web analytics

El padre en la psicosis

31 mayo, 2018 Posted by SPM

Por: Esther Chaim

“¿Qué es el rol del padre sino una constante interrogación y descubrimiento que se hace cada paciente dentro de sí, a lo largo de meses y años?” (Rosenfeld, D., 1991)

El presente trabajo pretende hacer un recorrido en la función que los padres ejercen en el desarrollo psíquico del niño, buscando comprender el peso que el padre (y no sólo la madre) tiene en la origen de una psicosis, así como algunas características que acompañan esta estructura mental.

Desde Freud es sabido que en la psicosis hay una regresión y fijación en la que el aparato mental sufre los efectos de una pérdida del principio de realidad, hay un predominio del proceso primario, dinámicamente predomina la pulsión de muerte, tópicamente hay una falla de represión primaria que lleva a que las representaciones palabra sean tratadas como representaciones cosa y estructuralmente hay una falla en la consolidación del yo y del superyó.

Con el paso de los años han existido diversos autores que nos hablan del papel que ejerce la madre sobre el psíquismo del bebé, un ejemplo de éstos es Winnicott, él plantea la importancia que ejerce el sostenimiento de la madre en el desarrollo emocional del individuo, como ésta dando holding protegerá contra la afrenta fisiológica y con su rutina de cuidados y sosteniendo al bebé en brazos constituirá una forma de amar. Esto permitirá que el niño sobreviva y en la medida que la madre ofrezca estos cuidados adecuadamente, “el niño logrará integrar tanto los estímulos como la representación de sí mismo y de los demás y adquirirá un yo sano” (Bleichmar, N. 1997, pág. 264). Su sostenimiento será el factor que llevará a una posterior integración.

Cuando la madre no provee la protección necesaria al recién nacido, el niño recibirá esta falla ambiental como una amenaza a su continuidad existencial, lo que provocará en el bebé la vivencia de que sus percepciones son una respuesta ante el peligro de su entorno, vivirá al mundo como amenazante. “Poco a poco, recurrirá a reemplazar la protección que le falta por una fabricada por él” (Bleichmar, N. 1997, pág. 266).

Para que un bebé pueda transitar de una dependencia absoluta a la independencia necesita un medio que le brinde la posibilidad de expresar libremente sus impulsos y lo provea de un sentimiento de continuidad existencial, si la madre falla en la provisión de esto, el bebé lo siente como un ataque al núcleo de su self y buscará defenderse del ambiente hostil que percibe.

Por su parte Klein y Bion enfatizan la importancia que ejercen las relaciones objetales tempranas en la génesis de una psicosis, estableciendo un vínculo entre el origen de la misma y la insuficiente capacidad de reverie de la madre. De igual forma Mahler centra el efecto patológico en el proceso de separación-individuación entre el niño y su madre.

Tanto Winnicott, como Freud, Klein, Bion, junto a un gran número de psicoanalistas hablan del peso que tiene la madre en el desarrollo y cómo la falla en las funciones que ella debería de ejercer pueden generar fijaciones en la etapa oral, fallas en la integración del yo y una mayor presencia de la posición esquizo-paranoide. Sin embargo, es menor el peso que se le da a la incapacidad del padre en el desarrollo de una psicosis, ¿Qué efectos puede tener su ausencia, sus excesivos o escasos límites, su incapacidad de contención?. Es cierto que la primera relación que el bebé mantiene es con su madre, con el pecho del que se alimenta y el infante crea un vínculo particular e inigualable con ella, sin embargo ¿Dónde queda el padre en estos primeros momentos de vida?. Cuando una madre no logra metabolizar las angustias de su hijo, éste se sentirá frustrado y predominarán en él los impulsos destructivos, ¿Será que el padre al no entender las necesidades básicas de su hijo podría generar este mismo desenlace?.

