web analytics

CRÓNICA FEPAL: I Simposium de Consejo Profesional y VI Simposium de Comunidad y Cultura

21 marzo, 2016 Posted by SPM-SPP

FEPAL

FEDERACIÓN PSICOANALÍTICA DE AMÉRICA LATINA

I SIMPOSIUM DE CONSEJO PROFESIONAL

VI SIMPOSIUM DE COMUNIDAD Y CULTURA

Cuerpo: amor y muerte en la cultura mexicana. Diálogo con el psicoanálisis

 

Relatoría elaborada por

Alejandro Beltrán, Andrés Gaitán y Juan Carlos Paredes

Sociedad Psicoanalítica de México.

 

Los pasados 27 y 28 de febrero se llevó a cabo en la Ciudad de México un encuentro titulado “Cuerpo: amor y muerte en la cultura mexicana. Un diálogo con el psicoanálisis”, auspiciado por la Federación Psicoanalítica de América Latina (FEPAL) y organizado por las tres organizaciones locales afiliadas a la Asociación Psicoanalítica Internacional: la Asociación Mexicana Para la Investigación y Enseñanza del Psicoanálisis (AMPIEP); la Asociación Psicoanalítica Mexicana (APM) y la Sociedad Psicoanalítica de México (SPM).

Durante la inauguración, que contó con la presencia en el Presídium de los presidentes de las tres sociedades mencionadas: Dalia Guzik (AMPIEP); Ruth Axelrod (APM) y Andrés Gaitán (SPM); ofrecieron palabras de bienvenida, por parte de FEPAL, su Presidente Fernando Orduz, la Directora de la Comisión de Consejo Profesional Delia Hinojosa, y la directora de la Comisión de Comunidad y Cultura Magda Khouri; y por parte de la IPA, Raquel Berman como Representante de la Comisión de Comunidad y Cultura.

Al evento asistieron alrededor de 250 personas que disfrutaron y se conmovieron con excelentes presentaciones en torno a la realidad actual de nuestro país, girando la temática alrededor del arte, la política y la violencia, aunque siempre tomando al cuerpo como eje.

A la par de cinco mesas de trabajo en las que representantes de los distintos grupos presentaron diversos trabajos, hubo cinco diálogos entre psicoanalistas y representantes de la cultura mexicana: escritores, periodistas y creadores teatrales.

La Mesa 1, titulada “Cuerpo y Arte en México”, inició con la presentación de Ma. Eugenia Quijano, de AMPIEP, titulada “Mitos originarios y vacío de palabra en la identidad del mexicano”. En esta presentación se remarcaron las raíces prehispánicas de la identidad del mexicano que se han transmitido por generaciones a través de los mitos, de los cuales se presentaron algunos ejemplos. Se habló de la falta de posibilidades que enfrentan los indígenas en el choque cultural con la clase predominante y cómo todo ello ha desembocado en una falta de identidad en el mexicano actual.

A continuación, Susana Velasco (SPM) presentó su trabajo “Del cuerpo como objeto del arte al cuerpo como arte objeto”. Aunque el cuerpo siempre ha sido objeto de referencia y modelo de inspiración para el arte, con el surgimiento de nuevas corrientes artísticas desde principios del siglo XX, algunos conceptos asociados al arte decimonónico (como la experiencia estética o el concepto de belleza) sufren una transformación radical. El arte se vuelve ante todo conceptual y de acción y se enaltece lo dionisiaco ligado a lo pulsional erótico y tanático. Surge el arte a partir de objetos de uso cotidiano.

La autora señala algunos fenómenos producto de procesos de transculturación, determinados además por factores económicos y por el desarrollo científico y tecnológico, lo que aunado a la mala distribución de la riqueza genera heterogeneidad, diversidad y marginalidad, afectando las formas de expresar dichos cambios en la cultura, en el arte y en el cuerpo.

