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La chica danesa, una mirada a la etiología de su transexualidad

9 febrero, 2018 Posted by SPM-SPP

descargaPor: Lorena Fenton

“Individuos (que no Sujetos) que no presentan ninguna anomalía biológica o incluso simplemente anatómica y que, admitiendo la realidad de su anatomía sexual, tienen al mismo tiempo la convicción de pertenecer al otro sexo. Presentándose como “mujeres en cuerpos de hombre” o, más raramente, a la inversa, y la mayoría de las veces reclaman la rectificación quirúrgica de su anatomía en el sentido de lo que consideran su identidad profunda.”

Stoller ,1968

 

“Hijo de afrodita y de Hermes, provisto de los atributos de sus dos padres fabulosos, Hermafrodita, efebo perfecto, se vio un día transformado en un ser bisexual por el amor de una ninfa enamorada de su belleza.”

Joyce Mcdougall

 

 

La ilusión bisexual ha existido desde que se crearon historias dentro la mitología griega. Es una fantasía, que existe en el interior de todos los individuales, que buscan constantemente ser hombre y mujer a la vez, ser el objeto de deseo tanto de papa,   como de mama.

Todos los infantes, transitan dentro de su desarrollo psíquico, por una serie de heridas ineluctables que la realidad les inflige, en los primeros pasos para aceptar la alteridad de los sexos. La bisexualidad es un ideal, un sueño, donde una pequeña  puede vivirse sin ser castrada y un varón utópico pensar que podría llegar a concebir un bebé. (Mcdougall, 1978)

 

En cada caso, la imaginación del infante producirá una serie de creencias para defenderse de los deseos incestuosos, la escena primaria, el complejo de Edipo, el  temor a la castración narcisista y a los sentimientos de exclusión y de impotencia.

Buscará de todas las maneras posibles defenderse de tales sentimientos que lo       angustian y generan tantas incertidumbres. A partir de estas batallas de la psique    contra el mundo externo se va perdiendo la mágica omnipotencia de la bisexualidad, del estado ideal. (Mcdougall, 1978)

 

Los infantes que logran avanzar hasta un desarrollo post-edípico y se viven   como personas diferenciadas por su sexo, es decir en hombres y mujeres. Porque aceptan que han perdido un objeto y lo introyectan. Estos actos crean al sujeto y al  objeto, logrando así separarse de la madre y desarrollando la capacidad  de vivir sin temor de ser destruido y de destruir.

 

Cuando este no es el caso y existen regresiones frente a amenazas de          castración o de cualquier otro tipo que ponga en riesgo, se retrocede al recurso de un ideal bisexual / la simbiosis con la madre.  (Mcdougall, 1978)

 

Para tener una mejor concepción del término de bisexualidad es importante remitirnos a los principios no solo de la identidad sexual sino también de la identidad subjetiva. La calidad de la alteridad. Donde en los retoños de un ideal hermafrodita están imbricados con el ideal fusional del bebé al pecho materno. (Mcdougall, 1978)

 

Aceptar que existe una diferencia de sexos, sucede solamente a raíz de comprender que el “pecho” ya está perdido. Se logra a partir de esta, percibir la esencia de un otro.

Debido a que, la ilusión bisexual es una manera de terminar con cualquier tipo de    deseo y de someterse a un deseo perpetuo donde la alteridad no existe, es imposible, estos sujetos viven anulando pensamientos de separación con el otro. (Mcdougall, 1978)

 

Siguiendo nuestro recorrido hacia las cuevas arcaicas de nuestro inconsciente, nos encontramos frente un momento mítico, la creación del sujeto psíquico. Y aunado a este, rasgos y tintes de un objeto y el deseo.

 

Primitivamente la madre y el lactante son uno mismo, no solo depende completamente de ella para sobrevivir, sino que a través de ella existe psíquicamente. Toda la         potencialidad que puede existir dentro de él bebe, no puede desarrollarse ni             organizarse sin la madre. (Argentieri, 1988.)

