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Una perspectiva psicoanalítica acerca de los fenómenos sociopolíticos actuales

23 febrero, 2018 Posted by SPM-SPP

sign-5-1197759Por: Humberto García

” Conviene volver a llamar la atención sobre el hecho de que la sociedad, como el individuo, puede negarse a tratar sus trastornos por medios psicológicos hasta que se ve forzada a hacerlo al comprender que, al menos algunos de estos trastornos, son de origen psicológico”. Bion 1961.

 

Introducción

El presente trabajo tiene como fin, primero, revisar y aclarar las aplicaciones del psicoanálisis en teoría política, y segundo, partiendo de los resultados de esta revisión, intentar esclarecer, desde una perspectiva psicoanalítica,  los motivos de los recientes fenómenos sociopolíticos.

Dos fenómenos en particular son a los que me refiero, y son los que  inspiraron este trabajo y llamaron mi atención; por un lado la nueva creciente  amenaza de una guerra nuclear, y por otro, el retorno de manera simultánea   de ideologías -que dan cuenta de fenómenos culturales regresivos- de ultraderecha en distintas latitudes del planeta.

Con asombro observamos que en Estados Unidos Donald Trump gana las elecciones a través de su ya conocida campaña basada en odio, xenofobia y racismo; en Holanda el líder del “partido para la libertad” Geert Wilders promueve políticas antimusulmanas y exhorta a la separación de dicho país de la Unión Europea; en Francia el partido de extrema derecha “frente nacional” estuvo a poco de ganar una contienda política bastante cerrada , ofreciendo al electorado un discurso en el que de nuevo imperó una retórica separatista y de odio; en Inglaterra, mediante referéndum se aprueba el brexit, movimiento nacionalista que con motivaciones en buen medida antimigratorias y etnocentristas, separa a la Gran Bretaña del resto de la Unión Europea, y con esto merma uno de los objetivos fundamentales de la formación de este bloque de países: evitar otra gran guerra.

Por citar sólo algunos ejemplos de entre muchos más que dan cuenta de cómo en las así llamadas naciones desarrolladas, reemergen problemas sociales ya antes superados.

Por otro lado el reloj del día del juicio final (publicación simbólica que desde 1947 realizan científicos y políticos de la Universidad de Chicago para alertar del riesgo de autoaniquilación perpetrada por la humanidad) se acerco a tan solo 2.5 minutos de la media noche -momento que representa el fin del mundo- como no había vuelto a suceder desde la crisis de la Bahía de Cochinos durante la guerra fría. Esto, a juzgar por los científicos encargados de la publicación, debido al tenso ambiente geopolítico actual.

Estos acontecimientos, son notorios y saltan a la vista de quien tiene en mente la teoría psicoanalítica porque a todas luces parecen  afirmar  la tesis que Freud planteó para explicar la primera gran guerra y otros fenómenos destructivos de masa; a decir: que lo primitivo e instintivo en lo humano es lo fundamental, y que subsiste, y con frecuencia se sobrepone a las adquisiciones culturales -tanto individuales como de grupo-.       (Freud 1915)

Al respecto escribió Freud ” las crueldades y las injusticias de las que se hacen responsables las naciones más civilizadas, la manera diferente en la que juzgan sus propias mentiras y malas acciones en comparación con las de sus enemigos, muestran hasta qué punto el psicoanálisis tiene razón en inferir de sus observaciones que los impulsos más primitivos del hombre jamás serán abolidos en cada uno de nosotros y que estamos siempre dispuestos a conducirnos de manera artera o estúpida frente a su menor resurgimiento.”

Cabe cuestionar si ésta concepción de la historia fue valida entonces, y si lo es ahora.

En favor de esta tesis podemos argumentar que es cierto que acerca de los distintos conflictos que rememoremos, bajo  cualesquiera que hayan sido las condiciones, es difícil pensar que no haya existido otra salida que la guerra; y sin embargo ha sido la elección una y otra vez, y las catástrofes -cabe resaltar suscitadas por entero a voluntad del ser humano- a lo largo de la historia constatamos se han cíclicamente repetido. -¿Hemos de una y otra vez olvidar el gran dolor y costo que una guerra genera? -, ¿ésta irracionalidad es producto de que los sujetos colectivos son dominados por las mismas fuerzas que los individuos?

