El siguiente texto es una traducción efectuada por la Maestra en Psic. Mónica Cohen y es una reproducción del AMERICAN JOURNAL OF PSICHOTHERAPY, Vol. XX, No. 2, pp. 284-294. Abril, 1966. Leído en el V Congreso de la Sociedad Psicoanalítica de México, A.C. en homenaje a Dr. Avelino González. Octubre 1981, D.F.
Fue escrito por Samuel Futterman, M.D y publicado en el Gradiva No. 2, Mayo-Agosto Vol. II, Año 1981.
Frecuentemente  los pacientes se sorprenden de la memoria que tiene el psicoterapeuta acerca de los variados acontecimientos en sus vidas. Sin embargo, esta capacidad de memoria ya no representa sorpresa alguna para el terapeuta.  Aquellos que  están involucrados en sesiones diarias psicoterapéuticas,  y atienden a varios pacientes al día o a la semana, comparten el conocimiento de que tienen la habilidad para recordar detalles específicos y relacionarlos con el paciente frecuentemente en grado aún mayor que el paciente mismo. Esta habilidad representa una invaluable ventaja para el psicoterapeuta, sin por esto dejar de pesar sobre él.
El hecho de la memoria ha sido establecido por muchos psicoterapeutas que ejercen.  Este artículo no pretende la validación, justificación o explicación del hecho sino especular acerca de la teoría de su formación. De la misma forma es interesante, y tal vez valioso, explorar las áreas y posibles razones o excusas para los defectos en la memoria de los psicoterapeutas en ocasiones, o con varios pacientes o ambas, -lapsus en la memoria que resultan ser específicos, aislados y que interfieren en forma definitiva.
Se ha dicho que lo que distingue a la mente humana de las computadoras es que la mente humana puede acumular y recuperar información de acuerdo a patrones establecidos. Para que una computadora pudiese lograr esto mismo se le tendría que convertir en una máquina con la capacidad de juicio y de reconocer patrones.
Existen muchos sinónimos para “memoria”. Rapaport menciona “recordar”, “reproducción”, “recolección”, “rememorar”, “restablecimiento de la memoria”, “reconocimiento de la memoria”, “reconocimiento”, “saber”, “sentimiento de familiaridad”.(1)  Para nuestros propósitos estos términos se usarán en forma intercambiable.
En cualquier búsqueda de las cualidades necesarias para un buen terapeuta, uno nunca encuentra una buena memoria en la lista de ventajas se da por descontado pero nunca la enumeramos como un atributo. Se intentó un estudio cuidadoso de de la literatura a fin de descubrir el lugar de la memoria en la formación del psicoterapeuta –con escasos resultados-,  a no ser por varias páginas de Freud que más adelante se discutirán.
Al escuchar numerosos artículos en materia de supervisión, no se encontró mención algún del papel que juega la memoria en la terapia. Parecería éste ser el lugar indicado para descubrir serias y muy importantes lagunas en el terapeuta, y este tipo de descubrimiento es uno de los roles esenciales de la supervisión. De alguna manera se ha dado por sentado, aparentemente, que la memoria aparece como un efecto colateral de la supervisión, del análisis personal y del conocimiento teórico. Seguramente no se discute este punto de vista, a pesar de ser demasiado idealista e impráctico. Más aún, no enfatiza la necesidad de un buen método de enseñanza. Cuando se le hace notar al terapeuta defectos específicos de la memoria, el impacto que esto le causa es extraordinario. Se enfoca agudamente un elemento esencial de la buena psicoterapia y lleva al terapeuta a buscar la razón de esta deficiencia tan importante.
A pesar de la escasez de literatura acerca de la memoria del terapeuta, dos referencias fueron descubiertas. Al escribir acera del entrenamiento psicoanalítico, Grotjahn dice:
Eventualmente el candidato deberá de desarrollar una forma de reportar que esté libre de angustia y que no dependa de las notas escritas, ya que el inconsciente sigue siendo el mejor método de registro. (2)
Aunado a esto está el material de 1912 de Freud, “Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico”. (3) Ya que aparentemente es Freud quien menciona de manera más pertinente y explícita la necesidad de una buena memoria para el analista y a pesar de su fecha de publicación, resulta ser el único artículo importante que desarrolla el tema, este autor no estaría cumpliendo con su deber si no incluyera los pasajes pertinentes.
