El día 3 de abril de 1991, nuestra Sociedad Psicoanalítica de México perdió a uno de sus miembros fundadores, la doctora Amapola González Fernández. Médico Cirujano, Profesora de doctorado en el Departamento de Estudios Superiores de la Facultad de Psicología en la UNAM, Miembro Fundador de la Sociedad Psicoanalítica de México A.C. y de la Sociedad de Psicoanálisis y Psicoterapia S.C., Directora de Enseñanza y Programa Científico en ambas.
A doce años de su muerte, compartimos a modo de homenaje el Obituario que dedicamos a su persona en nuestra revista Gradiva Vol. V, Num 1 en el año 1991. Se trata de varios textos que varios colaboradores escribimos entonces pensando en ella.

 
A AMAPOLA GONZALEZ FERNANDEZ
Conocí a Amapola hace 6 años.  La última vez que la vi fue en una calurosa noche de principios de abril, de este año 1991, cuando ella coordinaba el Seminario Clínico Rotatorio… ¡Y quién iba a suponer que sería su último Rotatorio!
Apareció jovial, alegre, como hacía ya días no la veía, luego de innumerables incidentes que habían oscurecido el panorama de muchos de nosotros –entre los que puedo contar la guerra del golfo, evocación directa de las 2 previas guerras mundiales y una de las cuales Amapola vivió amargamente siendo aún sólo una niña.
Ese día cantó – como solía hacerlo cuando la canción podía usurpar el lugar de las palabras- fragmentos de zarzuelas aprendidas en su infancia y reímos, todos reímos sin perder de vista el objetivo primordial del Seminario, que ese día fue magistralmente coordinado por Amapola, nuestra Amapola.
Sin poder preveer lo que la vida le deparaba, coordinó ese Seminario que por azares del destino o del inconsciente se presentó completo, cuando siempre ocupa dos clases llegar a su conclusión.  Amapola tuvo el certero tino, que sólo se explica a través de la casualidad, de no dejar su Seminario incompleto como si en el fondo hubiera podido predecir la cercanía de su muerte, anticipándose así a lo inminente con esa extraordinaria capacidad suya para ver siempre más allá de lo evidente.
Hacer recuento del legado que Amapola me dejó es tarea difícil cuando se agolpan los recuerdos y abruman las ideas, cuando de pronto aparecen como ráfagas los actos, las palabras, las risas, las canciones, las historias, evocadas en cascada por lo súbito e inesperado de su muerte, así, tan de pronto, tan sin aviso…¡Y como duele!
La larga y productiva trayectoria de Amapola dentro de nuestro difícil arte que es el Psicoanálisis, está plasmada de innumerables trabajos publicados, pero también lo está en todos los que fuimos sus discípulos y tuvimos la oportunidad de ser escuchas de su gran sabiduría y de su extraordinaria comprensión de los ires y venires de los hombres y mujeres que conformamos el mundo, este mundo que tuvo la suerte de contar con una gran mujer, infatigable luchadora por la libertad y por la vida, en el más amplio de todos los sentidos.
No queda duda de que hoy el Psicoanálisis ha perdido a una de sus más grandes exponentes, de sus más fieles adeptos ¡Y como se conduele por su ausencia!
Amapola fue –y sigue siendo aunque la inexorable muerte la haya colocado hoy tan lejos de mi alcance- un estímulo constante. Nunca tuve la oportunidad –por su premura al partir- de decirle que en gran medida , ella era el estímulo que podía ponerme a mí en calidad de estímulo . Su jovialidad, su fortaleza y su incansable labor son un ejemplo a seguir cuando las fuerzas me faltan, como hoy que me he sentado a escribirle un obituario.
Amapola murió.  Ha dejado un hueco difícil de llenar.  Siempre dispuesta a escuchar, a orientar y a compartir desinteresadamente la sabiduría con que la vida –tan ardua para ella en sus años mozos- la dotó.
Su inmenso y profundo conocimiento de la obra de Freud, le hicieron ser capaz de hacer de cada página, de cada línea, una poesía y de cada intervención, una obra de arte.
Sea así como homenaje a Amapola este poema, pues es así como aprendí de ella a vislumbrar la ardua pero infinitamente una labor del analista:
 

