El siguiente trabajo del Dr. Antonio Briceño Monsant fue leído en el V Congreso de la Sociedad Psicoanalítica de México en homenaje al Dr. Avelino González, en el mes de  octubre de 1981, y forma parte de la Revista Gradiva No. 2, Mayo-Agosto Vol.II, año 1981.
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Hoy, en esta tan especial ocasión, deseo transmitirles algunos aspectos de mi labor psicoanalítica de más de 20 años dedicados intensa y especialmente al trabajo clínico.
Más que presentar un estudio científico, voy a referirme a mis reflexiones y experiencia profesional en torno al ejercicio del psicoanálisis en la sociedad contemporánea y a como llegué a interesarme en el fenómeno del estrés.
Quiero destacar que los puntos de vista que presento han sido desarrollados en el contexto de la ciudad de Caracas, cuyas especiales características –asociadas al acelerado crecimiento que se produjo desde 1974 y a raíz del inesperado aumento en los precios del petróleo- tienen una gran importancia en la psicología del venezolano que en ella reside.
Resultaría demasiado extensa cualquier narración del proceso por el que he atravesado durante todos estos años. Sin embargo, he seleccionado dos antecedentes que estimo de particular importancia para la comprensión de la evolución de mi pensamiento.
El primero de ellos se refiere al cambio brusco que experimenté cuando, después de vivir y ejercer mi profesión durante 9 años en la ciudad de México, me trasladé a Caracas. El segundo proviene de la preocupación que me produjo observar la excesiva prolongación del proceso psicoanalítico en Venezuela.
A mi regreso de México, en 1966, encontré una Venezuela distinta social, económica y políticamente, a la cual debía readaptarme. El precio psicológico fue importante.
Caracas, era ya una ciudad cosmopolita que había perdido en gran medida el sentido de familiaridad que la caracterizó.
En el campo clínico experimenté que la aproximación de los pacientes era francamente distinta a la que había acostumbrado en México.
Hablando en términos de fachada, el venezolano se muestra alegre, informal, de contacto rápido y acercamiento físico fácil, en tanto que el mexicano se muestra distante, formal y de difícil contacto.
Estas diferencias, en apariencia superficiales, tienen una enorme importancia clínica en la iniciación de un psicoanálisis.
En Venezuela, la formalidad es considerada como limitante del acercamiento afectivo, a veces hasta como rechazo. En México, en este tipo de trabajo, es señal de respeto y sensatez.
Así, donde la informalidad se siente como manifestación de empatía y afecto, una actitud formal y respetuosa produce estrés, dificultando la alianza terapéutica y la fracción de lo que yo considero un equipo de trabajo.
En lo profundo, encontré una confusión de identidad y una carencia del sentido de pertenencia que no observé en general en el mexicano. Este problema produce una patología especial en el venezolano actual que debe ser entendida en el contexto social y transferencial.
Así vivencié que la falta de un conocimiento adecuado de las particularidades socio-culturales del lugar donde se ejerce esta profesión trastorna el desarrollo del psicoanálisis e incluso puede llevarlo por un camino equivocado.
El segundo antecedente que voy a mencionar se refiere a los años posteriores de mi labor psicoanalítica en Caracas.
Observé con especial atención cómo el proceso psicoanalítico se prolonga excesivamente respecto a los promedios registrados en otros países.
Tuve el privilegio de trabajar durante 4 años con los Drs. María Gear y Ernesto Liendo, ambos psicoanalistas pertenecientes a la A.P.I., quienes acentuaron constructivamente mi preocupación en torno a la eficacia del psicoanálisis en la época contemporánea.
En la introducción de una de sus numerosas publicaciones titulada “La acción psicoanalítica” señalan: “Este libro intenta contribuir a la solución psicoanalítica del doble problema de cómo transmitir la mayor cantidad de información (inteligencia) terapéutica sistemática, selectiva, profunda, rigurosa, penetrante y sobre todo resolutiva al mayor número de personas y con el menor gasto de energías  por parte del paciente e del operador”. El psicoanálisis representa la teoría y la técnica  “más elaborada de psicoterapia cuyos costos actuales en términos de ansiedad, tiempo y dinero sobrepasan sobradamente sus beneficios terapéuticos se evaluamos estos últimos en una escala sociológica”.