Dicho de otra manera, el hecho de que cíclicamente se repitan estos fenómenos en apariencia enteramente irracionales y a pesar de que los costos y el dolor que generan son cada vez mayores (hoy la concreción de la amenaza sería irreparable), parece dar cuenta de que en su génesis juega un papel fundamental algo inherente al ser humano, algo que siempre ha estado ahí, algo independiente de los factores materiales, sociales, o culturales particulares de la época del conflicto en cuestión, es decir, reabre la siguiente interrogante: -¿hace valida la noción freudiana de la pulsión de muerte como causante irreductible de estos fenómenos destructivos de masa?, ¿hay un paralelismo entre sujeto y civilización y, como en el individuo en la civilización la represión tiene un límite y eventualmente los instintos emergen dando lugar a las ya citadas cíclicas involuciones? (Freud 1930).

Cuando sujetos colectivos entran en conflicto, es indudable que en buena medida factores psicológicos juegan un papel tan importante -sino es que primordial como asevera la tesis freudiana-  como los sociales, económicos, políticos, legales o militares. (Volkan 2010) ¿En qué medida podemos hacer proposiciones psicoanalíticas al respecto? ¿Qué tan efectivas son las mismas para cambiar el curso de los eventos? Como señala Kernberg “la medida en que los factores psicodinámicos contribuyen a que la guerra sea  inmanente a la historia de la humanidad sigue siendo una pregunta abierta”.

Es entonces imperativo para continuar con este trabajo revisar y aclarar la correcta -o la más aproximada posible- aplicación del psicoanálisis a la teoría política. Por ejemplo será apropiado cuestionar si el marco teórico utilizado para apreciar los fenómenos individuales, es válido para los fenómenos de masa, o mejor dicho, de sujetos colectivos (instituciones, naciones, estados; etc.). ¿Qué tan acertado  es en relación a los sujetos colectivos, hablar de fenómenos psíquicos como pulsiones, ideal del yo, proyecciones? en general, utilizar un marco teórico metapsicológico para estudiar a las colectividades como si de individuos se tratara.

 

Acerca de equiparar el fenómeno grupal con el fenómeno individual

En un interesante trabajo Rosen habla al respecto. Repasa y resalta algunas de las abundantes interpretaciones sociales contemporáneas (por ejemplo las populares opiniones de Zizek)   de este cuño y señala e imputa este punto, recordando el hecho de que -“las categorías psicoanalíticas y el conocimiento teorético surgen de y son con frecuencia confirmados en los encuentros de individuo (analizando) a individuo (analista).”- cuestiona el terreno epistemológico donde se cimientan las proposiciones psicoanalíticas que equiparan a las colectividades con los individuos (Rosen 2007).

El mismo Rosen cita a Zizek para deja en claro este punto.

“En Europa del Este, el Oeste busca sus orígenes perdidos, su propia experiencia emocional perdida de “invención democrática”. En otras palabras, Europa del Este funciona para el Oeste como su Ideal del yo: el punto desde el cual el Oeste se ve en una forma, idílica, idealizada, como digno de amor. El objeto real de fascinación para el Oeste es entonces la mirada, a saber, la mirada supuestamente ingenua por medio de la cual Europa del este mira al Oeste, fascinada por su democracia.”

Esta proposición, como es evidente en sí misma, resulta exagerada y hace aseveraciones demasiado a la ligera. Me parece entonces que el señalamiento de Rosen es apropiado, y lleva al cuestionamiento de ¿Qué tipo de aproximaciones son entonces validas? ¿Cuál es la manera correcta de aproximarnos a nuestro objeto de estudio?

Freud hace una breve aproximación al tema de la psicología social, en la obra que dedico a ello -” psicología de las masas y análisis del yo”- reconoce que la psicología del individuo no puede ser separada de la psicología colectiva, pues la primera se conforma a partir de las relaciones del individuo con otros individuos. Así pues, el análisis lo centra en reconocer los fenómenos característicos que surgen en el individuo perteneciente a la colectividad.

Burack basándose en los trabajos de Bion escribe  que ” la principal diferencia entre el psicoanálisis de los grupos y el psicoanálisis individual, radica en que el primero centra su atención en los individuos en cuanto miembros de grupos ” (el subrayado es mío) y acierta en reconocer el importante papel que aunque  pareciera efímero y secundario, en realidad llega a tener la vida grupal en la psique de los individuos: “ciertamente las afiliaciones a los grupos son con frecuencia latentes y múltiples, y de vez en cuando pueden cambiar, pero éstas vicisitudes no significan que no imaginemos, sintamos, o actuemos bajo una concepción de nosotros como, por ejemplo, patriotas en tiempos de estrés nacional”.