A continuación, la autora profundiza en dos formas de manipulación corporal: la cirugía estética y el body art urbano, que parten de extremos opuestos de la escala socio-cultural y económica. El cuerpo en general y la piel en particular se convierten en superficie simbólica de expresión, en arte-objeto, con diversos símbolos utilizados en cada modalidad (tatuaje y cirugía estética). Señaló la relación que guardan con el sexo y los fetiches y el papel que juega el dolor en estas prácticas. Finalmente, articuló el tema con los conceptos “cambio catastrófico” de Bion y “conflicto estético” de Meltzer.

Para cerrar esta primera mesa, Cecilia Rodríguez, miembro a la vez de la Asociación Psicoanalítica de Guadalajara y de APM, presentó “El cuerpo en escena”, dedicado a hablar de aquellos artistas que utilizan su cuerpo (u otros cuerpos, o partes de cuerpos) para expresarse en forma artística. En este sentido habló de Frida Kahlo y la forma en que, exponiendo su cuerpo roto, comunicaba, usando al arte como instrumento, su sensación interna, en una suerte de “fetichización” del cuerpo. Coincidiendo con el tema de transculturación, lo ejemplificó con la forma en que también se ha comercializado el arte de esta artista. Habló también de Gabriel Orozco y la forma en que utiliza una calavera como lienzo, extendiéndose después a utilizar otros restos humanos o elementos de alguna manera relacionados con la muerte para hacer arte. En otros casos se llega a la ejecución de “performances” en los que se exhibe o se defeca en público como forma de provocar, expresando lo que la autora denomina “un narcisismo tanático”. La autora ejemplifica con otros artistas, como Francis Alys en “La marcha de los niños”, que en este tipo de expresión artística también puede predominar Eros.

La discusión del público después de estas presentaciones se centró en la violencia que se vive actualmente, enfatizando cuán amedrentada se encuentra la población y lo difícil que es manejar los sentimientos que lo acompañan, como son, entre otros, enojo, miedo e impotencia.

El primero de cinco diálogos se dio entre Juan Vives (APM) y el escritor Antonio Tenorio, y se denominó “Las entretelas del proceso creativo”. En un ambiente amistoso, el autor lidió con las preguntas hechas por el psicoanalista, matizando constantemente sus respuestas con bromas y chanzas, muchas relacionadas con su experiencia en el diván analítico.

En opinión de este autor, los escritores, más que “creación”, hacen “recreación”. Ante la pregunta de si el creador nace o se hace, el escritor adoptó una postura en la que se puede concluir que en parte se nace y en parte se construye con trabajo y preparación.

A continuación Juan Vives planteó la pregunta de cómo se realiza el tránsito desde una idea más o menos brillante (algo que a casi todo mundo le ocurre) a una obra acabada en la que queda plasmada, lo que pocos logran. En conclusión, la respuesta del escritor fue que ese proceso es un producto de la voluntad, ya que el acto de escribir se parece más a la condena impuesta a Sísifo, empujando una piedra a la cima de una montaña sólo para que cayera al llegar arriba y tener que volver a empezar; o como le ocurrió a Orfeo, quien usando todas sus virtudes hubo bajó al infierno con la misión casi imposible de rescatar a su amada Eurídice y volverla al mundo de los vivos, y cuando su obra estaba casi consumada cometió un error que lo llevó a perderla para siempre.

En ese momento, Juan Vives señaló lo que denominó los dos mitos relacionados con el proceso creativo y el psicoanálisis: La idea de “yo no me analizo porque de hacerlo perderé mi creatividad”; y el contrario, esto es, pensar que “yo, que no soy capaz de crear, me analizaré para poder serlo”.

Finalmente, el autor se refirió a uno de sus últimos libros, El permanente estado de las cosas, para ejemplificar que sí debe haber algo de estructura para crear, no todo es aprendido, y afirma que para crear es necesario llegar a un estado parecido al onírico, en tanto que el sinsentido no se convierta en obstáculo y obstruya el proceso.