“He decantado las reglas técnicas que propongo aquí, de mi experiencia de años; tras desistir, por propio escarmiento, de otros caminos…pero estoy obligado a decir expresamente que esta técnica ha resultado la única adecuada para mi individualidad (las itálicas son mías)…
La tarea inmediata a que se ve enfrentado el analista que trata más de un enfermo por día le parecerá, sin duda, la más difícil. Consistente en guardar en la memoria los innumerables nombres, fechas, detalles de recuerdo, ocurrencias y producciones patológicas que se presentan durante la cura, y en no confundirlos con un material parecido oriundo de otros pacientes analizados antes o al mismo tiempo. Y si se está obligado a analizar por día seis, ocho enfermos o aún más, la hazaña médica que lograrlo supone despertará en los extraños incredulidad, asombro y hasta conmiseración. En todo caso se tendrá curiosidad por conocer la técnica que permita dominar semejante plétora, y se esperará que se sirva de unos particulares recursos auxiliares.
Sin embargo, esa técnica es muy simple. Desautoriza todo recurso auxiliar, aun el tomar apuntes, según luego veremos, y consiste meramente en no querer fijarse (merken) en nada en particular y no prestar a todo cuanto uno escucha la misma “atención libremente flotante”, como y una vez la he bautizado. De esta manera uno se ahorra un esfuerzo de atención que no podría sostener día tras día a lo largo de muchas horas, y evita un peligro que es inseparable de todo fiarse deliberado. Y es éste: tan pronto como uno tensa adrede su atención hasta cierto nivel, empieza también a escoger entre el material ofrecido; uno fija (fixieren) un fragmento con particular relieve, elimina en cambio otro, y en esa selección obedece a sus propias expectativas o inclinaciones. Pero eso, justamente, es lícito; si en la selección uno sigue sus expectativas, corre el riesgo de no hallar nunca más de lo que ya sabe; y si se entrega a sus inclinaciones con toda seguridad falseará la percepción posible. No se debe olvidar que las más de las veces uno tiene que escuchar cosas cuyo significado sólo con posterioridad discernirá.
Como se ve, el precepto de fijarse en todo por igual es el correspondiente necesario de lo que se exige al analizado, a saber: que refiera todo cuanto se le ocurra, sin crítica ni selección previas. Si el médico se comporta de otro modo, aniquila en buena parte la ganancia que brinda la obediencia del placiente a esta “regla fundamental del psicoanálisis”. La regla para el médico se puede formular así: “Uno debe alejar cualquier injerencia consciente sobre su capacidad de fijarse, y abandonarse por entero a sus “memorias inconscientes”; o expresado esto en términos puramente técnicos: “Uno debe escuchar y no hacer caso de sí se fija en algo”.
Lo que uno cosecha de esta manera llena todos los requisitos en el curso del tratamiento. Los elementos de material que ya se ensamblan en un nexo quedarán a la disposición consciente del médico; lo otro, lo todavía incoherente, lo que brota en caótico desorden, parece naufragado al comienzo, pero reaflora con presteza en la memoria tan pronto como el analizado presenta algo nuevo a lo cual referirlo y  través de lo cual se lo pueda continuar. Y entones uno recibe una “memoria particularmente buena” cuando pasado mucho tiempo, reproduce un detalle que probablemente habría escapado al propósito consciente de fijarlo en la memoria.
En este recordar, sólo ocurren errores en tiempo y en lugar donde uno es perturbado por haber envuelto uno mismo, y, por tanto, quedó enojosamente a la zaga del ideal del analista. Confusiones con el material de otros pacientes son harto raras. En una eventual discusión con el analizado sobre se él ha dicho cierta cosa y cómo, las más de las veces se averigua que es el médico quien tiene razón.
