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Mitología y Psicoanálisis

7 mayo, 2018 Posted by SPM-SPP

Por: Tania Díaz Michel

“En el alma existe una fuerte tendencia al principio de placer, pero ciertas otras fuerzas o constelaciones la contrarían, de suerte que el resultado final no siempre puede corresponder a la tendencia al placer”. Freud, Más allá del principio del placer.

 

Se dice que Freud era un ferviente seguidor de la cultura griega, en la que podemos encontrar las explicaciones más fantásticas sobre el hombre y sus creaciones, pero sobre todo, encontrarnos las características más humanas puestas en seres míticos que plasman las cualidades y defectos del ser humano.

En la tragedia griega los dioses eran próximos a lo humano, interactuaban y participaban en la escena de la humanidad y a su vez éstos participaban en la escena del Olimpo. Al ser sumamente humanos, los dioses, podían sentir celos, envidia, lujuria, ser infieles, buscar venganza y a la vez sus actos tenían consecuencias.

Freud en su escrito Totem y Tabú (1913) nos habla sobre el animismo:

En su sentido estricto, «animismo» es la doctrina de las representaciones sobre las almas, y en su sentido lato, la de los seres espirituales en general.(Freud, S., 1913/2011,p.79)

El animismo es un sistema de pensamiento; no sólo proporciona la explicación de un fenómeno singular, sino que permite concebir la totalidad del universo como una trabazón única, a partir de un solo punto. Si hemos de seguir a los autores, la humanidad ha producido tres de estos sistemas de pensamiento, tres grandes cosmovisiones en el curso de las épocas: la animista (mitológica), la religiosa y la científica. (Freud, S., 1913/2011, p.81)

Es así que en la Cosmogonía Griega nos topamos con dioses, ninfas, héroes, etc. Éstos, nos hablan de lo humano, de aquello que adolece la humanidad, de sus instintos y la inevitabilidad de la Tragedia misma.

Si bien Freud hacía una crítica hacia el animismo, es curioso que tomara como modelo de su teoría a varios de los personajes míticos de la antigua Grecia. Entre éstos, vemos desfilar a sus mayores aportaciones al mundo: el complejo de Edipo, el Narcisismo o bien la teoría de las pulsiones a la que me avocaré en este trabajo.

En Más allá del Principio del Placer (1920/2012) Freud nos define pulsión como: “[…] un esfuerzo, inherente a lo orgánico vivo, de reproducción de un estado anterior que lo vivo debió resignar bajo el influjo de fuerzas perturbadoras externas”. En este texto propone dos tipos de pulsiones:

  • Pulsiones yoicas: pretenden conducir la vida a la muerte.
  • Pulsiones sexuales: buscan preservar la vida.

Éstas más tarde adquieren los nombres de pulsión de vida y pulsión de muerte o bien Eros y Thanatos. Lo anterior me lleva a retomar los mitos de éstos últimos personajes, sin dejar a un lado a Psique, «alma humana», misma que se ha tomado como la unidad en la que se llevan a cabo los procesos y fenómenos de la mente humana y que en la mitología está ligada con Eros.

Eros, es representado por un pequeño niño alado que porta un arco y flechas, es el encargado de asistir a Afrodita, su madre, siendo así “la personificación del deseo amoroso, que cumple sus propósitos al inspirar amor tanto en dioses como en mortales”.

Según la relata Hard (2008), la historia de Eros y Psique es descrita en el Asno de oro de Apuleyo. En esta, Eros, o cupido, tiene una misión encomendada por Afrodita: vengarse de Psique, una princesa tan bella que despierta los celos de Afrodita. Ésta , le pide a Eros que haga que Psique se enamore de “un hombre sin valía”, no obstante, el plan no resulta ya que Eros se enamora de la princesa.