Más adelante plantean: “Pretendemos que deje de aparecer una magia para pocos para transformarse en una ciencia para muchos”.
Esta problemática, de cada vez mayores implicaciones, ya había sido anunciada por Freud cuando escribió: “Ya que frente a la magnitud de la miseria neurótica que padece el mundo y que quizás pudiera no padecer, nuestro rendimiento terapéutico es cuantitativamente insignificante”. (Freud, S. “El Porvenir de la terapia psicoanalítica” (O. C. XIV).
Hoy en día esto cobra vigencia con carácter de alarma por la grave situación generalizada que atraviesa la humanidad.
Los Drs. Gear y Liendo afirman en el ya referido libro: “Dos de las principales urgencias,  metodológicas, teóricas y técnicas, por las que atraviesa el psicoanálisis contemporáneo son la carencia de una teoría psicoanalítica general, unificada y testeable, y de instrumentos  potentes y refinados para observar, describir y transformar la base clínica empírica psicoanalítica” y opinan que en la solución de esta problemática de carácter intra e interdisciplinario, la ingeniería de sistema ofrece óptimas condiciones para ayudar al psicoanalista a predecir, decidir y operar.
Yo comprendo esta preocupación por lograr que el psicoanálisis resulte más eficaz y extensivo y se traduzca en un rendimiento de mayor alcance.
De lo expuesto anteriormente me he planteado la siguiente interrogante que intento dilucidar ahora:
¿Cómo la sociedad contemporánea  interfiere la eficacia del psicoanálisis en Venezuela?
En el relato oficial sobre el tema “Proceso Psicoanalítico”, efectuado en Buenos Aires en 1966, Avelino González escribió: “El término psicoanálisis ha llegado a connotar tantos y tan diversos conceptos que resulta indispensable restringir su significado si no queremos sucumbir a un caos conceptual”.
De este trabajo voy a tomar una definición del psicoanálisis que encuentro importante a efectos de ilustrar esta interrogante.
Leo Rangell, afirma: “El Psicoanálisis es un método de terapia por el cual se dan las condiciones favorables para el desarrollo de una neurosis transferencial en la cual el pasado es restituído en el presente, con el objeto de que mediante un ataque interpretativo sistemático a las resistencias que se le oponen se resuelva la neurosis (transferencial infantil) con el fin de provocar cambios estructurales en el aparato mental del paciente para capacitarlo para una óptima adaptación a la vida”. Esta definición pertenece al año 1954, pienso que fue operante para esa época y que, en teoría, puede tomarse como modelo.
Más, en la sociedad actual, convulsionada a irracional, con estructuras y sistemas agotados y en crisis, donde al ser humano se le incita y estimula a la alienación, resulta contradictorio aspirar a una adaptación óptima.
¿Cómo resolviendo la neurosis infantil, el psicoanalizado va a alcanzar un óptima adaptación a la vida, cuando la sociedad actual lo descalifica, agrede, minimiza, manipula permanentemente; colocándolo en nuestro mundo occidental en posición de producir para ganar dinero y obtener poder, como prioridad insustituible?.
Debo enfatizar que todo cuanto he referido en términos genéricos se magnifica en el caso de Caracas.
Esto me parece una de las mayores afrentas a la dignidad del ser humano. Estoy plenamente de acuerdo con el colega Agustín Palacios, que en su libro “Temas Dialécticos en Psicoanálisis” plantea: “Nosotros, estudiosos del comportamiento humano no podemos rehuir las responsabilidades y si no se modifican las condiciones del mundo, el hombre continuará viviendo en circunstancias desfavorables. Nuestra tarea no puede restringirse a reparar las consecuencia patológicas de la interacción social: debería enfocarse primordialmente hacia la prevención de las enfermedades mentales, elevando, si no es posible más, nuestras voces  de alarma, para hacer notar el hecho de que la humanidad se está alejando del sendero que conduce al cuidado correcto de los jóvenes y a la satisfacción adecuada de los adultos”.