 

Esta identidad primaria, en la que el niño es una pequeña parcela de un gran fondo, funda la primera identidad del ser (Winnicott, 1960).

 

Su movilidad, sus impulsos afectivos, su sexualidad son, en primer lugar, favorecidos    -u obstaculizados-  por ella. Además de cuidados físicos y alimentarios, cada madre suscitara en su hijo, según sus deseos, demandas que solo ella tendrá el placer de  satisfacer (Liechtenstein, 1961).

 

Es desde estos momentos tan cruciales que el niño se convierte en un objeto de      satisfacción de deseos, tanto consciente como inconsciente. Y paralelo a, la identidad de este sujeto será siempre lo que representa para el otro.

 

Diversas investigaciones han demostrado que la madre tiene, desde el comienzo,    actitudes diferentes con respecto al niño según su sexo (Staller, 1968). Por ende se comienza a diferenciar precozmente el sentimiento psicosexual del niño, hasta un extremo de inducir intervenciones transexuales en la vida adulta (Mongrain, 1975).

 

Se requiere  el renunciar a los deseos narcisistas y las ilusiones infantiles, prefiguradas por la pérdida del pecho para alcanzar una identidad sexual propia y la diferencia de sexos.

 

El individuo experimenta lenta y progresivamente que la madre no le pertenece, que tiene su propia esencia y que puede amarlo o negarlo. Buscará fervientemente volver a vivir la relación que algún día fue en sus huellas mnémicas.

Para la ingrata fortuna de este sujeto, la pérdida no se detiene aquí, y este pasó a    resolver los problemas inconscientes que le devienen es solo el primero de muchos más. Sigue, eventualmente una carencia de parte de su madre, que le originara una angustia donde se sentirá amenazado a ser aniquilado. Puesto que en este avance psíquico  hacia la alteridad, se ha perdido no solamente a la madre y todo lo que      representaba, sino su propia muerte psíquica. El proceso a su diferenciación ha traído consigo grandes retos internos. Esta pérdida, es la condición primordial para la       identidad psíquica. Cualquier tendencia a volcarse hacia una no diferenciación primitiva ocasiona patologías graves que pueden inducir estados psicóticos, como los que están presentes en casos de transexualidad, donde pueden desembocar en mutilaciones corporales y suicidio.

 

Seamos honestos, quién no quisiera regresar al estado de indiferenciación? Si no me proyecto demasiado, me atrevo a decir que es un deseo perenne. Que podemos      observar en sueños, relaciones sexuales y experiencias complejas donde estamos  viviendo con ráfagas que arroja nuestro inconsciente que aún anhela sentirse completo. Como cuando queremos fungir roles tanto activo como pasivo, cuando ejercemos roles dentro de la sociedad e intentamos encontrar el balance entre lo femenino y lo        masculino para situarnos dentro de nuestro propio reino psíquico con el género que nos fue impartido biológica y psico-sexualmente. Sin embargo este deseo tan inquietante que hace echo en todos nosotros, no llega al extremo de amputarnos y desvanecer la realidad ante la identidad ilusoria.

 

Adentrándose aún más en la evolución psíquica, podemos observar en casos           relacionados, tal como en la homosexualidad, se genera una escisión falsa donde  la parte negativa se encuentra dentro de una demarcación sexual mientras que el “ideal” se encuentra en otro. Pareciendo ser una falta de integración de parte de los padres. Ocasionando que el sujeto perciba lo que desean sus padres como confuso y como secuela el infante percibe contradicciones que lo dejan desorientado en su identidad de género (Mcdougall, 1978).

 

El concepto de identidad de género se refiere a los estados arcaicos donde              comenzamos a organizarnos y tener un sentido de dirección y pertenencia hacia lo masculino y femenino. Esto se desenvuelve dentro de la esfera de relaciones que   mantenemos con los padres, en estados pre-verbales.

 

Para aclarar la cuestión que se plantea, debo distinguirla entre el travestismo y el transgénero. Ya que todos estos se presentan bajo distintas estructuras psíquicas y con finalidades completamente distintas.

