-¿Qué vamos a hacer con Flora, está llegando un poco tarde, además está saliendo con ese muchacho que en la escuela dijeron que fuma mariguana? Me preocupa, ¿qué hacemos con ella?
-Déjala María. Qué familia tengo yo, A mi hijo que le da por el comunismo, y una mensa que le da por andar con un mariguano. Déjalos que se hagan bolas, ya están grandes . . . Oye María, te voy a dejar unos 5,000 peso más , se me olvidaba decirte que me voy hoy por la noche a Mérida, tengo unos asuntos pendientes. No sé cuando regrese. Ahorra todo lo que puedas, no gastes mucho, la vida está muy cara, cuesta mucho trabajo ganarse el dinero. Flora quiere en estas vacaciones irse a Europa. Voy a ver cómo la mando.
Luego fuimos al mercado, compró con tarjeta la comida, ni supe cuánto: comimos y me subí a ver la T.V. El se durmió toda la tarde y mis hijos se fueron, ni supimos con quiénes.
En todos los ejemplos clínicos se puede decir muchas cosas, que van desde la observación y el sentir del sufrimiento humano hasta su valoración científica. Todo ello se enfoca a una mejor comprensión del humano para poder contribuir a su desarrollo de salud mental y físico para el bien suyo, de su familia y de la colectividad. En este ejemplo lo enfocaremos desde el punto de vista de cómo los integrantes de la familia manifiestan su agresión a través del manejo del dinero.
El padre, Básicamente funciona como más o menos proveedor, pero utiliza el dinero para agredir, hacia la esposa la somete, a la hija la compra, con el hijo probablemente el abandono es mayor y lo justifica, dando a entender que es un malagradecido. Se siente incomprendido y utiliza sus viajes para “escapar”.
La madre. Sometida, expresa la rabia al marido haciéndole ver que es un irresponsable, que no ha visto ni por ella ni por los hijos, que es un ausente y que solamente están con él por el dinero,  además hace lo posible por molestarlo cada vez que le es propicio. Trata de seducir al hijo poniéndolo en contra del padre. La rivalidad que siente con la hija provoca que la desprecie y despierta mayor ira porque tanto la hija como el hijo no la apoyan en contra del padre.
A su vez, la hija agrede a la madre haciéndole notar que ella es la favorita del padre y eso es suficiente para obtener todo tipo de ganancia.
El hijo su agresión la manifiesta diciéndoles que en esa casa no es posible vivir y que otros sistemas son mejores. Desplaza su agresión participando en partidos políticos en contra de la forma de vida de la familia con toda la intención de molestar a los padres. La rivalidad con la hermana es manifiesta. Por último la familia cae en una de las más intensas agresiones: la indiferencia.

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BIBLIOGRAFÍA

  1. FREUD,  A. (1976).

Psicoanálisis del Desarrollo del Niño y del Adolescente. La Agresión. Tendencias recientes en la psicología del niño. Edit. Paidós, pp. 121-131.

  1. LAPLANCHE, J. Y PONTALIS, J. B. (1974).

Diccionario de Psicoanálisis. Edit. Labor, S.A. Pág. 13, 195.

  1. TINBERGEN, N. (Citado por Fromm, E. 1975)

Anatomía de la destructividad humana. Siglo Veintiuno Editores, S.A. p. 9.

  1. WAELDER, R. (1964).

Destructividad y Odio en Teoría Básica del Psicoanálisis. Edit. Pax, México, pp. 124-143.

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