En mi trabajo clínico he observado que, durante los primeros años de tratamiento, las interpretaciones en el contexto transferencia-contratransferencia resultan operantes y el paciente registra modificaciones importantes en su conducta y estructura psicológica, reduciendo progresivamente su neurosis primaria.
Sin embargo, en numerosos casos, a medida que ocurre este progreso, se va manifestando una neurosis secundaria encuadrado dentro del marco de una problemática de carácter social, como la antes referida, donde el psicoanálisis pierde efectividad ante lo desquiciante del medio en que vive el paciente.
Es decir, estos pacientes manifiestan una sintomatología común asociada a problemas tales como: tráfico, alto costo de la vida, prisa, burocracia, inestabilidad laboral, exceso de información, imposición de costumbres nuevas e inseguridad personal. Ellos rechazan una terminación del tratamiento porque se sienten frustrados y necesitan continuarlo.
En teoría, esta problemática puede ser interpretada asociándola a la neurosis primaria. En la práctica, observé que esto puede ser interminable pues a pesar del trabajo psicoanalítico, los pacientes persistían en una sintomatología que incluye irritabilidad, confrontación de valores, crisis de objetivos, etc., y una gran dificultad para adaptarse al medio en que viven.
En estos casos, dirigí mis interpretaciones más que a la solución de los conflictos primarios, al aprendizaje de estrategias de sobrevivencia.
Aquí comenzó la investigación que he sostenido durante los últimos 7 años, en relación al fenómeno del Estrés y de la cual les presentaré a continuación una síntesis.
De particular relevancia ha resultado para mí el contacto personal y epistolar que he sostenido con el Dr. Hans Selye, a raíz de nuestro encuentro en el Congreso Internacional del Estrés, celebrado en Mónaco en 1979, por iniciativa de la Fundación Selye, y al cual tuve el honor de asistir como relator del tema “Manejo del Estrés desde el punto de vista psicoanalítico”.
El Dr. Hans Selye, creador de la teoría del Estrés, ha trabajado intensamente, desde 1933, en la investigación de este fenómeno y sería injusto no mencionarlo y expresar públicamente mi admiración y respeto hacia él por su valiosa obra. El Dr. Seyle ha publicado 38 libros y un sinnúmero de artículos resultado de sus investigaciones en el campo biológico.
Ahora bien ¿qué es el estrés?
El Estrés es la respuesta a cualquier fuerza o estímulo que perturba el equilibrio natural del organismo desarrollando un desajuste entre la persona y su ambiente interno y externo.
Como se observa, el fenómeno tiene implicaciones biológicas, psicológicas y sociales, que exigen un enfoque multidisciplinario.
Hasta ahora se han formulado siete modelos distintos que describen el proceso del Estrés. Sin embargo, todos insisten en el problema fundamental de la adaptación, que nosotros entendemos de acuerdo a los conceptos de Heinz Hartman.
Simplificando el proceso del Estrés podemos hablar de una secuencia: estímulo –proceso de adaptación- respuesta que varía según la intensidad y continuidad del estímulo, así como por la capacidad de adaptación del individuo.
Cuando el estrés o sobrecarga emocional no es bien manejado, se producen dos tipos de reacciones o respuestas negativas: el fracaso de la adaptación lleva a un conflicto psicológico o conduce a una enfermedad psicosomática principalmente hipertensión arterial, infartos, colitis ulcerativa, migrañas, asma, etc. Por el contrario, su buen manejo permite canalizar la energía vital del ser humano en forma constructiva que es lo que llamamos estrés positivo.
Desde luego, no son lo mismo neurosis y estrés. En la neurosis los conflictos son estructurados en la primera infancia. En el estrés, las causas son psicosociales y siempre de índole externa.