Al arranque de la mesa 2, titulada ‘Cuerpo y política en México’, Juan Vives (APM) presentó el trabajo “Violencia estructural en el estado mexicano”, en el que hizo énfasis en la gran desigualdad que existe entre los distintos grupos sociales, señalando de manera particular a aquellos que viven en la pobreza, con carencias hasta de nutrientes básicos para el desarrollo normal. Estos, que no son pocos pues agrupan alrededor del 20% de la población mexicana, enfrentan de manera más aguda una situación de vida sin opciones de mejoría, y dedican su existencia a sobrevivir e intentar escapar del hambre. En general, el autor detalla cómo las características socio-económicas del país constituyen una forma de violencia estructural que imposibilita el desarrollo de los que enfrentan desventajas, dificultando o haciendo imposible que escapen de su situación.

Sara Rodríguez (SPM) expuso el tema “Vergüenza y pudor: política del cuerpo femenino”. En este trabajo retoma la recomendación de Freud, de cuestionar las problemáticas tradicionalmente consideradas como privadas e individuales, y enmarcarlas en los mandatos de las instituciones sociales ya que estas determinan la moral social instintiva. Trata la vivencia de vergüenza y pudor en la mujer a partir de la construcción de la subjetividad de lo femenino, revelando la opresión, la sumisión y el rechazo a que es sometida, como algo históricamente construido por el contexto social y cultural. Al hablar de política del cuerpo de la mujer la autora pretende hacer visible el mandamiento institucional acerca de cuál es el comportamiento que deben vivir las mujeres, en un orden social con el que se simboliza lo femenino relacionándolo con la falta de plenitud, la inferioridad y la maldad, a la luz de las aportaciones del psicoanálisis como teoría cultural con perspectiva de género. Como antes lo había expresado Freud, las exigencias de la cultura –lo social- es lo que enferma a las personas, al respecto menciona: “los nocivos efectos de nuestra moral sexual «cultural», con la referencia a su significado para la difusión de la nerviosidad moderna”

A continuación, Cristina Oñate (AMPIEP) presentó el trabajo “El que no tranza no avanza: las corrupciones del cuerpo social”, en el que abordó la problemática mexicana desde dos ejes principales: considerar las políticas de Estado como corruptas e ineficientes, lo que ha llevado a un “Estado fallido”, y a un predominio, en la estructura de personalidad de los dirigentes políticos, de un trastorno psicopático de la personalidad. En su descripción, da la impresión de predominar una defusión instintiva, en la que Eros y Tánatos coexisten de manera independiente.

La controversia causada por esta mesa se manifestó de manera clara durante la sesión de preguntas y comentarios, de donde surgió una nueva polémica: ¿Cuál es el papel del psicoanalista frente a este tipo de violencia? ¿Cuál es el límite de la labor del psicoanalista?

La Dra. Raquel Berman habla acerca de su experiencia y de las experiencias que otros países han tenido frente a la tragedia. Situaciones en las cuales el psicoanalista salió del consultorio, formo brigadas de apoyo y proporciono el apoyo psicológico que consideraron pertinente en ese momento. El psicoanalista no debe mantenerse alejado de la sociedad, debe evitar enclaustrarse y trabajar como sí el mundo fuera de la consulta le fuera ajeno, hay que involucrarse como individuo social.

El Dr. Ricardo Carlino habla del psicoanalista como un profesional que no está fuera de lo social, no es equivalente el no inmiscuirse en las tramas sociales para no ser partícipe de lo social. El apoyo social por parte del analista proviene de su conocimiento y la disposición que hace de él para ayudar a cada individuo que acude a análisis a elaborar y crear herramientas que le permitan vivir en una sociedad que existe bajo las normas de la violencia y al mismo tiempo pueda transmitirlas al ponerlas en marcha.

Al final de esta mesa cuelga la duda de ¿qué es lo que el psicoanalista debe hacer?