Lo que no hay que perder de vista en lo hasta ahora revisado es que, como  desde las contribuciones de Freud ya se puede observar, más que pensar a las masas o colectividades como si de individuos se tratara, parte de lo que el psicoanálisis puede aportar a la teoría política es el reconocimiento y señalamiento de el efecto en cierta medida generalizable que tiene las colectividad en el psiquismo de los individuos pertenecientes a ella así como en el psiquismo de sus líderes, efecto que entonces puede ser observado, ponderado y manejado bajo una óptica psicoanalítica.

Bion por otro lado da una interesante y a mi parecer acertada solución a la paradoja de pensar al grupo como algo más que la suma de sus integrantes, vale decir, como un individuo con voluntad propia; además reconoce que hay fenómenos individuales que sólo pueden ser entendidos y adscritos en la grupalidad y no en el individuo aislado, para probar ambas aseveraciones hace una analogía entre la función que resulta de la sumatoria de las partes de un reloj -la medición del tiempo-, y,  aquellos fenómenos que resultan del agrupamiento de individuos -la aparente voluntad grupal-. En ambos casos, a pesar de los fenómenos que resultan del interactuar de las partes, no se puede pensar a ambos entes como algo distinto a lo que son. Para que quede más inteligible este punto, a continuación transcribo las palabras de Bion…

“La explicación de ciertos fenómenos debe buscarse en la matriz del grupo y no en los individuos que lo constituyen. Señalar el tiempo no es función de ninguna de las partes aisladas del mecanismo del reloj; sin embargo, señalar el tiempo es una función del reloj y de sus diversas partes cuando ellas se combinan entre sí. No existe ninguna razón para que nos dejemos confundir por la impresión de que un grupo es algo más que la suma de sus miembros, tanto como no hay razón para dejarnos confundir por la idea de que un reloj es algo más que una colección de piezas necesarias para hacer un reloj. Abreviando, existen características en el individuo cuyo significado real no puede entenderse a menos que se comprenda que forman parte de su equipo como animal gregario y cuyo funcionamiento no puede ser observado a menos que lo busquemos en un campo de estudio inteligible, que en este caso es el grupo.”

Sintetizando; en relación a la aplicación del psicoanálisis a los fenómenos sociales podemos  extraer dos conclusiones. Primero, se reconoce que hay fenómenos individuales que sólo aparecen bajo la influencia de las masas; segundo, hay fenómenos que aunque suceden en los individuos, son producto del interactuar de los mismos en un grupo, y solo pueden ser entendidos y apreciados  sin perder de vista la grupalidad, y dentro de la matriz que constituye la grupalidad; por lo tanto podemos hacer proposiciones referentes a las masas y no únicamente a los individuos dentro de las masas, sin embargo lo que digamos acerca de las masas de ninguna manera puede ser equiparable a lo que declaremos con relación a los fenómenos individuales, esto debido a que la aparente conciencia y determinación del grupo, es precisamente eso, “aparente” y resulta de la conciencia articulada, propia únicamente de los individuos. Agregaría ahora que en ambos casos suceden fenómenos de naturaleza inconsciente, -aunque es importante resaltar que en el caso de las masas de naturaleza distinta a la individual, es decir no por obra de la represión- cualidad que hace entonces particular al psicoanálisis el estudio de ambos fenómenos.

 

Una perspectiva psicoanalítica de los fenómenos colectivos que dan pie al resurgimiento de la ultraderecha en el mundo

Ahora bien y volviendo al tema de la problemática geopolítica contemporánea, ¿a qué se debe el rechazo y la tendencia a la separación, xenofobia, racismo y etnocentrismo que en últimas fechas vemos retornar con fuerza en distintas naciones?

La causa de los fenómenos que me he dispuesto analizar resultan inteligibles cuando se reconoce la manara en que operan los grupos.

Las naciones, estados, etnias, etc. son grupos y pueden ser analizados en cuanto tales. Para distintos autores el punto pivote que da lugar a la formación de una masa, radica en la identificación y en el caso de una nación en la formación de una identidad colectiva que deriva de esta identificación con factores culturales en común (Freud 1921) (Volkan 2010).