Aquí Freud ha intentado tomar la “regla fundamental” de psicoanálisis y poner como su contraparte el mismo concepto estructural para la memoria.  Al paciente se le pide que diga todo lo que pasa por su mente sin seleccionarlo. De acuerdo a la “regla fundamental básica”  ciertas metas conceptuales del Yo deben ser eliminadas y el paciente no debe de ser realmente activo y no debe evitar la expresión de impulsos que surgen en su interior. (4)
 
PASIVIDAD VS. ACTIVIDAD EN LA MEMORIA
Rapaport (5) nos da a entender que para la memoria del analista no se debe tener ninguna “meta conceptual selectiva”, pero yo insisto en que ésta es la diferencia entre el paciente y el terapeuta. Mientras que el paciente necesita de la pasividad en su tarea, el terapeuta necesita de la actividad. Esta disposición hacia la actividad facilitará el recordar cuando sea el momento. Está bien que el paciente abandone toda idea consciente dirigida, pero veremos si esto también puede ser aplicado en el caso del terapeuta.
Mi argumento es que la atención del terapeuta casi nunca flaquea y casi nunca es flotante. Toda su atención debe de estar dirigida a lo que observa. Por otro lado, Ferenczi nos indica:
“Como es bien sabido, el psicoanalista no debe de escuchar con atención forzada cuando habla el paciente, sino que por medio de la “atención flotante” permitirá la expresión de su propio inconsciente. Quisiera hacer una excepción a esta regla en relación a la narración de sueños por  parte del paciente, ya que en este caso cada detalle, cada matiz expresivo, la secuencia de contenido, todo debe ser puesto en palabras en la interpretación. Uno debe también intentar observar con precisión la fraseología del sueño. Frecuentemente pido que un sueño complicado me sea repetido hasta tres veces si es necesario”. (6)
Freud empleó el término de “atención libremente flotante” para describir la actitud mental del terapeuta para recordar, pero tan pronto usamos la palabra “atención” suponemos que se da preferencia consciente a ciertos contenidos mentales. Pienso que la atención que dirigimos externamente hacia las ideas del paciente, también es dirigida internamente hacia nuestros propios procesos psíquicos ya sea consciente o inconscientemente. Los estamos fijando, clasificando y poniendo en su debido lugar. Frecuentemente, al hacer una interpretación al paciente, se nos viene a la mente muchos recuerdos que pueden servir de ejemplo, reforzando y dando vida a la interpretación, recuerdos que no surgen en uno espontáneamente. Es como si los recuerdos estuviesen clasificados en forma dinámica y almacenados, traídos a la luz de la consciencia gracias a una idea fortuita –el ítem generalizado-, la interpretación. Lo hemos denominado inspiración, pero es inspiración producto de un arduo trabajo.
Beres indica que:
“La comunicación en el encuadre psicoanalítico se da entre el analizado y el analista. Lo que se comunica es la creación del analizado y el analista. Lo que se comunica es la creación del analizado, el cual, en cierto sentido, se convierte en artista creativo. El analista es el público al cual le es comunicado la creación, pero demostraré que su papel en este proceso no es meramente pasivo.
Por lo tanto, el analista no es solamente un participante pasivo en esta relación, ciertamente, aquí es el público de la creación artística, pero el analista debe de sentirse libre para responder a las producciones del paciente, pera crear en su propia mente las imágenes y sensaciones que corresponden con las del paciente”. (7)
Al intentar hacer sentido de lo que oye, el terapeuta va de lo general a lo particular. A partir de las afirmaciones del paciente, el terapeuta trata de llegar a inferencias lógicas. Para esto es necesaria la memoria.
 
ENCUADRE DE LA MEMORIA
Como todo terapeuta sabe, es difícil aprender a recordar una serie de sílabas sin sentido recitadas por un paciente. Nuestro oído lo haría a un lado por no tener un escuadre conceptual al cual relacionarlo. Esta es la misma situación que ocurrió no hace muchos años con lo tortuosidad ideacional de los pacientes esquizofrénicos. Nadie los escuchaba verdaderamente ni trataba de recordar lo que decían hasta que la teoría de la esquizofrenia o de la paranoia fue establecida. Entonces los comentarios,  ideas y frases al azar y aparentemente desconectadas fueron escuchadas y recordadas. Ahora pertenecen a un marco conceptual.