Adentrándome a responder estas preguntas y antes de enfocarme al roll que el padre (y no sólo la madre) ejerce en el desarrollo de una psicosis, es importante señalar que al examinar el entramado de relaciones parentales en cuyo seno se estructura el sujeto futuro psicótico, podemos observar, “que siempre está presente la noción de alguien que abusa de su poder, superioridad o fuerza” (Barenblit, V. 1999, pág. 85) en un grado extraordinario. Berenblit relaciona la tiranía de los progenitores, el abuso de su poder, con el desarrollo de una estructura psicótica. A su vez, señala que “el yo del paciente queda a merced de las tiranías del ello y del superyó”.

Hablando del padre dentro del desarrollo psíquico de su hijo, Freud destaca la importancia de éste en el Edipo y Klein años después (1945) expresa que el niño busca aspectos del padre dentro del cuerpo de la madre, al experimentar satisfacción con el pecho materno se va permitiendo dirigir sus deseos hacia nuevos objetos y principalmente hacia el pene de su padre.

De acuerdo a Pier Aulagnier la constitución de la psicosis se relaciona con problemáticas identificatorias originarias, donde el deseo narcisista maternal no da espacio posible para la función del discurso paterno, por ello el infante termina siendo abrumado por la violencia de su madre, quien no es capaz de interpretar el deseo de su hijo. Aulagnier (1985) señala que el darle un lugar predominante y privilegiado a la madre, no implica olvidar el lugar que el padre ocupa, desde el nacimiento éste también ejerce una acción modificadora sobre el medio psíquico-ambiente del bebé. Será a través de la madre que se marcarán en la psiquis del niño los primeros signos que señalarán la relación con el padre.

En estudios realizados por Aulagnier de constelaciones familiares en la esquizofrenia y paranoia, observó que las madres de los paranoicos con frecuencia hablan de los sacrificios que había realizado por sacar adelante a sus hijos y mostraban ante éstos el deseo del padre como peligroso, esto generaba que al hijo le fuese imposible asumir pensamientos críticos y hostiles hacia su madre: “rechazados por la psique, estos pensamientos regresan desde el exterior en forma de delirios persecutorios” (Leader, D. 2013 pág. 192). En diversas ocasiones la madre también trata el vínculo del hijo con el padre como un crimen transmitiendo que su hijo no tiene derecho a querer a alguien tan malo.

El niño en un primer momento se integrará a su familia y es a través de este primer grupo que hará el contacto y conocimiento con la realidad externa. Siendo así, “la inclusión a los códigos sociales, afectivos y simbólicos se hará a través del grupo familiar o de cada uno de los integrantes según las capacidades personales de cada uno para incluir al niño en códigos simbólicos afectivos de conocimiento, sociales y de pensamiento. Cada uno de los integrantes de la familia puede cumplir aspectos parciales del rol del padre o incluso suplirlo en otros. Lo que sí es importante es la tarea o rol paterno de desbrozar, desenredar, desarmar y sacar al niño de lo que en la teoría de la comunicación denominamos mensajes paradójicos o paradojas pragmáticas. Son aquellos mensajes que los especialistas en teoría de la comunicación definen como capaces de provocar efectos reales, concretos y modificar la mente y la conducta del receptor del mensaje” (Rosenfeld, D. 1991, pág. 198).

Estos mensajes paradójicos, contradictorios, descalificatorios, etc., son capaces de provocar efectos reales, llegando a enloquecer al niño que los recibe. El rol paterno (Rosenfeld, D. 1991) es el rol de decodificar, en la psicosis hay una falla en éste, los mensajes contradictorios enviados por la madre (u otros miembros) o incluso por el mismo padre, no permiten que el niño salga de las paradójicas pragmáticas en las que sus padres están sumergidos.

La presencia del padre no garantiza que el rol paterno exista, este debe de contener las ansiedades primitivas de su hijo, de no ser así el niño percibirá que nada de lo que hace es adecuado, por lo que el único camino que consigue es fracturar su mente o intentar eliminar al emisor del mensaje, dentro o fuera.

“La capacidad receptiva de contener en su espacio interior, temores, afectos, ansiedades psicóticas, identificaciones proyectivas parasitarias, es … un aspecto de la capacidad receptiva del padre que debe estar complementada por los roles maternos receptivos y femeninos” (Rosenfeld, D. 1991, pág. 199).