La identidad colectiva se define entonces como un “sentimiento subjetivo de mismidad compartido por miles de personas, que deriva de mitos y realidades históricas, lingüísticas, culturales, geográficas, religiosos” etc. (Volkan 2010). En los individuos, las representaciones concernientes a estos aspectos sociales se integran al sí mismo para consolidar una identidad del yo. Un sentido de valor personal se agrega a la pertenencia a una religión, una cultura, y un lenguaje como parte del narcisismo normal; así mismo, los traumas históricos y los mitos pasan a formar parte de la representaciones que dan origen a la identidad  compartida, dando lugar a que “otros grupos se vuelvan entonces objeto de mecanismos de escisión temprana, y de defensas regresivas narcisistas y paranoides contra ellos (Kernberg 2003).

Así, por una identidad compartida, vale decir, una identificación compartida, queda conformada una nación. Y en cuanto tal, queda sujeta a los mismos procesos que en un grupo pueden ser reconocidos. Para entender los recientes acontecimientos geopolíticos hay que aclarar antes algunos fenómenos que ocurren tanto en los grupos como en los individuos pertenecientes a ellos.

De entre estos mecanismos, es particularmente notoria para muchos autores la regresión de las funciones yoicas de los sujetos pertenecientes a la colectividad. (Freud 1921), (Volkan 2010), (Kernberg 2003), (Burack 2005).

En psicología de las masas y análisis del yo Freud reconoce este hecho, y resalta el paralelismo existente entre el psiquismo del sujeto perteneciente a la masa y, el propio de los hombres primitivos y los niños; en todos estos casos, dicho de manera sintetizada, predominan los caracteres del proceso primario. Es así, que observa Freud, que el hombre perteneciente a la masa se hace crédulo, desaparecen sus capacidades intelectuales más refinadas y no acepta el aplazamiento de la satisfacción de sus instintos -por enumerar algunas cuestiones-. ¿Pero qué da lugar a está regresión? para Freud, en el individuo perteneciente a la masa, por obra de un enlace libidinal el superyo queda disuelto y sustituido por el líder de la masa, reducidas las funciones de esta instancia psíquica se explica la libertad con que los impulsos del individuo perteneciente a la muchedumbre buscan satisfacerse.  Además, se da un enlace por identificación entre los miembros. Todos los miembros entonces son libres de las restricciones de su superyo al tiempo que gozan de la proximidad con el sustituto del mismo, se sienten protegidos y omnipotentes y siguen así apasionadamente al líder (Freud 1921).

La visión de Freud aunque acertada, resulta limitada si se examina con detenimiento. Freud habla de masas primitivas refiriéndose a las muchedumbres, y masas organizadas refiriéndose a instituciones como  el ejército y la iglesia. Restringe los fenómenos primitivos a las masas primitivas y no reconoce que estos fenómenos, -así como en los individuos civilizados-, con frecuencia coexisten en las masas con adquisiciones organizacionales  superiores.

Bion en su trabajo, “experiencia en grupos” expande la visión psicoanalítica concerniente a las colectividades al reconocer que en los mismas existen dos maneras simultáneas de operar, una primitiva regida bajo algo a lo que Bion da el nombre de supuesto básico, y una evolucionada a la que denomina grupo de trabajo en la cual la existencia de una tarea mantiene el grupo ligado a la realidad. En el grupo de trabajo la realidad se reconoce, el líder es elegido en cuanto a sus capacidades para conseguir los fines reales de trabajo del grupo y su autoridad deriva de capacidades técnicas, conceptuales y autoridad institucional. Por otro lado, si la tarea original que formó al grupo se desvanece, o si el grupo es sometido a intensas frustraciones – independientemente de la sofisticación de su estructura y/o tareas –  observa Bion, los grupos sufren un proceso regresivo y quedan dominados por el supuesto básico, de suerte que no reconocen la realidad, y eligen a sus líderes en cuanto son capaces de satisfacer las necesidades instintivas de los individuos. En el supuesto básico opera la ansiedad de tipo psicótica y defensas acordes descritas por Melanie Klein ( Klein 1941); como lo son   la escisión, proyección, identificación proyectiva etc. Describe Bion dos tipos de supuesto básico, es decir dos manera primitivas de operar, una a la que él llama –de lucha/fuga-, y otra,  a la que llama -de dependencia-; en el primer supuesto predominan la regresión a defensas paranoides, y se elige un líder que da cause y sentido a estas defensas. En el otro grupo, predomina una regresión narcisista, de dependencia, y necesidad exageradas (Bion 1961).

