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Modalidades del Vínculo en la Pareja

7 agosto, 2017 Posted by SPM

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Por: Grecia Rivera

Este trabajo surgió a partir de que en consulta me he encontrado con diferentes mujeres que acuden a terapia refiriendo tener problemas con su pareja, acuden principalmente para entender por qué no pueden romper el vínculo con su pareja ya que refieren que es una relación dependiente o tormentosa, de aquí surgió la inquietud de entender de qué manera se relacionan con sus parejas y principalmente entender las modalidades de sus vínculos. Mi fuente principal de información es desde la concepción del psicoanálisis estructural de pareja desarrollado principalmente por Janine Puget e Isidoro Berenstein y algunos otros autores.

 

  1. Berenstein y J. Puget llegaron al psicoanálisis vincular desde distintos espacios. Ambos se cuestionaron a partir de la clínica el alcance del psicoanálisis individual.

En los años 70, Puget propone el concepto de zócalo inconsciente y acuerdos inconscientes en la pareja, postularon tres espacios psíquicos que atraviesan al sujeto: el espacio intrasubjetivo, el del sujeto con su mundo pulsional y su fantasía, el espacio intersubjetivo, de dos o más sujetos, y el espacio transubjetivo, el de los sujetos atravesados por la cultura e insertos en una sociedad, lo cual da lugar al concepto de pertenencia. El término vínculo se constituye en elemento básico, donde lo vincular excede el mundo individual, la presencia real del otro es postulada como un tope al mundo interno. El vínculo no es la suma de uno más uno sino una nueva entidad que para algunos autores ha ido adquiriendo un nombre específico al cual se llama Dos con mayúscula.

Se demarcan dos mundos regidos por lógicas distintas: el mundo interno y el mundo vincular, caracterizadas respectivamente por la imposibilidad de presencia y la imposibilidad de ausencia.

El término vínculo viene del latín vinculum, que significa atar. El término vínculo fue introducido por Pichón Riviere y retomado por el psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares desarrollado por I. Berenstein y Janine Puget. Para estos autores el vínculo se origina en el intento de resolver una falta, una condición de desamparo originario, el cual se tuvo en la infancia y está en la búsqueda constante principalmente en la relación de pareja

Consideramos al vínculo de pareja como una estructura conformada por dos personas, un yo y otro, que puede tener diferentes niveles de organización o complejidad. De aquí deriva el concepto de complejidad vincular que se refiere al funcionamiento de la pareja como vínculo e indaga por ende su nivel de organización, los diferentes modos de relacionarse entre sus miembros, y su rigidización o plasticidad para adaptarse a los diversos avatares de la vida.

En algunos casos pasó a denominarse vínculo a las relaciones primarias con los objetos primordiales [vínculo constitutivo]. También se denomina vínculo a la relación entre lugares de la Estructura Familiar Inconsciente, EFI. [Vínculo entre el lugar Padre y el lugar Hijo] Otras veces se denomina vínculo a aquello que es posible describir como producto de una interacción. [“Cuando ella le dice algo de tinte hostil él le devuelve entonces una agresión manifiesta”].

Considero vínculo a una construcción conjunta, generada por el intercambio efectivo entre los miembros que lo componen, que se constituye en un nuevo ámbito de producción de sentido. Se trata, en una pareja conyugal, de un contexto de significación diferente del que cada uno de los miembros portaba, que fue construido en su momento en las respectivas familias de origen. Puede ser pensado como algo nuevo, algo que se construye con bases diferentes pero que al final cada pareja construye y le da un nuevo sentido y simbolización a su construcción.

El vínculo es una organización inconsciente constituida por dos polos, un yo y otro, y un conector o ligadura. Es una ligadura estable entre un yo y un Otro. Remite a lo intersubjetivo. Se diferencia de la relación de objeto que es intrasubjetiva. La presencia real del otro es postulada como un tope al mundo interno. Se demarcan dos mundos regidos por lógicas distintas: el mundo interno y el mundo vincular, caracterizadas respectivamente por la imposibilidad de presencia y la imposibilidad de ausencia.