Así como Hans Selye se dedicó especialmente a los aspectos biológicos del estrés, otros estudiosos del fenómeno han profundizado en el campo psicosocial. Entre ellos, los Dres. Levy y Kagan del Laboratorio de Investigación Clínica del Estrés de Estocolmo. Igualmente, los Drs. Tiffler y Quirce, entre otros, llegan a la formulación de una propuesta metodológica de cambio social como solución al problema del estrés y predicen el nacimiento de la biosociología.
A continuación expondré el manejo operativo del Estrés, desde el punto de vista psicoanalítico para tres casos:
a)      Pacientes que acuden por primera vez a mi consulta y sufren un estrés agudo.
b)      Pacientes que se están analizando y sufren un estrés agudo.
c)      Pacientes de responsabilidades delicadas que sufren estrés crónico.
A)     Una persona de 34 años, brillante profesional, me consulta por una colitis ulcerativa. Su historia clínica registra dos psicoanálisis previos, de 4 y 1 años respectivamente y, en la actualidad, se encuentra en proceso de divorcio, el cual la mantiene en estado de tensión e incertidumbre.
Mi procedimiento es el siguiente:
1º.) Realizo tres entrevistas personales y, si es posible, una de ellas con su cónyuge y otra con sus hijos.
Estas entrevistas se realizan con una historia clínica especializada para investigar los estresores conscientes y preconscientes que agudizan el cuadro clínico. En este caso, el divorcio y la incertidumbre son factores coayuvantes que aumentan su sintomatología de la rectocolitis ulcerativa. Además, intento comprender su cuadro desde el punto de vista psicoanalítico.
2º.) Aplicamos un interrogatorio, siguiendo en este momento la tabla del Dr. Thomas Holmes, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Washington, quien ha elaborado un sistema de puntaje para evaluar las situaciones de estrés.
3º.) Aplicamos un estudio de laboratorio, haciendo énfasis en el estudio de los triglicéridos y el colesterol, y un estudio especializado de Hematología, especialmente de las plaquetas y formas de los glóbulos rojos. Este tipo de estudio está en manos del grupo de cardiología y médicos internistas.
Cabe señalar aquí que se ha comprobado científicamente que eventos estresantes producen anomalías  en la fórmula sanguínea. Actualmente tenemos estudios de más de 5 años, que indican que la angustia de separación puede modificar las plaquetas. Igualmente, ciertos eventos estresores producen hipertensión arterial frágil e incluso, infartos al miocardio.
4º.) Por último, realizamos un estudio que denominamos tecnológico, utilizando el Biofeedback es posible medir la tensión muscular y, de acuerdo a las señales eléctricas registradas, conocer el grado de estrés.
Con todos estos exámenes es posible evaluar la situación del paciente y diagnosticar si hay estrés y su grado.
En el caso bajo consideración encontramos un alto grado de estrés agudo.
Consideramos contraindicada la aplicación inmediata de un psicoanálisis. Nuestra indicación fue enviarla al gastroenterólogo de nuestro instituto, quien, con el expediente anterior, realizó los exámenes y aplicó un tratamiento también especializado, de estudio neuroquímico, para mejorar su rectocolitis ulcerativa.
Mi conducta psicoanalítica es como sigue:
1º.) Intento establecer un buen raport con la paciente. En estos casos, las sesiones son de horario flexible y el setting es poco rígido.
2º.) Si las condiciones son favorables intento trabajar el trauma del divorcio, para lograr una reconstrucción de sus mecanismos de defensa y trato de enseñarle cómo manejar su estrés agudo en forma adulta y con logros constructivos. En todos los casos  se establece un contacto semanal, de acuerdo a los casos, con el gastroenterólogo tratante. Si se logran mejorar las condiciones de la paciente, procedo a comenzar un psicoanálisis clásico, con controles cada vez más espaciados con el grupo clínico.