El primer tipo de supuesto es el que explica gran parte de las erupciones históricas de violencia concertada por estados y naciones. Este tipo de análisis de los grupos, nos lleva a entender cómo hasta en los grupos más sofisticados, el supuesto básico puede sobreponerse al grupo de trabajo y dar lugar al comportamiento primitivo, tal como sucede con los estados, los cuales son estructuras sociales regidas por sistemas políticos complejos, que sin embargo bien pueden quedar dominados por las maneras primitivas de operar y de apreciar la realidad.

Teniendo en consideración que cuando el individuo forma parte de una colectividad -como por ejemplo una nación- se muestra amplificada la susceptibilidad con la que la frustración provoca la regresión de las funciones yoicas, resulta  sencillo reconocer que cuanto mayor es la frustración social,   mayor es el atractivo de las campañas políticas que fomentan mecanismos primitivos para lidiar con el malestar, y más efectivas son estas para conseguir simpatizantes, sin importar, bajo estas condiciones -como ha observado  Bion-   el grado de desarrollo intelectual de los individuos. Es así que bajo condiciones de frustración observamos la popularidad que todavía hoy (después de las crisis humanitarias sin precedentes que acontecieron durante el siglo pasado)   alcanzan las propagandas que fomentan la escisión  de los grupos minoritarios domésticos,  y las que en otras naciones encuentran enemigos  sobre los cuales depositar el descontento propio,  o las que idealizan la nación para protegerla de la  autodestructivad; elementos todos marcadamente presentes en las campañas ultranacionalistas, mecanismos que en muchos sujetos civilizados probablemente no encontraríamos tan hipertrofiados si fuesen evaluados en su interactuar con sus objetos inmediatos.

Esta frustración social, es con frecuencia consecuencia de inestabilidad económica y/o política. El desempleo, la inestabilidad familiar, la marcada desigualdad -por citar algunos aspectos-;  con facilidad dan origen a que emerjan organizaciones sociales regresivas que elijen un líder adecuado para dirigir su frustración a través de defensas paranoides que en última instancia encuentran un objeto a través del cual descargar, que con frecuencia se trata de un subgrupo minoritario (Kernberg 2003). Tal fue el caso en las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos, en donde, un sistema económico que poco a poco agranda la desigualdad y propicia que grandes sectores de la población sean relegados, generó un descontento que fue canalizado a través de un líder  paranoide/narciso como Trump. La población encontró en este personaje al líder idóneo para canalizar la destructividad a través de la xenofobia y el racismo, la colectividad norteamericana presionada por el descontento social paso a operar bajo el supuesto básico que Bion reconoce con el nombre de ataque/fuga.

Por otro lado, la reciente análoga ola separatista que reemerge en que casi toda Europa parece ser secundaria a otro mecanismo. Este movimiento etnocentrista xenófobo que poco a poco amenaza con desvanecer los progresos realizados en la Europa de la postguerra, parece surgir como consecuencia de una amenaza a la identidad colectiva (entendida como más arriba fue definida) de las naciones europeas, situación que da lugar a una regresión masiva de la colectividad al supuesto básico de fuga/lucha de Bion. La reciente crisis migratoria y el hecho de que la mayoría de los actos terroristas que han azotado al viejo continente han sido perpetrados por musulmanes nacidos en Europa, han sido los factores desencadenantes de esta regresión colectiva de algunos sectores de la población y, han propiciado que proliferen los discursos políticos en los que se pueden rastrar mecanismos paranoides de defensa, que permiten identificar de manera generalizada como enemigo a los grupos con cualidades culturales o raciales diferentes. Volkan ha estudiado este fenómeno, para este autor el trauma perpetrado contra la identidad colectiva, se entremezcla con los traumas y frustraciones narcisísticos individuales, y de esta manera, el trauma colectivo y el trauma individual se refuerzan mutuamente; adquiriendo así importancia considerable. El riesgo de esta situación es aparente en la siguiente aseveración de Kernberg “Cuando el trauma histórico facilita la separación física entre los subgrupos sociales, o resalta las características diferenciadoras como el lenguaje o el color de la piel, y cuando una ideología paranoica promueve la deshumanización de un grupo por otro, un liderazgo paranoico/narcisista fácilmente puede crear las circunstancias que desencadenan la violencia social. Una vez que la propaganda masiva ha tenido éxito en separar y deshumanizar un subgrupo, la exterminación masiva de dicho subgrupo puede ser ampliamente aceptada y promovida, como fue el caso de los judíos en la Alemania nazi”.