Puget y Berenstein definen el vínculo matrimonial en su significado de conector o ligadura, como correlato interpersonal de una estructura mental. La pareja se constituye como una estructura vincular en la que convergen tres modelos: individuales, diádicos y socioculturales en permanente interacción, que forman una red que se transforma fácilmente en núcleo de crisis.

Puget define un vínculo de pareja, como aquella que comparte situaciones básicas que denomina parámetros definitorios : cotidianeidad, relaciones sexuales y proyecto vital, y tendencia monogámica. Estos parámetros resultan simultánea o alternativamente amenazados en las situaciones de crisis poniendo a prueba el equilibrio del vínculo.

El vínculo es registrado como un sentimiento de pertenencia. Se sostiene en una serie de estipulaciones inconscientes, tales como acuerdos y pactos que contienen una cualidad afectiva, y que rigen las características del intercambio entre los sujetos.

“La significación del sujeto está fuertemente ligada a la alteridad del otro como marca que lo instituye y lo altera”. Lo novedoso, o sea, aquello que se presenta no teniendo lugar previo, remite a la relación con el otro”. El sujeto singular es y deviene vinculado, y verlo separado es resultado de la percepción consciente y de la resistencia”. (Berenstein, 2001).

“El término “otro” es inherente a la estructura de vínculo, entendido como relación con un sujeto dotado de semejanza y diferencia, pero, en forma definitoria, dotado de ajenidad, que verá al yo-sujeto como otro, es decir, como sujeto con las características mencionadas y cuya marca distintiva es la ajenidad”. Berenstein, 2001

Los aportes de Badiou señalan la importancia de la construcción entre Dos en la pareja. Si el hombre y la mujer son dos conjuntos disyuntos, “El Dos se produce a partir del encuentro.” (Interrogaciones, 2002) y ha de hacer lugar a la diferencia.

El vínculo no es la suma de uno más uno sino una nueva entidad que para Puget y Berenstein fue adquiriendo en los últimos tiempos un nombre específico al cual se llama Dos con mayúscula.

Dice Puget: “la vida humana o sea la subjetividad, el ir siendo sujeto, se constituye sobre la base de un Dos con mayúscula, es en un vínculo donde se constituyen los sujetos. Pero para ello hay, que producir algo en el Dos por la resistencia que ofrece el otro a quedar reducido a lo mismo. Producir algo quiere decir hacer con otro, construir un lugar en un conjunto, o sea habitar un espacio, ir adquiriendo nuevas características y cualidades al ser Dos. Ningún vínculo debe dejar a quien lo habita igual a como era antes, ya que un vínculo se constituye sobre un trabajo que privilegia la diferencia entre cada sujeto, diferencia irreductible y el juego que se establece al reconocer lo que el otro tiene de alteridad” (“La Soledad y la subjetividad”, 2003)

 

Zócalo Inconsciente y acuerdos inconscientes

Es la estructura profunda, reguladora de la relación de pareja: es un organizador de la relación en sus diferentes modalidades de interacción: sexual, económica y comunicacional. Subyace a las modalidades de interacción que son los observables. Es el modelo relacional latente está sostenido por acuerdos inconscientes. El zócalo contiene representaciones objétales y vínculos entre ellas, contiene deseos infantiles insatisfechos, da cuenta de la relación con el objeto único, la problemática inherente a la nunca terminada elaboración de la diferencia de sexos, ya que en cada etapa de la vida y crisis vital ésta adquiere un nuevo sentido. Incluye también identificaciones históricas, edípicas, y representaciones socioculturales heredadas inconscientes de las normas que dan pertenencia y que requieren a su vez de acuerdos entre los mundos de la pareja, (Berenstein y Puget, 1983).