B)     Pacientes en los cuales estoy realizando un psicoanálisis y, en el proceso sufren un estrés agudo debido, por ejemplo, a la pérdida de un ser querido, una intervención quirúrgica o un aparatoso accidente. En estos casos realizo un análisis coyuntural. No trabajo la relación transferencia-contratransferencia, ni utilizo la asociación libre, ni abordo los conflictos infantiles. Lo importante, en  este momento, es el trauma actual, o estrés agudo. Generalmente, el paciente se sienta y su trabajo es cara a cara. Evito la regresión pues me parece innecesaria y anti-analítica. En estos casos, la comunicación es de consicente a consciente. El objetivo es: ayudarlo a superar el estrés agudo sobre agregado a la neurosis, este momento tiene muchas variables clínicas dependientes de la fuerza yoica del paciente, años de tratamiento, historia individual. Estoy alerta a cualquier somatización, la cual no interpreto sino trabajo con el equipo clínico.
Superando este momento coyuntural,  continúo el psicoanálisis en forma habitual.
C)     Hay un determinado tipo de pacientes que estoy observando desde hace más o menos 6 años, los cuales en general, son altos ejecutivos que ejercen responsabilidades delicadas. Estas personas asisten a mi consulta por presentar tensión exagerada, depresión, dificultades matrimoniales, irritabilidad, poca lucidez en el desarrollo de sus actividades, pérdida de objetivos y confusión de valores. Unos ingieren tranquilizantes y otros aumentan su consumo de alcohol, a veces en forma exagerada.
Mi estrategia psicoanalítica es la siguiente: entrevistas personales, con la familia y en la empresa, y una evaluación integral de su grado de estrés.
En un principio intentaba etiquetar a estos pacientes en un cuadro de neurosis, pero a través del ensayo-error, encontré que no sufrían de una neurosis en el sentido psicoanalítico clásico, sino de un estrés crónico, que los lleva a conflictos sicológicos de síntomas como los anteriormente descritos o a enfermedades psicosomáticas. Generalmente, se trata de pacientes de edad mediana: 40 a 50 años, cuya actualización profesional no está a la altura del desarrollo tecnológico al cual deben responder. Además, las grandes empresas, por su sistema de trabajo según el cual lo importante es producir, lo alejan  del hogar, perder el contexto afectivo y se convierte en un extraño en su hogar. En el trabajo la competencia es desleal y pierde confianza. El ambiente es hostil y le genera un gran temor de ser desplazado en su jerarquía.
Es lo que yo denomino el “ser contemporáneo”.
En todos, he encontrado una profunda soledad y una reflexión, a veces tardía, de su alienación.
Los programas de tratamiento para estos casos son diversos e incluyen: psicoterapias familiares, autoeducación contínua, alimentación inteligente, ejercicios apropiados, cuidado personal, desarrollo de su creatividad, incorporación a grupos de trabajo, etc.
Según se colige de lo expuesto, las peculiaridades del medio venezolano le dan peculiaridad al psicoanálisis y me han obligado a buscar una salida igualmente peculiar.
Seguramente algunos de ustedes se sentirán identificados con los problemas aquí expuestos; sin embargo, y puesto que estoy refiriendo mi experiencia personal,  no puedo generalizar.
Puedo decir que en el estudio de la teoría del estrés he encontrado la posibilidad de una solución para los habitantes de una ciudad que ha perdido el alma.
Sin planificación, sin servicios, sin protección civil, sin controles migratorios, sin especio físico, sin freno en su crecimiento, sin consciencia colectiva, sin identidad…
Frente a un problema de tal magnitud hemos creado la unidad de estrés del Instituto Bricmont, cuyo objetivo es el tratamiento integral y multidisciplinario del estrés.
Estoy convencido de la potencialidad del psicoanálisis creado por Freud. Más, creo imperativa la necesidad de orientarlo hacia metas de alcance social, como una de las vías para enfrentar el sufrimiento del drama contemporáneo, dondequiera que éste exista.
Mi optimismo se fundamenta en mi fe en la sensibilidad de mis colegas.
Para finalizar quiero expresar mi agradecimiento a mis maestros, mis pacientes y mi familia por haberme acompañado en la búsqueda de una vida más digna.

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