Si no hay capacidad en los padres para recibir las identificaciones proyectivas de su hijo, él no será capaz de desarrollar el mecanismo de la introyección. De igual forma un trauma o una fuerte desilusión pueden borrar las introyecciones recibidas anteriormente o las relaciones internas con ese objeto.

De igual forma Amapola González (1980), en su artículo Identificaciones contradictorias, su influencia en el manejo de la agresión, cita a Weakland (1964) quien señala que algunas condiciones para la génesis de la esquizofrenia están relacionadas con lo que el llama “doble ligadura”, es decir, situaciones a las que una persona se enfrenta a una comunicación que involucra mensajes de diferente tipo, es decir, mensajes incongruentes entre sí, donde no encuentra posibilidad de escapar de ellos, por lo que los aprende y responde a su vez con mensajes incongruentes.

Lacan por su parte hace una relectura de los textos de Freud e intenta re-establecer y re-situar las estructuras freudianas de la psicosis y en 1955 – 1956 emite un trabajo de interpretación y construcción de las Memorias de Schreber, titulando un seminario Las Estructuras Freudianas de la Psicosis. El punto determinante en Lacan de la concepción de la psicosis es la función del padre. Mientras que Freud arma la estructura del sujeto alrededor de la articulación del Complejo de Edipo, concibiendo a su modo la función de padre, diferenciando aquí a la neurosis de la psicosis. Lacan formula su división con la introducción de la forclusión el/los significantes de nombre del Padre (Ortiz, A. 2009). Si bien Lacan aborda las relaciones arcaicas con la madre, sitúa el origen de la psicosis del lado del desfallecimiento paterno.

El Nombre del Padre aparece como un concepto que sintetiza lo enseñado por Freud, enfatizando en el núcleo del inconsciente la estructura edípica. Sostiene el corte que lo simbólico implica en la dupla narcisista entre la madre y el niño, donde éste se ubica como falo. De allí que del Nombre del Padre es un “concepto que intenta definir la imposible relación entre lo simbólico y lo simbolizado inscribiéndolo en la articulación del Nombre del Padre con el falo, metáfora, por tanto, que indica el momento esencial de lo simbólico como pasaje del cero de significación al efecto de significación posible… se simboliza aquello que por simbolizar falta a la simbolización; lo simbolizado es un recorte, una falta que se produce por el efecto de simbolización mismo” (Szpilka, J. 1990, Pág 52).

Lacan establece con la forclusión del Nombre del padre, una carencia del significante, que sería la que aseguraría la consistencia del discurso del sujeto. Ante la falta de la falta de un significante primordial, no queda más que una falta en la psicosis, siendo ésta (la psicosis) caracterizada como la intrusión psicológica de la estructura del lenguaje, impidiendo en el sujeto la posibilidad de vivenciar y representar.

“El padre ejerce una función esencialmente simbólica: nombra, da su nombre y con ese acto encarna la ley. En consecuencias, si –como lo subraya Lacan- la sociedad humana es gobernada por la primacía del lenguaje, la función paterna consiste en el ejercicio de una nominación que le permite al niño adquirir su identidad” (Roudinesco, E y Plon, M. 2003, Pág 743).

En la neurosis el padre nombra al hijo con su nombre, es él quien priva a la madre y da origen al ideal del yo, mientras que en la psicosis como el “significante del nombre-del-padre es forcluido, retorna en lo real, en la forma de un delirio contra Dios, encarnación de todas las figuras malditas de la paternidad” (Roudinesco, E y Plon, M. 2003, Pág 744).

Al hablar de forclusión Lacan se refiere a que la inscripción del significante primordial del Nombre del Padre no se realiza, por ello el infante queda atrapado en una relación imaginaria con su madre, en la que ambos ocupan un lugar totalizador, es decir, sólo ellos forman parte de la dinámica. El niño es todo para su madre, le proporciona un goce infinito, en otras palabras, ocupa una posición fálica para su madre. Por ello es necesario que un padre opere posibilitando que en esta relación se haga presente un tercero. Esta es la función del Nombre del Padre, el padre la opera como ley que prohíbe el incesto. (Saslavsky, M y Cáceres, H. 2009).