En las crisis, las parejas se exigen mutuamente que se comporten como objeto único amparador, remite al desamparo originario, constituyente de todo ser humano. Da cuenta de la esperanza de encontrar aquel objeto único de la infancia, ilusorio, que le provea amparo absoluto, es decir que lo proteja contra cualquier situación de desprotección vivida como desamparo.

Entre las funciones del objeto único están la función asistente, dador de significados, indicación (diferencia mundo interno-mundo externo), anticipación (anticipa el deseo), semiótica, dador de temporalidad. Privilegia la comunicación sin palabras. Cuando las parejas se unen, se establece el acuerdo de ser “el uno para el otro”, es decir, de ser el objeto amparado ante el desamparo originario.

En la clínica diaria vemos parejas como modalidades infantiles de interacción que presentan la necesidad que su pareja funcione como objeto único amparador. En estructuras más adultas, el objeto amparador cumple la función de protector mutuo, hay reciprocidad y discriminación entre los miembros, y reconocimiento de límites yo-no yo. El funcionamiento de objeto único está en el sustrato de los acuerdos inconscientes.

Acuerdos Inconsciente propuesto por Janine Puget para comprender la dinámica de las relaciones de pareja. Los acuerdos inconscientes rigen las relaciones vinculares. Es un término usado para describir la elección inconsciente de una pareja. Las parejas están unidas por aspectos conscientes e inconscientes. Los aspectos conscientes remiten a aquello que comparten, que sienten que les falta, que les complementa. Los aspectos inconscientes remiten a la necesidad de llenar ciertas necesidades aunque estos puedan traducirse en sufrimiento consciente. El objetivo de los acuerdos inconscientes es la satisfacción de fantasías infantiles, la necesidad de encontrar un objeto único amparador, en el cual convergen el precitado de las identificaciones infantiles positivas y negativas, y los vínculos entre ellas.

Puget define los acuerdos inconscientes como “el resultado de una suerte de combinación entre aquellos aspectos compartibles desde cada uno de los espacios mentales de los sujetos, y resultan del despliegue de la tendencia a unificar sus funcionamientos mentales y vinculares.” (1988,36)

El enamoramiento instaura la elección conyugal y contiene los elementos inconscientes que la caracterizan y que serán responsables tanto de la posibilidad de crecimiento vincular como de la repetición de modelos arcaicos.

Las crisis de pareja surgen cuando se rompen los acuerdos inconscientes de la relación de pareja y serán oportunidad de crecimiento o de replanteo de los mismos, de ruptura vincular, o de deterioro vincular al obturar la emergencia de los significantes subyacentes a la misma.

Las crisis nos hablan de una ruptura o desorganización del espacio vincular con la consecuente imposibilidad de construir espacios nuevos entre los sujetos del vínculo.

Desde la teorización vincular en el psicoanálisis el vínculo con el otro, o con los otros significativos, pasa a ser también instituyente de sentido y subjetivación, particularidad que hasta este momento solo parecía provenir del Mundo interno. La noción de vínculo es solidaria con el concepto de otro. A su vez el otro del vínculo es diferente del concepto de objeto.

Sentirse mutuamente reconocido por el otro y designado como perteneciente a ese vínculo le otorga a cada sujeto una doble marca: de pertenencia y de reconocimiento.

Cuando ambas marcas son lábiles o tienden a desaparecer se genera en el sujeto ansiedad de inexistencia. Por lo contrario su reafirmación continua y sistemática promueve en los miembros de la pareja un estado de estabilización narcisista que tiende hacia la complejidad vincular.

Vincularse supone, desde la perspectiva metapsicológica, interpenetración de mundos psíquicos. Ésta es quizás una característica que posibilita remarcar con claridad las diferencias entre la definición de relación de objeto y de vínculo. El vínculo implicará alojar al otro con “su mundo”, esto quiere decir con su particular punto de vista y con su condición de incognoscible, en el “mundo propio”.