Psique, según describen, era tan hermosa que nadie se atrevía a cortejarla, al consultar el Oráculo de Apolo, se les indicó a los padres que debían abandonarla vestida de novia en una montaña a la que llegaría un novio, aparentemente terrible, a pedir su mano. Psique fue arrastrada por el viento y se encuentó con un palacio mágico en el que Eros la visitaba cada noche, le hacía el amor en la obscuridad, sin revelar su identidad.

Las hermanas mayores de Psique, llenas de envidia, le dijeron que este amante era un monstruo que la comería viva. Psique se prepara para matarlo con un cuchillo y alumbrando con una lámpara se enfrentó ante el presunto monstruo. Al ver a Eros, se enamoró más de él reconociendo su belleza; no obstante, derramó un poco de aceite con la lámpara y despertó la furia de éste, quien termina por abandonarla.

Psique, se encontraba embarazada, quería recuperar a Eros. Finalmente cayó en las redes de Afrodita quien le impuso cuatro tareas, mismas que supo sobrellevar con ayuda; la última de éstas consistía en ir por el cofre de belleza de Perséfone hasta los Infiernos. Psique lo consiguió pero cuando la curiosidad la invadió, abrió el cofre del que salieron unos vapores y la poseyó “un sueño semejante a la muerte”. Eros la extrañaba tanto que voló a su encuentro, guardó la nube del sueño en el cofre y despertó a Psique con el pinchazo de una de sus flechas. Eros, pidió autorización a Zeus para llevarla al cielo, donde vive con él como su esposa inmortal, dió a luz a un niño llamado Placer.

Los vapores que salieron del cofre y durmieron a Psique […] la relaciona necesariamente con Thánatos, representante de la muerte no violenta, hijo de la noche, gemelo de Hipnos, el sueño, criaturas de la oscuridad, que cada noche discutían a qué mortal se llevarían, pero Hipnos trataba de anular la sentencia de su hermano, con el sueño. (Serrano, C., Salmerón, F., & Serrano, H., 2010)

Tánato, Tanatos o Thánatos, como es descrito por diferentes escritores, es:

La muerte personificada. Hija de la noche y hermana del Sueño. Es más una abstracción que un ser preciso. Ella cura todos los males (Euríp. Hipólito, v. 1373) custodia los sepulcros (Sóf.Edip.rey, 942) […] (citado en Garibay, A. 1964/2013)

Hesiodo en su Teogonía (2006), describe que en la tierra sombría del tenebroso Tártaro, se encuentran también las terribles mansiones de la oscura Noche cubiertas por obscuros nubarrones. Jápeto sostiene el cielo sólidamente allí donde la Noche y la Luz del día se acercan y pasan alternativamente. Cuando una entra, la otra sale, da la vuelta por la tierra y la otra espera en la morada al retorno de su contraria. Una ofrece a los seres de la tierra la luz y la otra les lleva al Sueño, hermano de la muerte.

Allí tienen su casa los hijos de la oscura noche, Hipnos y Tánato, terribles dioses; nunca el radiante Helíos les alumbra con sus rayos al subir al cielo ni al bajar del cielo. Uno de ellos recorre tranquilamente la tierra y los anchos lomos del mar y es dulce para los hombres; el otro, en cambio, tiene de hierro el corazón y un alma implacable de bronce alberga en su pecho. Retiene al hombre que coge antes, y es odioso incluso para los inmortales dioses. (Hesiodo, 2006, p.105)

Es así que en esta alternancia de la noche y el día, simbólicamente se alternan también la vida y la muerte, la luz y la obscuridad. Estando en el Tántaro, un lugar obscuro y lúgubre, algo similar al inconsciente, encontramos que habitan, Hipnos o el sueño, medio por el cual podemos entender aquello que viene de las profundidades, es decir, de lo inconsciente; y a la vez, nos habla del lugar en donde podemos encontrar a la pulsión de muerte. Sin embargo, así como se alternan luz y obscuridad, también en el aparato psíquico se alternan vida y muerte, placer y dolor.