Se ha indicado que el terapeuta debe escuchar con la misma atención flotante para poder recordar, pero escucha no sólo para recordar sino para ayudar al paciente. Este factor puede ayudarle a recordar, pero al mismo tiempo puede interferir. Se requiere esfuerzo y dirección para obtener ahínco terapéutico, y tenerlo de ocho a diez horas diarias puede ser extenuante. Posiblemente si el terapeuta pudiese escuchar sin ahínco terapéutico se obtendría una memoria mecánica que resultaría artificial y no tendría uso alguno.  ¡Cuán a menudo el psicoterapeuta escucha lo encantador e interesante que debe ser su profesión! A los escritores se les hace fascinante el material; los sociólogos, antropólogos e investigadores psicológicos pueden utilizar esta abundancia en bruto para escribir volúmenes. Pero el terapeuta tiene le responsabilidad adicional y muy especial de ayudar al paciente. Ya no se trata de un curso de anatomía, histología y fisiología, sino en patología y sobre todo, en medicina terapéutica.
 
RESISTENCIA
La memoria del psicoterapeuta va más allá del concepto de reconocer y reproducir. Las observaciones de memoria se hacen en pacientes vivos por psicoterapeutas vivos –dejando que la investigación se convierta en una cuestión secundaria a la terapia.
Se pueden observar dos aspectos de una cierta actitud que puede ser llamada resistencia a la memoria. Uno de estos aspectos yace en el paciente y el otro en el terapeuta.
Para el paciente esta oposición puede estar planteada inconscientemente. El paciente puede demostrar una forma de resistencia poniendo a prueba y abrumando la memoria de su analista. Puede recitar una larga lista de los colores, formas y años clásicos para coches extranjeros los cuales no serán, y no pueden ser, recordados.  Otro paciente puede ahondar en literatura desconocida, mitología o las ramificaciones de circuitos eléctricos. Si el terapeuta se siente seguro de sí mismo podrá señalar dichas resistencias.
Sin embargo, aquí lo que más nos interesa es la resistencia del terapeuta. Contra más haga psicoterapia en lugar de psicoanálisis, más será la carga a la que está sujeta su memoria. Se ve menos frecuentemente a los pacientes y por lo tanto el psicoterapeuta ve y escucha a más pacientes diaria o semanalmente. Hora tras hora y día tras día se enfrenta a nuevos ámbitos, nuevas familias, etc. Sin abordar la semántica de las metas y modalidades de cada una, se puede decir que en forma predominante aunque no absoluta, los factores  de realidad se enfatizan más en una forma de terapia (psicoterapia) que en la otra (psicoanálisis), viéndose más abrumada la memoria del terapeuta. Las interpretaciones se dan con mayor frecuencia en la psicoterapia y a menudo necesitan material para corroborarla que debe estar a la mano sin demora.
La memoria es siempre una distorsión, pero fluctúa de acuerdo a la fatiga, atención, estado emocional y contratransferencia. Sin embargo,  resulta esencial para el paciente y para la terapia que el analista desarrolle confianza en su memoria. Debe de ser capaz de decirle al paciente, “eso me suena familiar”, o “eso no me suena familiar”. Debe de ser capaz de señalar con confianza cualquier amnesia en el material, dándose cuenta de que “nunca me fue mencionado dicho detalle”.
 
ANOTAR VS. RECORDAR AUTOMATICAMENTE
Como Freud lo indicó, se permite tomar notas para promover la comprensión que se tiene del caso y para colectar datos para la investigación, pero no para facilitar el recordar. En la Técnica del Psicoanálisis, Glover dice:
“El cuarto de trastos de innumerables terapeutas está lleno de libretas de apuntes empolvadas, el contenido de las cuales probablemente nunca verán la luz del día, simplemente porque el terapeuta no puede encontrar ni pies ni cabeza en los datos desordenados y hasta puede haberse olvidado de su interés inicial en el caso o la situación”.(8)
El tomar notas puede hacerse durante la sesión, después de la sesión o tiempo después. Cada terapeuta puede desarrollar su estilo individual para esto. En clínicas, hospitales, agencias, proyectos de investigación, etc., el tomar notas es esencial para la comunicación y para el traslado de pacientes, en la práctica privada se emplea menos y menos y menos el tomar notas hasta que las anotaciones se convierten en marcas insignificantes en el paso del tiempo.  Legalmente, se nos podría enjuiciar por esta situación de cosas, pero los psicoanalistas tenemos el record de notas inscritas psíquicamente.