La interpenetración de mundos, inherente a la constitución vincular, genera un tipo particular de angustia pasible de ser llamada angustia de vincularidad. No es angustia a vincularse sino por estar vinculado. El término angustia de vincularidad, en tanto efecto de estructura, pareciera estar referido a dos tipos de ansiedades de base: de enclaustramiento y de inexistencia. En el primer caso se temería perder la autonomía para siempre dado que cada sujeto se “vive” siendo parte del mundo de representaciones del otro al mismo tiempo que comenzaría a alojar representacionalmente al otro en el mundo significativo propio. En el segundo caso lo temido es no existir irremisiblemente para el otro reconociéndose afuera del mundo representacional de aquél y por lo tanto cuestionada su constitución subjetiva para y desde ese vínculo en particular.

Ser sujeto del vínculo, al estimular las ya mencionadas ansiedades de base (de enclaustramiento e inexistencia), promueve resistencias. Estas aparecen en la clínica psicoanalítica con parejas como de resistencias de vincularidad. Tienen como finalidad repudiar, desmentir o negar los efectos que el atravesamiento vincular genera en la constitución subjetiva de aquellos que componen el vínculo.

Todo nuevo vínculo significativo implica para sus miembros una puesta en cuestión de su participación y posicionamiento como sujetos de los anteriores. El vínculo conyugal en particular requiere de cada sujeto una revisión del posicionamiento filial de sus miembros, de allí que sea inexcusable que en todo tratamiento psicoanalítico de parejas aparezcan las temáticas sobre las “familias”. Lo hacen bajo la forma de textos conflictivos en tanto la relación con las familias de origen se constituye en un repertorio vincular narcisista que se opone y resiste a ser abandonado.

La complejidad vincular presenta características de menor o mayor grado de la misma, y esto se encuentra relacionado con el funcionamiento de repetición o plástico, regresivo o progresivo, y la capacidad de ese vínculo para tramitar conflictos o no. La noción de menor o mayor, se utiliza parcialmente en el sentido de cantidad, pero especialmente en el de cualidad. La capacidad existente en el vínculo debe realizar un trabajo de actualización y reformulación de los acuerdos inconscientes, durante las crisis vitales presentes en el desarrollo del vínculo.

Planteo algunas modalidades, las cuales tienen el propósito de clarificar los múltiples funcionamientos vinculares de pareja.

 

Modalidad dual narcisista

Son vínculos de pareja que se caracterizan por la existencia de dos personas que poseen la ilusión de fusionarse, conformando uno indiscriminado. No existe lugar para un tercero que es desconocido, desmentido, por no haber espacio para él. El concepto de fusión, se refiere al eje regente en la organización narcisista, se pueden comprender muchos de los fenómenos descritos en funcionamientos donde está presente la misma del cual es un efecto. La palabra fusión nos remite a fundir, que implica reducir a una sola, cosas diferentes como ideas, intereses, etcétera.

Como observamos, la coexistencia de cosas diferentes debe ser borrada para dejar lugar a una única posibilidad; por ejemplo, en las significaciones no puede haber muchas de ellas para un significante, sólo cabe una sola.

Los vínculos duales narcisistas se constituyen como solución de compromiso o defensiva frente a la exogamia, manteniendo así el ligamen con las familias de origen (endogamia). Se sostienen en la ilusión de detener el tiempo en un presente permanente, así como en la de ser uno solo o idéntico (fusión), anulando la discriminación yo-no yo, yo-otro.

El código que organiza el acercamiento es el de la aceptación incondicional, que se da o espera. Se encuentra el deseo de ser deseado y aceptado en forma incondicional. Al modo que aparece en los primeros momentos de vida del bebé, cuyos padres -desde su narcisismo- lo amarán de manera incondicional. Especialmente alude a la organización fucional narcisista madre-bebé. Predomina el establecimiento de un vínculo de tipo fusión donde sobresale la idealización mutua, de algún componente, generalmente parcial.