 

El riesgo de una guerra y probables soluciones a esta problemática global

El primer problema político (las ideas de ultra derecha) así planteado en este trabajo, inexorablemente entonces se amalgama y nos encamina a nuestro segundo problema, es decir,  el riesgo latente de autoaniquilación que sucedería como consecuencia de una nueva gran guerra, una guerra nuclear. El poder destructivo del ser humano ha alcanzado proporciones tales que hacen que la guerra no pueda ser más tomada a la ligera -si es que alguna vez pudo ser tomada así-; en un momento en el que irónicamente el desarrollo tecnológico es desproporcionadamente dispar con el desarrollo libidinal de la civilización (entendiendo por libido a aquella fuerza que tiende a unificar, a complejizar ) -que al contrario, por lo hasta ahora dicho parece poco a poco involucionar-,  la posibilidad de un exterminio masivo autoperpetrado no puede ser reducido a fantasía.

En la conocida correspondencia entre Einstein y Freud titulada –“por qué la guerra”- Einstein cuestiona a Freud ( quien le da razón )  si la necesidad de formar naciones o estados va pareada con la necesidad de tener poder, si la insistencia en la soberanía no es otra cosa que el reflejo de la insistencia en reunir poder y utilizarlo sobre otros; con esto en mente formula entonces , que  el poder y la soberanía son actos en los cuales se puede rastrear la expresión de las pulsiones destructivas.

Bastante lucidez me parece se encuentra en las palabras de Einstein (que Freud respalda), mismas que hacen pensar en que la creciente tendencia a separar, que  hoy  observamos volver, pueda ir poco a poco trazando un camino hacia una nueva erupción masiva de violencia. El hecho de que las potencias europeas luchen por no pertenecer a una misma identidad colectiva (y promuevan por ejemplo la disolución de la unión europea), hace posible que bajo los efectos de mecanismos regresivos, -y debido a la elección de líderes patológicos provocados por estos- , surjan nuevos conflictos entre las potencias.

A la luz de la historia en efecto la tesis Freudiana parece certera, y la pulsión de muerte opera en la civilización de manera análoga a como opera en los individuos, es decir puede ser derivada a fines constructivos, o en situaciones de frustración puede desatarse y sobreponerse a las fuerzas libidinales. En efecto, como sugiere Freud, la destructividad parece ser inevitable, y lo único que nos queda es derivarla. El odio no puede combatirse con odio, las identidades colectivas que dan lugar a la formación de naciones debemos buscar se vuelvan más incluyentes, los sistemas político/económicos tienen que renovarse, y, finalmente, debemos hacer notar los mecanismos primitivos que operan en los grupos sociales –como si de interpretaciones se tratara- en un intento de contrarrestarlos.

 

Bibliografía:

  • Bulletin of the Atomic Scientist, (2017). Doomsday Clock Statement 2017.
  • Bion, (1961). Experiencia en Grupos.
  • Freud, (1915). Consideraciones de Actualidad Sobre la Guerra y Muerte.
  • Freud, (1939). El malestar en la cultura.
  • Volkan, (2010). “Psychoanalysis and international Relationships: Large Group Identity, Traumas at the Hand of the other, and Trangenerational Trnasmition Trauma” en Bruning H, Psychoanalitic Perspectives on a Turbulent World. Londres: Karnac.
  • Rosen A. On the Fate of Psychoanalysis and Political Theory. Psychoanalysis Q 2007; 76: 943-80.
  • Freud, (1921). Psicología de las Masas y Análisis del Yo.
  • Burack, (2005). “From Psychoanalysis to Political Theory” en Burack C, Healing Identities: Cornel University Press.
  • Kernberg, (2003). “Sanctioned social violence: A psychoanalytical view Part 1”. Int J of Psychoanalisis 2003; 84: 683-698.
  • Freud- Einstein, (1932). ¿Por qué la Guerra?

 

 

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