“Que la función de padre opere es una condición que debe preexistir al nacimiento del hijo. Debe haber un tercero capaz de realizar la operación de separación-diferenciación de la madre del hijo-“ (Saslavsky, M y Cáceres, H. 2009, pág. 76). Si esto no se realiza se producirá una alteración en la constitución de lo simbólico, lo que posteriormente no permitirá que el sujeto tenga lugar en el triángulo edípico.

Leader, D. (2013) en su libro ¿Qué es la locura? Señala que el niño en la fase edípica se irá dando cuenta que nunca podrá acceder y satisfacer a su madre no sólo porque le es prohibida, sino porque es imposible y que dicha situación no está únicamente relacionado con la madre, también lo está con el padre o quien cumpla un papel comparable, el cual permitirá que a lo largo de un proceso el niño se vuelva consciente del hecho de que la madre tiene carencias y que ella puede ser objeto del pensamiento de otra persona o pensar en otra persona que no sea él. “Este triángulo, a menudo, no está presente de un modo obvio en algunas formas de psicosis” (pág. 183) No hay un tercero que medie en sus relaciones humanas, no hay nada más allá de la otra persona. En algunas ocasiones, un delirio puede constituir un intento de tratar este problema.

“Muchos casos de psicosis nos muestran a un padre que se autoerige en la ley, en lugar de situarla como un ente más allá de sí mismo… En algunos casos, el padre literalmente se autoerige en la ley, mientras que, en otros, la ley queda reducida a un ideal, como la justicia… El factor decisivo es cómo se identifica el padre con la ley. Si lo hace con pasión, es posible que la ley simbólica que está más allá de él permanezca inaccesible, o que contradicciones o discrepancias adquieran un peso traumático excesivo” (Leader, D. 2013, pág 186)

Buscando entender aun más lo antes descrito, lo ejemplificaré con la interpretación que Lacan da en el seminario antes señalado en el que hace una relectura de Schreber y define su paranoia como una forclusión del nombre del padre, “el encadenamiento era el siguiente: el nombre de Gottlieb Moritz Schreber, es decir, la función de significante primordial encarnada por el padre en teorías educativas que apuntaban a reformar la naturaleza humana, había sido rechazado (o forcluido) del universo simbólico del hijo y retornaba en el real delirante del discurso del narrador de las Memorias… Con esta interpretación Lacan fue el primero de los comentadores del caso que teorizó el vínculo existente entre el sistema educativo del padre y el delirio del hijo” (Roudinesco, E y Plon, M. 2003, Pág 974).

Habiendo leído las memorias de Schreber y con la explicación antes proporcionada del origen de la psicosis me es más claro comprender como estas fallas, incongruencias y a mi parecer atrocidades paternas, unidas a una incapacidad materna pudieron haber dado origen a una psicosis en Schreber. Niederland, W. citando a la hermana de Schreber expresa “papá discutía todo con nuestra madre, ella tomaba parte en todas sus ideas, planes y proyectos… era su íntima y fiel compañera para todo” (1963, Pág 244), considerando que la madre de Schreber era cómplice del padre en “todas sus ideas” y que el padre “sufría de manifestaciones compulsivas con impulsos asesinos” (Schatzman, M. 2014, Pág. 20), me cuestiono la cordura que pudiese existir dentro de este hogar. Ya que como bien dice Winnicott la influencia del ambiente es decisiva en la determinación del psiquismo temprano (Bleichmar, N. 1997, pág. 263).

Lacan (1978) años más tarde a la explicación antes descrita, extiende el concepto de participación en el origen de una psicosis a la familia, estableciendo que existe una transmisión a la descendencia de las disposiciones psíquicas, ya que en los delirios aparecen temas relacionados con la historia familiar.