Estos vínculos duales narcisistas pueden constituirse de modo que ambos miembros de la pareja estén ubicados en una relación simétrica, llamada mellicez o gemelos, o puede darse una situación asimétrica complementaria enloquecedora, donde cada uno ocupa una posición complementaria respecto al otro; así, en el funcionamiento desamparado-amparador es imprescindible la presencia de un desamparado, cadenciado, para que el posicionado como amparador pueda ubicarse como tal, y viceversa, alguien necesitado de verse funcionando como asistente protector necesita otro a quien pueda acaparar.

Estas relaciones o modalidades funcionan desde un nivel primitivo como vínculo a modelo de objeto único, que se desplegó durante los primeros tiempos de desarrollo. A partir de la modalidad fundante del enamoramiento se podrán desplegar diversas modalidades de funcionamiento de pareja. Cualquiera que sea su destino. Recordemos que en el enamoramiento hay un acuerdo para ser asistentes mutuos, alternativamente o no, dependiendo de la posibilidad de cada uno de lograr asumir ambos roles.

 

Modalidad vincular dual asimétrica

Las relaciones asimétricas estables o de complementación enloquecedora, llamadas así porque la vivencia de enloquecimiento se encuentra presente en ellas. De esta modalidad se despliega el funcionamiento desamparado-amparador y enloquecido-enloquecedor, el funcionamiento simétrico que implica el de mellicez erótica y el de mellicez tanática.

El funcionamiento desamparado-amparador, Existe un vínculo de pareja investido de un modelo infantil, con presencia de un inerme desamparado y un objeto protector. Son personas que han tenido experiencias infantiles traumáticas, debido a déficit parental, por lo que el desamparo infantil originario posee marcas psíquicas dolorosas e intensas de lo peligroso que es este estado. El niño se ve afectado principalmente en los momentos constitutivos de la organización narcisista, por lo que estas disfunciones parentales dejan huellas en ella, que pueden aparecer corno trastornos narcisistas primarios.

Ante esta vivencia del desamparo originario como peligroso, aparece el deseo-necesidad de anular cualquier posibilidad de repetición, y emerge así la fantasía de que al hallarse fusionado con el objeto idealizado como objeto único amparador, ambos conformarán uno solo indiscriminado al modelo de la díada narcisista madre-bebé, y sin el peligro de separación y caída en la situación catastrófica de inexistencia, de no ser (desamparo).

El funcionamiento desamparado-amparador constituye la modalidad que suele observarse con mayor frecuencia.

En esta modalidad funcional desamparado-amparador está plenamente desplegada la lógica narcisista de la preferencia y la exclusión. Quien ocupa el lugar privilegiado de amparador asistente aparece como completo y perfecto (por el mecanismo de idealización, se es omnipotente. omnipresente y omnisapiente) y desde ese sitio de privilegio se ofrece como protector asistente, con quien se puede contar incondicionalmente.

Este sujeto necesita sentirse ocupando en función y lugar, pero a su vez depende de alguien que lo ubique y necesite como único, exclusivo, de manera permanente e incondicional. El lugar del desamparado está ocupado por un sujeto que en el vínculo de pareja, funciona como necesitado y en peligro de quedar en soledad, siendo además depositario de la proyección de la propia dependencia del amparador.

En ambas posiciones los miembros de la pareja se sienten privilegiados por ser un distinguido al ocupar el lugar de perfecto, deseado y necesitado, y el otro -u otros- por ser mirados, deseados y protegidos por aquél.

Su evolución oscila entre los momentos vividos como una estructura de funcionamiento perfecto, cuando se da una concordancia fusional y no aparece nada distinto, y los imperfectos, que pueden ser tipo enloquecedores. Cuando aparecen imperfecciones (lo distinto, diferente, terceros) durante el funcionamiento idealizado perfecto, emergen emociones tipo crisis relacionadas con la violencia, como intentos bruscos de cambiar esa situación y retornar la anterior.