Ira Miller nos señala la resistencia que involucra el tomar notas. Dice:
“La finalidad es delinear una resistencia específica tanto en la transferencia como en la contratransferencia, la cual es fomentada por la costumbre de tomar notas. El tomar notas es un procedimiento que interfiere en la comunicación entre el analista y el analizado, como lo fue descrito por Beres” (9).
Kubie, subrayando más lo que ocurre en una sesión de supervisión de psicoanálisis, señala que en realidad el estudiante “recuerda y reproduce versiones encubiertas, prejuiciadas y alteradas de aquello que ha sucedido”, en la hora analítica debido a la máxima tensión emocional de la supervisión. (10)
Hay una diferencia entre la memoria espontánea con un paciente y la habilidad para narrar o reproducir lo que pasó en la sesión. Aparentemente, se pone en juego un proceso diferente. Un buen terapeuta puede ser inepto en la narración, en tanto que esto tiene que ver con el impacto emocional de presentarse a sí mismo frente a otra persona, o con la capacidad de ser espontáneo, de improvisar.
 
LA PSICOLOGÍA DE LA MEMORIA
Volviendo a la psicología de la memoria, ha tenido lugar un cambio en las teorías de la memoria. Anteriormente la memoria fue concebida como una habilidad para revivir con precisión las impresiones obtenidas. Se ha hecho una revisión de este concepto en base a las teorías que implican que las impresiones son los productos de una psique activa, que al revivir depende de la relación que tengan estas impresiones con el todo de la experiencia organizada del individuo, y que al recordar las impresiones reaparecen modificadas por esta relación.
Las investigaciones progresaron de la actividad autónoma de la mente humana y la memoria a la influencia que tienen las emociones sobre la memoria y a la naturaleza activa de la memoria. Después siguieron teorías relacionadas a la idea de la frecuencia de acontecimientos contiguos, grado de similitud, asociaciones de constelaciones, fuerzas selectivas, actitudes, etc.
La psicología de la Gestalt mantiene que los preceptos y los recuerdos no tienen una existencia independiente sino que más bien están determinados por el campo en el cual están arraigados. El recuerdo surge cuando un estímulo y una huella de un antiguo proceso entran en comunicación. La disponibilidad de un contenido para ser recordado depende, primero que nada, de un tono afectivo –su excitabilidad emocional- lo cual permite que entre en contacto con nuestros intereses. Los intereses son actitudes emocionales  y la disponibilidad de los contenidos de la memoria dependen de su relación con estos últimos. (11) Así, para que un contenido esté disponible, primero lo tenemos que conectar con nuestros intereses, en otras palabras, tenemos que mantener su tono afectivo fresco y vigoroso. Lo que se recuerda es el significado –dominante- los detalles periféricos son fácilmente olvidados.
Una buena memoria depende de la hábil organización de los intereses. A l memoria no se le puede forzar ya que los intereses no pueden ser forzados. La persona que desea mejorar su memoria debe de estudiar sus propios intereses y metas –no su voluntad para recordar-.Hasta ahora nadie ha descubierto un curso de memoria rápida.
Las fuerzas selectivas que tienen influencia sobre la organización de la memoria tienen que ver con el estado afectivo del individuo, sus actitudes y sus intereses, en pocas palabras, con la estructura emocional de la personalidad. Este tipo de recuerdo es verbal auditivo, ya que nuestras experiencias siguen estas líneas esencialmente. Esto puede explicar el hecho de que muchas veces el leer el material de un paciente puede interferir con la memoria. O cuando, por alguna razón se les enseña una fotografía o se le da a leer una carta, el terapeuta pierde la memoria para recordar.
En un paciente sobre el cual tenía notas abundantes (de hecho palabra por palabra), mi memoria era a veces mejor que la del paciente, ya que lo estaba presentando en un seminario clínico continuo. Esto sorprendía al paciente, ero interfería con la terapia. Es mejor cuando surge naturalmente de la memoria real que tiene uno del paciente. Esta es la diferencia entre la memoria mecánica o artificial y la memoria real.
El recordar tiene que ver también con el proceso de incorporación e introyección del nuevo material que uno escucha. Cuando el terapeuta o el paciente no pueden hacer esto, como sucede en los estados reprimidos tales como la depresión y el duelo, la memoria no puede quedar establecida. La habilidad para asimilar es una función yoica necesaria para poder recordar. La buena incorporación es el asimilar realmente –no el masticar sino digerir- un proceso inconsciente, pasa entonces a formar parte de la estructura de la psique, la memoria mecánica no. La buena memoria está relacionada con una función yoica y es una estructura.