 

El sujeto transgénero se vive identificado con el sexo opuesto de manera inconsciente, la reivindicación se presenta bajo la forma propia de la neurosis.

 

El travesti, (pocos casos se encuentran en travestismos femeninos) no quiere dejar de ser hombre; siente un goce al presenciar el pene detrás de prendas femeninas. (Una bisexualidad enmascarada) Nunca pone en duda su identidad masculina, se vive como hombre y su fantasía inconsciente es negar la castración propia y a su vez de la madre. El travesti ejerce su sexualidad, se presenta bajo la forma de una perversión.            (Argentieri, 1988.)

 

El Transexual vive una desgracia porque no concordó su cuerpo con su identidad,  quiere dejar de ser ese género y reasignarse como el otro. El transexual no vive la   angustia de castración, su finalidad y deseo es a partir del momento donde               corresponde su cuerpo con la imagen que se construyó de él mismo. El                   transexualismo, es una percepción corporal alterada, una de las características propias de la psicosis. Tienden a obsesionarse con operaciones corporales que les remuevan los genitales y en su lugar sean reemplazados por genitales del sexo opuesto. Muchos de ellos terminan “tranquilos” después de la operación.  Entrecomillo esta palabra    porque, aunque se sientan más tranquilos con su cuerpo, la patología no desaparece, psíquicamente el individuo nunca llegará a sentirse completo. (Argentieri, 1988.)

 

Antes de adentrarme más al tema y los diversos motivos que encapsulan tales        comportamientos quisiera hablar del tema del transexualismo junto con algunos otros temas relacionados dentro nuestra esfera social.

 

Hoy en día cohabitamos en un mundo infinito bombardeado de información y aunado a esto, recibimos mensajes confusos que nos imparten de manera superficial como    debemos comportarnos, actuar y pensar. Y dentro de estos revueltos, quedan ciertos tintes de estigmatizaciones y corrientes intelectuales. Es decir, mucho de lo que hoy en día se defiende es la integridad y libertad de todo ser humano.

 

Y por falta de límites, conocimiento y algún tipo de desorden social hemos llegado al extremo de normalizar el cambio físico del cuerpo humano. Me atrevo a opinar de tal manera, sin prejuicios ni ofensas, simplemente encarrilando más hacia una especie de psicosis social que  opera dentro de la dimensión sexual, que quizá ha existido a través de los tiempos, pero reventado ahora, que la tecnología permite poner en práctica esas fantasías eternas que patrullan en el mundo psíquico de estas patologías. Y tomemos también en cuenta que parte de este fenómeno es consecuencia de una amalgama social donde todos juegan un rol en el asunto.

 

Los doctores, por ejemplo, juegan un papel importante en esta reasignación. (El “complejo de dios” que tienen muchos cirujanos, que pretenden poseer el poder de cambiar de sexo a las personas.)

 

Explicar el fenómeno de la transexualidad dependerá mucho de la línea de desarrollo (en los estados más tempranos) que se capture. Puesto que si tomamos como base la teoría Winnicottiana del desarrollo del lactante, nos opondremos a aquella de Klein.

Donde en una se sustenta que las ansiedades aparecen después mientras que la    segunda mantiene que desde el nacimiento tenemos conflictos de ansiedad. Debido a que algunas teorías son radicalmente opuestas, navegare entre ellas de manera             imparcial, definiendo en el camino, cuál de ellas abonará de mejor manera, integrando etiología, desarrollo y resultado.

 

Y tomando en consideración las tantas ambiguas e imbricadas formas que existen    tanto en las percepciones corporales como psíquicas tanto de varones como de       mujeres; reconocer que el fundamento clínico es un mecanismo típico que se alude a las psicosis y consecuentemente existe una escisión estructural del yo. (Esto explica porque existen casos donde hay funcionamiento “normal” restringida por los límites de la desilusión relativa al género.)