La evolución se da a través de ciclos enloquecedores de necesidad de depender y rechazo de la misma pero el sujeto amparador puede sentirse asfixiado ante la cantidad y calidad de las exigencias del otro, e intentar moverse de ese lugar, lo que le resulta en general imposible, pues se encuentra como encerrado.

El conflicto básico en esta modalidad es el problema de la existencia de vida o muerte, de existir (ser) o no existir (no ser). Por la índole del mismo decimos que se trata de una dificultad de carácter narcisista, dada la intensa persistencia de elementos primarios narcisistas. No existe conflicto edípico, por las razones recién expuestas.

El acuerdo inconsciente es mutuo y necesario para preservar el vínculo con esta característica de funcionamiento; supone la incondicionalidad permanente de ambos entre sí, lo que permite constituir y mantener para siempre un vínculo endogámico, dador de modo ilusorio, de seguridad, y que repite a imagen y semejanza, la familia de origen. Cada uno intentara recuperar en el otro, no diferenciado como tal, un objeto abastecedor asistente, que lo rescate ilusoriamente del desamparo, para lo cual necesitan la fusión de las dos conformando la ilusión de ser una, lo que imposibilita la discriminación yo-otro.

En el funcionamiento enloquecido-enloquecedor los vínculos de complementariedad enloquecedora se destacan dos: aquel donde existió un trastorno especialmente en la función de asistente, que tenía aquel objeto único de los orígenes y que se manifiesta como modalidades de funcionamiento desamparado-amparador, y el funcionamiento enloquecido-enloquecedor basado en una disfunción semántica de significación.

El vínculo de pareja está constituido por un miembro enloquecedor y otro en busca de ser enloquecido, repitiéndose un modelo infantil de búsqueda de lo igual. El modelo infantil de este funcionamiento. Se da en los momentos en que funciona la complementariedad los intercambios concretos son satisfactorios. En cambio cuando ella fracasa es probable que surjan dificultades entre la pareja. El modelo infantil de este funcionamiento deviene de la presencia de una madre que vive como peligrosa para su estabilidad psíquica, la existencia de un bebé que posee un yo animado y en paulatina diferenciación. Este yo infantil suele percibir, de modo a menudo correcto, los trastornos emocionales de su madre, quien mediante respuestas tangenciales cuestiona la percepción correcta de su hijo y, con ello, se crean condiciones enloquecedoras.

El vínculo complementario enloquecido-enloquecedor participa junto con el anterior de la imposibilidad de reconocer y aceptar lo diferente. Existe la convicción de que la fusión e indiscriminación son la única posibilidad de vida, de que sólo hay un significado o punto de vista único, y que la estabilidad mental está representada por la vigencia de ese único significado.

El otro, cuando es discriminado diferente, resulta opaco para el sujeto. En este funcionamiento el mecanismo en juego para imponer ese único significado consiste en tratar de reducir a ese otro opaco, en alguien transparente a quien se le trata de instalar una única semantización. Para ello se utiliza violencia, ataques al pensamiento y confusión.

Como en la modalidad anterior, codo aquello que tiende a romper lo idéntico o único al promover la percepción de las diferencias y discriminación, es vivido como un ataque a la supervivencia mental y/o corporal. Acuerdo de ser uno solo. Los intercambios en la comunicación suelen ser contradictorios, lo que produce una relación basada en la confusión y el enloquecimiento. Se puede intentar demostrar que lo semejante es diferente y que lo diferente es semejante. Predominan los malentendidos por implicancia enloquecedora. Las relaciones sexuales son pre genitales y en algunas ocasiones satisfactorias, es necesario un nivel de fusión y entrega máxima, pueden por momentos ser toleradas. El problema reside en que inconscientemente se anula al otro, alternativamente desde roles fijos de enloquecedor-enloquecido.

