Este escrito de la Dra. Rosalba Bueno de Osawa y del Lic. Alejandro Radchik Hercemberg, está dedicado a la memoria de la Dra. Amapola González Fernández y se publicó en el Gradiva Vol.VI, No. 3, del año 1990-91.

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La Dra. Amapola González Fernández murió el 3 de abril de 1991 tras concluir un día más de consulta psicoanalítica. Esa consulta a la que siempre se entregó apasionadamente como lo hacía con todo lo que emprendía. Nos ha dejado,  y sentimos el vacío repentino que no logramos comprender y mucho menos aceptar.

La fuerza de su presencia, su visión apasionada, ocupan un lugar especial e insustituible en el seno de Nuestra Sociedad Psicoanalítica de México, de la cuál fuera Miembro Fundador y Directora Vitalicia de la Comisión de Enseñanza y Programa Científico. Imposible expresar con palabras el aprendizaje en la convivencia continua con la Maestra generosa, amiga cálida y Psicoanalista sobresaliente que en ocasiones le ejemplificaba a sus supervisandos las interpretaciones adecuadas a través de una canción, una anécdota o un refrán.

Incansable formador de psicoanalistas y pionera en nuestro país del entrenamiento psicoanalítico para personas ajenas al campo de la medicina, Amapola enriqueció a la Comunidad Psicoanalítica con innumerables conceptos que ahora nos permiten comprender la psique femenina, el complejo de Edipo en la niña, los problemas de lealtades en la infancia y las consecuencias de las identificaciones contradictorias, para mencionar  sólo unos cuantos conceptos y a sabiendas de la dificultad para hacer justicia a todas sus contribuciones. En el campo de la teoría psicoanalítica, la técnica, la supervisión y en la enseñanza, Amapola fue privilegiada y exponente en los distintos seminarios que nos impartió. ¿Quién puede imaginar haber estudiado el seminario de conceptos básicos, de sueños y el seminario de carácter con otro maestro que no fuera Amapola? La lista pudiera ser interminable.

Amapola no fue solamente una apasionada del psicoanálisis. Su capacidad para conversar y opinar sobre cualquier tema era bien conocida por todos los que tuvimos la fortuna de conocerla y convivir con ella. Mostró una marcada preferencia por la historia, la política, la mitología y la astronomía; temas sobre los cuales podía conversar incansablemente.

El mar, su aliado constante, la trajo desde Gijón, Asturias, su tierra natal, a las costas de Veracruz y luego la Ciudad de México.

Quién mejor que ella para hablar de su tierra natal:

“Añejas costas asturianas, Verdes valles olorosos de Asturias, Altivas crestas rocosas de los Picos de Europa enclavados en su suelo. Mar color esmeralda, playas doradas, cielo, las más veces con bruma, otras radiantemente luminoso; recios habitantes, mezcla de muchos pueblos, donde hombre y mujeres forman pareja en la lucha por la vida y en el goce de ella. Hombres y mujeres que desde los más remotos tiempos han tenido fama de celosos defensores de la libertad y de saber vivir y morir, si es preciso, defendiendo ese legítimo patrimonio que nos legó la naturaleza y que tantos seres humanos feroces, crueles y mezquinos se empeñan en destruir. Nuestros padres y tíos fueron libertarios. A ellos les tocó una época de importantes cambios sociales. Lucharon por los derechos humanos. Era el momento de acabar con la opresión secular del obrero, con las antinaturales desventajas sociales de la mujer ante el hombre, en algunos países, y en otros, un horrendo sometimiento. Había llegado la hora de comenzar a romper con los perennes prejuicios raciales y ¡con tantas injusticias más! Así pues nuestros mayores dedicaron la vida a sus ideales y algunos la perdieron en pos de ellas: el padre, el hermano mayor, varios tíos. . . (. . . ) España desgarrada en nuestra infancia y durante muchos decenios más por la maldad de seres humanos podridos, México. Este México que nos acogió con el amor y la entrega que otorga a los hijos; este México que nos trató y nos trata como a hijos legítimos, este México donde hemos procreado a nuestros hijos, donde hemos mezclado nuestros genes con los nacidos aquí, donde hemos acabado nuestra formación humana y donde laboramos. España, aquella nuestra tierra de la que nunca, en verdad, nos hemos desarraigado y que hoy se debate en pos de un sistema digno. . .”

Española y mexicana, Amapola se entregó de lleno con toda la intensidad de la que siempre fue capaz, a su nueva patria, donde vivió plenamente, se casó y siempre al lado de su esposo Roberto, tuvo tres hijos, Roberto, Avelino y Andrés, que ahora son destacados psicoanalistas.

Aquellos que tuvimos la oportunidad de compartir y aprender de ella acerca de la vida y del psicoanálisis, de cómo mitigar el sufrimiento humano, sus amigos, colegas y alumnos de la Sociedad Psicoanalítica de México, nos sentimos privilegiados de poseer, dentro de nosotros, las invaluables aportaciones que tan generosamente nos entregó, para continuar así con su incansable labor.

Nos despedimos de Amapola el 3 de Abril. . . Su imagen, su sonrisa, su alegría por la vida estarán siempre en nosotros.

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