Brody y Mahoney consideraron la relación terapéutica con el paciente ya sea en psicoterapia o en psicoanálisis, y cuestionaron la naturaleza que adquiere esta relación objetal, pensando que aún no se ha esclarecido este punto. Se preguntaron si el terapeuta introyecta el esquema psíquico del paciente así como el paciente mismo y si esto puede ser considerado como una forma especial de relación objetal. Señalaron que:
“No obstante, nuestra memoria espontánea e intacta se desarrolla en la medida en que se desarrolla la relación paciente-terapeuta o paciente-analista, sin la interferencia de la contratransferencia. Una relación terapéutica causal produce defectos en la memoria –una relación más profunda y significativa da como resultado agilidad de la memoria en el terapeuta”. (12)
Por lo tanto, la relación “pre-objetal” de la situación terapéutica facilita el recuerdo. A manera de ejemplo, algunos terapeutas me han repetido que las entrevistas de consulta son rápidamente olvidadas y se prestan menos para ser recordadas que aquellos pacientes con los cuales ha sido establecida una relación.
Como hemos visto, las teorías de la memoria implican que las impresiones son productos de la actividad psíquica y que la reactivación depende de la relación que tengan las impresiones con el todo de la experiencia organizada del individuo, y que en el recuerdo las impresiones reaparecen modificadas por dicha relación. Mi punto de vista es que estamos constantemente relacionando lo que escuchamos a un marco referencial, a la gestalt de nuestra propia teoría personal y didáctica.
Todas las teorías de la memoria se atienen a una teoría esencial de que hay huellas en la mente “estructuralmente similares” al psicólogo gestaltista. En los términos más simples, esto quiere decir que un estímulo reciente pone en marcha un proceso que entra en comunicación con la huella de alguna experiencia, la cual es, por lo tanto, recordada.
En el caso del terapeuta postularía que, en vez de una huella, hemos desarrollado un modelo de trabajo para todos los pacientes y después para cada paciente en particular. Esta propuesta es en cierta medida similar a lo que Greenson describe en su artículo acerca de la empatía, a que nuestro modelo de trabajo se basa en nuestra teoría de la personalidad. (13) Escuchamos, empleando este modelo de trabajo, uniendo recuerdos, pensamientos, fantasía, modalidades de comportamiento. Se construye una réplica del paciente que aumenta al irlo escuchando. En este modelo de trabajo podemos anticipar las memorias a fin de que cuando aparecen no nos sorprenden sino que vienen a formar parte del modelo que nos hemos formado del paciente.
Una teoría comprensiva del recuerdo debe de tomar en cuenta su posición en la esfera libre de conflicto del Yo la cual funciona con aparatos estructurales y estables y con el concepto de automatización. Este debiera ser el ideal del terapeuta –un ideal- que no podemos esperar del paciente. Al paciente se le puede olvidar de qué se trató la sesión de ayer ya que su Yo no está en una esfera libre de conflicto, se supone que el Yo del terapeuta sí lo está.
 
EL EXISTENCIALISMO Y LA MEMORIA
Ahora bien, hablando como un existencialista que observa el psicoanálisis, se hace notar que al explorar el paciente su pasado, los eventos pasados que carga consigo tienen muy poca o ninguna conexión con los eventos cuantitativos que le ocurrieron realmente de niño. De acuerdo al existencialismo, debemos recordar qué es lo que tiene significado para nuestro “estilo de vida”, y así la configuración total de la memoria puede ser vista como el espejo del estilo de vida del individuo.
Lo que el individuo quiere ser, determina lo que recuerda de lo que ha sido. En este sentido, el pasado está determinado por el futuro. Si el paciente puede o no recordar hasta los eventos más significativos del pasado depende de su decisión en relación al futuro.
Mi opinión personal es que el existencialista tiene un marco de referencia diferente –ha erigido un modelo diferente para el paciente. Tenderá a recordar aquello que vaya de acuerdo con su punto de vista. En cuanto a detalles, la importancia del pasado será esencialmente ignorada.