Existe una fuerte relación entre las técnicas de enseñanza que Daniel Gottlieb Mortiz Schreber tuvo con sus hijos y los delirios de su hijo Daniel Paul años después, quien “tradujo un conflicto infantil con el padre amado, conflicto del cual… ha comandado el contenido del delirio” (Freud, 1911, pág. 52), es decir “transfiguro al padre de su infancia en el Dios de su enfermedad nerviosa” (Schatzman, M. 2014, Pág. 23). Tanto Dios como su padre (médico) son capaces de hacer milagros. Niederland expresa que “la introyección de los autocráticos métodos paternos reemerge en la regresión arcaica del hijo como entidades delirantes o alucinatorias” (1959, pág. 192).

Schreber padre sentó las bases para un sistema de persecución en su hijo, ya que aquel que se halle expuesto a castigos corporales, golpes en su cama, una falta de respuesta de sus padres ante las necesidades reales que percibe y no sólo los deseos que tiene, no tiene otra alternativa que vivir su entorno como angustiante, incongruente y persecutorio.

Concluyendo quisiera plantear que ante toda psicosis debemos pensar el lugar que ocupa la figura materna y la paterna, una no puede ser pensada sin la otra. “En correlación a una falla materna, encontramos con cierta frecuencia… una falla en la paternidad que se puede traducir bajo una forma violenta de discurso totalitario y arbitrario… el padre está omnipresente o borrado” (Vázquez, M. 2009 pág. 118). Por ende existen dos fallas, la materna que resulta aniquiladora en el sujeto y la perversión paterna que no logra compensar la primera.

Por lo tanto en el estudio de la psicosis no podemos considerar únicamente el papel que la madre ejerce en el desarrollo psíquico de sus hijos, debemos ampliar nuestra investigación a la función paterna. Hacia este padre que es llamado para que haga algo frente a la falla materna y responde con otra falla.

 

Bibliografía

  • Barenblit, V (1999). El proceso de simbolización: tiranía y psicosis. Del psiquismo individual a la subjetividad colectiva. Cuadernos de psicoanálisis. Volumen XXXII (1 y 2), 83 -92.
  • Bleichmar, M. y Bleichmar, C. (1997) El psicoanálisis después de Freud, Buenos Aires: Paidós.
  • Cerda, A. y colaboradores, (2009) Schreber: Los archivos de la locura, México: Paradiso Editores.
  • Freud, S. (1911) Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Demencias paranoides) descrito autobiográficamente, en Obras Completas. Vol XII. Buenos Aires- Madrid: Amorrortu , pp. 1-76.
  • González, A. (1980) Identificaciones contradictorias, su influencia en el manejo de la agresión. Gradiva Volumen I (01)
  • Leader, D. (2013) ¿Qué es la locura?, México: Sexto piso.
  • Niederland, W. (1963). Nuevos datos y hechos importantes del caso Schreber, Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión.
  • Ortiz, A (2009) La invención freudiana de las psicosis.
  • http://www.academia.edu/12882869/La_disolucion_freudiana_de_las_psicosis
  • Rosenfeld, D. (1991). Cambio psíquico y rol del padre en la psicosis. Revista de psicoanálisis. Volumen 48 (01), 191 – 206.
  • Roudinesco, E y Plon, M. (2003). Diccionario de psicoanálisis, Buenos Aires: Paidós.
  • Schatzman, M. (2014) El asesinato del alma, México: Siglo XXI.
  • Scheber, D. (2012) Memorias de un enfermo de nervios, España: Sexto piso.
  • Szpilka, J. (1990) Reflexiones psicoanalíticas acerca de las psicosis. Revista de psicoanálisis Asociación Psicoanalítica de Madrid, 12:51-67

 

Imagen: freeimages.com / Adrian , Canada
El contenido de los artículos publicados en este sitio son responsabilidad de sus autores y no representan necesariamente la postura de la Sociedad Psicoanalítica de México. Las imágenes se utilizan solamente de manera ilustrativa.