“DE FREUD A LA POESIA”

Habré de incursionar ahora

En el mundo el mito y del recuerdo,

En el vasto eslabón que da a la vida

En sentido de trágica comedia,

Y habré de estar,

Sabedora de verdades y misterios,

Alerta a la razón oculta

Que enceguece el pensamiento.

Tendré que ser valiente y hechicera,

Ficción y realidad,

Cántaro al vilo

Para contener alientos,

Espejo y armisticio,

Lluvia capaz de transformar desiertos,

Silencio que encadene

Letras nuevas

Habré de ser

Sin más,

Refugio y continente,

Reflejo de verdades innombrables.

Elisa Salame, abril 1991

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A  AMAPOLA

Nunca olvidaré aquel primer día, cuando siendo yo apenas estudiante de psicología, llegué a tu consultorio a estudiar aquellos ateneos psicoanalíticos.  Me impactó tu claridad de pensamiento, eras magistral Amapola. Ya para entonces tenías muchos años de ser mi abuela analítica, y de esto me sentiré infinitamente orgullosa toda mi vida.
Después me forjaste como psicoanalista, siempre dándome todo de ti, en mis supervisiones y clases; y eso no terminó el día en que tú, junto con otros, colosos del Psicoanálisis, como Santiago Ramírez, me graduaron como Psicoanalista.
No te detuviste nunca en seguirme formando, y lo hiciste hasta el día de tu muerte. Te fuiste demasiado pronto, así como a incansable.
Dejas en mí más que tu digno ejemplo. Maestra y amiga Amapola González.
Emilia Karán, junio 1991
 
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“AHORA QUE YA ERES NOCHE…”

Es porque Osiris me evitó el dolor de verte dormida en sus brazos,

Que aún te imagino libre de muerte,

Correteando por sus prados del norte de España. O

Muy asustada, en el laberinto de calles amargas

Que, antes del exilio, tus pies habían pisado.

Por creer en la vida, de allí nos echaron

Imágenes, memorias que unen de día y, cuando llega la noche, separan.

Amapola, compañera

Es porque diste luz y color a este mundo que hoy abandonas al llanto,

Que a tantos nos faltas; a unos

Porque, guiados al diván por tu sonrisa tan tierna,

Callan la desazón que el Ser nos mete en el cuerpo.

A otros, porque con dolor diste a luz en el parto,

A mí porque te tuve tan poco a mi lado,

Y a tus amigos porque, al irte, a cuchilladas les despedazas el alma.

Amapola, hermana

Es porque aún puedo ver tu sonrisa, clavel que florece en tus labios,

Que se que el llorarte no basta.

El sol, que apaga en el mar sus cabellos en llamas,

Te hunde en la noche, y  a la fría oscuridad dirige

Esta lucha feroz por Ser. Ser justos y libres…

Que eso que nos querían robar de niños,

Del Ser lo humano, lo vamos pasando de mente en mente y de mano en mano.

Descansa ya, muchacha

Que mis ojos destilan rocíos que tu ausencia cruel les arranca,

Y así llegó el campo de lirios blancos que te sirvan de lecho.

Con amapolas coloreo tus mejillas, ahora ya pálidas,

Y ese pelo tan negro, que te cubro de perlas,

Lo peino con un peine suave, de nardos y plata…

Aquí

Sobre este mármol frío que para siempre te esconde a mi mano,

Te lo juro asturiana;

Ese Ser, digno y humano, al que diste lo mejor de tu vida,

Sal tuya pegada a rocas, lo incrustaremos en otra almas.

Te lo juro asturiana.

Duérmete ya compañera,

Amiga,

Hermana, duérmete ya…

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