 

Mediante estos parámetros podría inferir que la organización del “trans”, esta          convicción delirante de pertenecer al sexo opuesto y recuperar esa identidad perdida, encubre la fantasía inconsciente de atacar las partes (escindidas) malas. Estos estados delirantes, parecidos en superficie al acto de cortarse la oreja de Van Gogh, y a una operación de liposucción en una adolescente, pueden enmascarar el deseo escondido de querer cortar y anular las partes escindidas como malévolas, a distintas partes del cuerpo que se perciben como amenazas.

Estas experiencias persecutorias corresponden en un nivel consciente a la identidad de género, sin embargo para los transexuales lo “masculino y lo “femenino” corresponden a una defensa mediante la escisión.

 

No es raro que existan organizaciones defensivas para lidiar con las complicaciones de la alteridad psíquica. Como resultado tenemos composiciones que están balanceadas con partes femeninas y masculinas, cada persona sin importar su sexo o su             identificación cuenta con propiedades y características de ambos sexos. Proyectando e identificando las partes de los padres que parecen atractivas o peligrosas. Y a niveles más abismales de nuestro aparato interno respondemos a tantas cantidades de       operaciones (mentales) y amoldamiento que sería inevitable no saturarnos de ansiedad y conflicto. Tomando por ejemplo, las partes agresivas de nuestro ser y proyectando hacia el padre, y de manera simultánea al resto de los hombres. Mientras que las      partes de amor y ternura quedan fusionadas a la imago materna. Las escisiones      quedan consecuentemente dividas en lo bueno y lo malo. Algunas veces de maneras más avanzadas y desarrolladas en los niveles psíquicos (edípicas, pre-edípicas).
Freud consideraba que el “yo” se construía al introyectar lo que se siente bueno y    expeler aquello que se vive como malo, esto continua hasta que el niño es capaz de integrar los aspectos buenos y malos de su YO.

 

Entonces dónde colocamos como psicoanalistas el fenómeno “trans”? Dentro de la   psicosis o dentro de las perversiones? Freud hablaba del fetichismo dentro la gama de las perversiones. Como la clásica combinación de defensas de negación y escisión del yo. Y a su vez protegiendo al sujeto de un quiebre. El travesti opera parecido al        funcionamiento del fetichismo, donde se detiene en el pie, para negar que no existe un falo en el cuerpo de la mujer. La angustia de castración es tal, que no puede tolerar descubrir la verdad.

 

El pie, siendo el sustituto perfecto de aquello que tengo tanto temor de saber que no está. Freud lo retoma en la novela de la gradiva de Jensen.

 

Existen muchos autores post-freudianos que discuten si en realidad las perversiones son meramente síntomas, mientras que otros como Bion identifican el funcionamiento en cuanto a las relaciones objétales.

 

Yo quisiera basarme más en la teoría de Freud en cuanto a la respuesta del             travestismo como un miedo intolerable a la ansiedad de castración (excluyendo que cualquier acto que no lleve a la reproducción sea perversa) y dentro de las                perversiones según Lacan.

 

[…] “el deseo es una defensa, prohibición de rebasar un límite en el goce.”

Lacan, Escritos.

 

Lacan denomina <<voluntad de goce>> al intento de apuntalar la ley para poder limitar el goce. Es decir, el sujeto luchará por poner a funcionar a la ley, hacer existir al otro. Se niegan a renunciar el goce en nombre del padre, el “falo imaginario” al que se refiere Lacan, es este pene investido narcisistamente. Habla de esta como una falla parcial de la función paterna. (La inadecuación paterna) De esta manera el perverso intentara huir de los sentimientos de angustia y ansiedad negando por completo una castración propia.