 
DEFECTOS DE LA MEMORIA
De una manera u otra, a través de toda la terapia, ocurrirán problemas que tienen que ver con defectos de la memoria; si esto interfiere o no, es otra cuestión. Como terapeutas, a veces podemos reconocer ciertos defectos en nosotros mismos y si sentimos que están interfiriendo podemos hacer algo con ellos: a) continuar nuestro análisis o b) autoanálisis.
El autoanálisis puede tener cierto valor. ¿Por qué ciertos pacientes resultan interesantes y fáciles de seguir y de recordar? Otros pacientes parecen aburridos, confusos y difíciles y aparecen problemas en nuestra habilidad para recordar su material. ¿Cuáles son los sentimientos? ¿Dónde está la contratransferencia? A veces la laguna está en relación al paciente en su totalidad, otras veces está en relación a ciertos detalles. Algunos de nosotros no podemos recordar los años en que nacieron nuestros pacientes, o nombres claves de miembros de la familia, o la relación entre hermanos. Si fuéramos capaces de reconocer estos puntos débiles en nosotros –por más psicólogos que sean- podemos anotar ciertos datos para ojearlos rápidamente a fin de no molestar ni interferir con el paciente cada vez que seamos recordar dichos detalles.
 
EL VALOR DE LA MEMORIA DEL TERAPEUTA
¿Por qué es la memoria del terapeuta y su capacidad para recordar diferente de la común y corriente en otros campos? Esencialmente, nuestra memoria y capacidad para recordar son intrínsecos a nuestra profesión, sin ella no podemos funcionar adecuadamente, debemos tener confianza en nuestra memoria, la cual debe de estar siempre disponible.
Por otra parte, tratamos con pacientes cuyas dificultades principales tienen que ver con peculiaridades de la memoria, distorsiones e inhibiciones en el recuerdo. Nuestra tarea es darle un cierto orden a todo esto. Obviamente, no podemos serle de ayuda al paciente si tenemos las mismas peculiaridades, distorsiones e inhibiciones que él tiene en esta área.

Finalmente en orden pero no en importancia, nuestro propósito como terapeutas es ser empáticos, comprensivos, interesados, respetuosos, etc. Qué mejor forma tenemos de comunicar esto al paciente que el recordar lo que dice. El terapeuta  le sirve como un nuevo modelo de realidad al paciente. Sus padres, hermanos y figuras claves en su vida no pensaron que lo que tenía que decir era importante. Los aspectos del terapeuta que dan seguridad deben de ser experimentados y sentidos por el paciente. El recordar como oyente activo es la mejor manera.

 
BIBLIOGRAFIA

  1. Rapaport, D. Emotions and Memory. International Universities Press. New York, 1950, p. 129.
  2. Grotjahn, M. Problems and Techniques of Supervisión. Psychiatry, 18:9, 1955.
  3. Freud. S. Recommendations to Physicians Practising Psycho-Analysis. In Case History of Schreber, Papers on Technique and Other Works (1912). Transl. by James Strachey, Vol. 12, The Hogarth Press, London, 1958, pp.111-115.
  4. Fenichel, O. The Psychoanalytic Theory of Neurosis. W.W. Norton, New York, 1945, p. 24.
  5. Rapaport, D. Ed. Organization and Pathology of Thought. Columbia University Press, New York, 1951, p. 24.
  6. Ferenczi, S. Further Contributions to the Theory and Technique of Psycho-Analysis. Hogarth Press, London, 1950, p. 238.
  7. Beres, D. Communication in Psychoanalysis and in the Creative Process: A. Parallel. J. Am. Psychoanal Ass. 5:3, 1957.
  8. Glover, E. The Technique of Ssychoanalysis. International Universities Press, New York, 1955, p. 45.
  9. Miller, I. On Taking Notes. Int. J. Psycho-Anal. 45:1, 1964.
  10. Kubie, L. Research into the Process of Supervision in Psychoanalysis. Psychoanal. Quart. 27:226, 1958.
  11. Koffka, K. Principles of Gestalt Psychology.  Harcourt, New York, 1935.
  12. Brody, M.W. And Mahoney, V. Introjection, Identification and Incorporation. Int. J. Psycho-Anal. 44:57, 1964.
  13. Greenson, R. Empathy and its Vicissitudes, Int. J. Psycho-Anal. 41: 418. 1960.

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