La Transferencia y contratransferencia en este funcionamiento predomina los malentendidos por implicancia enloquecedora. Este vínculo consiste en proponer incógnitas, donde cada vez que el otro está próximo a develadas, se crea otra, y otra, en forma sucesiva. Todo intento de explicar se deteriora y el porqué y para qué cambia a medida que se recibe una respuesta. Se basa en la creencia de ser uno solo, y desde la misma surge la convicción de que existe un solo significado y de que la estabilidad psíquica también es para uno solo y |por lo tanto no compartible.

El acercamiento que supone la presencia del terapeuta y sus intervenciones son sentidos por la pareja corno peligrosos, pues puede romper la unidad y además enloquecerlos. Existen mensajes contradictorios, frente a los que el terapeuta debe cuidar su lugar y función, dada la tendencia a ignorarlo o a englobarlo como si fuera un hijo no discriminado que debe participar del enloquecimiento.

Uno de los avatares consiste en que el terapeuta pueda malentender el efecto de sus interpretaciones, ya que cuanto más se acercan al conocimiento de sus pacientes, a éstos les produce malestar, temor. La contratransferencia puede llevarlo a querer ayudar más y proseguir interpretando sin poder regular el acercamiento, vivido como persecutorio.

 

Modalidad vincular dual simétrica

Funcionamiento de mellicez erotizada, esta modalidad suele ser expresada a través de expresiones como “somos uno solo” o “mi media naranja”, que exponen con claridad los deseos que las sustentan. Es un tipo de modalidad de funcionamiento donde el vínculo de pareja está conformado por idénticos.

Constitución de la estructura de los mellizos. Se trata de una organización mental temprana (se encuentra en los comienzos del estado de desamparo originario) caracterizada por ser una relación de objeto (intrasubjetiva) narcisista, donde ante la dependencia extrema del asistente (objeto externo) y para no caer en el estado de desamparo, se defiende transforrmando a éste en un duplicado idéntico del yo infantil incipiente que se está estructurando como un yo ideal, conformado como tal por la exaltación narcisista de los padres.

Entre el yo y el otro se produce una zona de encuentro y una de desencuentro. En los momentos más primitivos del bebé, se halla está sujeto a la presencia del asistente (objeto único), con el cual se van a dar zonas o momentos de encuentro durante la experiencia de satisfacción asociada con la fantasía o vivencia oceánica de fusión, que evoluciona hacia el placer relacionado con el objeto de satisfacción, para pasar luego a objeto ideal, objeto pensado, objeto fantaseado y a relación con el otro.

A predominio tanático: si este sistema se estructura patológicamete, el acercamiento deviene en un ataque al objeto. La organización narcisista resulta de una fusión a predominio tanático, representado por la agresión y la fantasía que lo expresa: hacer desaparecer los rasgos del objeto que lo constituyen diferente.

 

Modalidad triádica o de terceridad limitada

En la modalidad triádica o de terceridad limitada ya existe un tercero, que se caracteriza por ser imprescindible, prohibido y no reconocido como otro distinto. Persiste el vínculo dual indiscriminado de la modalidad anterior, que aquí se diferencia por no ser autosuficiente y generar angustia. Lo opuesto al narcisista dual. El principio de “el deseo es poder” rige esta modalidad, donde la autonomía del otro será aceptada tan sólo bajo ciertas condiciones impuestas por esa ley, el código de acercamiento del sujeto al otro consiste en la aceptación condicionada y temor al rechazo. Se mantiene el deseo de ser deseado de manera incondicional, pero la realización del mismo está sujeta a una aceptación condicionada, por parte del otro, con el consiguiente temor a ser rechazado por no reunir las condiciones necesarias.