Por la tarde, el Simposio inició con la mesa 3, titulada “Eros, cuerpo y necropolítica en la obra de Teresa Margolles”, en la que Tania Acosta y Alejandro Beltrán (SPM), y Fernando Orduz (FEPAL) hablaron de la obra de esta artista sinaloense.

Tania Acosta contextualizó en tres niveles la obra de esta artista nacida en Culiacán, Sinaloa, en 1963: el primero, como parte del giro conceptual que domina al arte contemporáneo,  donde la materialidad del objeto y la forma estética son secundarios a la crítica institucional que propone el artista. En un segundo nivel, Acosta propuso entender la obra de Margolles desde el momento histórico que vive México, en particular, desde el desmantelamiento del Estado bienestar y la así llamada guerra en contra de las drogas. En ese sentido, desde la perspectiva de Acosta, Margolles elabora las estrategias de destrucción sistemática de lo diferente por parte del poder instituido, a partir de la lógica de la necropolítica, término acuñado por el filósofo Achille Mbembe, para designar la ubicación de la población desde la óptica de lo desechable, donde la muerte y la tortura son opciones válidas para la consecución de objetivos políticos.

Por su parte, Alejandro Beltrán desarrolla la premisa de que la obra de Margolles pone en escena la implementación de una biopolítica en México tanto por los grupos delictivos como por el Estado. Las piezas de Margolles documentan, entonces, no solo la violencia indiscriminada que impera en el país, donde la muerte violenta se ha vuelto cotidiana; su trabajo busca, además, evidenciar las nuevas formas en que los grupos del poder buscan modificar la vida social, económica, psicológica y biológica de las comunidades donde se desarrolla el conflicto armado, de tal manera que surja de la guerra un nuevo tipo de individuo, más acorde con las necesidades de reproducción social del poder instituido. Beltrán, propone, a su vez, que en el trabajo de Margolles se puede investigar las formas en que el poder busca modificar las estructuras psíquicas del individuo con miras de controlarlo y promover cambios permanentes en su subjetividad y comportamiento. A través del trauma, la identificación y la apelación a los supuestos básicos descritos por Bion, la violencia generalizada, descrita por Margolles, se convierte en vías para la producción y reproducción ampliada de nuevas formas de relación social.
Tanto para Acosta como para Beltrán, lo abyecto, lo marginal y lo residual, serán temas constantes en la obra de Margolles, donde son elaborados como datos ejemplares que resumen las características del momento histórico actual de México. Desde esta óptica, la así llamada guerra contra el narcotráfico no es un momento excepcional sino parte de una lógica de implementación de formas sociales por parte de los grupos en el poder. Es importante notar que el autor intercaló a lo largo de su presentación los rostros de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de la localidad de Ayotzinapa, Guerrero, desaparecidos hace año y medio, el 26 de septiembre de 2014.

Con otra perspectiva, Fernando Orduz nos deleitó con una carta que escribe a Margolles, carta en la cual manifiesta su admiración al valor y sensibilidad que posee para crear estas obras, carta de reconocimiento a su labor creativa durante estos años, carta de sorpresa frente a las obras creadas por ella, en fin, una carta “de amor” hacía la artista que se rodea de muerte. Fernando Orduz plantea el trabajo de Margolles desde la óptica de las constantes históricas, latinoamericanas en general, y mexicanas en particular, donde la violencia ha sido parte permanente del panorama político, económico y social. Sin descuidar las particularidades del momento histórico que vivimos, la guerra con el narcotráfico, Orduz busca desentrañar los principios formales y conceptuales de la obra de Margolles en la Conquista europea de las tierras americanas, las propias raíces indígenas donde la violencia tenía un lugar preponderante y, especialmente, la vinculación de la pulsión de muerte con los principios de amor y servidumbre propios del catolicismo.