 

Al principio de la Película La Chica Danesa, Einar parece ser un hombre que disfrutaba tener relaciones sexuales posteriores al juego de vestirse como una dama. Situación que excita al trasvesti. En ningún momento parece que está poniendo a duda su     hombría. Lo que me hizo pensar que el sujeto era perteneciente al reino de las         perversiones. Sin embargo, después de varias ocasiones de llevar a cabo esta rutina, el sujeto parece necesitar más. Es ahí que, aparece una escena, donde Einar coloca su pene entre las piernas y se mira “castrado” en su reflejo al espejo. Me atrevo a inferir a esta altura de la película que Einar los siguientes puntos. El primero siendo una       hipótesis que al mirar su cuerpo con femineidad al espejo, le ocasiono un quiebre    psicótico, que posteriormente lo devora psíquicamente por completo. Hasta llevarlo al punto de morir simbólicamente. Y el segundo donde siempre estuvo al borde de un quiebre psicótico que se escondía como una perversión. En ambas hipótesis, el revivir su cuerpo dentro de prendas femeninas lo regresionó a un estado pre-genital y        pre-edípico donde se encontraba en una simbiosis materna.

 

Aunque no presenta alucinaciones ni delirios (la mayoría de los casos) pero hay una percepción donde el cuerpo no les corresponde. Y pasan al acto de amputarse y operarse. Que tanto se vive el cambio de sexo como una panacea (su remedio de curarlo todo), y que tanto simplemente ayuda a reducir la ansiedad cuando se realiza la reasignación de género?

 

Estos individuos no tienen una sexualidad definida, sino que se relacionan de manera narcisista, probablemente de la misma manera que su madre se relacionó con ellos. Por esta razón tienden a pensarse hetero u homosexuales, es parte de un pensamiento confuso de su identidad psicosexual. Estos individuos no ejercen su sexualidad con plenitud, el enfoque no está puesto en ejercer la sexualidad de una manera perversa.

No pone el énfasis de su problemática en cuanto al goce perverso, lo pone en una   situación donde existe la disociación de su identidad. Donde centra el placer y el goce, es como se vive el en carne propia.

 

En la película, el Einar está casado, Tiene relaciones sexuales regularmente con su esposa y parece disfrutarlo. El problema no es el ejercicio de la sexualidad. Maneja ambas cosas, pareciera que al principio simplemente le excita disfrazarse como mujer, pero su objetivo era llegar a ser mujer.

 

Muchas veces el transexual llega a una situación radical, por ende necesita              relacionarse con personas que están más configuradas (neuróticas) y no ponen en   duda el deseo de conservar el cuerpo que tienen. Y como en la mayoría de las          patologías regresivas predomina la pulsión de muerte.

 

La escisión y la identificación proyectiva con la cual se relacionaba Einar, lo protegía de un quiebre psicótico. Por estas razones muchas veces podía operar y vivir de una    forma “saludable” y “normal”. Empero logran borrar su memoria con esta escisión y  negación logrando no tener recuerdos de su infancia y así reiteran su creencia de ser un error en su esencia.

 

En las últimas escenas de la película “La chica Danesa”, el sujeto que está                muriendo,(por haber tenido una operación donde lo removían sus genitales masculinos) da la impresión que lo que dice, es que su madre quería tener una niña y que           finalmente al convertirse el en niña es como si se reencontrará con el deseo de la    madre. La esposa está abrazándolo en estos momentos de una manera materna,    donde simula que está regresando a los brazos de la madre. Finalmente el al ser    hombre, no acaba siendo lo que sus padres quisieron que él fuera. Entonces no se termina identificando con el mismo, con su masculinidad. Pero al posicionarse como el falo materno está terminando con su identidad por completo y por ende al cumplir su deseo termina muriendo, ya no hay espacio psíquico para su deseo solamente las   ráfagas del tormento materno que deseaba con fervor tener una hija, o quizá              simplemente utilizarlo como el falo que ella carece, fue para ella una extensión que le aporta placer narcisista.

 

Regresando al tema inicial, pudiéramos observar que en la raíz de estos trastornos hay un daño narcisista, que la imagen que tienen de sí mismos es inadecuada y tiende    hacia una reparación maníaca. Para Winnicott el “self” de estos pacientes está          deteriorado, sus fantasías creen que al tener el cambio de sexos habrá una             consolidación de su persona. Mientras que Oppenheimer (1991) cree que hay un odio            inconsciente hacia los padres (se cree que lo privaron de su función principal) y con su “nuevo nacimiento” celebrará un triunfo maníaco cargado de beneficios narcisistas.