Funcionamiento pervertidor-pervertido o perverso

Existe una transgresión de los valores, la mujer desea y necesita mantener el vínculo con el representante materno y no está dispuesta a romperlo. Su identidad está en juego Y necesita sentir que posee el objeto incestuoso, Io cual determina su vivencia de que existe. Suele provenir de una pareja parental con funcionamiento dual narcisista, donde su presencia no dio ocasión a contar con un lugar diferenciado y ser diferente, dado el peligro que genera lo diferente en esta modalidad. Así, se la integra corno una extensión y prolongación parental, que forma un triángulo sin exclusiones al quedar en un lugar de incluido-excluido. Por otra parte, el hombre posee deseos infantiles de participar en una situación triangular sin exclusiones. Por lo tanto, necesita elegir a una mujer que le permita satisfacer sus deseos de triangularidad y ésta, a su vez, a un hombre que le permita proseguir ligada.

Este hombre posee una conducta ambigua o confusa que se manifiesta en su actitud ante la ley social -de la cual es transmisor- y ante la ley de la familia de origen materna. De este modo, desde un aspecto formal aparente puede enunciar la primera interdicción del tabú del incesto, que intenta ayudar a la mujer a separarse de su relación erotizada con el representante materno. Desde un nivel profundo y dados sus conflictos infantiles que se oponen, no puede asumir y sostener dicha interdicción.

Suele haber antecedentes de hiperotización del hijo. Ambos miembros de la pareja mantienen el vínculo endogámico con sus familias de origen, y ello sólo es posible con la pérdida del significado del vínculo de pareja o alianza. Los vínculos de alianza de la pareja y con la familia materna persisten ante la negativa de ambos a disolverlos. En esta situación ambos vínculos son como relaciones en espejo, superpuestas, y uno de los términos permanece como testigo de las relaciones entre los otros dos.

 

Modalidad triangular edípica

Se caracteriza por la existencia de la discriminación yo-otro, donde el tercero está reconocido e incluido en el campo vincular. Esta modalidad muestra la salida de los funcionamientos más narcisistas y el ingreso en la dinámica edípica. Se mantiene vigente el deseo de ser todo para el otro, deseo de la preferencia total, donde el tercero es vivido como peligroso en la competencia narcisista de ser el elegido, el predilecto o el postergado, derrotado.

Funcionamiento edípico, son parejas que consultan por trastorno en la genitalidad (inhibición genital), pues debido a situaciones de crisis, se reactivan modalidades menos discriminadas, reapareciendo funcionamientos narcisistas que les provocan sufrimiento.

Este tipo de funcionamiento alude a aquellas parejas que no han podido resolver el conflicto edípico, el cual permanece reprimido y que se expresa en el vínculo actual de pareja. Los integrantes de esta modalidad intentan desde sus identificaciones edípicas ser como el padre con quien cada uno se identificó, y desde ese ser, hacer para tener el objeto incestuoso deseado. Es un conflicto de dos y uno excluido. Está desplegado el deseo narcisista de la preferencia y exclusión. Este vínculo de pareja se constituye con una mujer y un hombre que ocupan sus respectivos lugares o posiciones en la estructura familiar inconsciente: esposo y esposa, y luego de padre y madre.

 

 

Modalidad de terceridad ampliada

La constitución del vínculo de pareja se realiza con una mujer que ha completado la disolución del vínculo que tenia con el dador materno. De acuerdo a esto se constituye en ella la disposición a aceptar, en su mudo intrasubjetivo y vincular, a un hombre que ha de constituirse en marido, futuro padre.

El hombre desde su identificación con su propio padre, funciona como transmisor de la ley o mandatos culturales, y debe aplicarla a los otros y así mismo, ella aceptara esta ley anunciada por el hombre, que es definitoria del nuevo contexto constituido por la pareja y posibilitara la creaciones de significaciones singulares de ellos, distintas de la familias de cada uno.

El deseo narcisista es el de la conjunción, aceptándose una preferencia parcial. Se puede ser deseado aun cuando no se sea el único, la aceptación y reconocimiento de las diferencias es una marca importante en cuanto que conjugará las características vinculares. Existe una discriminación yo-otro, en crecimiento, que permite pensar un vínculo donde existen dos personas, discriminadas como diferentes.

 

 

Bibliografía

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