En el segundo diálogo del día, Raquel Berman (AMPIEP) y la periodista Lydia Cacho elaboraron el tema: “Víctimas, victimarios y la cultura cómplice en los crímenes sexuales contra niñas y adolescentes”. Lydia Cacho ha sido mundialmente reconocida por su ética, su polémica, pero más que nada por el valor de enfrentarse al cuerpo político de México, develar sus secretos y enfrentarlos con la frente en alto. Las preguntas de la Dra. Berman llevaron a la reportera a narrar sus experiencias durante las investigaciones acerca de la trata de blancas y la prostitución infantil, relatando, por ejemplo, cómo hubo en algún momento de hacerse pasar por “bailarina” y descubrir que muchas veces era más seguro ser una mujer de la vida galante que una mujer común. Aclara cómo la edad es un factor importante en el deseo sexual de los hombres, incluso narró acerca de su pequeño altercado con los grupos de intelectuales al criticar la obra de García Márquez “Memorias de mis putas tristes” no sólo como plagio de una obra oriental sino por el contenido sexual de dicha obra en la que, sin fingir, un hombre, adulto mayor, “seduce” a una menor por medio de drogas.

Aunque sin usar términos psicoanalíticos, Lydia Cacho describió cómo en el abusador sexual hay un sentimiento de insignificancia, necesitando fortalecer su escasa virilidad al elegir como objeto sexual a una niña; habló también sobre cómo el abuso infantil se sostiene en tanto que la mujer se vive como objeto, pero en el momento en el cual la niña pasa de ser objeto a ser persona, la conciencia del abusador cambia y cesa con sus actos. Puso de manifiesto el sentimiento de inferioridad que los abusadores sexuales pueden sentir hacía la mujer, argumento que sostuvo al narrar se encuentro cara a cara con uno de ellos, quien a pesar de poseer poder político, agacho la mirada y se acobardó al serle sostenida la mirada sin temor.

El diálogo se prolongó y el tiempo para las preguntas fue muy corto, pero hubo dos preguntas que resonaron en el auditorio. La primera fue acerca de cómo había podido ella mantener la fortaleza ante tantas situaciones abrumadoras como puede ser un secuestro; la reportera sólo pudo decir que esta fortaleza se debe a la educación recibida en casa y la convicción de la propiedad de su cuerpo, además de la ayuda terapéutica que había recibido por parte de sus psicoterapeutas. La segunda fue si ella había considerado si detrás de la sexualidad del abusador infantil había un núcleo homosexual que intentaba rechazarse, esta pregunta no la pudo responder por completo, pero no descartó que así pudiera ser, aunque tendría que investigarlo para ser mucho más clara.

Esta sesión terminó con una invitación de Lydia Cacho a unirse a los grupos de ayuda que ha formado, en los cuales la ayuda psicoterapéutica siempre es bien recibida y muy necesitada.

La última sesión del día fue la mesa 4, con el título “Cuerpo y muerte en la cultura mexicana”, y estuvo compuesta por Elnora Jiménez (AMPIEP) con la ponencia “Vida y muerte: el cuerpo en el embarazo y la transmisión generacional”, Ruth Axelrod (APM) cuya ponencia fue “Muerte y sueños con sabor a la mexicana” y Ángeles Figueroa (SPM) que expuso “El cuerpo se recupera: del dolor a la aceptación”.

Esta mesa se caracterizó por exponer sus temas con casos clínicos y establecer la concepción de la muerte dentro de las tradiciones mexicanas, como es el día de muertos.

Elnora Jiménez utilizó diversos elementos de la historia de la Malinche (Malintzin) para explicar la psicodinamia, tanto del personaje histórico, como del caso clínico de una mujer embarazada cuyas vicisitudes coincidían con diversos aspectos de la amante de Hernán Cortés, con quien procreó un hijo.