 

Stoller sostiene que el varón está impregnado con la identidad femenina de su madre en algo que describe como una “simbiosis maravillosa”. Sin embargo manifestó que este no está identificado directamente con la madre, sino con un modelo ideal que se construye a partir de una acción defensiva en su contra. Estos varones no quieren ser como su madre, sino como una mujer idealizada que es capaz de prevalecer los       aspectos peligrosos de su madre. Ergo en cada caso la identificación es a partir de un modelo ideal que en ocasiones toma aspectos tanto del padre como de la madre,     quizás también de otras personas que jugaron un rol especial en la vida de estos     pacientes.

 

Hay muchos huecos informativos dentro de lo que nos proporciona la película, pues nunca sabemos cómo era su relación con sus padres y tampoco sabemos si quizá el quiebre fue a raíz de una situación donde la madre se muere. De esta manera          podríamos suponer que tras presenciar la muerte de su parte femenina, busca como manera de tolerar el duelo investirse corporalmente dentro de su madre, y bajo esta premisa justificar que al convertirse en “Lily” busca ahora un objeto masculino como pareja. Otra rama de hipótesis sería que le pudo haber sucedido algo parecido a      Schreber donde al momento de su matrimonio donde el próximo paso era tener hijos, se quiebra por la inhabilidad de poderlo hacer. O en caso contrario, la inhabilidad de poder psíquicamente tolerar tal enfrentamiento de la metamorfosis imposible. Siendo parte de esta psicopatología la constante necesidad de negar la procreación.

 

En conclusión, Einar que eventualmente se cambió el nombre a Lily, creció              aparentemente perverso disponiendo de múltiples fantasías creadas al servicio de su narcisismo. Hasta el momento donde estas fantasías no eran lo suficientemente       contenedoras de su desesperada necesidad de desconocer su identidad de género.

 

Como analistas tratando con pacientes transexuales, nuestro único objetivo sería    despojar las ansiedades que tienen y compartir el dolor de que el deseo y la solución no existen. Y más allá de pensar si existe una posibilidad de curar a estos pacientes, debemos tener en mente que el común denominador de estas patologías es la falta de reconocimiento de un otro. Y que más allá de hacerlos cambiar  de parecer, podemos simplemente y complejamente a su vez, adentrarnos a traer todo el drama, el enojo y la decepción a un terreno simbólico, y esperar que al apalabrar sus emociones no        persistan encadenados a la concretad del cuerpo. Di Ceglie, un psicoanalista            especializado en tratar con paciente transexuales, comenta que en su larga trayectoria de tratar con ellos, ayudar a cada sujeto a tolerar la duda, la ambivalencia y la falta de certeza; proporcionará tiempo para reflexionar en las ansiedades y comprenderlas en lugar de inclinarse hacia los actings. Lo que no debemos hacer con estos pacientes jamás es apoyar la idea de que existe un error biológico de la naturaleza y que la     solución es cambiar el cuerpo de una manera tan drástica con hormonas y bisturí.

 

Bibliografía

 

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  • David Rosenfeld. (2006). El Alma, La Mente Y El Psicoanalista. México:
  • Mcdougall, Joyce. Alegato por una cierta anormalidad. Paidós Psicología 1978

 

  • Fink, B. Introducción Clínica al Psicoanálisis Lacaniano. Gedisa Editorial. 2007

 

  • Di Ceglie, D., & Freedman, D. (Eds.) (1998). A Stranger in My Own Body: Atypical Gender Identity Development And Mental Health. London: Karnac
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  • International Journal of Psycho-Analysis, 72: 221-231. Pasquinelli, C. Personal Communication.

 

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  • Stoller, Robert. “La Perversión”. La Nouvelle Revue Psychoanalyse. Volumen 1-2 New York Science House.

 

  • Ambrosio, Giovanna. Controversias en Psicoanálisis. Transvestismo, Transexualismo en La Dimensión Psicoanalítica. Karnac. 2009.

 

 

Imagen: Fotograma “La Chica Danesa”
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