Nos encontramos entonces con dos polaridades: vida y muerte, mismas que están entrelazadas en el mito de Eros y psique y que sorprendentemente lo están también en la vida de Freud quién mucho antes de describir estos fenómenos o pulsiones, estudiaba la Psique humana a través de la hipnosis y quién a través de su análisis de los sueños logra estructurar también su primera tópica.

Esta dualidad humana se transpone con lo que Freud describía como ambivalencia en el neurótico ya que, a decir de Freud, las pulsiones de vida y de muerte llegan a coincidir; como ejemplo pone el acto sexual, en el que argumenta que no es puramente libidinal, sino que contiene matices de agresión.

Una coincidencia más es que el fruto de la unión de Eros y Psique sea Placer. Freud describe al principio del placer como un modo primario de funcionamiento del aparato anímico y bajo las pulsiones de auto-conservación del yo, éste es relevado por el principio de realidad.

En Más allá del Principio del Placer (1920/2012), nos recuerda que la meta de la vida es la muerte y que dentro de ésta dicotomía, las pulsiones yoicas se apresuran a completar esta tarea, mientras que las pulsiones sexuales buscan prolongar y preservarse en ese tiempo de vida. A manera de conclusión en este texto, Freud propone lo siguiente:

Con la tesis de la libido narcisista y la extensión del concepto de libido a la célula individual, la pulsión sexual se nos convirtió en Eros, que procura esforzar las partes de la sustancia viva unas hacia otras y cohesionarlas; y las comúnmente llamadas pulsiones sexuales aparecieron como la parte de este Eros vuelta hacia el objeto. Según la especulación, este Eros actúa desde el comienzo de la vida y, como «pulsión de vida», entra en oposición con la «pulsión de muerte», nacida por la animación de lo inorgánico. La especulación busca entonces resolver el enigma de la vida mediante la hipótesis de estas dos pulsiones que luchan entre sí desde los orígenes. (Freud, S., 1920/2012, p.59)

Freud, como Edipo, buscaba descifrar el enigma de la vida y el desarrollo humano. Si bien hacía una crítica a los pueblos primitivos que tenían un proceso primario del pensamiento, éste retoma el animismo de la mitología y el de la ciencia para crear su propia explicación del mundo y la humanidad, aunque esta vez no de manera externa sino creando una explicación metapsicológica del funcionamiento y actuar del hombre a través de la psique humana creando así el Psicoanálisis.

Freud no sólo tomó estas partes primitivas de los pueblos sino que, al tratar de explicarlas, pudo contactar con la esencia del ser humano, increíblemente, las tragedias de los mitos griegos, estaban ocultas en la patología cotidiana de los neuróticos del siglo XX. Eso sí, había un proceso más avanzado en el que no se actuaban, se reprimían, creando así las neurosis. No obstante, la evolución de la humanidad, los conflictos mitológicos de la antigua Grecia prevalecen como obras taquilleras en la teatralidad del Siglo XXI.

 

Bibliografía

  • Freud, S. (2012). Totem y Tabú (1913). En Sigmund Freud Obras completas: Totem y Tabú y otras obras: 1913-1914. (Tomo XIII, pp.1-164) Buenos Aires: Amorrortu.
  • Freud, S. (2012). Más allá del principio del placer (1915). En Sigmund Freud Obras completas: Más allá del principio del placer, Psicología de las masas y análisis del yo y otras obras (1920-1922). (Tomo XVIII, pp.1-62) Buenos Aires: Amorrortu.
  • Garibay, A. M. (2009). Mitología griega: dioses y héroes. México: Editorial Porrúa.
  • Hard, R. (2008). El gran libro de la mitología griega basado en el “Manual de mitología griega” de H.J. Rose. Madrid: La Esfera de los Libros.
  • Hesíodo. (2006). Obras y fragmentos. Madrid: Gredos. P. 80, 104 y 105
  • Serrano, C., Salmerón, F., y Serrano, H. (2010). Eros, Thánatos y Psique: una complicidad triádica. CIENCIA ergo sum, 17(3), 327-332.

 

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