Ruth Axelrod expuso como el México la tradición del día de muertos funciona como un acto reparatorio y que la transmisión de esta tradición a los niños les inculca una visión y vivencia de la muerte que no es del todo catastrófica, siendo que la muerte es algo que debe confrontarse e incluso celebrarse por medio de la ofrenda que se pone durante los días primero y segundo de noviembre.

Ángeles Figueroa definió el proceso de duelo, haciendo énfasis en el hecho de que, ante las pérdidas, lo normal es sentir dolor por el empobrecimiento yoico consecuente. Hizo un recorrido por las etapas del duelo mencionando tres tipos de duelo complicado: crónico, inhibido y desautorizado, ejemplificándolos con breves viñetas clínicas. Para finalizar, describe las fases del duelo propuestas por Bowlby: aturdimiento, añoranza, desorganización y reorganización, utilizando los estados anímicos de un paciente como ejemplo.

El segundo día de labores inició con la quinta mesa de trabajo, titulada “Cuerpo en la cultura mexicana”.

La primera expositora fue Luisa Fernanda Mendizábal (SPM) con el trabajo “Intervención del psicoanálisis en la comunidad: los desastres en México”. Su presentación se basa en lo que la autora llama el Cuerpo Móvil del Psicoanálisis aplicado en la Comunidad a través del “Esquema y Modelo Tridimensional de Aparato Físico-Psico-Social (EyMT) para el Manejo de Crisis ante Desastres, Emergencias, Contingencias y situaciones de la vida diaria”(c), publicado en 1999.  La Socióloga y Psicoanalista Luisa Fernanda Mendizábal Montes expone que así como existen los aparatos respiratorio, digestivo, etc., se puede hablar del EyMT como una técnica psicoanalítica didáctica de fácil aplicación para prevención, detección, intervención y seguimiento en casos de emergencia y desastre, buscando evitar y/o aminorar el estrés postraumático. Dicho EyMT ha sido probado en el consultorio individualmente, en grupos pequeños, medianos y grandes con resultados positivos. La intención ahora es implementarlo en el Libro de Texto Gratuito SEP para apoyar a disminuir la agresión y violencia que se presenta en nuestra sociedad mexicana. En general, el modelo se basa en sensibilizar a las víctimas con respecto a la existencia e importancia de contenidos del mundo interno que pasan desapercibidos (inconscientes) pero no por ello permanecen inactivos, determinando las reacciones y emociones que el sujeto presenta como respuesta al evento traumático.

A continuación, Bianca Manrique (AMPIEP) presentó “El cuerpo enfermo y la palabra silenciada: México de mis dolores” en el que aborda también la problemática de violencia institucional que prevalece en el país, pero desde un punto de partida diferente, esto es, hablando de enfermedades de alta incidencia entre la población mexicana, al grado de constituir problemas de salud pública, como la obesidad y la hipertensión, como producto de un caldo de cultivo socio-cultural que favorece su aparición y desarrollo.

Para cerrar esta mesa, Ricardo Velasco (APM) cambia sustancialmente y en forma por demás refrescante el foco con su trabajo “La experiencia estética de Octavio Paz”, en el que desarrolla diversas analogías entre frases de la obra de Paz y conceptos psicoanalíticos diversos, entre los que citó a Bion, Winnicott, Green y Bollas, entre otros. Este trabajo cumple cabalmente con lo que el autor promete al principio, cuando manifiesta que su trabajo bien pudo titularse: “Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el psicoanálisis, y no se atrevió a preguntar a un escritor mexicano”.

A continuación, y para terminar el encuentro, ocurrieron los últimos tres diálogos entre psicoanalistas y representantes de la cultura mexicana, teniendo todos en común la peculiaridad de que estos últimos: Sabina Berman, escritora, y Juan Carlos Vives y David Gaitán Rossi, ambos actores, productores y escritores de teatro, son todos hijos de psicoanalistas, e incluso el último de ellos, hijo de padre y madre psicoanalistas.

Sabina Berman dialogó con Dalia Guzik (AMPIEP) sobre el tema “Cuerpos de mujeres en la frontera”, donde habló de su experiencia con el tema de lo que se ha denominado “Las muertas de Juárez”, refiriéndose a la ciudad fronteriza del norte de la República Mexicana. Dedicó principal atención a las vicisitudes ocurridas durante la filmación de la película Traspatio (Backyard), producto de un guion de su autoría. Entre las muchas ideas que nos compartió resalta el hecho de que han sido tantas las víctimas femeninas en esta ciudad que sus rostros y sus cuerpos desaparecen en un genérico universal, perdidos entre frases relacionadas con Derechos Humanos o feminicidios. La trama de la película, en particular, se desarrolla alrededor de un concepto dominante en el lugar, en donde el hombre, en un acto de reivindicación de su masculinidad que es realmente una perversión de la virilidad, debe matar a la mujer que ama (y que lo traicionó) para “que te saques lo puñal”, esto es, para no ser tildado de maricón. Para darnos una idea del ambiente que prevaleció durante la filmación, el set fue rodeado en una primera instancia, por indicaciones del gobierno local, por un círculo de militares; cuando el gobierno federal se enteró de ello, ordenó que dentro de ese primer círculo se instalara otro formado por agentes de la Procuraduría General de la República, “porque los militares no son confiables”. La producción de la película, por su parte, decidió organizar un tercer círculo dentro de los dos anteriores, formados por elementos de protección privada, muchos exmilitares norteamericanos que habían peleado en Irak, “porque los de la PGR nos corruptos”. A pesar de ello, un elemento del personal de la película murió durante la filmación, lo que llevó a Sabina Berman y demás actores y productores a proponer la suspensión de la misma, para no poner en riesgo a ninguna otra persona; pero cuando los participantes locales lo supieron les dijeron: “¡No sean cabrones! ¡No nos dejen solos!”, aludiendo al riesgo en que todos se habían puesto para apoyar la realización de la película y qué tan importante era para ellos que se consumara. Finalmente se logró la meta sin otros incidentes que lamentar.

Los últimos dos diálogos ocurrieron al alimón, dialogando primero Juan Carlos Vives con Delia Hinojosa (APM) y después David Gaitán Rossi con Alicia Briseño (SPM).

Juan Carlos Vives desarrolló el tema “Cuando el teatro es personaje en el teatro”, relatando como este estilo es utilizado por él como una forma de expresión de sus ideas, creando una forma de circuito imposible como los que expresa Escher en sus cuadros.

David Gaitán Rossi elaboró el tema de “La identidad del mexicano a partir del rechazo a la complejidad de carácter”, en donde expuso su opinión en cuanto a que el mexicano prefiere personajes casi unidimensionales, en donde uno o dos rasgos de carácter lo describen y alrededor de los cuales se desarrolla comúnmente toda la obra. En sus trabajos, intenta complejizar el carácter de sus personajes, haciéndolos más parecidos a las personas reales, que no son buenos ni malos, sino que contienen diversos rasgos que los vuelven más difíciles de clasificar.

Ambos creadores respondieron a diversas preguntas realizadas por la concurrencia en relación con sus motivaciones para escribir, las diferencias entre eso y actuar, dirigir o producir, y la forma en que consideran ha influido en su obra y en su persona el ser hijos de psicoanalistas.

Finalmente, se procedió a la clausura del evento con Fernando Orduz como presidente de la Federación Psicoanalítica de América Latina (FEPAL); Raquel Berman en representación de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API); Cristina Oñate a la Asociación Para la Investigación y el Estudio del Psicoanálisis (AMPIEP); Delia Hinojosa representando a la Asociación Psicoanalítica Mexicana (APM); y Alicia Briseño como delegada de la Sociedad Psicoanalítica de México (SPM).

 

 

El contenido de los artículos publicados en este sitio son responsabilidad de sus autores y no representan necesariamente la postura de la Sociedad Psicoanalítica de México.